Categoría: Escritos

  • Horizonte salado

    Necesito mar, mucho mar.
    Y sal y lamerme los labios y estamparlos en los tuyos. Con mi vestido amarillo, desnuda de dudas y miedos, sentarme a tu lado en la orilla. Mirar el horizonte, y luego observarte. Sonreír. Vivir a base de risas en el corazón que late enamorado de la vida, de ti, de mí. De todo. Lo más hermoso es eso: ser en gerundio y amar.
    Qué paisaje,
    ahí.
    Un cuadro pintado a verbos, a tiempos, a latidos. Sin pintura, solo con los sentimientos encuadrándolos en un momento inédito y lleno de nosotros.

  • El cielo

    Ansiamos un cielo,
    otro distinto.
    Más eterno
    y menos breve,
    para introducirnos en él,
    acariciarlo con el corazón
    y dejar de ser noche.
    Comenzar a vivir
    en gerundio
    y a cámara lenta.
    Retroceder y rememorar
    aquellos momentos
    instantáneos,
    escopeteados a balazos.

  • Amor personificado

    Después de aquella pelea absurda, del viaje en coche, de la broma de mi padre, de la adrenalina en mi estómago, de una caricia y de llegar al restaurante, sonreí. Porque me sentí, porque estaba viviendo el presente. Claro que el dolor estaba en mí, pero era uno distinto. Al observarme, la espontaneidad y el sol de mi interior, me gusté. Me sentía querida por ellos y gracias.
    A todos.
    A aquel caos de mi corazón que reafirmándose se colocaba otra vez. Y no con alcohol sino con amor. Uno dulce, tierno.
    En mi mente apareció un carrusel de imágenes de las personas que componían mis días. Pasó fugazmente, como flashes. Qué hermoso, palpitó mi corazón. Se dio cuenta de que aquella situación, la nueva etapa, era tan valida como yo misma. Que era el bien, la sinceridad y la honestidad con cada uno.
    Era el amor personificado.

  • Va pasando

    Me pasa que llega la noche y me apetece leer, empaparme de literatura. Después de ponerme el pijama, sentarme en la silla y encender la lámpara, se detiene todo aunque el mundo siga girando. Porque me quedo sentada, mirando la nada y sintiendo mucho. Este domingo ha sido intenso. Calor, dolor, empacho y mucho amor en compañía. Y pensar que en nada todo termina, que son tres segundos, como una caída desde un precipicio y estrellarse en un precioso mar ópaco. Así es la muerte.
    Y la vida se me pasa.
    El acto de leer también.

  • Autoestima

    El tiempo se acaba
    y yo que quiero volar.
    Sacar las alas y derrapar por el cielo,
    que aunque quiera el suelo
    voy a amar(me).

  • Corazón con corazón

    El repiqueteo de mis corazonadas
    a conjunto con tus labios,
    hacen juego.
    Amor,
    poco dolor
    y el arte,
    el de amarse en gerundio y al instante.

  • La nada

    Todo se acaba perdiendo
    quedándose en el olvido.
    Aquella libreta con cuatro esbozos,
    aquel pensamiento,
    aquel océano,
    aquel andar.
    Un pie delante del otro
    deja atrás el recuerdo
    y durante el camino recordarás
    la nada.

  • Ojos tristes

    Tengo sueño e insomnio,
    ¿Cómo se lo explicas eso a alguien?
    ¿Cómo le cuentas el sentimiento?
    Aquel amor
    que fue arte con arte
    confundiéndolo con dolor.
    Parsimonia por las calles,
    locura
    y un beso detrás de otro
    -amarme falsamente-
    para darme a entender que ya no puedo más.
    La sonrisa, aquella traviesa que se asoma a mi boca,
    me delata.
    Mis ojos también.

  • Vaya forma de vibrar

    Esto, es incomprensible
    porque te veo
    y me miro en el espejo.
    Nos veo y me cuestiono torpe y con miedo:
    ¿Por qué tú de mí y no de otra?
    Si estoy rota, y loca.
    Si soy la mar más caótica que abunda de muchas tonalidades y matices.
    A rebosar de inquietudes
    intento sincerarme y ver la realidad tal y como es.
    Quizás, como dijo mi padre,
    es mi percepción.
    Una forma de observar el mundo;
    la introspección
    -como soy es como palpo la vida-.
    Y vaya forma de tocarla, de vibrarme.
    De vaciarme.

  • Al verbo

    Las colillas -restantes- del cigarro
    cayendo al suelo
    mientras tu corazón se agarra
    sin querer y con ansias
    al mío,
    doliéndose.
    Sintiendo el tacto de las balas
    que dispara mi mirada
    de aquella metáfora, hermosamente rota,
    que se sostiene al aire
    sin saber el cómo
    ni querer un tiempo,
    viviendo siempre
    de un pretérito tan imperfecto
    que se aferra a eso:
    al verbo,
    que ya descendido
    chocando contra aquel color gris
    sucio y oscuro
    deja de ocultarse para morir.

  • Un cuento mío

    Lo dejo pasar todo, hasta yo misma me dejo pasada;
    de moda,
    de arte,
    de amor.
    Estoy en los años noventa.
    Dejé pasar tantas cosas que aún sigo allí,
    en el vintage.
    En aquello que ya no se lleva,
    que no se hace,
    pero se cuenta.
    Palabra por palabra
    y con mucha precisión.
    Mediante cuentos
    o historietas.
    Aunque lo cuento,
    esta vez,
    desde un breve texto.
    Me cuento a mí.

  • Entre líneas

    Encuéntrame entre líneas,
    si puedes o quieres.
    Mis pestañas húmedas y mi corazón ansioso tiene ganas de ti, y de mí.
    Que nos descubras en un sinsentido de emociones y acurrucarnos.

  • Así soy yo

    Lo siento si escribo esto o lo otro… Pero es lo que me pide el cuerpo. Lo que más necesito hacer. No voy a cambiar mi corazón y escribir lo que debería sentir según tu perspectiva. No. Estoy agotada de que me mires así,
    de que no me hables.
    De la ignorancia y de tu actitud.
    Hablemos de ella.
    En cierto modo es falsa, ópaca y deshauciada de ti misma. Es una forma de ser que me rebienta.
    Ojalá estalles como yo.

  • Ocultándome

    Maquillarme,
    otra bonita forma de ocultarme.
    De esconder mis ojeras,
    de vivir por los suelos.
    De sentir y hacerlo de tal forma que el vaso está derramando agua y yo ahí con ímpetu de seguir. De tirar, pero hacia atrás y de cabeza al hoyo. Un hilo de voz que me susurra la nada, el vacío. El hueco dolorido.

  • Amor propio

    No me das lo que necesito, amor. Soy dolor con náuseas y mucho temor. Tiemblo al caminar, al hablar, al obsevar y al sentir. Esto, lo último, es lo que me duele más. Lo que dejo por el final. Me ausento de mí misma, me oculto, me anulo. Soy un nudo, un lío, un caos sin sentido. Soy de todo menos persona.
    Cuando me cuestionas qué quiero es tan sencilla la respuesta. Ser amada para siempre. Derretirme en el mar y fluir al son del aire, del viento. Anhelo, siempre, lo que no tengo porque sé, presiento, que jamás podré tenerlo.

  • Un día

    Un día explotaré, mi corazón se derramará y viviré en el intento de morir.
    Últimamente, por no decir siempre, lloro con sonrisas. El cansancio abunda y el insomnio se hace presente en mis noches. En cada una de ellas. «Necesito amor, quiero amor», me repito una y otra vez. No hay manera, o quizás, no hay forma de observar con buenos ojos la vida.
    Porque cada mañana me levanto arrastrando el peso de mis días. ¿Quizás es que no me he tomado un café? No me gusta, está amargado como yo. Como mi ser interno.
    Ya no sé qué digo. Ahora, mi pecho es otro latido. Se me caen los ojitos tristes, muy tristes.

  • Las personas ya no leen

    ¿A dónde van las personas a leer en esta ciudad?
    ¿Dónde se ocultan? ¿Dónde están?
    Yo no las veo…
    Me gustaría levantar la mirada y observar un paisaje lleno de literatura, de cultura.
    Lleno de sabor, de sabiduría y de corazón.
    Quiero ver un mundo inteligente, con emociones y con el tiempo detenido.
    Anhelo que esté pausado,
    para siempre.
    Porque a cada instante vamos con prisas,
    con los pies caminando a todo pulmón
    y ya ni respiramos.
    Y qué triste,
    los humanos ya no somos humanos.