Categoría: Escritos

  • Ahí

    Sí, me quedé ahí. Antes de la línea de meta. Sin intención de cruzarla. Por no poder o, simplemente, por no querer. Guardé en mi interior todos mis pensamientos, todas mis palabras. Morí en el intento.

  • Luces

    Mis luces se están apagando cada vez más.
    Sí, todos tenemos luces y yo las tengo en el cuerpo, la mente y el alma. Pero se están fundiendo. Parece que ya no quieren brillar, que no tienen fuerzas para deslumbrar.

  • Monstruo

    Soy un monstruo,
    lo tengo dentro
    de mis venas.
    Es lo que me hacen sentir
    ellos,
    mi familia.
    Y duele,
    arranca el corazón.
    Mata.
    Ya no somos de la misma sangre,
    ni de la misma raza,
    ni de las mismas leyes.
    Ni ideologías,
    ni amor,
    ni empatía.
    Tampoco compartimos el dolor,
    ni el rencor.
    Ni los balazos que surgen de cada mente
    -palabras escopetadas ensangrentando las almas-.

  • Leer duele

    Después de tanto tiempo sin leer, lo he vuelto a hacer. He mirado, agarrado y abierto el libro que tenía, y tengo, a medias. Me concentré. Ha sido un momento hermosamente doloroso. Porque he sentido el tacto de las palabras acuchillámdome el corazón. Han sido duras y muy ciertas. Me he reflejado en ellas. Ojalá vivir un instante eterno de felicidad y apartar la muerte. No serla, no experimentarla.

  • Un ojalá lejano

    Y pensar que vendrías. Imaginarme tu andar y observar en mi mente cómo aparecías echándote a mi lado, encima del césped verde. Porque ya es primavera. Momento de florecer, de sentir, de ser. Hubiese querido que estuvieras, que me besaras, que me observaras. Que tu corazón palpitara al mismo tiempo que el mío. Fluir juntos. Qué bonito sería.

  • Dolorosamente bonito

    «¿Por qué yo?, Te cuestioné esta tarde entre lágrimas. Sintiendo que no encajaba en este mundo mientras me dolía la vida y tu mirada se perdía en mí. Buscando la respuesta, suplicando que dejase de sufrir.
    No fue así.»

    Llegué a tu casa, hicimos el amor y luego nos acurrucamos para dormir un rato. Tú dormiste, yo lloré internamente mientras pensaba sin parar. Primero, una pregunta pasó por mi cabeza escopeteándome el corazón. Después seguí pensando en todo. Hasta reflexioné porqué el armario era marrón para dejar de pensar en lo que estaba pensando. El dolor de cabeza aumentó. Estaba inquieta, no podía dormir. Me movía de un lado a otro y tú me abrazabas más fuerte todavía. Pensé en el porqué. ¿Por qué no te dabas cuenta que estaba mal? Roncabas tan tranquilo que cuando despertaste hablaste. Me dijiste que lo soltara. Pero yo no quería. Me sentía tan débil, frágil y rota… Si empezaba a hablar me rompería delante tuyo. No me aptecía. Pasaron veinte minutos y justo después de ir al baño y acurrucarme a tu lado, exploté. Me derrumbé entre lágrimas. Antes de estallar se me escapó una sonrisa tan… Quebrada, que era un llanto personificado. Y otro y otro durante mi discurso lleno de sufrimiento.
    Fue dolorosamente bonito.

  • Quiero florecer

    Pues me gustaría ponerme a leer. Entretenerme entre palabras -corazones- y descifrar frases. Navegar entre párrafos. Ir a un prado solitario, lleno de margaritas con el cielo despejado y un sol radiante, y sentir(me). Sin detenerme y pausando la vida por un instante.
    Ausentarme para revivir. Y volar, flotar en aquel beso tan apasionado de una pareja enamorada. Quiero ser un verbo, o más de uno.
    Leer,
    descifrar,
    navegar,
    sentir,
    vivir
    y,
    ser.
    Borrarme sin marchitarme y crecer. Florecer.