Categoría: Escritos

  • ¿Qué más?

    ¿Qué piensa un libro? O, mejor pregunta aún, ¿Cómo está pensando? Porque una obra de arte, como es un libro, ya ha pensado y ha sido por su autor; el escritor. Este, que suelta bombas como verdades, las suyas, y las plasma en el papel para contar aquello sentido y vivido. Es bonito, pero duele. El proceso de escribir es algo immesurablemente doloroso. Para conocerse hay que dejar reposar el sentimiento. Después, hacer una introspección, o más de una. Normalmente son muchas. Pero es no es lo importante, lo realmente destacable es lo que uno cuenta o quiere llegar a contar. Y lo bonito de todo esto es cómo se interpreta, cómo le damos significado a las palabras, a las frases y a los párrafos. Cómo concluimos el libro, para nosotros que, para cada uno, es un proceso distinto y muy hermoso.

  • Empápate (o no)

    1984 de George Orwell me esperaba. Ahí, sentado en donde tengo los libros pendientes de leer. De hecho me observaba con, no sé, esperanza. Sí, esperanza. Y seguro que se decía, pacientemente y sin prisa, ‘me leerá’. Sabía que no era el momento quizás porque estoy espesa, rancia y con poca nitidez como para leer. Es decir, hay libros que son tu momento y, otros, que deben esperar para ser leídos. El lector tiene que atrapar esos instantes, conocerse y, además, leerse. Hacerse una introspección del momento por el cual está pasando. Y sí, no hay más. Claro que uno puede leer cualquiera cuando sea, pero no será lo mismo. Leer es para empaparse de palabras, absorberlas y, posteriormente, reflexionarlas con autocrítica y mente abierta. Porque de lo contrario, ¿De qué sirve la lectura si no es para pensar, para sentir, para amar(se) y fluir con las frases?

  • Quizás con amor propio

    Escribo porque el odio, hacia mi misma, me carcorme. Para sacarme de las entrañas aquello invisible que no está pero se palpa, se nota, se huele: los monstruos, las inseguridades y las cicatrices. Ojalá desprenderme de ellos. ¿Quizás con un ‘os quiero’ se irán? Bueno, si se marchan que sea con un ‘me amo’ real. De mí para mí. Y decirle a mi yo del futuro que todo pasa, y tan rápido que la incerteza mata para hacerte revivir. Que no es necesario lloriquear, que lo importante aquí es esforzarse y no para algo, sino para alguien. ¿Me entendéis? Es muy fácil escribirlo o incluso decirlo, pero hacerlo… Eso, ya es otra cosa muy distinta.

  • Nights

    Si tengo que describir la noche no acabo. Porque mientras unas saliéndose de la norma, entrando en el vicio, yo feliz. Bien borracha pero contenta. Por mí. Por lo que llegué a vivir y por lo que superé y sigo superando. Que la vida ya no son dos días sino que empieza a las doce y termina a las seis chupándonos todos los pies, por reírnos a carcajada mientras charlamos sentados en unas sillas de cualquier bar, de aquella plaza. Mientras ellos… Ya no quiero nombrar porque soy cómplice, de los dos. Me duele, me mata, me pone mala. Desisto, aún así resisto.

  • Alma de mujer

    Hay domingos que son para echarse de menos y, otros, para emborracharse de más. De salir, de vivir. Que con un poco de Ron, risas y salvajerías varias, se puede ser feliz. Porque las dos amigas que tengo están locas, rotas y solas (como yo). ¿Mi virtud? Mi empoderamiento, mi fuerza y mi pasión por lo que sea. Hay que echarle amor al arte con un poco de sal, además de dos ovarios bien puestos. Y sino, un alma de mujer va donde sea. Donde quiera. Que vuela, y voló. Saltó y derrapó por el cielo.

  • Insignificantes los colores

    No sé qué significado tiene esto, ni tampoco qué rumbo tomará, pero he salido a la calle y algo inexplicable he sentido. Como cuando la ciudad -la mía- se derrumba a pedazos y no hay manera de arreglarla. Las paredes caen, una tristeza profunda te invade y los colores, que antes vibraban y tenían color, ya no brillan, ni relucen. Tampoco estallan. Son todos iguales, llenos de monotonía y con pocos matices. Porque están depresivos. Son abismos; unos, más profundos y, otros, menos. E intento, dentro de mí, encontrar el sentido de todo mi caos, de mi existencia que actualmente es rara e inusual.
    En este punto de mi vida necesito tres cosas: amor, paz y estabilidad, que son abstractas y muy necesarias. Son sencillas y a la vez tan complejas… Que una ya no sabe nada. Ni de los demás -la gente- ni de ella misma.
    Es cierto que dicen “que la vida son dos días”. Agrego, luego de la frase, que son dos birras y un amor de por vida que te marca calándose en los huesos, en los sesos. Déjame decirte, amigo mío, que todos estamos equivocados en lo que sentimos. Porque hoy sí, ¿pero quién te dice que mañana también? Nada es seguro en este mundo y el amor mucho menos ya que es algo inestable, impredecible y cambiante. O aumenta día a día construyéndose, o se pierde. Hablo, también, del amor propio que sigue siendo amor y un quizás constante. No siempre una se quiere, ¿Cómo podemos, entonces, querer a los que nos rodean? El ser humano ya de por sí es difícil, complejo e inútil porque no piensa y se mueve por impulsos.
    Espero que no me odies después de esto, pero quiero intensidad, vivir al límite como si nunca pudiese morir o matarme.

  • Etapas

    Porque me iría a otra ciudad a vivir(me) y a sanar la esperanza. No sé. Uno lejano de mi vida natal. De donde vengo, de donde siempre no he sido. La vida son etapas, lo sé. Pero cada vez que termino una, empieza otra mala racha. Y ya cansa.