Categoría: Blogueando

  • ¿De qué te vestirías siempre?

    Me desnudaría de dudas, de inseguridades, de miedos y de verdades para vestirme de mucha, y pura, realidad. Iría a buscar el traje del amor para, luego, seguir sin ropa y, mientras observo mi corazón en el espejo, llenaría de besos mi cuerpo y el reflejo (oscuro). Lamería cada herida y cicatriz que aún sangrase y me esfumaría, pero a arrasar con todo. Quiero decir, me marcharía a volar, a sonerír y a llorar de una tristeza amarga. Sacaría de mi ser el sufrimiento. Desenchufaría la depresión en persona, o sea, me partiría en dos, para, después, volver a ser yo misma (otra vez). Y así en un bucle indefinido.

    ¿Y qué más? ¿Qué más? Pues me encantaría ser transparente, que por los poros de mi piel trasluciera sinceridad, pero conmigo.

    Desde mi ser interno hacia mi misma, ¿Me explico? Me deduzco, buscando, chocando con los enigmas de mi corazón partio’, y sigo.

    Sigo volando, o buceando, entre un mar espeso, lleno de tierras y olas, extrañas, y al mismo tiempo, coléricas.

    Si pudiese me vestiría de paz, de luz y de chispazos, breves, de felicidad, y también de tristeza. Si pudiese me vestiría de realidad.

  • Aurora, la trilogía

    ¿Recuerdas lo que te conté en uno de los posts? Sí, expliqué varias premisas respecto a la trilogía titulada Aurora que se compone de tres partes: Café Frío, Otoño Nevado y Alma Gélida.

    Pues a día de hoy, puedo decir que ya está terminada, es decir, que la trilogía divida en varias partes se compone de una sola formando así un único libro.

    Saldrá a la venta el sábado ocho de julio del 2023 en los dos formatos, tanto en digital como en papel.

    Si quieres saber más, sígueme en @perezitablog.

    PD. Gracias por leerme,

    Nos leemos.

  • Mi último amor

    Mi último amor soy yo en gerundio. Siempre. Desde que morí hasta que he vuelto a florecer, supongo, yo qué sé. Solo siento y voy paseándome entre un bosque indefinido -recovecos- lleno de humo, quiero decir, rebosante de nada. Habita, en mi ser, un sinsentido de seres extraños. Semidioses paranormales… ¿Será el aire? Que, quizás, dependiendo de donde venga, sopla amores tarados, tardíos y resquebrajados o envía, con la fuerza de la corriente, distintos desamores. Porque, ¿En qué consistiría quererse a una misma? Pues yo qué carajos sé. Esa pregunta está, ahora, desangrándose dentro de mi pecho, entre suspiro y desaliento. Voy yéndome de mi ser para introducirme en un arte surrealista. Para entrar en la parábola de la literatura metafórica. Y allá me quedé, levitando entre la cuerda que ya aflojó. Y caí, joder si caí. Hasta derrapé hundiéndome en mi propio vacío que acabó por unirse a mis pétalos muertos. Fui, o soy, ya no lo sé, la sombra espesa y rota y triste. La que sonríe porque sí y, aún así, cree ser feliz. Cree serlo.
    Así que, mi último amor he sido yo misma queriendo y sin quererme. Ese amor propio va cuesta arriba. ¿Sabes qué? Significa algo. Lo presiento. Pero mi último amor lo dejé, bueno, me dejé para el final que todavía no llega. No llegará. Estoy arrasando, arrastrándome por los cielos que, al fin y al cabo, son inviernos o infiernos o, literalmente, suelos. De vuelos, si escribo de ellos, han desaparecido. Se han esfumado, como yo. Cuestionarme la existencia de mis quehaceres jamás alcanzados e ir cumpliendo y seguir igual que ayer y un poco más rota que mañana. ¿Me explico? O me duplico o me divido, pero llego a la conclusión de que he dejado de ser para sentir, que fluyo al son de mis latidos y que si la inercia me lleva a la miseria pues allí me quedo (me quedé) y que si me impulso para alzar el duelo, conmigo misma, ahí estaré: luchando o dándome tregua. El caso es que ya he comenzado a ser yo misma para sentirme porque quiero sacar el arma, el alma, y quererme porque quiero estallar de amor. Y amar porque quiero amarme, porque me apetece acariciar el dolor e ir sanando.

  • Domingo de verano

    Hoy ha sido un día cansado. El calor y el viento espeso me cansan. Pensar, sentir y vivir me agota, y más en verano.

    Anoche reflexioné sobre algo que ahora mismo desconozco porque salió de mi mente. Estoy contenta y nerviosa al mismo tiempo.

    Esta semana terminó una etapa, empieza un domingo de verano que se va cuesta arriba porque, ¿Quién lo domina? Yo ya no puedo más, me cuesta seguir y tirar hacia delante. Quería hacer tantas cosas hoy…

    A pesar de todo, hice dos agujeros en la pared, colgué un panel perforado para organizar todas las cosas que tenía en mi escritorio. Estuve gran parte de la mañana. Después, cociné. Sí, patatas fritas con huevo y de aperitivo dos croquetas. He estado comiendo en el balcón al son del aire espeso de la calle. Al terminar, recogí, limpié y volví a distribuir los objetos de mi habitación. Por fin, puedo decir, por fin está terminada.

    Y ahora estoy aquí sentada, que me pesa el cuerpo entero.

  • (Des)amor propio

    ¿Qué es el amor? Me cuestiono. ¿Y el desamor propio? ¿En qué consiste? Se come a bocanadas de aire, supongo. Tiempo atrás, por no decir años, por no decir desde cuando era pequeña, me quise, pero del revés. De cabeza abajo y arrasando, siempre, el suelo. Derrapando queriendo. ¿Si uno no se quiere es porque uno no quiere quererse? ¿O porque, simplemente, necesita desaprender para florecer? Así, quiero decir, así de rota me sentí desde que era una niña.
    Lo siento, me disgusta recrearme en el pasado mientras me relamo las heridas, que van cicatrizando, pero quiero analizarme. Por eso mismo, te voy a narrar mis miserias, todas y cada una de ellas.

    Fue un cúmulo de sensaciones extrañas que entrelazándolas se pueden denominar como el vacío existencial. Ser la rareza en la infancia, ser una incomprendida durante la adolescencia y estar sola después del primer amor idealizado para, luego, acabar pariendo la semilla. ¿Qué significa? Que he tenido que destruir y destruirme infinitud de veces, que me he muerto, he matado, incluso me he suicidado en vida para darme cuenta de que, bueno, soy el punto exacto donde se mezcla el atardecer con el amanecer. Sí, soy ese arte puro, extraño y hermosamente roto que, a día de hoy, va pintando su propio lienzo, un cuadro donde habita un océano colérico sumergido en tonalidades primaverales. Es el ciclo de las estaciones, dirán. Es el acto de amarme, digo.

    Y ahí me quedo, abrazando un amor inmenso aún por descubrir, por tocar, por sentir, eso sí, hacia mi ser interno.
    Ahí me quedo, levitando en los recovecos de mi corazón ennegrecido.
    Estoy enamorándome, de mí.

  • ¿Cómo estás?

    Pues han pasado muchos días y meses, cuyos han sido duros porque los he pasado sufriendo, pero porque yo quise. Elegí hundirme en una tristeza profunda en vez de acariciarla con amor. En vez de cuidarme. Ahora soy una niña feliz, enamorada de mi vida, de mi misma. Quiero decir, estoy sonriéndome. Me observo en el espejo y veo mi reflejo y me mira. ¿Y sabes qué? Me sonríe. Voy caminando con arte. Así soy: un caos artístico. Un cuadro de miradas fugaces llenas de amaneceres.

    Ayer, después de charlar, más con la mirada que con la boca, al final me descubrí, o descubrió -él de mí- que estoy en el mundo terrenal. Aquella idealización se ha esfumado. Todas las ilusiones han desaparecido. Estoy viviendo en la realidad. Por fin toco de pies al suelo. Por fin soy. Así. Tal cual. De carne y hueso y sin corazonadas ni instintos ni impulsos incoherentes.

    Porque es cierto que los seres humanos deseamos volar más allá de las nubes para sentir que estamos vivos y, al final, acabamos muertos, suicidándonos sin poder parar. Sin poder deternos. Nos agarramos a ella y nos despersonificamos y creamos nuestra propia muerte. Un vacío inerte que está, que es ser. Que se convierte en un hueco y luego otro y otro y, sin querer, somos la soledad.

    Todo esto significa que he soltado la bomba que llevaba dentro. Solo queda escribir la miseria pasada para poder analizar, aprender de una misma y crecer.

    Hace unas horas atrás puse la semilla. Me queda florecer y siento tan de dentro hacia fuera que sé que en un futuro habitará un jardín en mi interior.

    Así que sí, estoy floreciendo.

  • Desenchufar un cable

    Hoy me brotan, de mi corazón, las rosas. Están en la fase del crecimiento. Después de la semilla se pierde la vida, porque mueren. Y yo, aquí, tirándome a la avenida por quinta vez.

    Así que sí, me desenchufaría de la tristeza constante que viene para quedarse y ahí levita, estacionándose, aparcando en zona prohibida. Y la herida que sangra, la cicatriz que aviva la llama del dolor, va bailando. Sufrir y morir. Suicidarse. ¿Cuántos golpes más son necesarios?

    Florecer porque ya no queda otra, porque sí. Florecer, obligarse a florecer. Arrancarse los pétalos. Sonreír. Ir y venir.

    Estoy harta de escribir irracionalmente. Solo quiero decir realidades, no verdades, pero, perdón por la excusa, siempre habitan en mí. Llenas de melancolía, ajetreadas, cansadas, tristes. Necesitan muchas tiritas.

    Desenchufarme entera, ese sería un puntazo, o un librazo (perfectamente malo), roto, breve. Porque con un esbozo, tres hojas -sacadas de la primavera que tiempo atrás se instaló en mí- y cuatro pinceladas ya he sacado el cuadro desencajando toda mi vida.

  • La vida es un poema, ¿O no?

    La vida es un breve poema que se complica con el paso de los días hacia la muerte. ¿Y qué son esos días? ¿Cómo se suceden? La perspectiva, ¿Para qué? ¿De dónde viene? Deslumbra, y tanto, que ciega las almas bellas. Créeme, todos, tiramos o, mejor dicho, nos tiramos por los precipicios. Nos hemos suicidado ya varias veces. Quien diga lo contrario es un inculto de la literatura existencial o sino un ignorante que, sin saber, sufrió sin querer(se). Como las huidas, aquellos tubos de escape, las fugas, las fugas… Fugaz, y me comí las estrellas todas y cada una de ellas. Eran, fueron. Brillaron tan intensamente, ¿Sabes? Respóndeme: ¿La vida es un poema o no lo es? Pienso, quiero sentir, que sí. Se abre de un portazo la ventana. Un aire golpea tus alas. Y sin querer se cierra (para siempre). Así es el transcurso vital. Metáfora, para colmo, la primera que se te plantea solo al nacer: ¿Para qué he salido del agujero? Para entrar en otro. Luego el nudo, que lo llevas atado contínuamente en la garganta. Ha subido y ahí se ha quedado, levitando, para después escuchar un único y silencioso estallido. Es el grito final. El dolor ya ha cesado. ¿Entiendes la comparación vida-poema? Literalmente hablando, todo es metafórico. Estamos a rebosar de verdades. ¿Cuántas realidades existen?, preguntaría el loco. Ya te respondo yo querido: miles. A cinco pasos de distancia del poema, antes o después de introducirme en su dulce miseria, me percato de que solo sé escribir sintiendo. En fin, que la vida es un poema.

  • Perder a una amiga

    Perder a una amiga es como perderse a una misma. De aquella forma se sintió. Así se siente. Mirarse en el espejo y solo ver, y no observar, el reflejo sin percatarse de los matices. Saber que estás mal desde aquel día, ser consciente de lo enferma que te pusiste y de cómo sigues. Tener muy presente que decaíste, de que moriste chocando, tristemente, con el bucle infinito.

    No sé para qué, bueno sí, para joderme, descubrí tu sentimiento. Lo que sentiste, y seguro que sigues sintiendo, hacia ella. Percibí, ya desganada, que te enamoraste perdidamente. Tú dijiste que era el principio de un enamoramiento, pero yo, después de leer a Mario Benedetti, tal y como dijo Don Rafael, cuando dices «creo que me estoy enamorando» es que ya lo hiciste hasta la llaga de tu -y mi- marchitado corazón. Fue jodido. Jodida estoy. Morí, muero y voy muriendo.

    Nosotras en aquella cafetería: ella hablando, yo diciendo mucho con la mirada. Callándolas, las palabras, en suspiros, en intentos de argumentar. La mierda ya estaba echada. El suceso ya anduvo su curso. No hubo opción de cerrar la puerta pues el cerrojo estalló, rompiéndose. ¿Y sabes qué? De una vez por todas, nada estuvo de mi parte.

    Me importa poco. Siempre he sido un zero a la izquierda. Prefiero florecer en mi soledad extraña, rota y malbaratada e ir haciendo malabares con mis sensaciones.

    Entonces, apareció el momento. Parecía algo superfluo y al asemejarse tanto a la nada, esa «nada» se convirtió en otro de mis huecos oscuros. El más ennegrecido. Destacó. La oveja negra, le nombraron los otros agujeros. Porque pensé que lo había perdido todo. Reflexioné innumerables veces: estoy sangrando. He perdido tanto que me estoy recreando en los recovecos de mi misma. Y sé que acabaré, para volver a empezar, sonriendo sin hipocresías. Seré un océano cristalino. Mientras tanto, miento.

    Y fin, de la incógnita.

  • Un poco de mi arte…

    Actualmente he autopublicado ocho obras literarias, que las puedes encontrar en la sección Mis libros.

    La noticia es que hoy he sacado, por fin, la tercera y última parte de la trilogía Aurora y me paso por aquí para puntualizar varios detalles respecto a esta historia.

    En primer lugar, la trilogía Aurora se divide en tres partes: Café Frío, Otoño Nevado y Alma Gélida. La novela se puede interpretar de dos formas: como una historia simple de desgracias o como una serie de acontecimientos que unidos forman la desgracia principal. Sea analizada desde una perspectiva o de otra, me quedo con la segunda interpretación, pues es más profunda y ahonda en el mensaje que quiero transmitir: el vacío existencial y cómo sobrellevarlo hacia lo más profundo de un ser, en este caso, de la protagonista.

    En segundo lugar, me centraré en cada parte. Preciso que en esta obra podría haber juntado cada breve historia en una sola, pero preferí dejar la esencia de cuando la escribí, que fue en mi adolescencia.

    • Café Frío es el inicio de la desgracia de Aurora donde el conflicto se centra en el problema interno de la protagonista.
    • En Otoño Nevado hay una dualidad entre realidad-ficción.
    • Y, finalmente, en Alma Gélida se puede llegar a comprender a Aurora.

    En tercer lugar, me cuestiono cuál fue mi objetivo con esta novela. Pues experimentar. Es decir, me inicié en este viaje cuando tenía quince años, el auge de las crisis existenciales. Lo único que necesitaba por aquellos tiempos era probar cómo sería escribir una novela de este calibre tan insignificante. Así que me lancé y ahí está el resultado.

    En cuarto lugar, debo aclarar que voy a reescribir esta novela dividida en tres narraciones para unificarla en una sola, donde editaré, matizaré, borraré, corregiré, entre otras acciones, para darle un toque más profesional, pues cabe recordar que al publicarla la dejé tal y como la escribí cuando era más niña porque no quería que perdiera la esencia. Aunque también soy muy consciente que tiene errores de bulto, porque me dediqué a dejar plasmado el arte que saqué de mi ser interno en un pasado.

    Y, finalmente, quiero decir que no estoy nada preocupada, al contrario, me gusta que el resultado final no sea del todo el final, porque, como dije, aún queda editarla otra vez. Debo destacar que la novela en tres partes, es decir, la actual, seguirá estando así, sin unificar, simultaneamente también estará la novela editada. Es decir, habrá los dos formatos.

    En resumen, he hecho esta breve explicación para evitar confusión y para informar de que la trilogía ya está terminada, donde intento cerrar una etapa. ¡Así que ya la puedes leer!

  • (In)comunicando

    Comunicar, comunicarse, comunicarme con mi ser interno. Siempre, mediante las palabras, a través de la escritura creativa. ¿Llega el mensaje? Mi mensaje, quiero decir, la señal. ¿Cuál? Está ahí parpadeando. La chispa fundiéndose. ¿Sabes qué? Que hace tiempo atrás, días quizás, me comí las heridas, muriendo en los parques. Los sucesos se han deshecho enteros.

    Volviendo, regreso al viento que es de otro color, otro tiempo. Matices y cicatrices. Quiéreme. Y quiero, cuando me observo en el espejo, no querer sino quererme. Y punto, y seguido. O puntos suspensivos. Pasa, ¿Sabes? Pasa mucho que la vida se pasa de moda. Y yo soy una chatarra antigua. Soy chiquilla chamuscada, atrasada, como de las épocas viejas. Soy la ambigüedad personificada. La rotura al borde del corazón. Descosida voy, e incomunicada conmigo, pues sucede que sigo sin saber quien soy. A veces me digo que escribo y yo al escribirme me convierto en escritora. Un instante, dos. Hay tantas facetas como días distintos. Vaya desconcierto.

    Y cuestiono, así, en el aire: ¿ Te comunicas? Yo lo estoy haciendo. ¿El problema? Que soy arma y víctima, que hay un muro alto y espeso entre el yo y mi yo-poético. Entre alma y espejo. Cierto reflejo, me hablas, pero hay interferencias. Las pongo yo, quemándome, rompiendo el juego comunicativo. Quebrando el hilo telefónico, mordiendo el verbo, haciéndome la sorda.

    En realidad oigo, pero no me escucho. Comunicarse con uno mismo, ¿Eso qué es? ¿Se siente?

  • Hola, ¿Hay alguien ahí?

    Sí, y me paso por aquí para comunicarte que a raíz de que hace tres días se me murió la batería del móvil, he abierto esta sección, que puede ser muy interesante.

    Estoy casi incomunicada, sí. Están siendo unos días de aprender a vivir sin redes sociales y sin música. Sobrevivo, de momento.

    Nada, comentarte que esto va a ser un poco de feedback entre tú y yo, entre lector/a y escritora. La verdad es que se me acaba de ocurrir ahora. Mi idea es ir publicando, eso sí, de cara a los domingos. Así que si quieres saber un poco más de mi vida personal… Ya sabes.

    Volviendo al tema, no, no hay nadie. Bueno, sí, solo estoy yo conmigo, pero está yendo bien, supongo. Escribo, ahora, aquí, para contentarme un poco y sacar el dolor y sanar las heridas que ya van cicatrizando.

    Me estoy haciendo a la idea de que la idea ya no es una idea, una ilusión dentro de una burbuja, sino que es la realidad.

  • ¿Qué es lo que más odias que te pregunten? Explica por qué.

    Odio que me pregunten cómo estoy, porque siempre mi respuesta será «Bien» aunque esté muriéndome por dentro. Es triste, pero es mi realidad. No sé, imagínate que estás intentando desconectar, sentada en una cafetería mientras lees lo que sea que te apetezca leer y, de repente, aparece tu amiga y te cuestiona cómo estás. Has tenido no un día sino un mes de mierda, ¿Crees que lo que te aptece es contar qué te sucede y porqué?

    Lo último que quiero es martirizarme más. No quiero relamerme las heridas abiertas, no quiero indagar en mi ser, no quiero morir otra vez, no quiero tener que expresar, no quiero sacar todo lo que me hunde y me hace mal. No quiero porque me doy asco por dentro. Porque le tengo miedo a mis miedos, a mis defectos.

    Si eso, ya lo escribiré. Porque soy así. Cuando estoy triste, escribo. Y si leo aquello narrado, aquel sentimiento que bombardea dentro, será por casualidad. Aquel acto regular, tan común, quizás, lo cotidiano de una escritora, lo habitual, en mi caso, nunca lo es.

    Soy rara, soy única, soy la excepción. Me salgo de la norma, de la etiqueta «normal». Lo sé. Y ya lo asumí. Sí, lo acabo de asumir hace treinta segundos atrás. De hecho, lo vuelvo a asumir. Justo ahora soy consciente de que no soy, de que vivo muerta, de que seguirá siendo así y de que volveré a toparme con la tristeza muchísimas veces más. No soy consciente de que soy consciente y, aún así, vivo consciente.

    Así que, bueno, si te preguntabas qué me sucede, pues te lo digo ahora. Me pasa de todo. Cualquier suceso o sentimiento que puedas imaginar, incluso llegar a experimentar, eso me pasa. Y pasa que el día y la vida y el mes y el año se pasa. Y pasan tanto y tan rápido que ya he muerto otra vez.

    ¿Comprendes? El eco de mis palabras que provienen de mi interior van resonando. A veces, esas palabras que, al final, acaban siendo acciones, tocan canciones graves y tristes, agudas y amargas, breves y alegres. La mayoría son llenas de melancolía. Regresando al pasado, del recuerdo, soy la nostalgia personificada. Si vivo en gerundio es porque me obligo a ser el presente andante.

  • ¿Por qué ese vacío?

    Siento que debo llenar un hueco cuando, realmente, la vida consiste en romperse las rodillas y dejar que sangra el corazón para después apreciar la oscuridad y, a la vez, la felicidad. Entender, mientras enciendes la llama de tu ser, que florecer también es ir marchitándote, muriéndote. De ahí nace el arte de ser uno mismo. De la esencia viene el dolor. Creo y deseo en lugar de crear y hacer ¿Por qué me sucede esto? Esa cosa extraña tan existencial… A veces siento que me falta amor (propio) y que se me descuelga el corazón. Y, justo ahora, a cinco minutos para salir de casa, con el café recién hecho, voy tarde. Como cada día que pasa. Voy tarde a la vida, al acto, a la palabra y al verbo en gerundio.

    No sé, ¿Tú qué sientes? ¿Piensas? ¿O solo existes?

    Hacía tiempo que no me analizaba haciendo una crítica constructiva, o destructiva. Intento evitar lo oculto, lo amargo.

    Y tú, ser humano, ¿Para qué estás vacío?

    Cuestión interesante, te la responderé algún día. ¿Para qué estamos vacíos? ¿En qué momento se nos ha pasado por el corazón ahuecarrnos maś de lo que ya somos? Tenemos tan poco… Desde la niñez y durante la adolescencia rompemos la relación con nosotros mismos. Aquel lazo que es invisible porque jamaś estuvo y tampoco estará.

    Lo que deberíamos romper es con los esteorotipos. De esas etiquetas, enganchadas en la frente como si nada, naace la diferencia. Y cada vez nos aislamos más, pues es raro ¿No? Eso, quiero decir, el acto de sentir océanos coléricos.

    Déjame decirte, los atardeceres habitan en ti, eres uno de aquellos que brillan. Eres luz. Créemos encontrarnos. ¿Sabes qué? Que estamos, ahí, palpitando, y tan perdidos. Solo consiste en sonreírse cada mañana delante del espejo. Tu reflejo te está hablando. Quiérele, quiérete. Así, ya sea roto, vacío o ahogado en un sielncioso llanto. Ámale, ámate.

    Me fui por las ramas del sentir, cierto. Solo quería responder ¿Para qué estás vacío? Pues respóndete tu mismo.

  • ¿Somos humanos? ¿Qué somos?

    ¿O somos traidores de almas? ¿Quiénes somos realmente?

    Seguramente aquellos seres expertos en ir destruyendo mentes, y corazones. Es nuestro arte innato ir rompiendo, ir deshaciendo, y así sin parar. Para, bueno, seguir desencajando las piezas de otros (también seres humanos, o no) y las de nosotros mismos. Es lo único que sabemos hacer: sentirnos extrañamente cómodos en el desastre, en el caos e ir saltando de estallido en estallido. Odiamos, y mucho.

    ¿Por qué odiamos? ¿Para qué? ¿De dónde nace ese odio tan inmenso?

    Por mala suerte, surge de nuestro ser interno, de aquello que no aceptamos, del acto de desamarnos, del hecho de no querernos.

    A causa de los latidos que jamás palpitaron, que no brillaron, de esa llama ya apagada nace nuestro llanto -silencioso o desgarrador-.

    Y es muy desolador, ¿No? ¿Porque no aprenrdemos a observar, a escuchar, a aceptar y a brillar con otros en vez de contra ellos? Al final, amamos porque aceptamos tal y como son los ajenos y porque nos estamos apreciando, es decir, queremos nuestro arte, nuestro dolor, así, en su espléndida esencia.

    Ojalá dejar de ser pobre de corazón. Carecemos de amor, es verdad, ¿Pero por qué no intentamos accionarnos desde el cariño, desde el aprecio?

    Sacar la depresión que está incrustrada, enganchada, e ir brindando amaneceres. Así el mundo sería un lugar más bonito, aunque sigan habitando desgracias. Así los humanos seríamos más humanos y menos autómatas.

  • ¿Cuál es el trabajo de tus sueños?

    El trabajo de mis sueños es poder vivir de la escritura. Mi deseo sempiterno es seguir escribiendo y leyendo sin detenerme hasta mi muerte real, porque, de morir, he muerto unas cuantas veces. También he latido sosteniéndome a un vacío hueco y he bailado de su brazo, hundiéndome y saliendo a la superfície de sus jodidos altibajos, de sus quehaceres cotidianos, llenos de roturas, de cicatrices y de heridas que van sangrando de vez en cuando. Entre las nubes y las ramas, que son raíces, a ras del suelo. Y dime, ¿Qué sería de aquel ser humano que todavía vive por vivir, por amor al arte de andar? Créeme, todos nos hemos suicidado en vida más de dos veces. Y, aún así, mi sueño sigue brillando entre un océano colérico, oscuro y lleno de suciedad. Le dicen pulcritud o, quizás, es aquel latido tan sutil que, hasta que la mente no hace un «click», un cambio de chip, se queda ahí, entre la boca del cielo y del infierno, derramando lágrimas sacas. Pero yo he venido aquí a narrar el trabajo de mis sueños y la realidad está superando la telenovela montada en mi cabeza loca, llena de barbaridades, de desilusiones paranoicas. Porque la ficción es que mi corazón sigue latiendo a mil por hora cada vez que una idea cabalga en mí para luego convertirse en letra, en palabra y en verbo. Para, en definitiva, ser acción, ser un estallido y la singularidad personificada. Denominándose, así, el término, como el arte de la creación. Ven, quédate y ama mi caos.

  • Si pudieras «desinventar» algo, ¿Qué sería?

    Desinventaría el dolor que va incrustado al desamor. Desconectaría la forma en que se ama del revés, a los corazones tóxicos. Y, luego, inventaría un amor sano, sin heridas ni cicatrices aún por curarse. Sí, porque es doloroso.

    El desamor es como una patada en el trasero una y otra y otra vez. O como ir cayendo al vacío para después convertirse en este mismo.

    Quizás o, mejor dicho, probablemente otra persona hubiese elegido desinventar otra cosa. Yo voy por el lado de los sentimientos, de aquellos que, no sé cómo, huyo. Intento salirme de esas emociones tan quisquillosas… Intento ser paloma que vuela para acabar arrasando el cielo en mi contra. Para terminar arrastrando mis alas, rotas y desgastadas, por el suelo del infierno.

    ¿Así funciona el desamor? Así va, por encima de todo, y viniendo. Regresando, siempre.

    ¡Choca esos cinco, dolor! Estás de lujo conmigo, estás en tu mejor momento. Celebrando, doliéndote y brindando tus quehaceres cuotidianos a todos los seres muertos y que siguen viviendo. Bienvenido, te abro los brazos. Abrázame y duéleme de la forma más triste y rota que sabes.

  • ¿Qué has aprendido del amor?

    He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.

    ¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?

    Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:

    ¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?

    ¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?

    ¿Y de dónde surge?

    Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.

    No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?

  • ¿Eres creativo/a?

    Sí, porque invento historias, buceando entre las nubes grisáceas de mi corazón, cuyo va bombardeando hechizos rotos. Porque vivo más en mi mundo imaginario que en el mundo terrenal. Ya no toco de pies al suelo, vuelo, vuelo. O nado entre las olas coléricas de mi mente. Y me gusta serlo. Adoro mi caos. Es algo que lo llevo en la sangre. ¿Contagiaré el arte? ¿Contagiaré mi arte? ¿Acaso inspiro? Me deleito entre las letras, levito gracias a la literatura ya sea de otros, o mía. Es cierto que últimamente he dejado de escribir(me). Quizás es que estoy en otra fase lunar. Ya no sé si las flores se marchitan o provocan mi deterioro. Solo siento y voy haciendo.

    ¿Y tú eres creativo/a?

    Si puedes inventar, crear, creer y florecer y a la vez marchitarte. Si puedes cantar, bailar, escribir y volar. Ser pájaro enjaulado y, luego, en tu propio arte, sumergirte en una oscuridad profunda e intensa, entonces sí. Lo eres.

    Hoy es uno de estos días sin el arte enganchado en mi paleta de tonalidades negras. Mi corazón. Es cierto que escribo, que dejo moverme sobre la nada. Hoy estoy fluyendo porque estoy agotada. Mis días cada vez son más pesados y debo hacer tantas tareas… Pendientes y precipicios. Una agenda con mil anotaciones para, luego, acabar deshaciéndome en la cama. Durmiendo, soñando. Al fin y al cabo, lo que más necesito actualmente son ensoñaciones para sostener mis recuerdos y mi ser. Mi sed, mis ansias, mis ganas de vivir la vida.

  • ¿Te pasas más tiempo pensando en el futuro o en el pasado? ¿Por qué?

    Colorea tus pensamientos.

    Anna Pérez Carreño

    Pues yo me paso todo el tiempo desvivéndome, jamás estoy presente. Me angustio por el futuro y me preocupo por el pasado. Así que, bueno puedo afirmar rotundamente que por eso he dejado de ser -persona-.

    Supongo que a muchos seres humanos les sucede. Sí, eso de vivir en un constante vaivén que va y viene y va y viene y nunca se queda. Nunca está.

    Debo mejorarlo, lo sé. Manejarlo. Es un hecho. Y, ahora, me cuestiono en cómo hacerlo. Y creo que todo radica en el pensamiento, es decir, en cómo afrontamos mentalmente las circunstancias, la vida. Ahí, justamente, está lo fundamental. Así que voy a afrontar mis inacciones y mis pensamientos para sacar posibles conclusiones.

    ¿Cómo sentir paz mental?

    Pienso que por mucho que leas un libro, escuches música o salgas a pasear, para, principalmente, desconectar, es insuficiente. ¿Por qué? Porque el agobio seguirá hasta arruinarte.

    Como he mencionado antes, la clave, o la llave «mágica», está en el cerebro. Por tanto, es tan simple, o quiuzás no, en afrontar todos los pensamientos surgidos de nuestro ser. Es decir, escucharlos, entenderlos, aceptarlos y transformarlros. Ir moldeando su figura abstracta cada vez más palpable.

    En definitiva, colorea, aunque sea a cámara lenta, tus pensamientos, es decir, las balas que salen, escopeteadas y sin querer, de tu cerebro.

  • Si pudieras diseñar la habitación perfecta para leer y escribir, ¿cómo sería?

    Mi ideal de ‘habitación perfecta’ es que sea mi espacio, un lugar donde pueda evadirme del mundo exterior e introducirme en mi caos.

    Anna Pérez Carreño

    Y para ello necesitaría un escritorio con unas cuantas libretas, bolígrafos y post-its. Una estantería para almacenar libros aunque podría prescindir de ella, pues los iría colocando uno encima de otro en el suelo, por orden de leído.

    Además, me encantaría tener mi propio rincón de lectura. Un sillón al lado de la ventana, una alfombra y la literatura entre mis manos.

    Una habitación perfecta para mí sería aquella que desprendiese un ambiente cálido, con la música sonando de fondo y mucho arte aún por descubrir.

    Me gustaría, en un futuro, sentirme rodeada de libros que provocaran algo en mi ser. Lo que fuere. Cualquier emoción, el palpitar del corazón.

    Así que, bueno, si tengo que elegir, prefiero estar viviendo y sintiendo al mismo tiempo a través de la imaginación.

    Y para ti, ¿Cuál sería tu ideal de habitación perfecta?

  • ¿Cómo desarrollar los personajes de una novela?

    Para empezar, tal y como dice el Diccionario de la Lengua Española, un personaje es «Cada uno de los seres reales o imaginarios que figuran en una obra literaria, teatral o cinematográfica». En este caso, me centraré en una obra de carácter literario.

    Pero, ¿En quién nos podemos inspirar para desarrollar los personajes de nuestra historia?

    Para continuar, existen distintos tipos: aquellos personajes que son los protagonistas y los personajes secundarios. Aunque voy más allá, y supongo que tú también, porque ¿En quién nos podemos inspirar para escribir nuestros protagonistas?

    En mi caso, me inspiro en mi entorno, personas de mi alrededor, ya sean conocidas o desconocidas, reales o ficticias, espontáneas o eternas. Y más específicamente me inspiro en mí. Es decir, en las fases de lo que voy siendo según voy haciendo, emocionalmente hablando.

    Así que si debo darte un consejo, es el siguiente: observa. Y luego plasma aquello que has visto desde la emoción, desde el sentimiento, porque te será más sencillo definir los rasgos característicos del personaje.

    Lo siguiente que te cuestionarás es: ¿Cómo desarrollo el personaje? Sus características físicas, psicológicas, sociales… Solo necesitas papel y bolígrafo e ir anotando lo que se te pase por la cabeza. A continuación te propongo unos pasos para la creación de tu protagonista.

    1. Observar a las personas atentamente, sin ponerte límites. Simplemente observa sus movimientos, su forma de ser. Déjate llevar por el momento emocional en el que estés.
    2. Escribe lo que viste, lo que te surge de dentro, en un papel.
    3. Subraya aquello más destacable para ti.
    4. Convierte el texto en características tangibles. Probablemente hayas plasmado en el papel sentimientos en forma de metáforas. Convierte aquello surrealista en algo real.
    5. Dale forma a tu personaje atribuyéndole rasgos palpables.
    6. Anota las características tanto físicas como psicológicas en un papel.
    7. Acota tu personaje. Precisa.
    8. Finalmente, hazte un guion esquematizando los rasgos que hayas decidido ponerle a tu personaje.
    9. Fluye con tu personaje creado. Es arte.

    En resumen, para desarrollar un personaje de una novela es imprescindible que te dejes llevar, que seas caos. Porque al fin y al cabo, de ahí nace el arte. Simplemente debes aprender a sacarlo del desastre y convertirlo en cosmos.

  • ¿Cómo escribir el esqueleto de una novela?

    Para empezar, un esqueleto, en el ámbito de la escritura, es la estructura que tiene una novela, es decir, la forma interna de cómo está construida la historia.

    El objetivo del esqueleto, o también denominado como escaleta en el terreno cinematográfico, consiste en tener una organización previa lógica y coherente sobre lo que se escribirá a posteriori. Sirve, principalmente, para planificar la forma de la novela. Pero, ¿Cómo se hace un esqueleto o una escaleta? O, mejor dicho, ¿Cómo la creo yo?

    Pues, en mi caso, para el acto previo a escribir, utilizo una libreta. Una vez con la libreta ya abierta, un bolígrafo y mi idea ya desarrollada, sigo desencajando las piezas -de esa breve idea-, incluso las recorto, las elimino o las prolongo unos días más, para después hacerlas bailar en el papel. Pero antes viene el proceso de planificar, quiero decir, de preparar los capítulos.

    Mi estrategia es la siguiente:

    • Escribo el número del capítulo al inicio de la hoja del lateral izquierdo de la libreta.
    • Al lado de donde he escrito Cap. I defino brevemente de qué irá el capítulo. También anoto alguna idea de forma breve, incluso pongo el personaje que quiero que presida el capítulo.
    • Divido en tres partes la estructura narrativa: en la primera parte, abro el capítulo, lo que es la introducción; en la segunda parte, que es la continuación, desarrollo el capítulo, y en la tercera parte, intento cerrar el hilo del capítulo o lo dejo abierto dependiendo de mi estado anímico y de mis preferencias respecto a la trama de la novela.

    Lo realmente divertido de planificar la novela es que dentro del orden habita un caos inmenso. Es interesante y curioso. A parte, entre las frases y las palabras, se va creando, sin querer, el arte. Al menos para mí.

    Mi consejo es que te dejes llevar por la idea surgida y que, luego, la vayas moldeando sin que pierda la esencia principal. Para ello es necesario perderse muchas veces y dar en el clavo justo en el momento más esclarecedor que, probablemente, sea cuando estés más ofuscado.

    El otro consejo que te puedo ofrecer es que no te limites, que te dejes llevar tanto en tu forma de crear como con tus herramientas (libreta, bolígrafos, espacio y forma de escritura, etc.) Y que experimentes. Me refiero a que si siempre escribes a mano y en un mismo lugar como, por ejemplo, en tu despacho, cambies un poco de aires y de métodos. Sal a pasear y ve a donde te lleve tu corazón que de ahí pueden surgir procesos hermosos. En vez de escribir a mano, escribe en el móvil o desde el portátil. O al revés. Yo, por ejemplo, muchas veces voy a una de mis cafeterías preferidas donde escribo y me dejo fluir. Pero hay momentos que voy a la biblioteca o si hace buen tiempo me quedo en un parque. Todo depende del estado emocional de cada uno. Inténtalo, ganarás más que perderás.

    En definitiva, a veces la escritura nos sorprende a nosotros mismos de lo que puede surgir de ahí, así que como último consejo: vive, siente, desordena tus emociones, escribe, transmite y vuelve a vivir. En bucle.

  • ¿Tu vida es como la imaginabas hace un año?

    Sinceramente, no. Está bien y mal a la vez, quiero decir, es mucho mejor de lo que esperaba y, al mismo tiempo, no es del todo como la imaginaba.

    ¿Por qué?

    Voy a hacer un análisis introspectivo.

    El primer recuerdo que me vienen a la mente solo pensar en enero es un curso on-line al que me subscribí. Es el hecho de la frase que me dije, autoconvenciéndome de que me apetecía hacer el curso, pero como tenía por delante un año entero, lo fui dejando hasta del día de hoy. Bueno, sigue a medias. Y con ello, todo lo que me propongo nunca lo termino.

    El curso va de cómo escribir una novela paso a paso. Aunque, desde mi perspectiva, debería explicarme, la vida, cómo vivir. Más concretamente, cómo hacer aquello o lo otro.

    Luego ya no tengo más imágenes esclarecedoras. Simplemente tengo sensaciones. Ha sido un año intenso. Muy brusco. He recorrido recovecos de mi ser que anteriormente no hubiese reconocido. He detectado algunos desagües, deteriorados por el tiempo donde la causa fui yo. Vivir y morir a partes iguales. Desvivirme, sufrir por todo lo alto y regresar al suelo para quererme, para cuidarme.

    Sí, ha sido hermosamente doloroso. Reencontrarme, digo. El año entero ya es otra cosa, un viento distinto, quizás.

    Tengo que reconocer que he leído escasas páginas de entre los libros que me quedan aún por saborear. Aún así, me he relamido las heridas. Demasiado, creo. Hasta tal punto que las he dejado en blanco y he sido incapaz de encontrar el porqué o, mejor dicho, el para qué. Por ese camino sí, sí que me leí. Lo sigo haciendo, pero lentamente porque no quiero asustarme, o despeinarme.

    Sentir consistirá siempre en enredarse con las palabras para después soltarlas del revés, incluso tragártelas y quedarse en un silencio inmensamente profundo. Y quedarse ahí por unos escasos meses. Estamos hablando de más de cuatro. Son numerosos días que duelen, que te marchitan y hacen que florezcas, pero ya, si eso, cuando sientas que estás, que todo es presente. Ni pasado ni futuro. Presente.

    Aquí estoy. Escribiendo barbaridades, y de emociones extrañas también. Fluí a contracorriente. ¿Cómo lo hice? Pues que me dejé engatusar por una ola que se empeñaba en arrastrarme hacia la orilla mientras insistía en regresar a un pasado. Me correspondió, pero en una verdad deshecha.

    Otro rollo, otro modo. Cada día que amanezco, florezco. Y aprendo. Muchísimo. El acto de analizarme me gusta. Solo fíjate en lo que ha salido de mis dedos. Ahora siento paz y una chispa de felicidad.

    Tengo hambre. De llenarme de ganas y de vaciarme de disgustos. Los escaparates están por estar y tú, ser humano, estás para escribirte de aquellas idas y venidas en un bucle imparable.

    Estás para ser una herida, plantar una sonrisa en la brisa de tus pestañas y correr kilómetros sin querer(te). Vas a morirte y a amarte en un vaivén constante. Despreocúpate, quiero decir, ocúpate en ser un torbellino de sucesos sentidos. Esto es lo que te hace real. Todo lo demás, sobra.

  • Mi lugar existencial

    He dejado de escribir(me), quizás, a causa de sentir demasiado. Tal vez por desvivirme constantemente. La probabilidad de saber el motivo ha desaparecido. ¿Estaré en un bloqueo vital? Sí. Hace dos noches atrás, después de conversar conmigo misma, mirando en el espejo mi reflejo, una luz se iluminó en medio de la oscuridad. Me saqué de la duda, del bucle sin salida. Toda la vida me refugié entre libros y palabras que salían -y siguen saliendo- escopeteados de mi ser.
    Me disculpo. De mí para mí. Me pido perdón por todo el daño que me causé. ¿Comprendes que si me hubiese querido un poquito todo hubiese sido distinto?
    La vida es realidad y vaya si jode. Te hace estallar. Explotar sangre. Morir y morir. El vacío que experimenté y que, paulatinamente, se va llenando de silencios agujereados. Han sido todo lo que callé por miedo a escupir(me) verdades tan sinceras.
    Empiezo a quererme. Una gotita de amor está cayendo hacia dentro.

  • Paréntesis

    Con una cerveza en mano, un moño a medio hacer y en bragas, aquí y ahora, empieza mi nueva vida. Sentada en el balcón observo mi alrededor y no consigo llegar a ninguna reflexión. Después de dejar el libro que nunca termina, el que estoy leyendo actualmente en verano, y un móvil vacío de batería, me percato del simple hecho: necesito o me sobra algo. Estoy hueca, no soy dueña ya de mi misma. Simplemente quiero un cambio, un giro. O nada. Y si escribo esto, estas miserables verdades, es porque me quiero encontrar o, quizás, quiero llegar a encontrar. No me pregunto, sólo necesito escribir. Es necesidad. No como antes que era puro placer a pesar del esfuerzo y el sudor, pero era bonito, hermoso. Ahora es duro, y cuesta -arriba-.

    Tengo la mirada fría y caminando en mi era, siendo veinteañera, me pierdo. Y no es malo, al contrario, es sano. Rompe, tanto, que duele, que escuece. No quiero, eso, sufrir. Pero lo hago porque siento a instantes y en pequeñas cantidades. Me digo a mi misma que es hora de cambiar, de pausar y refrescar. La vida, digo. Es un momento de intensidad, de coger, correr y jugar; con las palabras, con las verdades y las mentiras. Y hacer erradas, serlas. Equivocarte y volar mucho aunque luego me estampe y acabe derrapando.

    Y me gusta lo que sale de mí, de mi ser interno, de mi corazón, de mi infierno.

    Ya no sé si estoy aquí porqué sí o porqué no. El caso es que voy a comenzar.

    – 28 de julio del 2020

  • ¿Cómo mejorar la autoestima?

    ¿Qué es la autoestima?

    La autoestima, como dice Google, «es el aprecio o consideración que tiene uno de sí mismo», que en pocas palabras es quererse a uno mismo.

    ¿Cómo mejorarla?

    Primero hay que hacer una introspección exhausta con la siguiente pregunta: ¿Te quieres? Una vez sepas en qué punto de partida estás, podrás mejorar la autoestima. Eso sí, si quieres. Porque si uno ya no quiere, no puede. Esto es lógica de vida.

    Aquí hay que centrarse en uno mismo, hay que ser egoísta. Quiérete tú a ti mismo y ya. No esperes a que te quieran. Quiere quererte.

    El primer paso es que te aceptes tal y como eres. Luego, se trata de que te quieras. Y no es un truco de magia, tampoco un enigma. Todo el amor que te puedes dar está dentro de ti. Una vez empieces a darte amor, darás a los demás y recibirás. Porque todo tú serás una fuente de estima. Y si no es recíproco, no pasará nada porque te estarás amando.

    La autoestima es un camino y no una meta. Esto hay que tenerlo claro. No llegará un día y te querrás por fin. No. Error. Llegará un día que te dirás: hoy me quiero. Puede ser hoy, mañana o pasado. Siempre te estás queriendo, lo que pasa es que no te estás dando cuenta. Tienes que sacarle brillo a este diamante en bruto.

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    Herramientas

    Es cierto que no hay unas herramientas estrictas para quererse. Te daré los consejos que utilizo, que son los más cotidianos que puedes escuchar y que te van a ayudar.

    1. Cuídate, es decir, cuida tu aspecto y con ello te cuidarás. Simple, al levantarte cada mañana lávate la cara, dúchate y mímate. A ti. Siempre a ti. Escoge tu outfit acorde en cómo te sientas el día de hoy. Arriésgate, pero escógelo con amor hacia ti.
    2. Cuida de tus cosas. Una vez te hayas cuidado, atiende tus cosas. Por ejemplo, ordena tu habitación: ventila, haz tu cama, arregla tu escritorio… Porque después de prestarte atención, podrás y necesitarás cuidar de lo tuyo.
    3. Cuidar de los otros. Y con ello me refiero a querer a los demás. Tan simple como atenderlos.

    Estas herramientas pueden parecer muy absurdas, pero desde mi perspectiva el acto de cuidar es esencial en la autoestima. Atiéndete, atiende y atiéndelos a ellos. Seguro que una de las tres cosas no la estás haciendo. Y, oye, que si lo haces ¡chapó por ti!

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    Reflexión final

    Cuidarme, cuidar de mis cosas y cuidar de los otros, es un lema que me aplico constantemente. Si me cuido a mi misma, después puedo cuidar de mis cosas y de los demás. Por el contrario, si me descuido, no seré capaz de cuidar ni de mis cosas ni de todo lo otro. Y es tan sencillo como hacerlo desde dentro, aplicarlo cada día y en la cotidianidad de las cosas.


    PD: Gracias por leerme,

    ¡Nos leemos!

  • Hacer publicidad desde Facebook

    ¿Qué es la publicidad?

    La publicidad, en este caso por internet, es un conjunto de estrategias que se utilizan para dar a conocer un producto o servicio.

    En este post me centraré en una única estrategia (Facebook) y en un solo producto (tu blog).

    Desde Facebook puedes promocionar tu blog publicando anuncios de forma muy sencilla y sin necesidad de pagar una gran cantidad. La gracia está en saber cómo hacerlo.

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    Guía práctica

    Para ello, te voy a dar una guía práctica de cómo crear anuncios desde Facebook:

    1. Tener Facebook parece obvio, pero es necesario. Créate un perfil enfocado a tu ámbito profesional: tu blog o página web o ambos. Imagínate que eres un producto, pues tienes que venderte de la mejor forma posible. Muéstrate al mundo. Sincérate contigo mismo y con los demás.
    2. Ir a la sección Promocionar donde hay cuatro tipos de anuncios:
      1. Anuncios automatizados: consiste en obtener anuncios personalizados que se ajustarán con el tiempo para conseguir mejores resultados.
      2. Crear un nuevo anuncio: sirve para promocionar tu empresa o página web.
      3. Promocionar una publicación: publicitar un post.
      4. Promocionar una publicación de Instagram: publicitar un post, pero de tu cuenta de Instagram.
    3. Crear tu anuncio de forma personalizada, es decir, adapta tus necesidades a tu anuncio y a tu página web. ¿Para qué quieres anunciarte?¿Qué resultados quieres obtener? ¿Qué aspecto quieres que tenga? ¿Quién quieres que vea tu anuncio?

    Herramientas

    Antes de publicitarte cuestiónate para qué y porqué quieres hacerlo, es decir, ¿Qué objetivos te planteas? Es muy diferente querer conseguir más visitas en el sitio web que conseguir más clientes potenciales. Todo depende de ti y de tu página web.

    ¡Léeme!

    Consejos útiles y conclusión

    Te aconsejo que vincules tu página web a otras redes sociales de forma que cada vez que publiques un post se te publique automáticamente en las redes sociales vinculadas.

    Antes de hacer cualquier cosa sitúate. Quiero decir, ¿Dónde estás tú? ¿En qué momento de tu vida te encuentras? ¿En qué situación se encuentra tu blog? Y una vez respondidas todas tus preguntas, actúa.


    PD: Gracias por leerme,

    ¡Nos leemos!

  • ¿Cómo ser constante con tu blog?

    En primer lugar, para ser constante con tu blog tienes que tener ilusión por lo que haces, por lo que escribes. Además de motivación, ganas, voluntad y esfuerzo. Sí, porque todo proyecto conlleva esforzarse.

    Además, es interesante que te preguntes diariamente o cada equis tiempo por qué tienes tu blog y para qué lo haces. ¿Por qué escribes? Por necesidad, por gusto, por curiosidad e interés…

    Si la respuesta es afirmativa, es decir, que lo haces porque te gusta, entonces sigue blogueando. Si la respuesta es negativa, replantéate las cosas porque probablemente estás invirtiendo tu tiempo en algo que no te gusta, que no te apasiona y que no es lo tuyo porque, simplemente, no es lo que quieres o necesitas en esta etapa de tu vida.

    La conclusión a todo esto es que lo hagas porque te apasiona. El después ya llegará. Que siempre llega.

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    Herramientas útiles

    Mi forma de ser constante con mi blog consiste en tener una organización realista y seguirla. Para ello lo llevo a cabo mediante un calendario editorial.

    Pero, ¿Qué es un calendario editorial?

    Un calendario editorial es ni más ni menos que una organización sobre tu blog. Allá organizarás qué publicas, qué día de la semana subirás equis entrada… Además, también consiste en planificar cuando escribirás cada post. Dependiendo de tu tiempo libre, de tus horarios, lo harás de una forma u otra y en un tiempo determinado u otro.

    El calendario editorial lo puedes hacer desde el Excel de Google Drive hasta en una aplicación o incluso en papel con bolígrafo y lápiz. Adáptalo a ti.

    Es necesario ser realista. No te pongas metas inalcanzables y tampoco metas sencillas de conseguir. De esta forma evitarás procrastinar.

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    Los objetivos

    Los objetivos son una forma eficaz de conseguir tus metas a corto y largo plazo. Por ejemplo, si estás empezando, una meta alcanzable es publicar dos posts a la semana: uno de escritura creativa y otro que aporte utilidad a tus lectores. Otro ejemplo es aumentar el tráfico: 50 visitas más cada mes.

    Recuerda pensar objetivos realistas y concretos.

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    Conclusión

    En definitiva, no hay una clave para ser constante, pero sí que hay distintos consejos y herramientas útiles que te pueden servir.

    Aquí lo más importante es tener una organización y seguirla. Ni más ni menos.


    PD: Gracias por leerme

    ¡Nos leemos!

  • Diario de pensamientos

    ¿Qué es para mí un diario de pensamientos?

    Un diario de pensamientos es una libreta donde plasmas todo lo que sientes y piensas. Puedes escribirlo de forma literal o en sentido figurado.

    Para mí es un lugar donde refugiarte. Un sitio donde sacas todo aquello que tienes en tu pecho. Consiste en vomitar palabras, una detrás de otra. Sin pensar. Sin querer buscar la perfección. Lo que hay ahí dentro es lo que sale. Y eso está bien. Porque está bien estar mal. Y es muy necesario escribirlo para luego poder afrontar las situaciones, lo que crees que se te viene encima y te machaca creyendo que te va a matar. Pero como lo acabas plasmando en el papel, te salvas. Sales a la superficie y vuelta a empezar. Vaya proceso más hermoso, ¿Eh?

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    ¿Para qué sirve y por qué hacerlo?

    Pues, básicamente, sirve para desahogarte. Posteriormente, te ayudará a entenderte. Y, después de un tiempo, podrás afrontar el problema, es decir, aquello tan sentido que fue incomprensible en su momento.

    Si lo haces, y de forma constante, en un futuro no habrás solucionado tus problemas, pero sí los tendrás detectados.

    Cuando digo problemas me refiero a los intríngulis que tenemos todos dentro de nuestro corazón y cabeza. Es decir, los problemas son sensaciones.

    ¿Cómo lo llevo a cabo?

    Simple. Sólo necesitas una libreta y un bolígrafo.

    Y escribe. Esa es la clave. Escribir sin pensar, sólo sintiendo.

    En mi caso, llevo un registro de mis sentimientos en el bloc de notas de mi móvil porque es la forma más rápida de plasmar lo que siento en cualquier instante. También es una bonita manera de llevar un registro de tus pensamientos o sentimientos.

    Aunque, para empezar, te recomiendo hacerlo a papel y escribir de forma literal, sin tapujos y sin miedos. Así evolucionarás en la escritura y aprenderás a pasar lo que tienes en tu mente o en tu corazón a papel, ganando consciencia de tu realidad, eliminando el estrés y aprendiendo a comunicarte con más claridad.

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    Tipos de diario de pensamientos

    El más típico es el diario personal, pero hay muchos más como, por ejemplo:

    1. Diario de emociones: se trata de expresar todo lo que sientes con cada experiencia cotidiana.
    2. Diario personal de gratitud: plasmar aquello que agradeces en tu vida.
    3. Diario personal de logros: es un listado de todo aquello que quieres conseguir, ya sea a largo, medio o corto plazo.
    4. Diario personal de autoestima: es un acto de superación diario y reflejar en él todo aquello que has logrado, registrar los ejercicios que estés haciendo… Puede ser muy útil para quererte un poco más cada día.

    Espacios donde escribirlo

    Para escribir aquello que sientes no es tan importante el lugar sino sentirse cómodo mientras estés escribiendo tus sentimientos.

    Sí que es cierto que hay personas que crean una rutina: escribir media hora antes de irse a dormir. O por las mañanas.

    Sólo te digo que hacer esto es escribir sin personalidad, es decir, no creas tu esencia porque haciendo esto provocas una rutina y la acabas inculcando tanto dentro de tu mente, de tu día a día, que llegará el momento en que no sepas qué escribir. Te bloquearás.

    Mi recomendación es que escribas cuando sientas que debes hacerlo. Sin más. No te compliques. Hazlo cuando lo necesites.

    Conclusión

    Comencé a escribir en diarios a los nueve años donde con el tiempo fui puliendo mi técnica. Es emocionante y a la vez curioso leer mis escritos porque se puede observar una evolución muy importante. Y gracias a ello me encuentro y reconozco qué me pasó o que me está pasando.


    PD: Nos leemos,

    ¡Gracias por leerme!

  • ¿Cómo organizo mi vida?

    Mi método de organización

    Anteriormente, utilizaba tres herramientas:

    • Google Calendar: allí tenía cuándo y qué post publico a la semana. Además de aquellas tareas que tengo que hacer durante el día. Tengo que decir que no sólo organizaba mi Blog sino que organizaba toda mi vida (ámbito personal, profesional y el de escritura).
    • Drive: ahí tengo una carpeta específica para el Blog donde dentro de ella hay distintos Excel (Google Calendar, Palabras claves generales y Palabras clave mensuales).
    • El método de organización llamado Bullet Journal.

    Actualmente, utilizo Notion, que es como un Bullet Journal, pero en formato digital. Es decir, un lugar donde puedes organizar toda tu vida de forma on-line. Ahí organizo todo. Para que lo entiendas mejor es como un blog: creas tu primera página y puedes crear subpáginas y otro tipo de plantillas.

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    ¿Por qué utilizar Notion?

    Porque…

    • Puedes organizar toda tu vida en una sola aplicación.
    • Simplemente necesitas un portátil con conexión a Internet.
    • También hay la app en el móvil.
    • Se guarda automáticamente sin necesidad de ir guardando (funciona como el Google Drive).
    • Puedes crear todas las páginas que creas y personalizarlas como quieras.
    • Para empezar, si te sientes abrumado, hay plantillas ya creadas. Sólo debes editar, cambiar, agregar o quitar.

    ¿Y los inconvenientes?

    Sólo he encontrado dos:

    • Que la aplicación está en inglés, aunque puedes cambiarlo cuando quieras personalizándotelo.
    • Que al principio abruma porque tiene muchas herramientas, plantillas, etc. Pero con el tiempo haces que Notion se te adapte a ti. Sí, es una aplicación que hay que adaptarla a tus necesidades, a tu vida.

    Mi Notion

    ¡Así tengo organizada mi vida!

    Anna’s Notion

    Mi página principal se llama Mi día a día y es donde está todo lo necesario para poder hacer lo que tengo que hacer. Básicamente me organizo por listas de tareas de cara al día de hoy, para esta semana y para el mes.

    Primero creé una página con todos los datos (database) y, posteriormente, creé la página principal (Mi día a día).

    Y dentro de cada página tengo subpáginas –linkeadas todas con todas-. Son las siguientes:

    1. En Notas rápidas es donde tengo las Ideas del Blog y Ideas de escritura creativa.
    2. Los Objetivos se dividen en dos apartados: a corto y largo plazo. Los de corto plazo son a nivel mensual y los de largo plazo son ya de cara al próximo año como, por ejemplo, mis ideas de futuros viajes.
    3. La Uni es donde tengo mi lista de tareas, las asignaturas, mi horario y las calificaciones. Como aún no he empezado la carrera, pues tengo que acabar de perfeccionar las páginas.
    4. En Espacio creativo hay todo mi mundo de escritura: mi Blog, escritura y mis futuros proyectos.
    5. En Libros y ocio hay todos los libros que me estoy leyendo y que ya leí. Y también las series y películas que he visto y que quiero ver.
    6. Salud es mi apartado más personal donde organizo el deporte que hago, cómo y cuándo lo realizo, entre otros.
    7. Finalmente, tengo el apartado de economía donde organizo los gastos y los ahorros.

    Para que te sea más fácil empezar en esta nueva aplicación, te dejo el vídeo de Cómo usar NOTION y la mejor plantilla de organización que a mí me ayudó mucho en su momento.

    Conclusión

    Llevo poco tiempo con Notion, pero le estoy sacando mucha utilidad. En sólo dos días he organizado casi toda mi vida. Y en menos de una semana ya lo he tenido todo listo.

    Mi consejo es que te des tiempo y paciencia. ¡Y que explores sin miedo!


    PD: Nos leemos,

    ¡Gracias por leerme!