Autor: perezitablog

  • «Colaterales», de Óscar Preciado: un poemario sobre el amor, la pérdida y la transformación

    ¿Cómo puede un almendro representar toda una historia de amor?

    Hay poemarios que cuentan emociones y otros que construyen un universo simbólico para hablar de ellas. En ColateralesÓscar Preciado utiliza la imagen de un almendro como metáfora del enamoramiento y de todas las etapas que atraviesa una relación: el nacimiento del sentimiento, su crecimiento, la incertidumbre, la despedida y el recuerdo.

    En esta reseña comparto mi opinión sobre un libro que convierte la naturaleza en el reflejo de los vínculos humanos y de la evolución de las emociones.

    Ficha del libro

    • Título: Colaterales
    • Autor: Óscar Preciado
    • Publicación: 2023
    • Género: Poesía
    • Editorial: Loto Azul
    • Número de páginas: 126

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    ¿De qué trata? (Sin spoilers)

    Colaterales es un poemario que explora el recorrido emocional de una relación amorosa mediante una gran metáfora: un almendro que nace, crece, florece y, finalmente, se marchita.

    La obra se divide en cinco partes —TactoTransfusionesPerspicaciaIntersección e Incertidumbre—, que representan las distintas fases del enamoramiento y del desamor. A través de poemas breves e íntimos, Óscar Preciado reflexiona sobre el deseo, la complicidad, la nostalgia, la pérdida y el proceso de aceptar que algunos sentimientos también terminan.

    Mi opinión

    Lo que más me ha gustado de Colaterales es la coherencia de su propuesta poética.

    Desde el primer poema hasta el último, la metáfora del almendro acompaña toda la obra y permite comprender el amor como un organismo vivo que cambia con el tiempo. Igual que un árbol necesita crecer, florecer y afrontar las estaciones, las relaciones también atraviesan momentos de plenitud, incertidumbre y desgaste.

    Otro aspecto que destacaría es la delicadeza del lenguaje. Óscar Preciado utiliza un estilo íntimo y contenido, sin excesos, donde cada palabra parece elegida para transmitir una emoción concreta. Esa precisión hace que muchos poemas resulten cercanos y fáciles de interpretar, incluso cuando hablan de experiencias profundamente personales.

    Más que contar una historia de amor, el autor invita al lector a reconocer en esos versos emociones que, en mayor o menor medida, todos hemos experimentado alguna vez.

    Los grandes temas del poemario

    El amor como transformación

    El enamoramiento no aparece como un instante aislado, sino como un proceso que evoluciona y cambia con el paso del tiempo.

    La naturaleza como metáfora

    El almendro simboliza el crecimiento, la madurez y el inevitable desgaste de los sentimientos, convirtiéndose en el hilo conductor de todo el poemario.

    La memoria

    Muchos poemas reflexionan sobre aquello que permanece cuando una relación termina: los recuerdos, las palabras compartidas y las emociones que siguen habitando en quien las vivió.

    La incertidumbre

    La última parte del libro muestra cómo el amor también convive con la duda, la distancia y el aprendizaje que deja la pérdida.

    Sobre Óscar Preciado

    Óscar Preciado es un poeta contemporáneo cuya escritura se caracteriza por la sensibilidad, la introspección y el cuidado del lenguaje.

    En Colaterales construye un poemario profundamente simbólico donde las emociones y la naturaleza dialogan constantemente, ofreciendo una reflexión sobre el amor y el paso del tiempo desde una perspectiva cercana y delicada.

    ¿Recomendaría este libro?

    Sí, especialmente a quienes disfrutan de la poesía contemporánea y de los poemarios donde las emociones ocupan el centro de la obra.

    No es un libro que busque grandes artificios. Su fuerza reside precisamente en la sencillez con la que consigue hablar del amor, del recuerdo y de la transformación emocional a través de una única metáfora que da sentido al conjunto del libro.

    Mi valoración

    Colaterales demuestra que la poesía puede construir un universo entero a partir de una imagen aparentemente sencilla. Óscar Preciado convierte un almendro en el reflejo del nacimiento, la evolución y el final de una historia de amor, dando lugar a un poemario íntimo, delicado y profundamente humano.

    ¿Merece la pena leer Colaterales?

    Si disfrutas de la poesía contemporánea y de los libros que exploran las emociones con sensibilidad, Colaterales es una lectura muy recomendable.

    Más allá de hablar del enamoramiento, Óscar Preciado reflexiona sobre el paso del tiempo, la memoria y la forma en que los sentimientos también nacen, crecen y, en ocasiones, terminan marchitándose. Es un poemario que invita a leer despacio y a regresar a sus versos una vez finalizado.

  • El atardecer anaranjado

    Queridísma yo, voy más muerta que viva, llevo tres borracheras de alma de más, las corazonadas van salpicándome y, bueno, son casi las siete de otra tarde de viernes, que parece más martes. Me voy a Marte, aunque siempre culmino aterrizando en uno de mis mundos paralelos. Las bocanadas arrasan tanto, porque mis besos se estancan en el aire para atragantarse, o jamás salir. El destinatario de todos ellos se apellida y tiene nombre, eso significa que está, que existe en este presente. Y, oye, quería, en pasado, huir, para dejar de sufrir. Mírame, más rota de cora’, sigo yendo coja. Arrópame, chiquilla. ¿Qué preguntaría la niña pequeña al otro lado de la línea telefónica? ¿Qué chiquilinada soplaría? Pues que si me estoy queriendo de forma sana. Uy, línea ocupada, actuaría la mujer en la que me he convertido hoy. Me quedaría colgada de dudas, enredándose, dejándome caer en un ovillo de nudos. ¿Y sabes qué? Que todos los hilos ya descosidos solo llevan a un único destino: el lugar donde habita el amor, y quizás termine el dolor por iluminarse una chispa llena de color. El cuadro, a posteriori, será la del enamoramiento mutuo y sincero y honesto y que, al fin y al cabo, después de tanto romperme, se acaben abriendo mis alas.

  • La desilusión

    A parte de que ¿Te puedo escribir algo? aún está gratuito, me paso por aquí para pasearme un rato indefinido y largo, y divagar. Además, con el impulso hacia atrás, y unos cuantos intentos de no sé qué, cerrar algunos ciclos, o dividirlos sin quererlos. El caso es que después de tantos sucesos abstractos, no hay, eso, el hecho. Entonces, me pierdo y regreso y así continuamente. ¿Qué siente una al terminar algo? Quiero decir, el final todavía no lo he puesto, pues ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? He culminado en una parte del fin. Ahora solo queda zanjar o borrar o quemar de una vez por todas el punto, el que, en teoría (le sobra la práctica) debería colocar allí, ¿Sabes?

    ¿Tú cómo cierras los lapsus? ¿De qué manera? Yo, quizás, con carencia de matices, o al revés. En estos días tan raros y oscuros y entristecidos y ennegrecidos y otoñales, casi, me voy queriendo. Son latidos, estallidos que se dedican a hacer eso, a estallar. Así que, bueno, si no sabes por donde empezar, comienza, y ya.

    Este viernes, como los restantes, estoy un poco borrosa y odiosa y, reflexionando sobre lo descrito en un tiempo verbal pasado, me he percatado de que no sé cortar el hilo, ni finalizar el párrafo ni romper el vicio de que te quiero de pellizco en pellizco con mi corazón quebrado. ¿En algún momento se sanará? ¿Se armará de valor para deletrearte encima de tus labios lo mucho que te amo? Porque van pasando los días o las semanas y los meses y la cuenta atrás va sumándose daños descontándose, y ausentándose.

    Pensé que había finiquitado, pero me vuelco en lo inexistente, en lo inevitable: la ilusión. Voy estando bien, pero llueve hacia dentro, tan lento.

  • Me quiero, desde dentro

    Voy tarde a la vida y, también, al acto de existir y de describirme. Porque, ¿Qué significa ser una, la que sea, estando inexistente? Un palpitar, un aletearse para acabar parándose siempre en el mismo, y mínimo, vaivén. Ven, ven y quédate. Agárrate, aférrate a mí, o al (otro) cora’. «Muñequita, muñequita», me dirá la mujercita. La del espejo me soltará, y holgada de autoestima sentenciará: «Has florecido, nena.» A posteriori la conciencia frunciendo el entrecejo, arrugando su alma bonita, suspirará con «Aún te falta un jardín por cuidar.» «¿Si le doy cariño, ternura y pasión se armará de florecillas?» Dudará la pregunta existente. Y, yo, literalmente, después de tantos agujeros y entre huecos ocultos y oscuros, me confirmaré mirándome de reojo: «Anna, ámate, riégate con todo el amor que tienes dentro.» Entonces, la sonrisa irá naciendo de la comisura de mis labios dejando el bombazo para el final, pero con mucho inicio; el precipicio que parece dar vértigo. Que, oye, tú huye, que eso de quererse es hermosamente doloroso. De lo entristecido va surgiendo el arte bonito. Pues eso, que ya me quiero, así, desde dentro.

  • El amor, y un poco de ron

    El amor rima con dolor, ¿Por qué le tengo tanto temor? ¿Será cuestión de romper los hilos? Esos del pasado, y pegarse tres tiros, después de que estalle el petardo. Sigo aquí, como cada jueves, quiero decir, viernes, estancándome en mi vaivén. De hueco en hueco porque me ahueco y, adueño, de yo que se qué. Siempre que puedo pico el anzuelo, caigo, muero y me encierro. El bucle parece algo sempiterno y, tanto, que continúo aquí. La poesía, sus versos, fueron aniquilados por la escritora que se suicida una y otra vez entre los manchas ennegrecidas del cielo. Parece que va a flotar la última gota que saldrá a posteriori de de entre mis pestañas, pero aguanta. Está guardándose, ocultándose. Se refugia en la cueva oscura, aguantando. Que sí, que no me mires así. Léeme del revés, quizás comprendas que contando hasta el número tres, culmines en el mismo lugar que no tiene ni hogar.

    ¿Será que el amor propio es quererse a una misma a pesar de cada defecto? Aunque, quizás crearse con efecto es otro suceso, pero yo ya estoy tan cansada de los secundarios, pues me van haciendo daño. Se han acojonado en mi propia cara. Si me florezco o si me dejo de florecer o si, por contra, me obligo a crecer porque las circunstancias vitales me lo ponen en bandeja y de otra solución no queda…

    ¿Qué? Café.

    Luego, y sin querer, saco la bandera roja que afloja y ahí se queda, plantada, pues la motaña rusa está tan alocada y girada y doblada, que acabo yendo a pata coja. Descuélgame esta, que me remata la conciencia y, de tantas cuestiones sin respuesta, el maldito vacío regresa. Yo ya no sé si dolor rima con amor, lo que sí siento es que todavía me aterra la idea de ser querida mucho y mal. Aunque con dos hielos y un poco de ron, quizás, se pasa mejor y el corazón en vez de quedarse atragantado en la garganta, se queda enganchado en el pulmón derecho para provocarte un una parada cardiorespiratoria y percatarte de un solo hecho: que aún le quiero mientras me voy queriendo.

  • Solo me apetece llorar

    ¿Con insomnio? Me enchufo a la música y empiezo a leer, comiéndome la literatura como si no hubiera un mañana, total, ya es de madrugada. ¿Y sabes qué? La nada está latente a rebosar de placeres y vaivenes y nubes grisáceas. La luna brillante, y en soledad, estará latiendo por allá, en algún lado, pero yo sigo aquí, con ojeras y sofocada, que me llegan hasta los tobillos. Será duro el atardecer, o el amanecer, ¿qué más da? Porque golpeará tristemente y yo lo miraré y este me observará enrojecido y me percataré del simple hecho: sonrío porque te quiero, y me duele reconocerlo. Me mata saberlo, pues la consciencia, y el corazón, a conjunto con la irracionalidad reconocible, están, siempre, a flor de piel que estallan a la vez dándome a entender que sí y que no, un jodido vaivén interminable. Tengo los miedos al otro lado de la esquina, que se van tirando por los precipicios de algo intangible. ¿El dolor quizás? Cuando se junta con mis pestañas casi a punto por humedecerse parece que habite en mí un mundo inmenso e infinito de sombras descoloridas y, entre matices, la duda se asoma y yo solo me largo para terminar en otro placer del revés. Píllalo, álzalo al vuelo y arrasa con aquello, pues la vida ya no está conmigo sino sin mí.

  • ¿Dejarse florecer o florecerme?

    Porque cuando una se deja florecer, ¿Luego qué? ¿Qué de qué? Pues café y sumergirse en un breve latir diferente. Ir de frente, abrir las alas y sonreír porque sí. Cuando el otro día, precisamente ayer, alcé la mirada, vi algunas nubes de algodón en la entrada de mi corazón esperanzado, y esperando a que soplara con chispazos de ternura y vaivenes y de caricias, que estoy aquí latente, presente, queriéndome.

    En la repisa de mis pulmones, que se ensanchan, de donde van naciendo flores ensangrentadas, pues ya no se quedan atragantadas ni arraigadas en mi pasado, spoiler: ha nacido un jardín rojizo, escasamente enfermizo, que parecía escurridizo, pero con sus tierras ya serenas, mucha tregua, pues todas las semillas fueron puestas. Y, con un redoble de tambores y dos parpadeos curiosos, ambos coras’ derramaron lo que quedaba de sangre espesa y disecada y negra y, al fin, se sanaron.

    ¿Qué sucedió, nena? Que el reflejo miró al espejo, o al revés, yo qué sé cómo fue, y se encariñó de una forma tan hermosa, poco rota, que se enamoró in crescendo de la otra yo: la metafóricamente poeta, de donde nace y surge como una seta, aunque paulatinamente, la escritora que fue inédita durante una época muy intensa, ahora extensa.

    Y deja que me enrolle con mi futuro, sí, estoy a gusto, y me apetece galantearle, alabarle, jugar con él, hacerle el amor continuamente. Así voy, queriéndome.

  • Latiendo del revés

    ¿Qué significará describirse bien, así, correctamente? Como poner a latir el cursor y que del teclado salten las letras y las teclas y las piezas, y entren en conflicto, en un bucle y choquen con ellas mismas y terminen estallando. Que los puntos suspensivos desaparezcan quedándose suspendidos en el aire, y que el punto coma sea solo eso, y ya que, con toda su parsimonia derretida -y suicida- se arrepienta. Observo cómo el acento se apostrofa apartándose para colocarse del revés y dividirse en tres metáforas distintas. ¿Y eso de incendiar con los puntos a las íes, y a los «casi» finales? ¿Cómo va? Quiero decir, ¿Cómo funciona? ¿Tendrá finalidad? ¿Concidirá con algún fin? Vaya primavera más seca y qué verano tan frío, enfermizo.

    Soy aquella señorita terca que se avanza al reloj, incluso al suizo. La amenaza va y viene y se queda en una ola, la que antaño enloqueció. Ahora enmudeció, se le quebró la voz: la sombra, petada, se quedó en el pasado, aunque este sigue repiqueteando en los recovecos de aquí dentro,

    y esté bien.

  • Chinchín

    Bonito atardecer se ha quedado detrás de mis pestañas húmedas, y mi corazón que se desangra. El pasado, que se refleja en aquel tipo de latir roto, esta para recordarme que sigo entristecida. Coloco prefijos, desencajo sufijos. Pongo puntos suspensivos y comas y acentos, pero el final, el maldito fin es inexistente. Arraigada, armándome de valor, voy de capullo en capullo porque no me queda otra que florecer, que ser, pues dejarme, irme, está de más. ¿Sería buena opción? Supongo que es solo la primera de muchas, sí, el jodido acto de decidir por mí y culminar en la otra cara del fastidio y, así, continuar ahí, en el huequito. ¿Por qué escribo en diminutivo? ¿Para disminuir el estallido? Si la sensación del caerse, arrasarse y matarse en vida es tan profundo que duele igual.

    Sencillamente, dentro de lo complicado, me pasaba por aquí para pasearme, y eso significa que voy a retroceder dos pasos parar hacer un salto y quererme en el otro precipicio de mi queridísimo vacío. Es tan hermoso… se descojona y me hace cosquillas a la vez. ¿Sabes qué? Acabo de perder todos los hilos, los he olvidado y, por consiguiente, me he deshilachado.

    ¿Brindamos esta? Pero por nuestra presencia, que es ausencia. Por nuestro misterioso acto honesto de rompernos a pedazos. La vida, a fin de cuentas, es algo redondo, un círculo, un vicio, un bucle que se va repitiendo. Un cúmulo de cuentas pendientes, que continuarán colgando del tendedero.

    Al grano: me paso por esta hoja ya casi llena de palabrería, y brujería, para concienciarme de que la vida es completamente asquerosa y que, en cuanto antes lo asuma, mejor.