Se echó en la cama y comenzó a imaginarse en su cabecita loca, llena de caos y desastre como caminaban por un prado lleno de rosas, agarrados de la mano y sonriendo al mismo compás. Hacía un sol resplandeciente porque era verano. Y una brisa caliente rozaba sus rostros. Iban sin zapatos haciéndose cosquillas en los pies y en el corazón. Se miraban de vez en cuando. Ella a veces fijaba su mirada en el suelo mientras se mordía el labio inferior. Luego de caminar hacia un lugar indefinido, se acomodaron en el pasto, uno al lado del otro. Se quedó observando el cielo, los dibujos que hacían las nubes. Él la observaba con una felicidad y orgullo llenándole el pecho entero. «Qué suerte tengo de tenerla», pensó. Y cuando ella le miró, él aprovechó y la besó. Después, le acarició los dedos con los suyos y agarrándole la mano la levantó cuidadosamente del suelo. Le guiñó un ojo y la sorprendió con una rosa. No era un día especial, sino su primera vez juntos en un prado maravilloso. Mágicos eran, desprendiendo amor por los poros de su piel. Siguieron su rumbo sin detenerse y así hasta llegar al lecho juntos.
Autor: perezitablog
Perspicacia
Justo ahora estoy recordando tu carita de chico inocente mirándome cariñosamente.
Estábamos en casa de un amigo y luego de haber cenado, ido a buscar los juegos de mesa y ponernos sentados en el suelo, comenzamos la partida. Fue larga pero amena. Luego de dos horas en partida, con los huesos doloridos y un cansancio que amanecía, tú ibas ganando. Me indigné, no por el hecho de que estaba perdiendo, sino por la jugada maestra que hiciste y por dejarme boquiabierta al ver que no podía hacer mi tirada como yo quería. Y tú lo viste, mis ojos incendiaban puro cabreo. Ganaste, y no fue la suerte sino la maña. Luego de despedirnos de nuestros compañeros y salir a la calle, me llevaste a una esquina y allí me intentaste besar. Aparté mis labios pero los tuyos, tan deseosos, se estamparon contra los míos. Mi mal humor disminuyó paulatinamente. Entonces te lo dije claramente: «No ganaste por suerte sino por estrategia».
Y esa es una de las cualidades que me gusta de ti: el ingenio.Perdóname
Lo siento, no puedes ser sólo un pilar porque todos los otros se han destruido. Ahora, eres mi pilar más importante.
Retroceder un paso
Llorar de impotencia, de rabia, de indignación. Romperse una y otra vez por no estar bien. Por deshinibirse, desvanecerse y dejar de ser.
Me va bien
Qué tiempos aquellos en los que era una niña con la sonrisa puesta a cada segundo. Los tiempos de felicidad pura y no instantánea.
«¿Cómo va?», me preguntó.
¿Qué cómo va?, pensé yo. Pues aquí, reconstruyendo mi alma con el corazón rasgado. Intentando curar las cicatrices y olvidarme del pasado reciente. Que me pensé que las lágrimas ya no saldrían luego de dos años, pero estas mismas, al salir de mis ojos, me dicen lo contrario.
Sí, papá, soy una inmaudra pero estoy creciendo y esto forma parte de mi crecimiento.
Sí, papá, no doy la cara, pero, ¿cuántas veces la he dado por gente que ni me ha dado un simple «Gracias»? ¿Cuántas veces me he lanzado al vacío por otros que, jamás, se tirarían por mí?
Sostenerme
¿Y tú qué sabes de la vida? Si no sabes lo que es romperse en un acto de valentía. Y que tus huesos repiqueteen. Y que tu corazón resuene por todo tu cuerpo. Estar lejos pero tan cerca de tu familia y no poder abrazarla. Sostenerte como un pétalo de una rosa a punto de resbalar y caer al suelo. Ser aplastada por las personas y convertirte en pequeña hasta desvanecerte.
Como cuando en primavera las flores no florecen y el sol se seca. Como cuando en verano que diluvia demasiado y la sequía es inexistente. Como cuando en otoño no llueven hojas, se han disecado en el acto de querer flotar y no poder. Como cuando en invierno hace calor. Porque soy verano mojado, otoño disecado e invierno acalorado. Porque soy sol sin fuego y luna sin luz. Rosa sin pétalos.
Y me gustaría tantas cosas; volar sin que me rompan al aterrizar y caer de pie. Lo que pasa es que ellos, los humanos, no entienden de valentía y coraje, de estrellarse y levantarse una y otra vez sin que aquellos te acompañen en el camino de la vida. Y es que siempre he estado sola en un mundo lleno de soledad y poca humanidad.
A2
Y cuando estás te quiero, y cuando no estás, te quiero aun más. Porque te pienso, te quiero y luego existo. Después de volar, de quererte y aterrizar sin detenerme, sin estrellarme. Y las mariposas, antes de verte, juegan en mi estómago. Son nervios, es amor. ¿Enamoramiento? Si te lo niego miento. Y cuando te veo, a veces te observo, a veces te beso. Pero siempre surfeo en el cielo entre las nubes. Y me miran, extrañándose. Aun así se quitan del medio y me dejan nadar sin detener mi ilusión. Paz es lo que siento más.
Y quiéreme en ascendiente des del ayer hasta el hoy. Pero quiérete aun más a ti mismo. Luego ya repartirás amor. Y no seas absurdo que eres único. Bésame mucho, también, sin importar si estoy fría o cálida, si soy demonio o ángel. Si estoy o si soy. Contigo y sin ti. Porque a veces seremos equitativamente, otras tú estarás más que serás o yo seré más que estaré. O por el contrario, al revés. Aun así, será como jugar un ajedrez. Hay veces en las que gana uno y el otro pierde. También los dos ganaremos pero no perderemos. Tampoco quiero decir nunca, ni siempre, ni hasta mañana, ni adiós.
Y no escuches los rumores, escucha nuestros corazones que palpitan como tambores, al ritmo de nuestras respiraciones.
Te quiero, amor.
No otros, ¿O sí?
La duda me invade
y la tristeza ha venido a mi alcance.
El miedo está presente
y la oscuridad latente.
Aun así, no hay quien me detenga,
soy una guerrera y esto no acabará así.
Cúmulo de emociones con muchas sensaciones.
Y preguntas intermitentes,
sin respuesta.
Porque el destino está por decidir el qué será de nosotros.
Y lo sé que no somos de otros, pero,
¿y si sí?
Pequeños milagros
Quiero escribir,
vivir,
y ser contigo.
Quiero escribirte,
deletrearte,
la poesía más bonita del mundo
por tu piel.
Cada lunar de tu cuerpo endulzado,
encanelado,
es un milagro.