Quiero ser caos

Pues yo quiero ser caos, otra vez.
Meterme en un lío, o dos o tres -muy míos- y salir herida. O tuerta. Llena de muecas y cicatrizando el dolor, y el humor muerto.
Que ya no quiero ser coherente, no.
Quiero lo fugaz, lo amargamente dulce y, feliz. Que me mato, sí, me maté. Y no tirándome por un precipicio sino caminando sin rumbo a pasos limpios. Premeditados y calculados.
No me vaciles. Quiero más. Volar y estamparme. Arrasar el suelo; caerme.
Y caerme.
Una
y otra,
y otra
vez.
Porque quiero, porque ya no puedo seguir siendo lógica, eso me está volviendo loca. No quiero la sensatez, la calidez de un día normal y corriente. De una monotonía tan -tan- monótona.
Me estoy volviendo sensatamente muy lógica.

Pasado

Yo tuve un pasado también.
Quiero repetir, justamente, aquella etapa.
Revivirla y seguir sin determe a pesar de las consecuencias.
Porque quiero sentir el aleteo que harán mis alas una vez empiece el vuelo.
Será espectacular, lleno de grietas pero espectacular.

Momentos rotos

En mis momentos de grieta,
de cicatriz,
de guerra;
estoy yo conmigo misma.
Y eso es reconfortante,
es paz,
es marea tranquila.
Porque salgo a batallar cada mañana,
y me hundo en la tristeza de la lluvia.
Me ausento con su dolor,
me apago,
como cuando una bombilla se funde
-difuminada-.
Y el escudo se rompe a pedazos sólo al verte,
justo cuando observo tu sonrisa.
Ya no estoy vestida,
me desnudaste el alma.
El bombardeo que tengo ahí dentro, no se calma, se dispara.
Y la bala perdida es encontrada y,
la escopeta,
apunta hacia mi nuca,
que tiene un sudor frío,
que ya no puede
y que ya no va.
-No va-.