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  • La soledad, bonita, ¿Eh?

    La soledad, bonita, ¿Eh?

    Pues sí, cuando, en definitiva, a la escritora le hace sentirse viva, o muerta. ¿Será protagonista y a la misma vez su narradora? ¿De quién? De la niñita ya hecha mujercita. Vaya, vaya… El otro día conversé con ella. ¿Con quién: la escritura o la sombra maldita? Con el reflejo del espejo que solo quiere sentirse aún más vívido, pero está borroso.

    Y me cuestiono, sin querer, por qué la vida cuesta arriba. ¿Por qué? ¿De qué tipo de formato estamos constituidos? Yo es que, disculpa el pretexto, pero ya estoy harta, sí, de ir construyendo tantos absurdos textos… ¿Tendrán contexto? O, quizás, sujeto elíptico, o paralítico, el mismo que no sabe conducirse ni tampoco dejarse llevar por este mundo existencial.

    Al fin y al cabo somos puntos… ¿Pero suspensivos o finales? No lo sé. ¿Qué más dará este pequeño detalle? Se me caen a raudales… hablo de las pestañas que me van brillando por el rostro de vez en cuando. ¿Irá tan demacrado como yo lo voy imaginando? ¿O solo serán sueños inéditos? Te estoy hablando de las pesadillas, queridísima. Bueno, dejemos las coletillas, y también las colillas.

    ¿Dijiste que la soledad se siente bonita, eh? Sí, pero desde dentro del ser interno… Espera, plasmaste que “se siente”… ¿Qué tipo de acción verbal es esta? ¿A qué se asemeja? ¿Puedes, nena, dejar de un lado esta dualidad rara? Escúchame. ¿Qué? Que soy yo. ¿Quién? Tu conciencia, que te persigue queriéndote aquí, enganchándote, provocándote una adicción. ¿De verdad? Claro, tú eres yo, y yo, bueno, intento ser mejor que tú. Me encantaría sacarte de mi mente… No podrás. Calla.

    Vaya estado mental tan demente, pienso. Ni mi subconsciente se dedica a quererme, vuelvo a pensar. Entonces…, me encantaría llegar a una conclusión, pero hay tantas que no acoto, que desconozco cómo acortar. Nada, que la soledad está bonita, así, cuando se ve con perspectiva y desde la lejanía.

    El caso es que es domingo, ¿No? Y que vuelvo a crear algo extraño. Aquí me tienes: sola y escribiéndote, o describiéndome, una vez más.

  • La perspectiva

    Perspectiva es ver las cosas de otra forma. Salirse del plano actual, presente, y observar cómo está siendo algo: una situación, un momento, una conversación… Se trata de hacer una pausa. Detenerse. Como el punto en un texto. Que hace que te pares y, luego, sigas. Pues así. Y en esa milésima de segundo, pensar. Verlo desde fuera.
    A veces me gustaría sentir esa perspectiva de visión, desde el exterior, más a menudo. Y antes de seguir la discusión, pararnos todos y mirarnos. Ahí, sería bonito y lleno de poesía mala y barata. Porque nos veríamos en la pausa de las argumentaciones y rebobinaríamos y rectificaríamos antes de soltar una burrada.