Etiqueta: incertidumbre

  • Las mariposas

    Las mariposas

    Se me enfría el café, que viene y arrasa con toda su buena, o mala, fe. Voy, voy escopeteada. ¿Cuándo saciaré esa necesidad? Cuando, quizás, cierre la herida. Todo sana, todo duele. Perdona, sí, por esta absurda vida, quiero decir, por mi pequeñísima existencia vital me veo dentro de mi propia y mísera fantasía, me veo triunfar. ¿De qué? Ni yo lo quiero saber. Saboréame esta incertidumbre, quítame la duda y que la verdad se haga realidad. Voy enferma, veloz y escueta. Es un lunes de mierda, o sea, de fiesta. Y vaya…, sí que apesta. Tiro ficha, la de quedarme inerte y bastante breve. No estoy orgullosa de la forma, y de esas ganas raras. ¿Sabes? De las mismas en que estoy encadenando palabras. Es que son demasiado largas y, además, aunque repiquetean, ni se acentúan. Serán las cenizas que solo hacen que huir de la semilla ya menos ensombrecida, pues ya se observa, ella, florecida. Me encuentro en la mitad de la salida, justo en el preciso inciso, pequeñísimo, de si quedarme o saltar al próximo hueco, para volar corriendo. Se me comen, y carcomen, también, las heridas ya descoloridas y descosidas. Arguméntame esta, vete, otra vez, y sácate a ti misma la tarjeta amarilla, ya casi rojiza. Te pusiste colorado. ¿Ibas colocado? Es que las mariposas te huelen, y duelen poco. ¿Eh? Porque a tu alrededor van graciosas. Siléncialas todas.

  • El sentimiento desubicado

    El sentimiento desubicado

    Tantos pendientes… vaya resaca emocional, todo, esto, es tan mortal, y anormal, quizás. ¿El hecho es que no haya hecho ni tampoco derecho? Me muero, me muero, voy, así, escopeteada, poco saciada de ti… hasta que te veo y una paz inimaginable e indescriptible me describe entera, pues te impregnas en mi piel, entre mis pliegues. El papel. ¿El papel qué? Que se queda corto, que va escaso. Eso quiero yo: tenerte a centímetros de mí. El caso es que del dicho al suceso hay un gran trecho, un gigantesco techo. Porque, bueno, son palabras y se marchan volando con el tiempo y al ritmo del tempo. No me hables de coletillas, tampoco te vayas de puntillas porque te escucharé, y a conjunto, con mi corazón, que se romperá por otra desesperanza más. Y al cajón de desastres, de las desilusiones rotas, así, de las mariposillas loquillas con la picardía limitada.

    Estamos en este vaivén, y ven, ven, porque somos seres caducos. La vida son dos días y, aunque llena de puntos suspensivos, incertidumbres e incongruencias…, pues, bueno, deshazme de esta inercia que fluye tan bien ya que desciende y se enciende del revés. Cuesta abajo la monotonía incluso se observa divertida. Solo que estoy y voy cansada de este desamor bien encajado, de no corresponder(me) e ir siempre, siempre con la paranoia en llamas. Las chispas se incendian de unas cenizas que parecían algo inéditas. ¿Se ocultaban? Sencillamente se sentían tan muertas, tan sonámbulas, tan esqueléticas…, que explotan, que estallan saliendo a bocajarro de mi frío y cadavérico y huesudo corazón.

    Repiquetea, se queda, se verbaliza, se aprecia y se deleita para después sangrar a carcajada libre, como si esta pudiese saldar todo el daño. ¿Puede? Quizás ahora, este, ya petado, se centre tanto en los colaterales… son algunos espacios en blanco que los verbos se me escapan y mi mente arrasa con tantos pensamientos raros que sin querer se convierte en la tabula rasa.

    Entonces, de golpe y estupidez ajena saltan las alarmas y los semáforos se quedan enrojecidos por el sustantivo mal puesto.

  • Descuélgame esta

    Descuélgame esta

    De existencia vital en existencia vital y tiro porque se me descuelga la fe, otra vez. Me vuelvo a describir, me vuelco en ese hueco y, sin querer, me pierdo y me encierro y me envuelvo en esa nube grisácea que no se sacia. Me encataría romperla, que estallase la ilusión esa fea, pero miro hacia delante… la imaginación va que vuela, desacelera y, a veces, frena. Yo solo imagino un océano lleno de piedras y a rebosar de olas coléricas, muy quietas, y llenas de ausencia, de cal y mucha arena. Si hace falta, cuélgame esta, y la otra, que se van cayendo, se van deshaciendo. Ya no sé qué quiero, desconzco las formas inéditas, aunque las gracias estén presentes. Tengo, aquí, dentro de mi pecho, tantos pendientes, que parece que me vaya a estallar la costilla izquierda, y también la vena aorta, que este, mi cora’, parece que arranque, pero no, no hay manera de quitarse la abstractez de la cabeza. Entonces, la quietud se me coloca detrás de la oreja quedándose, así, inaudita, inaccesible e inestable. Ya no soy tan, tan, invisible, porque me viste, sí, me observaste con un interés extraño. ¿Significará eso que se inicia la chispa de la admiración, de ti hacia mí? ¿O será que el chispazo, fugaz, de mi ilusión que se ha incendiado para siempre que, quizás, ya no hay vuelta atrás?