¿Por qué?

¿Por qué lloraste el otro día?
¿Qué fue?
¿Rabia?, Fiera acumulada.
O dolor, o temor.
Puro desamor. Triste querer y no poder. Y hacer errores, serlos.
Que la vida, -la vida- está llena de miseria. Y créeme: podrás.
Con esto y todo lo demás.

Escribir

No sabéis, o quizás sí, lo que es la frustración. El acto de querer escribir, tener fe, serla, y no poder. Querer y no poder. Frustra. Acaba contigo, la pacienca y la esperanza. Y escuece tanto la herida que duele. Y supongo, será por eso que un escritor no puede darle guerra al tema y acaba dándole tregua. Tanta, que se ahoga en ella.
El momento. Ese. En que enciende el ordenador y, pum, la hoja en blanco más de cuarenta y cinco minutos. Seguidos. Sin pestañear. Mirándola. Se burla de ti, te restriega por la cara lo que tanto tiempo has estado haciendo y que, actualmente, simplemente, no puedes. Canturrea, baila, ríe.
Agobia y es doloroso para él.
Y llora, el escritor, acaba en llanto. Uno ahogado en un grito. No puede perder los papeles y, aún así, los acaba perdiendo.
Es triste, desolador. Rompedor.
De todo;
De cada letra,
punto y coma.
De cada palabra y frase.
Rompe hasta el cerebro del célebre.