Idealizar a alguien y, luego, bajarlo del pedestal es complicado y aún más cuando crees estar enamorada y solo es una ilusión temporal. Porque el enamoramiento viene y se va, pero el amor, ¿En qué consiste el acto de amar? ¿Cómo amamos? ¿De qué forma me amo? Hay veces, instantes, donde hay que hacer introspecciones sinceras, honestas. Así que si no sabes quererte y quieres quererte, cuestiónate y desaprende y lee y reléete y vuelve a aprender. Escribe, nárrate, léete. Vive y sobrevive. Luego, súbete a ti misma en el pedestal, ¿Sabes? Mírate, lo estás logrando. Así que, bueno, tan simple como hacer las cosas, las acciones, con amor, y no mucho, sino uno sano.
Yo estoy cansada de mi misma, de mi existencia. De pensar y sobrepensar y no llegar a ninguna conclusión o tener dentro de mí demasiadas reflexiones. Me agoto. Pero después de ese no sé qué, del flash, del click, y de unos cuantos más, me quiero. De hecho, me estoy queriendo. Probablemente estés perdido en eso, sí, en esos hechizos. ¿Sabías que el amor no es ni constante ni estable? El amor es como un parque de atracciones: días de todo.
Si estás en el punto, en ese instante de no saber, o creer saber demasiado, te invito a que te leas, ya sea en voz alta o en voz baja. O a grito pelado. Que da igual, lo mismo porque, en general, la vida consiste en eso, en ir haciendo, en ir sintiendo. En el libre albedrío. Y que si tu estado mental no es similar a otro, disfrútalo igual.
Vete queriendo, así, con intención, con impulso, con ganas de saborearte. Estoy bien, ir haciendo, como quien dice aún sabiendo que el estar bien es solo un pretexto opacando el contexto, el real.
Mi último amor soy yo en gerundio. Siempre. Desde que morí hasta que he vuelto a florecer, supongo, yo qué sé. Solo siento y voy paseándome entre un bosque indefinido -recovecos- lleno de humo, quiero decir, rebosante de nada. Habita, en mi ser, un sinsentido de seres extraños. Semidioses paranormales… ¿Será el aire? Que, quizás, dependiendo de donde venga, sopla amores tarados, tardíos y resquebrajados o envía, con la fuerza de la corriente, distintos desamores. Porque, ¿En qué consistiría quererse a una misma? Pues yo qué carajos sé. Esa pregunta está, ahora, desangrándose dentro de mi pecho, entre suspiro y desaliento. Voy yéndome de mi ser para introducirme en un arte surrealista. Para entrar en la parábola de la literatura metafórica. Y allá me quedé, levitando entre la cuerda que ya aflojó. Y caí, joder si caí. Hasta derrapé hundiéndome en mi propio vacío que acabó por unirse a mis pétalos muertos. Fui, o soy, ya no lo sé, la sombra espesa y rota y triste. La que sonríe porque sí y, aún así, cree ser feliz. Cree serlo. Así que, mi último amor he sido yo misma queriendo y sin quererme. Ese amor propio va cuesta arriba. ¿Sabes qué? Significa algo. Lo presiento. Pero mi último amor lo dejé, bueno, me dejé para el final que todavía no llega. No llegará. Estoy arrasando, arrastrándome por los cielos que, al fin y al cabo, son inviernos o infiernos o, literalmente, suelos. De vuelos, si escribo de ellos, han desaparecido. Se han esfumado, como yo. Cuestionarme la existencia de mis quehaceres jamás alcanzados e ir cumpliendo y seguir igual que ayer y un poco más rota que mañana. ¿Me explico? O me duplico o me divido, pero llego a la conclusión de que he dejado de ser para sentir, que fluyo al son de mis latidos y que si la inercia me lleva a la miseria pues allí me quedo (me quedé) y que si me impulso para alzar el duelo, conmigo misma, ahí estaré: luchando o dándome tregua. El caso es que ya he comenzado a ser yo misma para sentirme porque quiero sacar el arma, el alma, y quererme porque quiero estallar de amor. Y amar porque quiero amarme, porque me apetece acariciar el dolor e ir sanando.
He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.
¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?
Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:
¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?
¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?
¿Y de dónde surge?
Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.
No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?
Pues yo me paso todo el tiempo desvivéndome, jamás estoy presente. Me angustio por el futuro y me preocupo por el pasado. Así que, bueno puedo afirmar rotundamente que por eso he dejado de ser -persona-.
Supongo que a muchos seres humanos les sucede. Sí, eso de vivir en un constante vaivén que va y viene y va y viene y nunca se queda. Nunca está.
Debo mejorarlo, lo sé. Manejarlo. Es un hecho. Y, ahora, me cuestiono en cómo hacerlo. Y creo que todo radica en el pensamiento, es decir, en cómo afrontamos mentalmente las circunstancias, la vida. Ahí, justamente, está lo fundamental. Así que voy a afrontar mis inacciones y mis pensamientos para sacar posibles conclusiones.
¿Cómo sentir paz mental?
Pienso que por mucho que leas un libro, escuches música o salgas a pasear, para, principalmente, desconectar, es insuficiente. ¿Por qué? Porque el agobio seguirá hasta arruinarte.
Como he mencionado antes, la clave, o la llave «mágica», está en el cerebro. Por tanto, es tan simple, o quiuzás no, en afrontar todos los pensamientos surgidos de nuestro ser. Es decir, escucharlos, entenderlos, aceptarlos y transformarlros. Ir moldeando su figura abstracta cada vez más palpable.
En definitiva, colorea, aunque sea a cámara lenta, tus pensamientos, es decir, las balas que salen, escopeteadas y sin querer, de tu cerebro.
En El viaje vertical de Enrique Vila-Matas recorremos el vacío existencial tan abismal de Federico Mayol, el protagonista, narrado desde el punto de vista de Pedro Ribera, quien es escritor y dueño del hotel Bom Jesus, último lugar de su viaje donde se hospeda Mayol.
¿Pero qué sucede cuando uno mismo se siente tan cómodo en su propio hueco?
Quiero decir, cuando viviendo muerto, uno se recrea tanto en su tristeza que se queda ahí, cayendo en picado sin parar. Esa sensación comienza a experimentar el protagonista justo cuando Julia, su mujer, le echa de casa ya que quiere y necesita saber quién es. Quiere ser libre. El acontecimiento sucede al día siguiente después de la boda de oro, de los cincuenta años. Ella le deja clara la sentencia: quiere estar sola.
Ahí comienza el declive emocional de Mayol. Desde Barcelona, pasando por Lisboa y acabando en Madeira donde conoce el escritor que a posteriori narrará a su vida.
En resumen, ‘viaje vertical’ significa el recorrido que hace Mayol hacia el sur y también su forma anímica de descender, de ir cayendo.
Porque tal y como escribió Enrique Vila-Matas:
«Era fantástico notar que se hundía, tal vez porque por primera vez en su vida sabía al menos adónde se dirigía, lo tenía muy claro porque no hacía más que ver una imagen muy concreta de él mismo descendiendo en posición radicalmente vertical hacia el más absoluto vacío, camino al hundimiento total».
Y aquí yo me quedo, como Mayol, siendo un paisaje hermosamente doloroso.
Me apetece escribir, desangrarme entre letras. A balazos y a ratos, me muero por besarte en los labios. Derrapando en un tiempo inerte, tirándolo todo a la suerte dejándome llevar, y si eso, ya. Un mañana que nunca llega, un presente que no se vive y un dolor interminable resurgen día a día al mirarme al espejo y reflejarme sin querer en una brevedad siendo el instante etéreo.
Hoy no he hecho nada, me he derrumbado como se marchita una rosa por la noche; esa soy yo. Me necesito más que nunca y lo único que siento es un vacío, ahí, siento un vacío. Hasta lo escucho palpitar, porque a cámara lenta se muere, se mata.
Quiero, París, verte con otra mirada, observarte, deletrearte con la lengua y a placeres. Los momentos, espontáneos, son los mejores. Y las risas a tu lado también. Porque no hay mejor que ser humana, caótica y sonreírle al viaje que me espera; un futuro lleno de rosas florecidas, compartidas y aún por vivir, será algo -aquello- mágico.
Este es un mensaje de auxilio. Un aullido, un grito, un estallar hacia dentro. Un silencio, más de uno. Varios. Esto, es una nota para mí y para quien sienta que ya no puede más. Porque sí, porque no. Porque queridos lectores, vosotros que me leéis, o no.
Sin prisa y pausándome, el andar. Corazón revolucionado, las neuronas en el cielo y mis pies al vuelo sólo de pensar en ti. -Aquellos recuerdos- que serán eternos. Y el sentimiento que jamás se esfumará. Permenecerá, quizás, para toda la vida.
El otro día paseaba por las calles de mi ciudad y no reflexioné hasta ahora, que me he puesto a escribir, a vivir entre palabras. La vida pasa volando, es fugaz y por eso hay que sentirla a cada latido. Es cierto, cuesta (arriba). No hay nada más bonito que dejarse ser, que fluir.
Y cuando no tienes el mar delante, ni un libro entre tus manos, pero te tienes a ti. Respiras. Te debes (amor propio). Te amas. Lo intentas. Tócate el cuerpo, el rostro y el corazón. Escucha cómo vibra, cómo baila y siente. Porque en el fondo del pozo oscuro sientes algo. Saber el qué es bastante complicado. Siempre ha sido difícil para ti. Pero es tu momento y nadie te lo va a quitar. Desnúdate de penas, dolores y cicatrices. De inseguridades y miedos. Quitátelos afrontándolos. Sí, debes mirarlos de frente. De esta forma irán cayendo de tus manos trozo a trozo. Las palabras, las más duras y rotas, se romperán sólo si las has leído con los ojos abiertos. Con esperanza, amor y pasión. Con una tranquilidad immesurable. Ahí, justo, sabrás lo que es que todo se te escape y vuelva a ti simplemente aquel amor que diste una vez y no volvió jamás. Porque volverá. Creéme que el acto de quererte volverá siendo más, mucho más. Su tacto, su olor y su sentir, su caminar serán invencibles, infinitos.
Voy lenta escribiendo o, mejor dicho, no escribo. Porque no hay momentos de sentir, de vivir y fluir entre palabras. Se me escapan las ideas evadiéndose de mi ser. Es frustrante. Ya no conecto ni conmigo misma. Tengo proyectos que son sueños. Me encantaría hacerlos realidad, como mínimo, surfear por el camino y volar.
Para ser un escritor productivo no hay que escribir todo el día durante toda la semana sino que se trata de escribir en un horario establecido y aprovechando el tiempo.
Es cierto que el acto de escribir es impredecible y caótico. No siempre se escribe a la misma hora, en el mismo sitio y de la misma forma. Aún así, es importante tener en cuenta distintos puntos importantes que os explicaré a continuación.
PUNTOS IMPORTANTES
Ponerse fechas y horarios
Es muy importante tener fechas límite para zanjar los temas pendientes. Pero para ello, antes de todo nos organizaremos nuestro día preguntándonos, por ejemplo, ¿Cuántas horas dedico al día a escribir? A partir de ahí, planificaremos nuestro día. Si dedicáis dos horas pues se trata de poneros dos horas al día a escribir.
Es cierto que hay días que seréis menos productivos y escribiréis media hora, luego cuarenta y cinco minutos y por la noche os dedicaréis a escribir mucho o, simplemente, no escribiréis aboslutamente nada. También está bien. Hay que ser flexibles y adaptarnos a nosotros mismos. Porque no somos relojes, no somos. máquinas Deberíamos aprender a adaptarnos a las circunstancias.
Asímismo, tener una agenda ya sea en digital o en papel es una buena herramienta para organizarse, ponerse fechas y objetivos e ir aprovechando vuestro tiempo. Os recomiendo el método Bullet Journal.
Crear un espacio para escribir es esencial para poder escribir con comodidad y relajados. En mi caso, escribo en el escritorio de mi habitación. Aún así, busco rincones por la ciudad para poder expresarme mediante palabras. Por ejemplo, en un parque, en una cafetería de confianza…
No siempre me expreso de la misma manera y en el mismo lugar, porque no siempre estoy iugal anímicamente. A veces necesito salir a pasear y despejarme o simplemente ponerme a leer e inspirarme.
Antes del Covid-19, recuerdo que iba al Viena y me ponía en un rincón donde veía pasar la gente por la calle mientras podía liberarme escribiendo. Era mi lugar favorito porque era un sitio donde se sentaban pocas personas, donde desconectaba y conectaba conmigo misma. Aún así, estando rodeada de humanos, me sentía bien, cómoda. Y era muy reconfortante, era mi momento.
Esto es lo peor ya que con la escritura no funciona. Hacer muchas tareas a la vez es como no hacer nada, no aprovechar el tiempo e ir posponiendo.
Debemos centrarnos en una sola tarea, ponernos obetivos a corto plazo y tareas diarias acorde con esas metas. Así, gracias a ello, conseguiremos no querer hacerlo todo al mismo tiempo.
Podemos hacer distintas tareas a lo largo del día como, por ejemplo, escribir, inspirarnos, corregir faltas ortográficas, reeditar… Lo que sea, pero siempre una tarea detrás de otra. Sino nunca seremos productivos.
Anotar ideas
Para poder escribir, es fundamental anotar todo aquello que se nos pasa por la cabeza para luego darle fomra a la idea y desarrollarla. Para ello, si llevamos con nosotros una libreta pequeña o con el mismo móvil, se nos hará más fácil luego escribir porque ya tendremos una idea.
A veces no sé ni qué escribo. Otras, me leo un libro. Qué pesadez y cuanta sutileza en las palabras. Cuanta delicadeza. Créeme, siénteme, miénteme. Cuando me digas que me amas y me estés queriendo.
Para mí escribir es sanar el alma, comprenderme y vivir entre palabras.
Mis inicios
Me inicié en este mundo escribiendo diarios personales donde expresaba todo aquello que pasaba por mi cabeza. Por aquella época tenía nueve años y es interesante cuando los hojeo porque se puede ver la evolución que hice y que sigo haciendo. Porque en la escritura siempre hay evolución y transformación -del alma-.
Mi trayectoria
Luego pasé a Instagram, una cuenta que ya no tengo, donde escribía historias. En cada fotografía colgada (post) subía un capítulo y así hasta que se me quedó pequeño y descubrí Wattpad, una plataforma, por aquel entonces gratuita, donde se podían subir manuscritos. Estuve unos cuantos años hasta que me planteé hacerme un blog -este que tengo actualmente- para publicar breves escritos que, a lo largo de los años, ha ido evolucionando y cogiendo forma. Seguidamente se me instaló a la cabeza la idea de autopublicar y así poder monetizar mi pasatiempo. Entonces empecé a publicar en Amazon. Tengo publicados un total de cinco eBooks.
Actualmente siento que si hubiese tenido la experiencia que tengo ahora, hubiese hecho las cosas de otra forma, con otra visión. Aunque es cierto que gracias a todo lo que he aprendido llevo una mochila llena de vivencias dentro de este mundo. Y me gusta.
Herramientas y tips para escribir
Si te gusta escribir, tienes historias escritas pero no te has atrevido a publicar, a continuación te dejo una serie de consejos para empezar a rodar.
En primer lugar, empieza en Instagram o créate un blog y/o página web. WordPress es un buen sitio, porque son los dos en uno (blog y página web), es gratuito y tiene muchas herramientas fáciles de comprender y útiles. Luego, investiga y muévete por este mundo. Es decir, navega. No te quedes ahí parado. Compara y avalua, sé crítico y llega a conclusiones. Y bueno, acuérdate de apuntarte aquello que crees interesante y ves importante.
Es bueno empezar publicando breves textos, historias, cuentos o lo que se te ocurra que quieras escribir, para que vayas cogiendo confianza y ampliando tu red. Me refiero a que no te autopubliques si aún nadie te conoce o no tienes unos seguidores fieles. Porque está bien tener muchos pero lo importante es que sean fieles. Sino, ¿Qué sentido tiene?
Lo otro ya vendrá solo.
En segundo lugar, después de haberte introducido en este arte, sigue escribiendo y leyendo. Mucho. En cualquier momento y constantemente. Así es como uno avanza, progresa y se desarrolla. Como uno cambia. Porque, sé sincero, a lo largo de la vida cambiamos ya sea para bien o para mal. Sería un acierto si siempre mejorásemos, pero también sería una mentira.
En tercer lugar, arriesga. Vas a ganar siempre: del error se aprende y del logro también. Porque muchas veces, por no decir todas, te equivocarás. Y no sólo en este ámbito sino en otros sectores de tu vida. Acepta el error, rectifícalo y mejora. Así es como uno avanza, como ya dije antes.
Tips
Créate un blog o cuenta de Instagram.
Lee y escribe, y reescribe y borra y vuelve a releer.
Investiga, compara y saca conclusiones.
Arriésgate, en todo. Si quieres hacer algo, hazlo. Si quieres cambiar algo, cámbialo. Si queres probar algo, purébalo.
Acepta los errores.
Sigue escribiendo.
Pide que te critiquen constructivamente (para poder mejorar). Es decir, que te lean ya sean familiares o amigos. Y sino les obligas.
No te rindas. Descansa si lo necesitas, pero no te rindas. Insiste y persiste. Los resultados no son inmediatos.
Me gustaría regalaros algo, en letras. Que al llegar a aquel objetivo daros, y mucho. Pero la vida no funciona así, salvo la mía. Mi mundo -creativo- va y viene. Llora y ríe. Y la lluvia abunda más que la alegría. Por eso es mejor dejarse fluir, no ir a los tiempos que marca la vida y vivir sin reglas. Dejarse sentir, en estos casos, es la mejor opción.
No sé si soltártelo todo a bocajarro, así, sacando la escopeta y disparando la bala en un punto muerto -tu corazón- que parece estar duro como una roca. Que ni rascando, que ni tocando, que ni besando. No hay manera, y yo me rindo. Dejo aquí mi taco de billetes, me saco las zapatillas, me desnudo al completo y abro mis alas para empezar a volar.
Estoy llena de cicatrices incurables, porque son tan profundas que no se ven, y escuecen. -Duelen-. «Cuanto drama, princesa. Sube la cabeza que se te cae la corona», leí por ahí. Las bellas damas no existen y no es que camine cabizbaja porque sí. Se creen que el dolor es creado por amor al arte y, aunque a veces pasa, otras no. Muchas escritoras escriben porque sienten, tanto, que ya murieron tiempo atrás. Están ofuscadas, entristecidas. Tanto, que olvidan que la vida es bonita.
Expresamos; Sofocados y saltando por el precipicio, para matarnos en un suicidio de sentimientos; que se acumulan, que abruman, que avergüenzan. Expresamos; para no morirnos nunca. Es un antídoto, la medicina, -la droga- al delirio. A aquello que nos hace levitar y, luego, frenar en seco.
Veo que no entendéis, que no comprendéis. Que no vais más allá. Que os quedáis estancados. Las palabras, al fin y al cabo, no dicen nada concreto. Carecen de significado y gracias a la falta de este abunda la escritura mal escrita. Pero si por un momento, todos, nos paramos a leer con significado y preguntándonos, llegaremos. Alcanzaremos a comprender, a dudar y a tener criterio. Aquel que pocos tienen. Porque las frases son abundantes de todo aquello inexistente. Entre letras, pestañas y sentidos acabamos entendiendo y llegando a conclusiones increíbles.
Aquello de que, en un momento del día, quería escribir. Me apetecía. Desistí, me eché para atrás. El tiempo se comió mi inspiración, quitándome -arrancándome- los dedos. Los dedos mágicos, los dedos invisibles, los dedos ocultos. Aquellos que no se ven. Que ya no vibran, ni cantan ni bailan. Y esos, desde mi sombra, son una parte mía.
No sabéis, o quizás sí, lo que es la frustración. El acto de querer escribir, tener fe, serla, y no poder. Querer y no poder. Frustra. Acaba contigo, la pacienca y la esperanza. Y escuece tanto la herida que duele. Y supongo, será por eso que un escritor no puede darle guerra al tema y acaba dándole tregua. Tanta, que se ahoga en ella. El momento. Ese. En que enciende el ordenador y, pum, la hoja en blanco más de cuarenta y cinco minutos. Seguidos. Sin pestañear. Mirándola. Se burla de ti, te restriega por la cara lo que tanto tiempo has estado haciendo y que, actualmente, simplemente, no puedes. Canturrea, baila, ríe. Agobia y es doloroso para él. Y llora, el escritor, acaba en llanto. Uno ahogado en un grito. No puede perder los papeles y, aún así, los acaba perdiendo. Es triste, desolador. Rompedor. De todo; De cada letra, punto y coma. De cada palabra y frase. Rompe hasta el cerebro del célebre.