Etiqueta: escribir

  • ¿Disfrutando?

    Beberme el café de un sorbo largo, ir yendo tarde. Estamparme con las heridas una y otra y otra vez. Salir viva, pero llena de cicatrices. Dime, querida, ¿Cómo te va la vida? ¿Te lo pasas bien? Pasan los días porque tiro y me toca sobrevivir, otra vez.

  • El enamoramiento, y las mariposas

    El enamoramiento, ¿Qué es? ¿Y las mariposas? Esas revoloteadas, ¿De dónde nacen? ¿Cómo amanecen?
    Últimamente, estoy, me siento en una libertad infinita, inmensa, pero, hay instantes en que me pierdo tanto contándolas, que se esfuman. ¿Alguna vez te enamoraste? Otra duda más, ¿Qué es el amor? O, mejor cuestión, ¿Cómo se siente? Supongo que será un latir, un ir palpitando porque sí, o por ser feliz y volar, tan alto hasta arrasar aquella nube. ¿O no? Qué bonita, ¿Has visto el cielo? La luna, que sola está y que gigante y que diminuta se considera, como yo. Como todas aquellas mujeres que, envueltas en un halo de nostalgia, sienten la soledad muy adentro, en el más allá. Quizás en otro mundo paralelo, en otra ilusión o deseo, todo gira distinto. De mientras, va lloviendo y, en vez del derecho, del revés.
    Y me vuelvo a preguntar, ¿Alguna vez has sentido mariposas en tu estómago? ¿Sinceramente?, me respondo, nunca.
    He vivido desilusiones, esperanzas deshinchadas. He muerto tantas veces que solo esperaba, ¿A qué? A una nada llena de algo. Al final fue aquel océano, tan deprimido, que llegó con el vaivén de las olas mi ser brutalizado y, con este, un descoserme contínuo.
    Dejo llevarme, cobijarme, en esas letras, que más que palabrería, son magia, hechicería. O quehaceres de la cotidianidad. ¿Sabes qué pasa? Mucho, justo, ahí, en mi pecho. Respóndeme ahora tú: ¿Sientes cómo yo? Así, dejándote bailar entre los pliegues de la paz, y el amor. ¿O te sumerges en un dolor imperial, ajeno? Aunque muy tuyo, o mío.
    ¿Qué es el amor?

  • Cuadros grisáceos

    Me esfumo entre las nubes grisáceas,
    y le soplo a la luna,
    las estrellas fugaces se han marchitado.
    Tristeza sigue así,
    cortándome las alas
    y dejándome caer a ras del suelo.
    El fuego, que habitaba en mi alma,
    ya se apagó convirtiéndose
    en ceniza, una descolorida.

  • ¿Cómo estás?

    Estoy carcomiéndome las entrañas, las saboreo tan intensamente que acabo por matarme, por hundirme en mi propio hueco porque, al fin y al cabo, soy eso: un conjunto de vacíos o heridas, depende la perspectiva. Estoy ahogándome, pero sobreviviendo, quiero decir, flotando en un océano, invisible, aunque palpita, latente, dentro de mi ser. Son sus olas coléricas, descoloridas que quieren pintarse de alguna forma y, en vez de, eso, se transforman en algo abstracto.

    Han pasado tantos días, que ya ni sé cómo me siento. ¿Cómo voy? ¿Levito o arraso el suelo tocando de cabeza al infierno? Puede.

    Ha pasado el tiempo y su noción se ha perdido entre las nubes grisáceas que van latiendo al son de la lluvia. Y entonces pienso, o me cuestiono, que ya nadie me pregunta cómo estoy y, si alguien, por alguna casualidad, lo hace, no sé responder.

    Los porqués se han marchado a conjunto con las respuestas, todos en un mismo saco, o vuelo, y allá se han quedado. Allá siguen viajando. ¿Dónde? Lo desconozco, y me observo en el espejo, me reconozco, ¿O simplemente estoy tan muerta que estoy viviendo porque sí?

    ¿Cómo estás, nena?, la duda ofende, muerde. Porque mi amor propio, si es que aún habita por aquí, solo se dedica a lanzar el anzuelo y pescar una pizca y otra y otra y otra de un coro de miedos, o anhelos, a rebosar de una fe ennegrecida. Solo queda sentarse sobre una misma, dejar de plantar semillas, arrancar la herida e ir disparando balas para matar la soledad. Aunque, bueno, soy la neblina, tengo demasiadas flores marchitas, me escuece todavía la cicatriz y solo sé esquivar balazos, porque si miro de frente a la tristeza y la agarro para lanzarla al mar, esta siempre se dedica a regresar, en bucle, en un círculo vicioso, hacia mi cobijo.

  • Estoy triste

    Ya he explotado de amor y sigo presente, ausente.
    Y lloro las lágrimas más hermosas,
    de tonalidades naranjas,
    muchas rosas.
    Abundan los amaneceres,
    quiero dos al día
    para empezar de cero y arrancar una buena vida, mi esencia. Mi color, mi dolor.
    Agotamiento mental, cansancio emocional.
    Gritar internamente,
    sentirme o, mejor dicho, ser una demente.

  • Sin color

    Por fin me puedo desahogar,
    soy mar,
    neblina espesa.
    Y todos estamos tristes,
    comemos perdices
    muriendo con profundas cicatrices.
    El terror a mirarme en el espejo
    donde habita el reflejo
    (de mi ser).
    Nunca creí, pero volví.
    Ahora vuelo entre nubes grisáceas,
    tonalidades ambiguas,
    oscuras,
    vívidas,
    o sea,
    ausentes de colores.

  • Mariposas alegremente rotas

    ¿Las ves? Florecen las mariposas, salen a volar. Porque de allí, más lejos del universo, de las montañas y del cielo, derrapan, se alteran. Un golpe continuo a ras del suelo. Les han arrancado las penas. Van con el corazón despeinado, rebelde, porque rebosan alegría. Van repartiendo aquellos chispazos llenos de vitalidad. Sonrisas enigmáticas que enganchan, que enamoran. Es una transformación primaveral. Tan bonita, tan querida, tan sentida. Brillan traslúcidamente. Y saltan, voltean y juegan con sus cicatrices sorteando los miedos. Ya son la felicidad personificada.

  • Caen, caen

    Caen, secas, las lágrimas. Léeme a gota gorda la vida porque ya estoy harta de la letra pequeña, que se presiente y jamás se aprecia. De instinto en instinto y tiro para seguir sufriendo. Recuerdos, fotografías en mi cabeza, de aquella niña feliz y, sobre todo, inocente. Ríete ahora, luego será demasiado tarde.

  • Otra reflexión

    El otro día, conversando con mi pareja, me salieron varias dudas de las cuales, actualmente, reflexiono sobre lo siguiente:

    ¿En qué consiste amarse?

    De esta cuetión nace un mensaje de texto que probablemente nunca le envíe, pero que, seguramente, en un futuro surgirá el tema donde acabaremos acotando, dentro de nuestras posibilidades, el cóctel molotov de incertezas.

    Porque yo, desde muy pequeña, siempre he querido certezas y poner las cartas sobre la mesa. Saber y coincidir a ciencia exacta lo que pasará y será de mi futuro, ya sea a corto o a largo plazo.

    Actualmente, me doy cuenta de que es un «hecho» totamlente improbable, ya que el «hecho» es un deseo o un instinto enganchado en mi ser que cada vez se va deshaciendo para, así, después, poder accionarme y conseguir aquello que quiero realmente.

    Desde mi perspectiva, una relación se basa en construir conjuntamente y, obviamente que muchas veces será la destrucción y que parecerá incluso que con él nos estemos queriendo de forma tóxica, pero para salir de ese bucle y de tal fase, hay que desaprender mucho para aprender. Hay que desamar y amar el doble de lo que te han amado mal. Además, hay que ir queriéndose a uno mismo contínuamente.

    Me dijo que estaba esperando, a lo que le respondo con varias dudas:

    << ¿A qué, amor? ¿A que me quiera? ¿Pero para qué? ¿Por qué?

    Es cierto que me cuesta quererme y que, por momentos, parece que nunca alcanzaré un amor absoluto, pero es que el lograr amarse al cien por cien es imposible.

    Es como nuestro amor, ¿Sabes? Hay días en los que te amo mucho, otros en los que te admiro, otros en los que te quiero y otros en los que te aprecio.

    Pues lo mismo pasa con el amor propio. A veces somos duros con nosotros mismos, pero así nos va, ya que cada causa tiene su consecuencia.

    Lo que quiero decir, o intentar explicarme, es que hay instantes en los que no me quiero tanto, otros en los que solo me aprecio o me acepto o incluso me amo, aunque sea un minuto. Pero así es el amor: quererse en todos los ámbitos desde varios recovecos y en distintas cantidades.

    ¿Que sería mejor amarse con calidad? Sí, ¿Pero quién te asegura que ahora mismo, en este párrafo, te estás amando a tope y saludablemente?

    El amor propio es una carrera de fondo porque consiste en ir esforzándose paso a paso para quererse un poquito mejor que el esfuerzo puesto en el minuto anterior. >>