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  • ¿Cómo estás?

    Estoy carcomiéndome las entrañas, las saboreo tan intensamente que acabo por matarme, por hundirme en mi propio hueco porque, al fin y al cabo, soy eso: un conjunto de vacíos o heridas, depende la perspectiva. Estoy ahogándome, pero sobreviviendo, quiero decir, flotando en un océano, invisible, aunque palpita, latente, dentro de mi ser. Son sus olas coléricas, descoloridas que quieren pintarse de alguna forma y, en vez de, eso, se transforman en algo abstracto.

    Han pasado tantos días, que ya ni sé cómo me siento. ¿Cómo voy? ¿Levito o arraso el suelo tocando de cabeza al infierno? Puede.

    Ha pasado el tiempo y su noción se ha perdido entre las nubes grisáceas que van latiendo al son de la lluvia. Y entonces pienso, o me cuestiono, que ya nadie me pregunta cómo estoy y, si alguien, por alguna casualidad, lo hace, no sé responder.

    Los porqués se han marchado a conjunto con las respuestas, todos en un mismo saco, o vuelo, y allá se han quedado. Allá siguen viajando. ¿Dónde? Lo desconozco, y me observo en el espejo, me reconozco, ¿O simplemente estoy tan muerta que estoy viviendo porque sí?

    ¿Cómo estás, nena?, la duda ofende, muerde. Porque mi amor propio, si es que aún habita por aquí, solo se dedica a lanzar el anzuelo y pescar una pizca y otra y otra y otra de un coro de miedos, o anhelos, a rebosar de una fe ennegrecida. Solo queda sentarse sobre una misma, dejar de plantar semillas, arrancar la herida e ir disparando balas para matar la soledad. Aunque, bueno, soy la neblina, tengo demasiadas flores marchitas, me escuece todavía la cicatriz y solo sé esquivar balazos, porque si miro de frente a la tristeza y la agarro para lanzarla al mar, esta siempre se dedica a regresar, en bucle, en un círculo vicioso, hacia mi cobijo.

  • Estoy triste

    Ya he explotado de amor y sigo presente, ausente.
    Y lloro las lágrimas más hermosas,
    de tonalidades naranjas,
    muchas rosas.
    Abundan los amaneceres,
    quiero dos al día
    para empezar de cero y arrancar una buena vida, mi esencia. Mi color, mi dolor.
    Agotamiento mental, cansancio emocional.
    Gritar internamente,
    sentirme o, mejor dicho, ser una demente.

  • Sin color

    Por fin me puedo desahogar,
    soy mar,
    neblina espesa.
    Y todos estamos tristes,
    comemos perdices
    muriendo con profundas cicatrices.
    El terror a mirarme en el espejo
    donde habita el reflejo
    (de mi ser).
    Nunca creí, pero volví.
    Ahora vuelo entre nubes grisáceas,
    tonalidades ambiguas,
    oscuras,
    vívidas,
    o sea,
    ausentes de colores.

  • Mariposas alegremente rotas

    ¿Las ves? Florecen las mariposas, salen a volar. Porque de allí, más lejos del universo, de las montañas y del cielo, derrapan, se alteran. Un golpe continuo a ras del suelo. Les han arrancado las penas. Van con el corazón despeinado, rebelde, porque rebosan alegría. Van repartiendo aquellos chispazos llenos de vitalidad. Sonrisas enigmáticas que enganchan, que enamoran. Es una transformación primaveral. Tan bonita, tan querida, tan sentida. Brillan traslúcidamente. Y saltan, voltean y juegan con sus cicatrices sorteando los miedos. Ya son la felicidad personificada.

  • Caen, caen

    Caen, secas, las lágrimas. Léeme a gota gorda la vida porque ya estoy harta de la letra pequeña, que se presiente y jamás se aprecia. De instinto en instinto y tiro para seguir sufriendo. Recuerdos, fotografías en mi cabeza, de aquella niña feliz y, sobre todo, inocente. Ríete ahora, luego será demasiado tarde.

  • Otra reflexión

    El otro día, conversando con mi pareja, me salieron varias dudas de las cuales, actualmente, reflexiono sobre lo siguiente:

    ¿En qué consiste amarse?

    De esta cuetión nace un mensaje de texto que probablemente nunca le envíe, pero que, seguramente, en un futuro surgirá el tema donde acabaremos acotando, dentro de nuestras posibilidades, el cóctel molotov de incertezas.

    Porque yo, desde muy pequeña, siempre he querido certezas y poner las cartas sobre la mesa. Saber y coincidir a ciencia exacta lo que pasará y será de mi futuro, ya sea a corto o a largo plazo.

    Actualmente, me doy cuenta de que es un «hecho» totamlente improbable, ya que el «hecho» es un deseo o un instinto enganchado en mi ser que cada vez se va deshaciendo para, así, después, poder accionarme y conseguir aquello que quiero realmente.

    Desde mi perspectiva, una relación se basa en construir conjuntamente y, obviamente que muchas veces será la destrucción y que parecerá incluso que con él nos estemos queriendo de forma tóxica, pero para salir de ese bucle y de tal fase, hay que desaprender mucho para aprender. Hay que desamar y amar el doble de lo que te han amado mal. Además, hay que ir queriéndose a uno mismo contínuamente.

    Me dijo que estaba esperando, a lo que le respondo con varias dudas:

    << ¿A qué, amor? ¿A que me quiera? ¿Pero para qué? ¿Por qué?

    Es cierto que me cuesta quererme y que, por momentos, parece que nunca alcanzaré un amor absoluto, pero es que el lograr amarse al cien por cien es imposible.

    Es como nuestro amor, ¿Sabes? Hay días en los que te amo mucho, otros en los que te admiro, otros en los que te quiero y otros en los que te aprecio.

    Pues lo mismo pasa con el amor propio. A veces somos duros con nosotros mismos, pero así nos va, ya que cada causa tiene su consecuencia.

    Lo que quiero decir, o intentar explicarme, es que hay instantes en los que no me quiero tanto, otros en los que solo me aprecio o me acepto o incluso me amo, aunque sea un minuto. Pero así es el amor: quererse en todos los ámbitos desde varios recovecos y en distintas cantidades.

    ¿Que sería mejor amarse con calidad? Sí, ¿Pero quién te asegura que ahora mismo, en este párrafo, te estás amando a tope y saludablemente?

    El amor propio es una carrera de fondo porque consiste en ir esforzándose paso a paso para quererse un poquito mejor que el esfuerzo puesto en el minuto anterior. >>

  • Ya no sé (nada)

    Siempre escribiendo de huecos, recovecos por los que lamerse. Duelen hasta que te acostumbras a los vacíos constantes, latentes. Solo pido quererme bien, ¿Será verdad que la caída son tres miserables segundos? Solo siento que no siento nada. Voy de verso en verso y la palabra estalla. Créeme cuando digo que he muerto varias veces en vida. Descontadas, las heridas, aquellas deshilachadas. Ya no sé nada.

  • Estoy floreciendo

    Sí, estoy floreciendo. O no. No lo sé. Solo siento, antes pienso y llego al raciocinio. Estaba rota, voy creciendo emocionalmente. Es tan hermosamente roto, que lloro, en gerundio. Y vuelo y grito y necesito. Y quiero.

    Haciéndome una introspección mientras me introduzco en mis propios huecos, de donde nacen las estrellas, me doy cuenta de la luz que tengo, dentro. Y algo, o alguien, me arrastra, me detiene. Provoca que retroceda o vaya del revés.
    Un,
    dos,
    tres.
    ¿Qué será? ¿Quién?
    ¿Dónde estoy?
    ¿Qué quiero?
    ¿Cómo lo logro?
    Solo sé certezas, de dudas tengo pa’ aburrir y, aun así, estoy floreciendo porque lo que siento, lo quiero. Lo estoy consiguiendo. Es tan reconfortante saber de dónde vengo y hacia el lugar que voy, que he dejado de morir, que estoy viviendo.

    Tiempo atrás, quiero decir, desde hace años que vivía suicidándome en vida. Lo siento por reiterarme. Me retiro, aquí, en mí y, joder, qué bien es cuando se está bien. Regreso del sufrimiento y me olvido de todas mis cicatrices. Están sanas, estoy saludable. Me estoy queriendo.

    En un futuro, sé, que tendremos una charla, distendida, supongo, que será toda la realidad que necesitaré para decirte adiós y, al mismo tiempo, ponerme un punto y final. Plantar la semilla y, por fin, crecer en una nueva era.

  • Gotas de sangre

    Me saco las lágrimas con los dedos, estoy triste.
    Estoy triste,
    máscaras, sonrisas torpes. Es domingo y quiero verte. Necesito sexo y amor y dejar ir el dolor. Sigo rota, y llena de soledad.
    Me apetece morir y a la vez seguir. Derrapo, derramo gotas de sangre. Son aquellas heridas que siguen quebrantadas. Y vuelvo a romperme,
    estoy rota,
    sigo rota
    y seguiré
    rompiéndome.