Etiqueta: blog literario

  • ¿Quién soy?

    No lo sé, aunque me paseo por aquí para presentarte mis libros autopublicados y, una breve novela que estoy subiendo a Wattpad. Supongo que a través de mi literatura, quizás podrás descubrirme, entre líneas.

    Hoy mis palabras escasean, así que, sencillamente, te los linkeo.

    Pd. Gracias, nos leemos.

  • Puntos suspensivos

    Se me acaban los textos, quiero decir, las palabras, ¿O serán los sentimientos? Poner tantos cimientos, uno encima del otro, para después culminar en aquella nada. ¿Sabes de cuál te hablo? De las agridulces, ojalá sean más dulces que agrias. El caso, que me voy hacia las ramas podridas, destruidas, es que, ¿Qué? Ya me perdí, otra vez. Sécame las lágrimas que salen de mis pestañas y se quedan enganchadas, y engañadas, están disecadas. Me duelen los pies, los miedos me los estoy comiendo porque me estoy queriendo, pero el vértigo, aquel nauseabundo, me mata. Me arranca de la columna la última vertebra que se me queda arraigada, fantaseando, entre mi garganta y el estómago. Algo así, extraño. Raro de mí que me deje ir. Voy cayendo en picado, pero del revés. Bésame ya, pero ya es ya. Mi pulmón izquierdo está celoso de mi corazón casi enredado en tu mirada que parece que anhela observarme todavía más. ¿Resulta que me querrás? ¿O ya me quieres? ¿Me quisiste? Yo, enamorada, de ti. Me estoy olvidando de mí, aunque nos quiero a ambos al unísono del vaivén de mi latir. Vuelvo a descender, los huesos se repiquetean silenciosamente. Ah, yo no sabía esa faceta tuya de ir por detrás y sorprenderme, y en vez de colocar el punto, escribo dos más: es la historia sin ningún jamás.

  • ¿Cómo se sentirá?

    ¿Qué será el amor? Será un cosquilleo en el estómago y un pellizco en el corazón. Darse tregua constantemente y estallar en una guerra entera de besos hasta reventar de risa, aquella de carcajada sincera. ¿Y cómo se sentirá? Deletréamelo con la mano en el pecho, a escopetazo limpio, a juego sensato, directo y real. La vida es bonita, supongo, si la miramos con nuestros ojos, desde un amor leal, hermoso y fiel, solo quiéreme bien.

  • La vida continúa, o no

    La vida continúa a pesar de estar enamorada, ilusionada y anonada. La vida continúa a pesar de tanto pesar y pensar. Y del todo a la nada en escasos segundos. Jaque mate, y mátame ya. Las cortinas grisáceas están intentando deshinibirse, pero sin querer se ennegrecen. Vaya jodida oscuridad. Arráncamela. Remonto, salto, tantos pasos hacia el pasado que me quedo inmersa en aquel inmenso recuerdo. Un paradigma tan pequeño, tan coqueto. Descuélgame esta, quiéreme así, bonito y sano, que la sonrisa se me quede colgando de la comisura de mis labios. Y ve contando mis lunares, haz constelaciones con ellos, que yo te describiré cada estrella polar aunque, la que destella, chispeando en el cielo ensombrecido, es aquella, la más bella. Cariño, que eres esa forma tan infinita, que tienes dentro de ti, que lo irradias hacia fuera. Desde entonces, estoy yo, aparezco siendo escopeta y bala a la vez porque estallan al unísono. Escopeteada voy. Soy el dolor insonoro, sin color. Soy la luna que va latiendo en una soledad absoluta, y llena de perplejidad, que te observa desde la lejanía, enamorándose en una cercanía ilusa que se deshace al chocar contigo en la realidad. Cae, y cae deformándose, con los hilos deshilachados. Tanta abstractez habita en el después, que muero del revés. ¿No me ves? ¿Te cuestionas cómo es? Pues, un, dos y tres, descárgate mi poemario, lector, otra vez. Agárrame de la mano que me marcho, o me mancho de tu mirada hermosa. Tírame el anzuelo, que te engancho, y me engaño, y así nos enganchamos y así nos queremos, y así nos amamos.

  • La desilusión

    A parte de que ¿Te puedo escribir algo? aún está gratuito, me paso por aquí para pasearme un rato indefinido y largo, y divagar. Además, con el impulso hacia atrás, y unos cuantos intentos de no sé qué, cerrar algunos ciclos, o dividirlos sin quererlos. El caso es que después de tantos sucesos abstractos, no hay, eso, el hecho. Entonces, me pierdo y regreso y así continuamente. ¿Qué siente una al terminar algo? Quiero decir, el final todavía no lo he puesto, pues ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? He culminado en una parte del fin. Ahora solo queda zanjar o borrar o quemar de una vez por todas el punto, el que, en teoría (le sobra la práctica) debería colocar allí, ¿Sabes?

    ¿Tú cómo cierras los lapsus? ¿De qué manera? Yo, quizás, con carencia de matices, o al revés. En estos días tan raros y oscuros y entristecidos y ennegrecidos y otoñales, casi, me voy queriendo. Son latidos, estallidos que se dedican a hacer eso, a estallar. Así que, bueno, si no sabes por donde empezar, comienza, y ya.

    Este viernes, como los restantes, estoy un poco borrosa y odiosa y, reflexionando sobre lo descrito en un tiempo verbal pasado, me he percatado de que no sé cortar el hilo, ni finalizar el párrafo ni romper el vicio de que te quiero de pellizco en pellizco con mi corazón quebrado. ¿En algún momento se sanará? ¿Se armará de valor para deletrearte encima de tus labios lo mucho que te amo? Porque van pasando los días o las semanas y los meses y la cuenta atrás va sumándose daños descontándose, y ausentándose.

    Pensé que había finiquitado, pero me vuelco en lo inexistente, en lo inevitable: la ilusión. Voy estando bien, pero llueve hacia dentro, tan lento.

  • Me quiero, desde dentro

    Voy tarde a la vida y, también, al acto de existir y de describirme. Porque, ¿Qué significa ser una, la que sea, estando inexistente? Un palpitar, un aletearse para acabar parándose siempre en el mismo, y mínimo, vaivén. Ven, ven y quédate. Agárrate, aférrate a mí, o al (otro) cora’. «Muñequita, muñequita», me dirá la mujercita. La del espejo me soltará, y holgada de autoestima sentenciará: «Has florecido, nena.» A posteriori la conciencia frunciendo el entrecejo, arrugando su alma bonita, suspirará con «Aún te falta un jardín por cuidar.» «¿Si le doy cariño, ternura y pasión se armará de florecillas?» Dudará la pregunta existente. Y, yo, literalmente, después de tantos agujeros y entre huecos ocultos y oscuros, me confirmaré mirándome de reojo: «Anna, ámate, riégate con todo el amor que tienes dentro.» Entonces, la sonrisa irá naciendo de la comisura de mis labios dejando el bombazo para el final, pero con mucho inicio; el precipicio que parece dar vértigo. Que, oye, tú huye, que eso de quererse es hermosamente doloroso. De lo entristecido va surgiendo el arte bonito. Pues eso, que ya me quiero, así, desde dentro.

  • El amor, y un poco de ron

    El amor rima con dolor, ¿Por qué le tengo tanto temor? ¿Será cuestión de romper los hilos? Esos del pasado, y pegarse tres tiros, después de que estalle el petardo. Sigo aquí, como cada jueves, quiero decir, viernes, estancándome en mi vaivén. De hueco en hueco porque me ahueco y, adueño, de yo que se qué. Siempre que puedo pico el anzuelo, caigo, muero y me encierro. El bucle parece algo sempiterno y, tanto, que continúo aquí. La poesía, sus versos, fueron aniquilados por la escritora que se suicida una y otra vez entre los manchas ennegrecidas del cielo. Parece que va a flotar la última gota que saldrá a posteriori de de entre mis pestañas, pero aguanta. Está guardándose, ocultándose. Se refugia en la cueva oscura, aguantando. Que sí, que no me mires así. Léeme del revés, quizás comprendas que contando hasta el número tres, culmines en el mismo lugar que no tiene ni hogar.

    ¿Será que el amor propio es quererse a una misma a pesar de cada defecto? Aunque, quizás crearse con efecto es otro suceso, pero yo ya estoy tan cansada de los secundarios, pues me van haciendo daño. Se han acojonado en mi propia cara. Si me florezco o si me dejo de florecer o si, por contra, me obligo a crecer porque las circunstancias vitales me lo ponen en bandeja y de otra solución no queda…

    ¿Qué? Café.

    Luego, y sin querer, saco la bandera roja que afloja y ahí se queda, plantada, pues la motaña rusa está tan alocada y girada y doblada, que acabo yendo a pata coja. Descuélgame esta, que me remata la conciencia y, de tantas cuestiones sin respuesta, el maldito vacío regresa. Yo ya no sé si dolor rima con amor, lo que sí siento es que todavía me aterra la idea de ser querida mucho y mal. Aunque con dos hielos y un poco de ron, quizás, se pasa mejor y el corazón en vez de quedarse atragantado en la garganta, se queda enganchado en el pulmón derecho para provocarte un una parada cardiorespiratoria y percatarte de un solo hecho: que aún le quiero mientras me voy queriendo.

  • Solo me apetece llorar

    ¿Con insomnio? Me enchufo a la música y empiezo a leer, comiéndome la literatura como si no hubiera un mañana, total, ya es de madrugada. ¿Y sabes qué? La nada está latente a rebosar de placeres y vaivenes y nubes grisáceas. La luna brillante, y en soledad, estará latiendo por allá, en algún lado, pero yo sigo aquí, con ojeras y sofocada, que me llegan hasta los tobillos. Será duro el atardecer, o el amanecer, ¿qué más da? Porque golpeará tristemente y yo lo miraré y este me observará enrojecido y me percataré del simple hecho: sonrío porque te quiero, y me duele reconocerlo. Me mata saberlo, pues la consciencia, y el corazón, a conjunto con la irracionalidad reconocible, están, siempre, a flor de piel que estallan a la vez dándome a entender que sí y que no, un jodido vaivén interminable. Tengo los miedos al otro lado de la esquina, que se van tirando por los precipicios de algo intangible. ¿El dolor quizás? Cuando se junta con mis pestañas casi a punto por humedecerse parece que habite en mí un mundo inmenso e infinito de sombras descoloridas y, entre matices, la duda se asoma y yo solo me largo para terminar en otro placer del revés. Píllalo, álzalo al vuelo y arrasa con aquello, pues la vida ya no está conmigo sino sin mí.

  • ¿Dejarse florecer o florecerme?

    Porque cuando una se deja florecer, ¿Luego qué? ¿Qué de qué? Pues café y sumergirse en un breve latir diferente. Ir de frente, abrir las alas y sonreír porque sí. Cuando el otro día, precisamente ayer, alcé la mirada, vi algunas nubes de algodón en la entrada de mi corazón esperanzado, y esperando a que soplara con chispazos de ternura y vaivenes y de caricias, que estoy aquí latente, presente, queriéndome.

    En la repisa de mis pulmones, que se ensanchan, de donde van naciendo flores ensangrentadas, pues ya no se quedan atragantadas ni arraigadas en mi pasado, spoiler: ha nacido un jardín rojizo, escasamente enfermizo, que parecía escurridizo, pero con sus tierras ya serenas, mucha tregua, pues todas las semillas fueron puestas. Y, con un redoble de tambores y dos parpadeos curiosos, ambos coras’ derramaron lo que quedaba de sangre espesa y disecada y negra y, al fin, se sanaron.

    ¿Qué sucedió, nena? Que el reflejo miró al espejo, o al revés, yo qué sé cómo fue, y se encariñó de una forma tan hermosa, poco rota, que se enamoró in crescendo de la otra yo: la metafóricamente poeta, de donde nace y surge como una seta, aunque paulatinamente, la escritora que fue inédita durante una época muy intensa, ahora extensa.

    Y deja que me enrolle con mi futuro, sí, estoy a gusto, y me apetece galantearle, alabarle, jugar con él, hacerle el amor continuamente. Así voy, queriéndome.