Etiqueta: amor

  • Quisiera yo…

    Me hubiese apetecido charlar contigo a la luz del sol, mientras brillan nuestras pieles y, el agua dulce de la piscina bailaba, como nuestros corazones en momentos pasados. Ha sido duro, difícil y doloroso.
    -Soledad, bienvenida-.
    Porque no hay nada más bonito que conversar, de cualquier cosa, del mar y de cómo nos gustaría, en un futuro, volar. Pero, ¿Para qué? Si aunque estemos juntos ya no somos.
    Nada más hermoso que ver en tus ojos relámpagos; fuego, calor y hogar.
    Y tormenta me siento yo; que arrasa y arrastra todo a su paso de una bocanada de aire gigante, como un terremoto.
    Quiero paz y sentirme, mucho. Hay veces, instantes, en los que dejo de ser humana, en los que no puedo ser yo porque me inunda una sensación de impotencia terrible.
    No ayuda y mata, lentamente y a escopeta abierta.

  • El acto de follar

    Follar en el coche; qué gloria.
    Con los calcetines puestos y el vestido tirado por el suelo.
    En una callejuela escondida entre la ciudad, dentro de una caja, burbuja de ensueño, los dos -enamorados y llenos de pasión- entre las hierbas malas. Y luego, paz. Conducir hacia la metrópoli de la ciudad y bebernos, a sorbos, una cocacola. Qué hermoso, tú. Y la vida.

  • Mon amour

    Si te escribiera yo los versos más bonitos de esta noche; los del amor, los del roce. Como ella anochece, y luego se enfría. Tan sola y tan bonita. Tan dulce y tan chiquitita que, desde lejos, brilla.

  • Ocaso

    La luz que entra por la ventana durante el atardecer refleja que estoy sin ganas, sin ansias, sin ánimas. La ciudad me habla en plena calle o en medio de mi habitación. Me dice que busque, que cante, que baile y que viva. Yo estoy bien, y siento. Necesito otros aires, otros rumbos, otros caminos. Quiero. Estar contigo y sentirte muy de cerca y, que estando, seamos. Sin ataduras, sin porqués y con un después, otra vez. Cada día de nuestras vidas hasta el final. Y que este sea la muerte. Porque quiero compartir una vida entera contigo; me gustas, te quiero, te amo. Aquí y ahora. Allá y luego. Y ya sea en las Maldivas o en Barcelona. Feliz contigo, a todas horas.

  • Me he enamorado

    Me he enamorado de ti, de tus flores que nacen de tu alma, de tu rostro, de tu mirada. De tus ojos negros que desprenden luz. De tu sinceridad y de tu buena vibra. Me he enamorado, y es tan hermoso. Un nosotros en el mar observando el atardecer. Y como caen las lágrimas del cielo, y como cae la luz en el ocaso. Y como te quiero yo, y como me gustas tú; y estar tumbados en la parte trasera del coche. Y qué locura; la desnudez. La tuya. De tu corazón. Las sábanas blancas y un poco de pasión. Un revolcón y dos y tres. Y a pesar de todo estar y ser. Seguir, sentir, vivir.

  • Deseo

    Futuro.
    Y me dijo si podíamos quedar, yo estaba hecha un percal. Un ovillo era mi corazón y un desastre bien grande mi pelo. Y mi rostro y mi pensamiento. El sentimiento estaba bien puesto, en su sitio. El momento, año y medio, de sentir y quererlo. De estar con él y ser juntos, era y es magia. Y qué gracia, qué risa, qué arte.

  • Rosa

    ¿Cómo se escribe sobre la soledad? Sobre el sentimiento de ver el mar ensombrecerse y oscurecerse, arrancar y echarse hacia atrás, por miedo al rechazo. A ser distinto y, a la vez, bonito. Porque está tan solo y tan poco acompañado que me derrito ante él. Y aquel pensamiento de «me siento bien» cuando estás allá presenciándolo.
    Y llega la noche, la luna llena sale a hacer su ceremonia y, luego, brilla. Reluce tanto cuando ella llora, digo, la chica. Y tan pequeña que se divide en pedazos y acaba convirtiéndose en cristales rotos.

  • Amargo sabor

    Pasa tan rápido todo,
    que me estrello
    y caigo por el precipicio de mi alma.
    -Vacío-.
    Y medio rota ando
    hacia un atardecer nunca visto;
    el que quiebra y luego arranca corazones.
    Es triste,
    como cuando el cielo llora.
    Es desgarrador,
    como cuando las olas coléricas chocan contra las rocas.
    Espuma y amor,
    viento y sabor;
    a vino tinto,
    a dolor.
    Amargor.
    Y sueño
    y vuelo
    y siento.
    Soy humana,
    soy.
    Y qué bonita la vida,
    y la melodía.
    Abrázame,
    que me estoy muriendo.
    Sólo cuando escucho,
    cuando vivo más que digo.

  • El acto de amar

    Un día te florecerán las rosas de tu alma, y después de sobrevivir sin nada, crecerás y apreciarás el amar; el solo y el acompañado.