He visto cielos y qué profundos son. Se rompen en el precipicio de la nada, regresando para vivir, o morir más. No sé. Sigo, pero no sé. Pierdo el tiempo, ya no invierto. Aún así, bebo el agua salada que emana de mi piel. Me siento bien.
Categoría: Escritos
¿O creemos que estamos queriéndonos?
Abro los ojos, estoy pisando dos cafeterías al día. ¿Qué me sucede? Pues que estoy muriéndome en vida. A ras del suelo van mis alas, ya rotas y desgastadas. Aún así, me miro en el espejo y, por fe, lo único que veo es una sombra que traspasa mis luces y se carcome mis ganas. Ayer tuvimos sexo. Fuimos carnívoros. ¿Nos estamos queriendo? ¿O creemos que estamos queriéndonos?
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Gracias por leerme, ¡Nos leemos!
Un simple cruce de miradas
A veces necesitamos un simple cruce de miradas, un «lo estás haciendo bien», que nunca llega. Nos arrastramos por el suelo, vamos cayendo caricia a caricia por un precipicio infinito de dudas. Las cicatrices ya no duelen. Somos inmunes, eso creemos. Creamos sentimientos -sangrientos- que surgen de la nada y, esta, se convierte en todo. Cuando eso pasa, la vida ya ha pasado.
Se ha volatilizado.Salir de mi ser
Quiero salirme, no solo de mí, de mi ser, sino del bucle. Ahora está pausado, pero cuando siento y, luego pienso, muero (otra vez) sin querer(me). Y créeme que se hace cuesta abajo. Que estoy tocando con el rostro al suelo. Anhelo levantarme y caminar con algo que me palpite dentro. Me estoy autodestruyendo porque, se ve que soy adicta a recrearme en mis recuerdos más tristes. Cada quien con su propia mierda. Pues si emocionalmente me ves mal, cágate cuando te sonría. ¿Las ves? Está rota, y vacía.
Estaré en una resaca sentimental del desamor, tanto ajeno como propio, que flipas, me observas y te marchitas. Si te marchas, planta la semilla por mí y riégame que, yo, ya no estoy para revivir. Vente cada dos días, así la espera se hace menos eterna y la esperanza aumenta.
Lo nuestro
Que jodido, no el texto sino lo nuestro.
Porque nuestro amor se sostiene con dos pinzas -tu corazón y el mío- en una cuerda floja que afloja y aprieta y desgarra los cuadros melancólicos del pasado, que ya ni cicatrizan, que ni se pintan. Están descoloridos.
«Pero yo te quiero».
«¿Eso qué tiene que ver?»
¿Que ver el qué? ¿Con qué? ¿Y para qué?
Pues que se trata de que te estoy queriendo para amarte.
Ahora están sonando las alarmas, los semáforos de la ciudad se ponen en rojo. ¿Será aquella señal de la esquina que me dice «Nena, frena»?
Quiérete un poco, date amor. Valora tu tiempo, aprecia el cariño que has dejado de brindarte. Busca tu propio color. Tu arte, tu alma.
Cuando me miro en el espejo, provoco ese mismo acto, y no me observo. Y lloro internamente y siento tanto que finjo.
Sí, así te lo solté. De balazo en balazo y disparas porque te ha tocado ser arma.
Soy la herida.
Una vida falsa,
una sonrisa intacta,
pero hipócrita que se llena de mentiras,
de desilusiones
y de mucha muerte.
Los muertos ya no son cenizas después de esto. El amor siempre será un hechizo sin polvos mágicos. Y, yo, bueno, soy de carne y hueso, aunque con líos y corazonadas que buscan, esperanzadas, otro espacio vital. Un hogar donde, al fin, puedan refugiarse.
Huyendo
Me estoy escapando,
de mí.
Los colores descoloridos,
el océano lleno de nubes flotando al son de la música.
Las olas ya no bailan,
la espuma ha dejado de flotar.
Pequeña, pero también infinita y efímera.
Duelen las palmas de mis manos,
y las paredes.
Corazonadas que están ahí y no se marchan.
Son instintos o miles de vacíos juntos
que se apellidan de ti,
de ti,
-de ti-.Siento sentimiento(s)
Siento que mi vida cada vez va a peor. Escalón a escalón va bajando, sí, la depresión, hasta llegar y sentarse en el columpio de la vida. Se balancea. Y muere y muere. Dame amor, deshaz todas las promesas que me hiciste tiempo atrás. Enlaza las acciones, una detrás de otra. Cojamos un avión. Vámonos, te canto ahora a ti desde fuera del espejo. Ya no soy reflejo sino humana. Me toco los brazos, observo mis pestañas desde el recuerdo. Tengo piel, cicatrices y alma. Unas cuantas arrugas en el corazón rememoran lo que siento, y sentí. Créeme, soy pez y paz. Dolor, alegría. Vivo por vivir y para la morir. Derramo cada vaso. De ellos caen gotas de sangre disecadas. Es el mar de dudas, que está en sequía. Estás más roto que aquella paloma que voló y se fue con su familia, pero se quedó perdida en otro cielo más bonito, más roto.
El infierno
¿Puedo irme de aquí? ¿De nuestro ser y de nosotros? Es que me estoy rompiendo a trozos. Siento que ya no puedo más. Veo un chispazo de luz. Muero en los intentos. Las puertas se abren de golpe, de portazo en portazo y me estrello porque no hay más remedio. Créeme cuando dicen que las palomas están viniendo para marcharse. Tú eres uno de esos, uno de esos vuelos hermosos, pero tan dolorosos. El único que tiene el poder de hacerme daño. La que acaba recomponiéndose soy yo. Sola y dentro de una tristeza profunda. Porque las oleadas acompañan mi idea de desaparecer, de ir al otro lado de la ventana. Hay tanto cielo, ¿para qué? Me pregunto. Si todos acabamos en el mismo infierno: el amor.