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  • Locura única

    Todo comenzó un 15 de diciembre.

    Ojalá ahí no se quede, ojalá continúe.

    Estoy con la esperanza agotada y la fe disipándose. Y los miedos a flor de piel, además de las dudas atragantándome. Aun así, tengo el instinto de que lo nuestro seguirá siendo salvaje, único y, quizás, inquebrantable.

    Porque se sale de la norma, rompe la regla.

    Y por cada día que pasa lo tengo más claro: me vuelves loca, amor.

    De los poros de mi piel salen chispas de locura mezclada con dulzura.

  • Ojalá

    Ojalá,

    que no deje de gustarte,

    que no deje de encantarte,

    y enamorarte.

    Que no sólo sea deseo,

    y un poco de placer.

    Ojalá,

    que me quieras por una eternidad.

    Me beses sin detenerte

    y me hagas el amor hasta quedarte inconsciente,

    cada día y de todas las formas.

  • Amor

    Las paredes temblaban y nuestros corazones alcanzaban el éxtasis.

    Caí rendida justo en aquel momento porque nos hicimos el amor mutuamente.

    Fue único, inolvidable y mágico.

    Él era mago, lo sigue siendo.

    Y es que hacía que a mí me gustara, encantándome, enamorándome.

    Sus ojos achicados, observándome, y mis manos en su pelo.

    Placer y sólo placer.

    Perfección absoluta.

    Fuimos uno, nos fusionamos.

    Y ahora enamorados estamos.

    Aquello fue amor, puro, sin grietas, sin rasguños, sin dolor.

    Volamos juntos.

  • Luciérnagas

    Mis Navidades han cambiado. Y no quiero ilusionarme pero has aparecido tú. Creo que a partir de ahora todo será distinto. Porque me cantas con palabras, no disparas balas, sino bombas de amor y me cuelgas sonrisas en mi alma.

    Las luciérnagas estaban en el cielo, parpadeantes, disparando chispazos de felicidad, como nuestros ojos, que brillaban a la luz de la luna.

    Y volé, porque me sentí en una nube, contigo.

    Volé, en aquel primer beso que te robé y en los de después que me robaste.

  • Volar

    Quiero hacernos el amor;

    no quiero sexo,

    tampoco follar,

    ni fornicar.

    Quiero saltar,

    cantar,

    bailar

    y volar.

    Quiero desmayarme en tus brazos, abrazos, y morirme por darte un beso.

    Y que me los robes tú.

    Y no quiero perderte,

    ni que estés en mi lista de capullos.

    Tampoco escribirte una carta con mala gana, amargura y pena en mi alma.

    Aun así, quiero volar.

  • Noche mágica

    La luna nos acompañaba en nuestra guerra hacia nuestros corazones, tiernamente entrelazados, los que palpitaban rápidamente sin querer.

    Absorta me sentía, en otro cielo, en otro mundo, en otro Universo.

    Mi corazón floreció, de él nació una pequeña rosa roja cuando sus sentimientos salieron y sus palabras empezaron a fluir.

    Volé, voló, volamos.

    Yo también fluí. Y sonreí, y reí. Y, luego, me puse a temblar. Miedo; al primer beso, al amor. Miedo al dolor.

    Y es que el primer beso es jodido, pero el amor. Y no quiero hablar del dolor, el sufrimiento. La angustia, la desesperación y el llanto.

    Se me cristalizaron los ojos, sólo un poco.

    Fue romántico, una noche mágica.

    Mi primera noche mágica.

  • Agotadísima

    Quizás entiendas lo que es estar cansada, pero no agotada de alma. Mi corazón se arrastra y va con demasiada calma. Dice que no puede pero aun le queda un largo camino por recorrer y no puede desistir, no en ese momento. Pronto, aun no.

    Quiero un simple empujón, un soplo que le haga llegar hacia el segundo escalón.

    ¿Podrá?

  • Acoso

    Y tienes miedo, estás asustada y huyes. Pero el miedo sigue palpitano en tu corazón. No tienes tiempo de pensar, sólo reaccionar. Corres, corres con toda tu alma. Y vas girándote. Compruebas. Pero el miedo no se detiene. Sigue y sigue. Y cuando llegas a casa, sigue aun más. Tus ojos están cristalizados, ya desde hacía rato. Y tu cuerpo agotado de tanto correr sin parar. Y es que te metes entre callejones ¿cómo sabes si a la siguiente te lo vas a encontrar? ¿cómo sabes si va a haber otro psicópata? O, mira qué casualidad, el mismo que te persiguió. Que jodido miedo.

    Porque es de noche y el cielo está estrellado, no te da ni tiempo a observarlo porque no te detienes. Esta vez no.

  • Invierno

    Y era un día nublado, frío. Estaba en invierno y, ella, se lo pasó mordiéndose las uñas mientras intentaba concentrarse en el trabajo. No podía, estaba ausente, y absorta en otra vida.

    En otro mundo.

    No sabía, tampoco entendía, porqué las cosas sucedían de una manera y no de otra. Pero lo de ella, sucedió de una manera espontánea. Y es que se lo contó, así como quien no sabe muy bien uno  lo que hace. Luego, se sintió serena, y  un poco libre, pues lo había contado otra vez. Se sintió bien. Y aquello era lo que deseaba a cada instante: sentirse bien.

    Salió a la calle y anduvo con un rumbo definido. Sabía hacia donde se dirigía, también cómo. Un sentimiento de paz inexplicable e incontrolable, que se expandía cada vez más hasta explotar.  Porque los sentimientos eran así, bombas explosivas.