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  • Libérate, mujer

    ¿Por qué idealizamos el amor?
    ¿Por qué romantizamos el dolor?
    ¿Por qué maquillamos lo cruel?
    ¿Por qué sustituímos todo lo malo con una sonrisa y seguimos caminando?
    ¿Por qué no detenernos?
    ¿Por qué nos decimos a nosotras mismas que ya pasó cuando aún nos está absorbiendo?
    ¿Por qué no paramos un momento?
    ¿Por qué no nos observamos en el espejo y nos autodecimos?:
    -¿Qué haces, mujer?
    -Libérate.
    -Suéltate el pelo.
    -Vuela.
    -No te aferres al pasado.
    -Vive, y vive como te dé la puta gana.

    Porque nos estamos enganchando constantemente al dolor, a aquello que no vemos con ojos críticos. Porque hay que decirlo, es una necesidad y no se puede evadir el jodido tema.
    -Hay que nombrarlo-.
    Hay que ser, por un instante, cruel. Ver aquello que no vemos, salirnos. Verlo con perspectiva, desde la lejanía y decir: eso, yo no lo quiero. Y si no cambia, lo dejo y me voy.
    -Me voy-.
    Hay que llorar y sentir como nuestro corazón se va rompiendo pedazo por pedazo. Y, luego, hacer un ‘stop’ mirándonos a nosotras.
    Decirnos que, eso, ya no lo queremos de cualquier forma porque no nos pertenece. Porque no lo merecemos.
    Y punto.

  • Necesidad

    Quiero escribir, bueno, ya lo hago. Actualmente es necesidad.
    -No puedo-.
    ¿O no quiero?

  • Luces apagadas, y dolor

    No me gusta, no me gusto. Eso, quiere decir que no me quiero.
    Me miro en el espejo, el reflejo me dice, me canta y me grita una palabra, que yo ya sé de antemano. Que la siento tan adentro que me apago. Que me duermo, que me ensombrezco.

  • Perspectiva

    Un domingo,
    a las ocho de la noche
    con el cielo oscurecido.
    Ya es tarde,
    o quizás,
    muy temprano.
    Depende, todo,
    de cómo lo mires.
    -La perspectiva-.
    Y entiende,
    siente,
    fluye.
    Vive,
    joder,
    vívelo;
    tanto lo malo,
    como lo bueno.

  • Entiéndelo

    Entiende que la vida, a veces, no es lo que tú quieres. Que hay instantes que son un «no» rotundo. Que no puede ser que bailes como un robot, que aún así, déjate fluir. Porque aunque cueste es importante, es vital, vivir. Con todo. Tus sentimientos, tus emociones. El acto de querer, la fe que se desvanece poco a poco y la esperanza que siempre está.

  • Miedo a querer

    Tengo miedo a quererte demasiado,
    y volcar el vaso.
    Y que ese amor tan grande lo rebase.
    -Tengo miedo-.

  • El tiempo se fue

    Tarde, como siempre.
    Habitual en ti.
    No sé,
    -no sé-
    cómo sigo esperándote.
    Quizás es que aún te quiero.

  • Mírame

    Morirse por dentro.
    Qué dolor,
    qué angustia,
    qué tristeza.
    -Mírame-,
    ¿No me ves?
    Deshaciéndome,
    ahogándome,
    aquí,
    dentro de mi propio mar,
    de mi propio corazón.

  • Batallas aún por batallar

    Seguir, y seguiré.
    Me siento fría y frágil,
    llena de grietas.
    Que son rasguño,
    que son agujeros
    y que van de uno en uno.
    Qué triste la vida, y dura.
    A fuera, en la calle,
    hay batallas aún por batallar
    y, esas, que todavía no empezaron.