¿Acaso sabes lo que es que te rompan un pedazo de tu alma? ¿Y más de diez? Pues mi corazón bombardea cojo, ya no es el de antes. El dolor pesa y pesa aun más cuando se juntan dos cicatrices, seis heridas y cuatro realidades malas. Un pasado oscuro y unos seres queridos que ya no están porque de corazón no dan amor. Que te digan la verdad a la cara y una bofetada gratuita, porque sí. ¿Acaso sabes lo que es que te deshagan el puzzle, lo rompan y ya no vuelva a encajar? Tener un mal día, y serlo. Con mala fe, la que se descojona delante de ti mientras va escalando lo imposible. Y ahora cae, estampándose contra el suelo. Esa eres tú. Jodido ¿Eh? Pues así está mi cuadro inmortal, el que observas y no hay manera de descifrar. Que me han quitado el billete de vuelta, ya no puedo regresar. Me he quedado estancada en el mismo lugar, dándome vueltas y desvaneciéndome de tanto llorar, pues el charco me ha absorbido y ahora soy parte de él.
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Ascendiendo
A veces la vida no te entiende, ni tú a ti, ni a los demás. Y eres un zero a la izquierda, la oveja negra o un caos desastroso. Aun así sigues siendo una rosa marchitada con los pétalos decaídos y una esperanza casi terminada. Sigues, pero no hacia delante sino en círculos. Tu vida parece un circo, ¿O lo es? Monos y tigres. Acróbatas y gatos. Y un payaso, tú misma. Que no hay manera de seguir, que estás estancada y estampada. Aun así, ves luz y no al final del túnel sino al levantarte cada mañana y mirar por la ventana. ¿Si el sol se levanta por qué tú no? Así que sigues, un paso más y llegas a tu meta que queda lejana y que hay que ir subiéndola escalón a escalón sin detenerse. Porque cada vez eres más libre, como un pájaro en primavera surfeando en el cielo, sonriendo y siendo paz, llegando al límite.
Veranos sin fin
Se echó en la cama y comenzó a imaginarse en su cabecita loca, llena de caos y desastre como caminaban por un prado lleno de rosas, agarrados de la mano y sonriendo al mismo compás. Hacía un sol resplandeciente porque era verano. Y una brisa caliente rozaba sus rostros. Iban sin zapatos haciéndose cosquillas en los pies y en el corazón. Se miraban de vez en cuando. Ella a veces fijaba su mirada en el suelo mientras se mordía el labio inferior. Luego de caminar hacia un lugar indefinido, se acomodaron en el pasto, uno al lado del otro. Se quedó observando el cielo, los dibujos que hacían las nubes. Él la observaba con una felicidad y orgullo llenándole el pecho entero. «Qué suerte tengo de tenerla», pensó. Y cuando ella le miró, él aprovechó y la besó. Después, le acarició los dedos con los suyos y agarrándole la mano la levantó cuidadosamente del suelo. Le guiñó un ojo y la sorprendió con una rosa. No era un día especial, sino su primera vez juntos en un prado maravilloso. Mágicos eran, desprendiendo amor por los poros de su piel. Siguieron su rumbo sin detenerse y así hasta llegar al lecho juntos.
Perspicacia
Justo ahora estoy recordando tu carita de chico inocente mirándome cariñosamente.
Estábamos en casa de un amigo y luego de haber cenado, ido a buscar los juegos de mesa y ponernos sentados en el suelo, comenzamos la partida. Fue larga pero amena. Luego de dos horas en partida, con los huesos doloridos y un cansancio que amanecía, tú ibas ganando. Me indigné, no por el hecho de que estaba perdiendo, sino por la jugada maestra que hiciste y por dejarme boquiabierta al ver que no podía hacer mi tirada como yo quería. Y tú lo viste, mis ojos incendiaban puro cabreo. Ganaste, y no fue la suerte sino la maña. Luego de despedirnos de nuestros compañeros y salir a la calle, me llevaste a una esquina y allí me intentaste besar. Aparté mis labios pero los tuyos, tan deseosos, se estamparon contra los míos. Mi mal humor disminuyó paulatinamente. Entonces te lo dije claramente: «No ganaste por suerte sino por estrategia».
Y esa es una de las cualidades que me gusta de ti: el ingenio.Perdóname
Lo siento, no puedes ser sólo un pilar porque todos los otros se han destruido. Ahora, eres mi pilar más importante.
Retroceder un paso
Llorar de impotencia, de rabia, de indignación. Romperse una y otra vez por no estar bien. Por deshinibirse, desvanecerse y dejar de ser.
Me va bien
Qué tiempos aquellos en los que era una niña con la sonrisa puesta a cada segundo. Los tiempos de felicidad pura y no instantánea.
«¿Cómo va?», me preguntó.
¿Qué cómo va?, pensé yo. Pues aquí, reconstruyendo mi alma con el corazón rasgado. Intentando curar las cicatrices y olvidarme del pasado reciente. Que me pensé que las lágrimas ya no saldrían luego de dos años, pero estas mismas, al salir de mis ojos, me dicen lo contrario.
Sí, papá, soy una inmaudra pero estoy creciendo y esto forma parte de mi crecimiento.
Sí, papá, no doy la cara, pero, ¿cuántas veces la he dado por gente que ni me ha dado un simple «Gracias»? ¿Cuántas veces me he lanzado al vacío por otros que, jamás, se tirarían por mí?
Sostenerme
¿Y tú qué sabes de la vida? Si no sabes lo que es romperse en un acto de valentía. Y que tus huesos repiqueteen. Y que tu corazón resuene por todo tu cuerpo. Estar lejos pero tan cerca de tu familia y no poder abrazarla. Sostenerte como un pétalo de una rosa a punto de resbalar y caer al suelo. Ser aplastada por las personas y convertirte en pequeña hasta desvanecerte.
Como cuando en primavera las flores no florecen y el sol se seca. Como cuando en verano que diluvia demasiado y la sequía es inexistente. Como cuando en otoño no llueven hojas, se han disecado en el acto de querer flotar y no poder. Como cuando en invierno hace calor. Porque soy verano mojado, otoño disecado e invierno acalorado. Porque soy sol sin fuego y luna sin luz. Rosa sin pétalos.
Y me gustaría tantas cosas; volar sin que me rompan al aterrizar y caer de pie. Lo que pasa es que ellos, los humanos, no entienden de valentía y coraje, de estrellarse y levantarse una y otra vez sin que aquellos te acompañen en el camino de la vida. Y es que siempre he estado sola en un mundo lleno de soledad y poca humanidad.