A veces siento que no estoy, que soy sombra y humedad. Me desvanezco y me voy. En ese instante, mi cerebro deja de funcionar, y se queda mudo durante un tiempo indefinido. Y lo siento, más con el corazón. Y no puedo, me veo en el fin. Porque no soy; en cuerpo sí, en alma no. Cada vez se me complica más la vida. El querer avanzar y estancarse, y quedarse. Quedarse. Revivir en un intento suicida de amor para acabar volando más alto que nunca. Y gritar, y volar. Gemir. Mucho. También sentir. Nadie sabe, ni comprende, el sentimiento aquel de no sentir. De pudrirse ante alguien que ni siquiera se percata de tu corazón a medio florecer.
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Grito de auxilio
No te vayas de mí. Aunque me vuelva loca, aunque me ausente. Aunque deje de sentir. No me dejes sabiendo que te voy a herir. Porque lo haré. Me matará, me dolerá y me marchitará. Decayendo en la oscuridad. Y te pido disculpas. Yo también sufro como tú sufres.
Ya lo sé que me estoy adelantando a los hechos. Tengo miedo. Por favor, sujétame, agárrame la mano. Aunque te duela y te mate por dentro. Estaremos bien, lo estaré. No te preocupes, todo pasa. Será una etapa y se pasará como pasa la vida.
Corazón, no te asustes. Ven. Soy yo pero fuera de mí. Aún así, volveré a serlo. Siempre estamos siendo, por eso mismo volveremos a ser. A estar. A sentir. A amar.
Perdóname otra vez. No lo elegí, no fui elegida. Nadie lo eligió. Fue así. Sucedió porque sí.PD: Te quiero, en gerundio.
Somos
¿Y cómo describir la sensación de que cada vez te quiero más?
Llegar a amarte y seguir haciéndolo,
queriendo y sin querer y porque sí.
Te introduciste en mí en aquel primer ir y venir,
en aquel entrar y salir.
Y te quedaste, y me quedé.
Nos miramos como la primera vez,
lo seguimos haciendo volando en aquel placer.
Porque llegué, te miré y sorprendida me quedé, allí de pie.
Un beso en el aire y un «Te quiero» en la mirada.
Viniste hacia mí, me llevaste hacia ti.
Introduciéndonos en un placer inolvidable, único e inquebrantable.
Volar, y soñar, y volver a volar.
Y mientras la música sonaba, creando un momento que jamás se repetirá, me sumergí en un mundo ajeno a ellos.
En tu mundo, en el nuestro.
No había palabras, sólo alas,
y gemidos en nuestra canción de amor.
Un nido ideal y a la vez realista, que se movía al compás del sonido que hacía un violinista.
A veces breve, a veces largo.
Grave o agudo.
Amargo y dulce al mismo compás.
Un sentimiento de felicidad máxima al terminar, unas sonrisas que irradiaban complicidad.
Un «Te quiero»,
un «Te amo»
y un lo siento,
aquí, muy adentro.
14:04 h.
19, de Junio del 2019
Corazón, quédate
Y no lo sé si seguiremos siendo en un futuro,
o serás con alguien más.
No lo sé, no lo sabes.
Lo que siento con certeza es que te amo,
y si y no,
quizás,
tal vez.
¿Pero y si siempre?
Un remolino de emociones siento en mi estómago;
paz,
y mucho amor.
Cariño y ternura.
Un cielo iluminado,
esclarecido
con nuestras miradas que resplandecían.
Y flores del alma floreciendo,
ya no me estoy marchitando.
Voy rumbo hacia un futuro incierto pero preciso.
A veces temo resbalar y caer,
y que el estamparse contra el suelo duela.
Y sé que el impacto será más el susto que el dolor, porque, este, vendrá en un futuro simple, pero complicado.
Y hartado de sufrimiento.
Sentiré que fue, y ya fue, hermosamente duro y frágil.
Mi amor
Te observé detenidamente, te veías muy hermoso. Tus facciones oscurecidas o iluminadas en la noche, dependiendo de la luz de la luna. Eras perfecto. Con aquella mirada tuya perdida en el horizonte de la ciudad iluminada. Y, luego, tu rostro resplandeció de curiosidad. «¿Por qué hay más luces rojas en un lado que otro?» Preguntaste. Yo iba fotografiando mentalmente cada retrato de ti. Pequeños movimientos imperceptibles a los ojos de la gente pero perceptibles para mí. Tu belleza, en aquella perspectiva, alcanzaba lo supremo. Eras, ni más ni menos, un ser, un humano, una persona pero con una diferencia; que eras hermoso por fuera y por dentro.
Tu sabiduría, tu lealtad, tu confianza y tu amor por los demás, y por mí. Eras distinto, en el buen sentido. Eras honesto y divino; una divinidad del cielo, del planeta, del Universo.
Estaba enamorada de ti, y con la ventaja de que no te ponía en un altar. No te idolatraba. Porque me enseñaste cómo eras realmente desde un principio. Tanto lo bonito como lo oscuro.
Es lo que hay
Y asúmelo. Ya no te quiere, ya no te ama. Y seguro que te quiso y te amó, pero ahora ya no. Y hay que aceptarlo y seguir. El tiempo pasa y los sentimientos cambian, y muchas veces no son correspondidos. Ni hacia una persona misma, ni hacia la otra.
Caerme, y romperme
Ya lo sé que me quieres, pero un día te irás, me dejarás y me quedaré sola muerta del asco. Porque cuando ya no estés, ¿Qué? Yo ya no seré.
¿Sabes? La gente, las personas en sí, son muy mal pensadas. Siempre ven la parte negativa de todo, lo trasgiversan todo. Cambian el sentido real de las acciones, y las palabras.
Y yo ya estoy harta. De no ser querida, de que no me acepten, de que me maltraten psicológicamente. Y ya lo sé que no es un maltrato en abundancia, pero duele y desgarra poco a poco el alma.
Estoy cansada, agotada, exhausta. De que me griten, de que me traten con mala gana. De acabar llorando por las noches como un gato medio vagabundo abandonado por las calles de cualquier ciudad, aullando sin piedad.
Me siento sola, y herida.
Sociedad
Aquí se sigue hablando de que las mujeres tienen que tener todo el amor del mundo. Que si se las tiene que enamorar para conquistar y que, una vez conquistadas, seguirlas enamorando. Que si se las tiene que mimar, cuidar y consentir. Pero, ¿Y los hombres qué? A ellos también hay que conquistarlos enamorándolos y, una vez estén conquistados, seguir enamorándolos. Comérselos a besos, a caricias y a acciones. Consentirlos y mimarlos. ¿Por qué la mujer siempre tiene que ser la víctima y la débil? Que al revés también se puede, y se debe.
La mujer es fuerte y el hombre también, los dos a partes iguales. Por y para siempre. Porque son personas, son humanos. Somos.
Estoy harta de ver como la mujer es victimizada, y también estoy harta de ver como lo es el hombre. ¿Por qué ellos tienen y deben ser caballerosos? Son víctimas de que tienen que llegar a la altura de un hombre «ideal». Y eso es lo que no se visibiliza. Sólo se ve y se alza la voz con la mujer maltratada y violada. ¿Pero y los hombres?
Ellos tienen sentimientos, porque son humanos. Y lloran. Sí, lloran. Eso es sentir, con el corazón.
Y me agota el hecho de que sólo las personas vean una parte de la realidad. Hay muchas más realidades, de todo tipos.
¿Sabéis lo que falta en este mundo? Tolerancia.
También estoy cansada de que la sociedad no normalice que dos mujeres estén y sean, y lo mismo con dos hombres. O con el poliamor. Y otro tipo de relaciones que puedan existir en el mundo. Lo que sea. No importa cómo sea. Y no me gusta nombrar porque no deberían ponerle nombre a este tipo de relaciones sexuales y no sexuales. Que tampoco son un tipo. Simplemente es amor. Y ya.
Y estoy harta, exhausta.
Ojalá existiera más amor y menos odio.