Un ilustrador de anatomía que, con un lápiz y un papel, pueda deletrear cada parte de mi piel.
Un escritor realista, un artista.
Un ladrón de besos, calar hasta los huesos.
Un poeta. (…)
Un ilustrador de anatomía que, con un lápiz y un papel, pueda deletrear cada parte de mi piel.
Un escritor realista, un artista.
Un ladrón de besos, calar hasta los huesos.
Un poeta. (…)
Esta noche estoy poética
y desnuda ante la luna.
Porque voy a versarte
los versos más sinceros,
sin peros.
Esta noche estoy cansada
y rota, a pedazos;
caigo dentro la botella de Whisky.
Me llama a gritos, me ahoga, se apodera
de mí.
Haz algo, joder.
No, no harás nada.
No lo digo por ti, soy yo, que soy así.
Tenemos que versar, y no hablar.
Eso es todo.
Adiós.
Esta noche estoy caótica,
así que puedo escribirte
cualquier nota,
hacerme la tonta,
la loca.
Porque saldría a la calle
si estuvieras aquí
y te cantaría, por ti, por mí.
Por la luna, que nos observaría,
envidiosa.
Y bailaría cualquier cosa,
una copa, de vino tinto,
en la mano izquierda,
y mi corazón de piedra,
sujetándolo con la derecha.
Mente borrosa,
mirada maliciosa.
Un brindis, dos.
Un adiós, un vuelvo a por ti,
un caer.
Y me vuelco,
cayendo otra vez
por la boca del pez.
Precipicio maldito,
que no deja de crecer.
El ramo dejó de florecer,
empezó a decaer.
No sé qué carajos haré con todos estos versos, cutres, salidos de mi órgano vital.
No sé qué carajos haré cuando vengas y me digas que, nosotros, no somos nosotros.
No sé qué carajos haré cuando vea tu mano entrelazada con la de ella.
No sé qué carajos haré, no lo sé.
Sólo sé que moriré, sentiré decaer mi corazón, y mi caparazón, en vez de abrirse, se cerrará para siempre.
Y es que soy una ilusa, inventando un nosotros que, quizás, jamás exista.
No alcanzaré el primer tren
sino el último.
Porque,
mi huida será distinta,
no seré como ella,
no seré un amanecer
sin su atardecer.
Nuestra huida
será sin avisar a nadie.
Y hablo en plural,
porque nos iremos juntos,
en nuestra nave espacial.
Alcanzaré el primer tren,
sin importarme el destino,
porque me quedaré allí,
pensando en ti.
Iré hacia Madrid
hasta la Plaza Mayor,
cantaré en Portugal
y volaré en Francia,
la penúltima estancia.
Te añoraré,
lloraré,
moriré.
Lo siento, lo veo, lo observo.
Múdate conmigo,
una nueva piel,
un amigo.
Un abrazo de despedida.