Etiqueta: literatura

  • La idea, ¿Qué es y cómo la alcanzo?

    La idea es un sueño, un deseo o un pensamiento que deambula por el cerebro y, luego, se va tal y como apareció. Es fugaz y, además, letal, porque cuando se marcha y no se anota, desaparece para siempre. Es imposible recordarla.

    Así que, a continuación, te explicaré cómo funciona mi proceso creativo, desde el instante en que alcanzo la idea hasta que la desarrollo para, después, darle los retoques finales, acortando o ampliando ya el texto -con el contexto- plantado en el papel.

    Para empezar, escribo, ya sea una sola palabra, dos verbos, una oración subordinada, un fragmento o un relato. Quiero decir, abro la libreta, digital o en papel, -la que tenga más a mano- y saco de mi cabeza lo que brota de mi corazón. Este proceso lo puedo hacer tantas veces como me lo pida el cuerpo. O ninguna.

    Porque el acto de sentir es tan libre como atado a aquel bucle -tú sabrás cuál- infinito.

    El siguiente paso consiste en moldear esa idea y para ello aporto otras ideas inspiradas en la idea principal o inicial. Luego, voy desarrollando, ya sea agregando o borrando.

    Hay veces en las que improviso. Por ejemplo, cuando escribo los textos de prosa poética para el blog. En cambio, cuando mi idea abarca el calibre de una novela, la preciso partiendo de la creación de capítulos en base a una estructura y a mi sistema que, probablmente, sea de alguien más, pero que yo he ido adaptando a mi metodología. Si te interesa, ¿Cómo escribir el esqueleto de una novela?, será un post útil para ti.

    El objetivo de plasmar la estructura de una idea dependerá por dónde te salga ese instinto animal de sacar la miseria de dentro. Así que, mi consejo es que te dejes llevar mientras le añadas una chispa de racionalidad.

    Del caos nace el arte, si ordenas ese desastre, entonces, nacerá lo extraordinario, lo inususal. ¿Me explico?

    La última fase del proceso, básicamente, trata sobre darle coherencia a lo ya expresado. Será necesario enlazar la historia, darle lógica a la trama y aplicar las normas ortográficas.

    Concluyendo, lo complicado es darle forma a esa idea, porque atraparla al vuelo es lo más divertido.

  • Sal a bailar

    Libros, café,
    la cosa va de cicatrices
    y dolores imperiales, ajenos.
    La cosa, el suceso indescifrable,
    va de algo que yo qué sé qué.
    Porque vamos de dolor en dolor
    y tiro porque sí.
    Arrasando los cielos,
    son suelos, e infiernos.
    Cruzamos las miradas,
    y entre espejo y alma,
    yo.
    Las alas ya lloran,
    están rotas.
    Muriendo en otros,
    viviendo para regresar a la primavera marchita.
    Se va, todo se va, y nos vamos,
    ¿A dónde?
    A cazar peces del vacío, supongo.
    Que se ahogan,
    se quitan sin querer las escamas.
    Sube las escaleras que de bajarlas
    y barajar tanto la baraja te vas a asustar.
    Atúsate el pelo,
    sal a bailar.

  • Cuando termino un texto literario, me siento…

    Al terminar de escribir un texto literario, ya sea una historia breve, un poema o una novela, me siento más vacía aún, pues nunca pongo punto y final a mis sentimientos y, por ende, tampoco a mi literatura. Escribo puntos y seguidos o comas. A veces paréntesis y, otras, puntos suspensivos. Por eso, supongo, se van acumulando en mi interior creando, así, un hueco. Quizás parecerá que por cada sensación, lío argumental y mental, aumenta la oscuridad, pero, créeme, de la negrura espesa nace la luz. De allá arriba van cayendo las estrellas, que son seres todavía por descubrir(se), y se quedan plantados en otro universo, tan bonito y, al mismo tiempo, necesario, pues desconocen el querer, y el quererse.

    Me gustaría explicar cada fase respecto al proceso de escribir. Y me gustaría explicarlo con precisión, pero solo puedo expresar emociones.

    Para empezar, cuando un ser humano vive, significa que está muriendo en vida y, por ello, siente y, tan adentro, que luego es capaz de narrar lo que tiene ahí, en el pecho, y sacarlo fuera para sanarse o romperse más.

    En mi caso, para continuar, lo plasmo a través de las palabras y de una forma tan surrealista… Es decir, escribir consiste en decir verdades, y ya.

    Y, en último lugar, lo publico, ya sea en las redes sociales de forma casi inmediata o en un libro. Es un acto lleno de valentía, es un acción hermosamente rota, pues consiste en que, al terminar el texto literario, acabas de crecer, quiero decir, de florecer porque la semilla ya la plantaste justo en el momento que tuviste la idea.

    Solo puedo decir: siente y, luego, sientáte y escribe.

  • Flores, sonrisas y te quieros

    Me miro en el reflejo de la ventana, la abro. Muchas flores dentro. Soy de provocar la tristeza, que me la como,
    que me la como
    y acabo convirtiéndome en la depresión (ficticia) personificada.
    Mírame, create tu propio pedestal para ti. Hace días, segundos eternos, que lo creé yo. Deformando la realidad, chocando con el cielo y arrasando el suelo. Estoy,
    soy el infierno que está a rebosar de mariposas muertas.
    Ahora, gusano.
    Crecerá para florecer y dime chiquilla,
    muñequita de cristal,
    ¿Estás aquí o allí?
    ¿Vas viviendo o solo mueres para vivir o sigues viva porque sí?
    ¿Sabes qué pasa?
    Que la muerta es tan cercana…
    En vez de (yo qué sé qué), has acabado matándote varias veces, recreándote en el dolor, lamiéndote las heridas. Y buceando en tu propia cicatriz que aún sangra.
    Vas a ser tantos atardeceres y noches con y sin luna llena.
    Engulliste tantas estrellas estrelladas convirtiéndote, al fin, en una de ellas.
    Bailar hacia dentro, me quiero.
    Y te quiero
    y me quiero conmigo y contigo
    y también sin ti.
    Y nos quiero
    y dejé de quererme y quererte y querernos
    para querer en gerundio.
    Presente,
    preséntate ante el tribunal
    de tu sonrisa que brilla,
    que brilla
    y estalla dinamita.

  • Comunicando… ¿Me lees?

    Sí, léelo bien: Aurora actualmente gratis en formato ebook.

    ¿Quieres saber más?

    Quizás te preguntes cómo escribí Aurora. Al principio no se titulaba así, de hecho, era una historia sin título que página a página fue tomando su propia forma. Primero, plasmé en el papel una parte, luego otra y después otra. Y publiqué las tres partes por separado, creando una portada para cada una de ellas. Entonces, me percaté, también a través de críticas constructivas, que algo desencajaba.

    ¿Y si unía todas las partes formando una única historia?

    Un día, nació Aurora y, con ella, una novela hermosamente rota, pues de eso trata: de quebrarse sin querer ni quererse y queriendo porque sí.

    Pd. Gracias por leerme, nos leemos en otra vida.

  • ¿Qué significa para ti ser escritora?

    Ser escritora significa suicidarse en vida constantemente. Significa chocar con mis sentimientos, contradecirme sin querer, sin siquiera entenderme. Quiero decir, el acto de escribir, de sentir, consiste en ir muriendo -siempre en gerundio-, para luego, regresar al mundo terrenal y estamparse, otra vez, con la realidad. Pues escribir, para mí, es engullir sensaciones para después narrarlas sin querer, y queriendo, a través de las emociones que siento y lanzarlas al papel. Es decir, agarrar las palabras, sacándolas de mi corazón, e ir tirándolas por el precipicio -mi vacío existencial- mientras voy observando cómo caen, cómo intentan amarrarse y de qué forma acaban deslizándose por el hueco. El fin está dentro, en vez de llorar, sonrío tristemente, pero alimentando mi paz. La hoja está escrita, tiene texto y contenido, formada por un lío sentimental a conjunto con un quebrantamiento mental. Qué adrelanina gigantesca, se recorre por mis venas justo cuando planto el punto final que, metafóricamente es un punto y segudio, me rindo ante mi propio funeral de palabras. Si cada dos por tres relato mis miserias es porque lo siento. Y me estoy queriendo para amarma entre verso y párrafo y texto y argumento y sentimiento y un sinfín de palabrería que, al fin y al cabo, es pura brujería. Punto y final, escribo, para acto y seguido deletrearme a viva letra, que ser escritora está significando lo que acabo de describir.

  • Muñequitos de cristal

    Después de tantos daños, de tantos ratos, buceo en un mar de dudas, de roturas espesas. Y voy tirando, y se ve algo, un destello quizás. La esperanza se asoma por el alféizar de la ventana. Sale el sol, de mis raíces. Nace una flor. Solo una, en plena soledad. Los pájaros se desgarran, se desangran. Alteran la primavera y de la sangre rojiza sale hierba y mucha tierra y agua en vez de amor. Desaparece el dolor, el desamor y el hecho de dejar de creer en una misma. Morirse para regresar al vacío existencial. Es el bucle que derrapa cada dos por tres en el final contra el inicio, pues arranca y, sin querer, dispara. Autómata (en miniatura). Hay una infinidad. Muñequitos, de cristal, incalculables.

  • Aurora, la trilogía ya disponible

    ¡Hola! Me paso por aquí para comunicarte que Aurora ya ha salido a la venta y que está disponible en formato papel.

    Puedo decir Por fin se acabó, por fin he cerrado una etapa. Ya puedo volar feliz, sanando la cicatriz.

    También puedes leer la trilogía por separado: Café Frío, Otoño Nevado y Alma Gélida.

    Pd. Gracias por leerme,

    Nos leemos.

  • ¿De qué te vestirías siempre?

    Me desnudaría de dudas, de inseguridades, de miedos y de verdades para vestirme de mucha, y pura, realidad. Iría a buscar el traje del amor para, luego, seguir sin ropa y, mientras observo mi corazón en el espejo, llenaría de besos mi cuerpo y el reflejo (oscuro). Lamería cada herida y cicatriz que aún sangrase y me esfumaría, pero a arrasar con todo. Quiero decir, me marcharía a volar, a sonerír y a llorar de una tristeza amarga. Sacaría de mi ser el sufrimiento. Desenchufaría la depresión en persona, o sea, me partiría en dos, para, después, volver a ser yo misma (otra vez). Y así en un bucle indefinido.

    ¿Y qué más? ¿Qué más? Pues me encantaría ser transparente, que por los poros de mi piel trasluciera sinceridad, pero conmigo.

    Desde mi ser interno hacia mi misma, ¿Me explico? Me deduzco, buscando, chocando con los enigmas de mi corazón partio’, y sigo.

    Sigo volando, o buceando, entre un mar espeso, lleno de tierras y olas, extrañas, y al mismo tiempo, coléricas.

    Si pudiese me vestiría de paz, de luz y de chispazos, breves, de felicidad, y también de tristeza. Si pudiese me vestiría de realidad.