Etiqueta: escritura

  • Libro de poemas, Federico García Lorca

    El Libro de poemas de Federico García Lorca (1898-1936) es una recopilación de textos poéticos escritos durante su juventud, entre el 1918 y el 1920, de cuando estaba enamorado, siendo, así, una lírica autobiográfica.

    Lorca comienza describiendo cómo vuela, cómo gira en sí mismo, el corazón, comparándolo con una veleta, que es el título que le pone a su primer poema, haciendo comprender al lector que si no sopla el amor, es decir, si no sopla el viento, el corazón no gira y, por ende, no late. De esa forma se siente el escritor.

    Entonces, el desamor es el tema destacado de su poesía, y en ese color descolorido se va moviendo su sentir. Entre otros temas más específicos, cabe destacar la tristeza, el dolor, la nostalgia, la desilusión, el sin sentido de la vida y, en resumen, el ir muriéndose por amor, pues, ¿Quién no se desgarra cuando un amor no es correspondido?

    El escritor personifica el silencio, creando una propia metáfora de este. Además, comprende que la vida es un tempus fugit constante y que el desamor desemboca sin querer a la tristeza, al dolor contínuo. Incluso eso que siente lo tiene tan adentro que exagera su latir, hiperbolizándolo a través de los árboles en sus raíces.

    En resumen, el poeta ansía ser querido, un suceso que jamás ocurrirá, pues su «querido» está muy lejos de amarle a él. Además, siente una culpabilidad inmensa, pues su corazón está sintiendo algo que va en contra del cristianismo.

  • Un poco de mi caos, o mucho

    Idealizar a alguien y, luego, bajarlo del pedestal es complicado y aún más cuando crees estar enamorada y solo es una ilusión temporal. Porque el enamoramiento viene y se va, pero el amor, ¿En qué consiste el acto de amar? ¿Cómo amamos? ¿De qué forma me amo? Hay veces, instantes, donde hay que hacer introspecciones sinceras, honestas. Así que si no sabes quererte y quieres quererte, cuestiónate y desaprende y lee y reléete y vuelve a aprender. Escribe, nárrate, léete. Vive y sobrevive. Luego, súbete a ti misma en el pedestal, ¿Sabes? Mírate, lo estás logrando. Así que, bueno, tan simple como hacer las cosas, las acciones, con amor, y no mucho, sino uno sano.

    Yo estoy cansada de mi misma, de mi existencia. De pensar y sobrepensar y no llegar a ninguna conclusión o tener dentro de mí demasiadas reflexiones. Me agoto. Pero después de ese no sé qué, del flash, del click, y de unos cuantos más, me quiero. De hecho, me estoy queriendo. Probablemente estés perdido en eso, sí, en esos hechizos. ¿Sabías que el amor no es ni constante ni estable? El amor es como un parque de atracciones: días de todo.

    Si estás en el punto, en ese instante de no saber, o creer saber demasiado, te invito a que te leas, ya sea en voz alta o en voz baja. O a grito pelado. Que da igual, lo mismo porque, en general, la vida consiste en eso, en ir haciendo, en ir sintiendo. En el libre albedrío. Y que si tu estado mental no es similar a otro, disfrútalo igual.

    Vete queriendo, así, con intención, con impulso, con ganas de saborearte. Estoy bien, ir haciendo, como quien dice aún sabiendo que el estar bien es solo un pretexto opacando el contexto, el real.

  • Otro domingo

    ¡Hola! ¿Cómo va? Me paso por aquí para comunicarte que ¿Te puedo escribir algo? actualmente está gratuito,

    ¿Te unes a mi caos?

    Pd. Gracias por leerme, ¡Nos leemos!

  • Mi último amor

    Mi último amor soy yo en gerundio. Siempre. Desde que morí hasta que he vuelto a florecer, supongo, yo qué sé. Solo siento y voy paseándome entre un bosque indefinido -recovecos- lleno de humo, quiero decir, rebosante de nada. Habita, en mi ser, un sinsentido de seres extraños. Semidioses paranormales… ¿Será el aire? Que, quizás, dependiendo de donde venga, sopla amores tarados, tardíos y resquebrajados o envía, con la fuerza de la corriente, distintos desamores. Porque, ¿En qué consistiría quererse a una misma? Pues yo qué carajos sé. Esa pregunta está, ahora, desangrándose dentro de mi pecho, entre suspiro y desaliento. Voy yéndome de mi ser para introducirme en un arte surrealista. Para entrar en la parábola de la literatura metafórica. Y allá me quedé, levitando entre la cuerda que ya aflojó. Y caí, joder si caí. Hasta derrapé hundiéndome en mi propio vacío que acabó por unirse a mis pétalos muertos. Fui, o soy, ya no lo sé, la sombra espesa y rota y triste. La que sonríe porque sí y, aún así, cree ser feliz. Cree serlo.
    Así que, mi último amor he sido yo misma queriendo y sin quererme. Ese amor propio va cuesta arriba. ¿Sabes qué? Significa algo. Lo presiento. Pero mi último amor lo dejé, bueno, me dejé para el final que todavía no llega. No llegará. Estoy arrasando, arrastrándome por los cielos que, al fin y al cabo, son inviernos o infiernos o, literalmente, suelos. De vuelos, si escribo de ellos, han desaparecido. Se han esfumado, como yo. Cuestionarme la existencia de mis quehaceres jamás alcanzados e ir cumpliendo y seguir igual que ayer y un poco más rota que mañana. ¿Me explico? O me duplico o me divido, pero llego a la conclusión de que he dejado de ser para sentir, que fluyo al son de mis latidos y que si la inercia me lleva a la miseria pues allí me quedo (me quedé) y que si me impulso para alzar el duelo, conmigo misma, ahí estaré: luchando o dándome tregua. El caso es que ya he comenzado a ser yo misma para sentirme porque quiero sacar el arma, el alma, y quererme porque quiero estallar de amor. Y amar porque quiero amarme, porque me apetece acariciar el dolor e ir sanando.

  • ¿Qué has aprendido del amor?

    He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.

    ¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?

    Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:

    ¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?

    ¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?

    ¿Y de dónde surge?

    Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.

    No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?

  • ¿Te pasas más tiempo pensando en el futuro o en el pasado? ¿Por qué?

    Colorea tus pensamientos.

    Anna Pérez Carreño

    Pues yo me paso todo el tiempo desvivéndome, jamás estoy presente. Me angustio por el futuro y me preocupo por el pasado. Así que, bueno puedo afirmar rotundamente que por eso he dejado de ser -persona-.

    Supongo que a muchos seres humanos les sucede. Sí, eso de vivir en un constante vaivén que va y viene y va y viene y nunca se queda. Nunca está.

    Debo mejorarlo, lo sé. Manejarlo. Es un hecho. Y, ahora, me cuestiono en cómo hacerlo. Y creo que todo radica en el pensamiento, es decir, en cómo afrontamos mentalmente las circunstancias, la vida. Ahí, justamente, está lo fundamental. Así que voy a afrontar mis inacciones y mis pensamientos para sacar posibles conclusiones.

    ¿Cómo sentir paz mental?

    Pienso que por mucho que leas un libro, escuches música o salgas a pasear, para, principalmente, desconectar, es insuficiente. ¿Por qué? Porque el agobio seguirá hasta arruinarte.

    Como he mencionado antes, la clave, o la llave «mágica», está en el cerebro. Por tanto, es tan simple, o quiuzás no, en afrontar todos los pensamientos surgidos de nuestro ser. Es decir, escucharlos, entenderlos, aceptarlos y transformarlros. Ir moldeando su figura abstracta cada vez más palpable.

    En definitiva, colorea, aunque sea a cámara lenta, tus pensamientos, es decir, las balas que salen, escopeteadas y sin querer, de tu cerebro.

  • Instante etéreo

    Me apetece escribir,
    desangrarme entre letras.
    A balazos y a ratos,
    me muero por besarte en los labios.
    Derrapando en un tiempo inerte,
    tirándolo todo a la suerte
    dejándome llevar,
    y si eso, ya.
    Un mañana que nunca llega,
    un presente que no se vive
    y un dolor interminable
    resurgen día a día
    al mirarme al espejo
    y reflejarme sin querer
    en una brevedad
    siendo el instante etéreo.

  • Nada

    Hoy no he hecho nada,
    me he derrumbado
    como se marchita una rosa por la noche;
    esa soy yo.
    Me necesito más que nunca
    y lo único que siento
    es un vacío,
    ahí,
    siento un vacío.
    Hasta lo escucho palpitar,
    porque a cámara lenta
    se muere,
    se mata.