Un día explotaré, mi corazón se derramará y viviré en el intento de morir.
Últimamente, por no decir siempre, lloro con sonrisas. El cansancio abunda y el insomnio se hace presente en mis noches. En cada una de ellas. «Necesito amor, quiero amor», me repito una y otra vez. No hay manera, o quizás, no hay forma de observar con buenos ojos la vida.
Porque cada mañana me levanto arrastrando el peso de mis días. ¿Quizás es que no me he tomado un café? No me gusta, está amargado como yo. Como mi ser interno.
Ya no sé qué digo. Ahora, mi pecho es otro latido. Se me caen los ojitos tristes, muy tristes.
Etiqueta: escritura creativa
Un día
Las personas ya no leen
¿A dónde van las personas a leer en esta ciudad?
¿Dónde se ocultan? ¿Dónde están?
Yo no las veo…
Me gustaría levantar la mirada y observar un paisaje lleno de literatura, de cultura.
Lleno de sabor, de sabiduría y de corazón.
Quiero ver un mundo inteligente, con emociones y con el tiempo detenido.
Anhelo que esté pausado,
para siempre.
Porque a cada instante vamos con prisas,
con los pies caminando a todo pulmón
y ya ni respiramos.
Y qué triste,
los humanos ya no somos humanos.Sobre la cotidianidad
Me gustaría escribir sobre hechos bonitos,
sobre la cotidianidad
-lo que surge día a día-,
pero lo único que hago es pensar
y ahogarme en mi pensamiento.
Y no quiero, ya no.Este otoño
Y me imagino un otoño bonito, lleno de amor y hojas que al caer al suelo crujen, como mi corazón. Es un crujido tierno, uno que se enamora de una misma al mirarse al espejo y se dice: «quiero hacerlo». Porque esta estación era y es mía. Mi favorita. La que anhelo. Me encanta. Me llena el alma con sus lluvias, con los calcetines gruesos y un buen libro que leer. Y leerlo. Sentirlo. Que palpitan, sus páginas vibran. Los colores, el ambiente, la ciudad y sus noches menos largas, pero más intensas. Las estrellas que nunca veré y siempre deseo. Quererlas dentro, ahí, en mi pecho para que estallen xe todo lo bueno que me puede llegar a pasar.
Este otoño es mío.El invierno
Este invierno será distinto,
quizás menos frío,
ahogado
y dolorido.
Tal vez más significativo por haber sentido o,
mejor dicho,
vivido.
Las flores se van,
pero las de mi ser interno no,
ya no.
Se quedan, están y crecen.
Van floreciendo poco a poco al son del amanecer.



