Estoy llena de cicatrices incurables, porque son tan profundas que no se ven, y escuecen. -Duelen-.
«Cuanto drama, princesa. Sube la cabeza que se te cae la corona», leí por ahí.
Las bellas damas no existen y no es que camine cabizbaja porque sí.
Se creen que el dolor es creado por amor al arte y, aunque a veces pasa, otras no.
Muchas escritoras escriben porque sienten, tanto, que ya murieron tiempo atrás. Están ofuscadas, entristecidas.
Tanto, que olvidan que la vida es bonita.
Etiqueta: escribir
Cicatrices
Escritores
Expresamos;
Sofocados y saltando por el precipicio,
para matarnos en un suicidio de sentimientos;
que se acumulan,
que abruman,
que avergüenzan.
Expresamos;
para no morirnos nunca.
Es un antídoto,
la medicina,
-la droga-
al delirio.
A aquello que nos hace levitar
y, luego, frenar
en seco.Abundancia de significado
Y es que cuando parece que falta una palabra en una frase, es porque hay abundancia de significado lleno de sentimiento.
Superfície
Veo que no entendéis, que no comprendéis. Que no vais más allá. Que os quedáis estancados. Las palabras, al fin y al cabo, no dicen nada concreto. Carecen de significado y gracias a la falta de este abunda la escritura mal escrita. Pero si por un momento, todos, nos paramos a leer con significado y preguntándonos, llegaremos. Alcanzaremos a comprender, a dudar y a tener criterio. Aquel que pocos tienen.
Porque las frases son abundantes de todo aquello inexistente.
Entre letras, pestañas y sentidos acabamos entendiendo y llegando a conclusiones increíbles.Me pasa
Me pasa que empiezo y no termino,
que empiezo y no termino.
-Que empiezo y no termino-,
aquello empezado.
Y es raro, supongo, y fastidioso.Aquello
Aquello de que, en un momento del día, quería escribir. Me apetecía. Desistí, me eché para atrás. El tiempo se comió mi inspiración, quitándome -arrancándome- los dedos. Los dedos mágicos,
los dedos invisibles,
los dedos ocultos.
Aquellos que no se ven.
Que ya no vibran, ni cantan ni bailan.
Y esos, desde mi sombra, son una parte mía.Escribir
No sabéis, o quizás sí, lo que es la frustración. El acto de querer escribir, tener fe, serla, y no poder. Querer y no poder. Frustra. Acaba contigo, la pacienca y la esperanza. Y escuece tanto la herida que duele. Y supongo, será por eso que un escritor no puede darle guerra al tema y acaba dándole tregua. Tanta, que se ahoga en ella.
El momento. Ese. En que enciende el ordenador y, pum, la hoja en blanco más de cuarenta y cinco minutos. Seguidos. Sin pestañear. Mirándola. Se burla de ti, te restriega por la cara lo que tanto tiempo has estado haciendo y que, actualmente, simplemente, no puedes. Canturrea, baila, ríe.
Agobia y es doloroso para él.
Y llora, el escritor, acaba en llanto. Uno ahogado en un grito. No puede perder los papeles y, aún así, los acaba perdiendo.
Es triste, desolador. Rompedor.
De todo;
De cada letra,
punto y coma.
De cada palabra y frase.
Rompe hasta el cerebro del célebre.