Etiqueta: escribir

  • Hola, ¿Hay alguien ahí?

    Sí, y me paso por aquí para comunicarte que a raíz de que hace tres días se me murió la batería del móvil, he abierto esta sección, que puede ser muy interesante.

    Estoy casi incomunicada, sí. Están siendo unos días de aprender a vivir sin redes sociales y sin música. Sobrevivo, de momento.

    Nada, comentarte que esto va a ser un poco de feedback entre tú y yo, entre lector/a y escritora. La verdad es que se me acaba de ocurrir ahora. Mi idea es ir publicando, eso sí, de cara a los domingos. Así que si quieres saber un poco más de mi vida personal… Ya sabes.

    Volviendo al tema, no, no hay nadie. Bueno, sí, solo estoy yo conmigo, pero está yendo bien, supongo. Escribo, ahora, aquí, para contentarme un poco y sacar el dolor y sanar las heridas que ya van cicatrizando.

    Me estoy haciendo a la idea de que la idea ya no es una idea, una ilusión dentro de una burbuja, sino que es la realidad.

  • ¿Qué es lo que más odias que te pregunten? Explica por qué.

    Odio que me pregunten cómo estoy, porque siempre mi respuesta será «Bien» aunque esté muriéndome por dentro. Es triste, pero es mi realidad. No sé, imagínate que estás intentando desconectar, sentada en una cafetería mientras lees lo que sea que te apetezca leer y, de repente, aparece tu amiga y te cuestiona cómo estás. Has tenido no un día sino un mes de mierda, ¿Crees que lo que te aptece es contar qué te sucede y porqué?

    Lo último que quiero es martirizarme más. No quiero relamerme las heridas abiertas, no quiero indagar en mi ser, no quiero morir otra vez, no quiero tener que expresar, no quiero sacar todo lo que me hunde y me hace mal. No quiero porque me doy asco por dentro. Porque le tengo miedo a mis miedos, a mis defectos.

    Si eso, ya lo escribiré. Porque soy así. Cuando estoy triste, escribo. Y si leo aquello narrado, aquel sentimiento que bombardea dentro, será por casualidad. Aquel acto regular, tan común, quizás, lo cotidiano de una escritora, lo habitual, en mi caso, nunca lo es.

    Soy rara, soy única, soy la excepción. Me salgo de la norma, de la etiqueta «normal». Lo sé. Y ya lo asumí. Sí, lo acabo de asumir hace treinta segundos atrás. De hecho, lo vuelvo a asumir. Justo ahora soy consciente de que no soy, de que vivo muerta, de que seguirá siendo así y de que volveré a toparme con la tristeza muchísimas veces más. No soy consciente de que soy consciente y, aún así, vivo consciente.

    Así que, bueno, si te preguntabas qué me sucede, pues te lo digo ahora. Me pasa de todo. Cualquier suceso o sentimiento que puedas imaginar, incluso llegar a experimentar, eso me pasa. Y pasa que el día y la vida y el mes y el año se pasa. Y pasan tanto y tan rápido que ya he muerto otra vez.

    ¿Comprendes? El eco de mis palabras que provienen de mi interior van resonando. A veces, esas palabras que, al final, acaban siendo acciones, tocan canciones graves y tristes, agudas y amargas, breves y alegres. La mayoría son llenas de melancolía. Regresando al pasado, del recuerdo, soy la nostalgia personificada. Si vivo en gerundio es porque me obligo a ser el presente andante.

  • ¿Somos humanos? ¿Qué somos?

    ¿O somos traidores de almas? ¿Quiénes somos realmente?

    Seguramente aquellos seres expertos en ir destruyendo mentes, y corazones. Es nuestro arte innato ir rompiendo, ir deshaciendo, y así sin parar. Para, bueno, seguir desencajando las piezas de otros (también seres humanos, o no) y las de nosotros mismos. Es lo único que sabemos hacer: sentirnos extrañamente cómodos en el desastre, en el caos e ir saltando de estallido en estallido. Odiamos, y mucho.

    ¿Por qué odiamos? ¿Para qué? ¿De dónde nace ese odio tan inmenso?

    Por mala suerte, surge de nuestro ser interno, de aquello que no aceptamos, del acto de desamarnos, del hecho de no querernos.

    A causa de los latidos que jamás palpitaron, que no brillaron, de esa llama ya apagada nace nuestro llanto -silencioso o desgarrador-.

    Y es muy desolador, ¿No? ¿Porque no aprenrdemos a observar, a escuchar, a aceptar y a brillar con otros en vez de contra ellos? Al final, amamos porque aceptamos tal y como son los ajenos y porque nos estamos apreciando, es decir, queremos nuestro arte, nuestro dolor, así, en su espléndida esencia.

    Ojalá dejar de ser pobre de corazón. Carecemos de amor, es verdad, ¿Pero por qué no intentamos accionarnos desde el cariño, desde el aprecio?

    Sacar la depresión que está incrustrada, enganchada, e ir brindando amaneceres. Así el mundo sería un lugar más bonito, aunque sigan habitando desgracias. Así los humanos seríamos más humanos y menos autómatas.

  • Los girasoles ciegos, Alberto Méndez

    Los girasoles ciegos de Alberto Méndez está formado por cuatro historias, entrelazadas entre sí, que narran distintas situaciones de testigos que vivieron durante la Guerra Civil (1936 – 1939) y la posguerra. Estas confesiones desembocan a un mismo lugar: la derrota, es decir, la muerte.

    La novela se divide en cuatro historias. En la primera narración se relata como Carlos Alegría, un hombre rendido ante el enemigo, se entrega como prisionero porque dice que el Comité de Defensa de Madrid se rendirá al siguiente día o en los dos próximos. Así pues, es condenado a muerte por ser un «traidor militar».

    La segunda historia es una confesión a través de un manuscrito encontrado por el narrador, quien es testigo de todas esas verdades. El cuaderno, que contiene veintiséis páginas, trata sobre cómo acaba viviendo una familia que intentó exiliarse.

    En la tercera historia, el protagonista es Juan Senra, quien parece que va sobreviviendo en la segunda galería, porque conoció al coronel Miguel Eymar y va contando a su madre cómo era. Aunque miente continuamente, es decir, se inventa relatos llenos de mentiras. La segunda galería era donde esperaban aquellos que iban a ser condenados a muerte.

    En la cuarta derrota, se explica desde tres perspectivas la vida de Lorenzo, un niño, y su familia. Su madre, Elena, vive una doble vida, ocultando a su marido Ricardo Mazo dentro de un armario.

    En resumen, es una obra literaria donde hay distintas perspectivas de ver y afrontar la muerte, aunque todos los destinos de las cuatro historias van al mismo lugar. Los protagonistas acaban derrotados sin querer a causa del contexto tanto social como político y tienen una evolución significativa: van de mal en peor. Los personajes secundarios son tan necesarios como los principales, pues sirven para comprender los sucesos de la historia de la trama. Van de la miseria a la desgracia, a la muerte real ya que durante la existencia vivieron muertos. Así que, sintieron varias veces la muerte, bailando con su humor tan irónico. Se convirtieron en un sufrimiento continuo, que fueron un vacío eterno, con todos sus huecos definidos.

  • ¿Eres creativo/a?

    Sí, porque invento historias, buceando entre las nubes grisáceas de mi corazón, cuyo va bombardeando hechizos rotos. Porque vivo más en mi mundo imaginario que en el mundo terrenal. Ya no toco de pies al suelo, vuelo, vuelo. O nado entre las olas coléricas de mi mente. Y me gusta serlo. Adoro mi caos. Es algo que lo llevo en la sangre. ¿Contagiaré el arte? ¿Contagiaré mi arte? ¿Acaso inspiro? Me deleito entre las letras, levito gracias a la literatura ya sea de otros, o mía. Es cierto que últimamente he dejado de escribir(me). Quizás es que estoy en otra fase lunar. Ya no sé si las flores se marchitan o provocan mi deterioro. Solo siento y voy haciendo.

    ¿Y tú eres creativo/a?

    Si puedes inventar, crear, creer y florecer y a la vez marchitarte. Si puedes cantar, bailar, escribir y volar. Ser pájaro enjaulado y, luego, en tu propio arte, sumergirte en una oscuridad profunda e intensa, entonces sí. Lo eres.

    Hoy es uno de estos días sin el arte enganchado en mi paleta de tonalidades negras. Mi corazón. Es cierto que escribo, que dejo moverme sobre la nada. Hoy estoy fluyendo porque estoy agotada. Mis días cada vez son más pesados y debo hacer tantas tareas… Pendientes y precipicios. Una agenda con mil anotaciones para, luego, acabar deshaciéndome en la cama. Durmiendo, soñando. Al fin y al cabo, lo que más necesito actualmente son ensoñaciones para sostener mis recuerdos y mi ser. Mi sed, mis ansias, mis ganas de vivir la vida.

  • Diari d’hivern de Paul Auster

    Diari d’hivern de Paul Auster es un diario, más concretamente, su biografía narrada por él mismo desde que era niño hasta sus sesenta y tres años, edad que cumplía justo al terminar de escribir su vida, en el 2011.

    El diario de Paul Auster es un libro sin capítulos ni fechas. Solo indica datos, como la fecha precisa, su edad y el lugar, en el principio de cada acontecimiento. Y trata sobre anécdotas de su infancia, accidentes curiosos, de su niñez, de su adolescencia, de cuando se marchó de casa y de lo poco sedentario que fue. Narra tanto sus desamores como sus amores y también explica cómo fluyó el amor de su vida: su mujer.

    A posteriori, cuenta sus experiencias de los cuarenta y seis años hasta su actualidad, es decir, los sucesos con su mujer y sus hijos y su trabajo profesionalizado: escribir.

    Continúa, su narración autobiográfica, con un autoanálisis. Antes, durante y después de su cumpleaños, a sus sesenta y cuatro, cuando se cuestiona quién es. Recuerda a su madre, fallecida desde ya hacía nueve años atrás, justamente aquella conversación que tuvo con ella en mayo del 2002. Aquella donde sintió que ella era feliz. Y, luego, la caída en picado, pues su queridísima madre falleció en su cama al cabo de dos días. Entonces, Auster se convirtió en un «bloque de madera», porque no sentía nada. Solo horror. Se enganchó al dolor.

    En resumen, Paul Auster ha entrado en el invierno de su vida, tal y como dice él, porque Diari d’hivern es un libro lleno de reflexiones sobre el hecho de existir, de sensaciones y sentimientos, de descripciones introspectivas de uno mismo. Es un libro lleno de literalidad y de metáforas que va escopeteando sin querer donde va acertando en el punto de mira, es decir, dando golpes suaves en el corazón.

  • Diari d’hivern, Paul Auster

    Diari d’hivern de Paul Auster es un diario, más concretamente, su biografía narrada por él mismo desde que era niño hasta sus sesenta y tres años, edad que cumplía justo al terminar de escribir su vida, en el 2011.

    El diario de Paul Auster es un libro sin capítulos ni fechas. Solo indica datos, como la fecha precisa, su edad y el lugar, en el principio de cada acontecimiento. Y trata sobre anécdotas de su infancia, accidentes curiosos, de su niñez, de su adolescencia, de cuando se marchó de casa y de lo poco sedentario que fue. Narra tanto sus desamores como sus amores y también explica cómo fluyó el amor de su vida: su mujer.

    A posteriori, cuenta sus experiencias de los cuarenta y seis años hasta su actualidad, es decir, los sucesos con su mujer y sus hijos y su trabajo profesionalizado: escribir.

    Continúa, su narración autobiográfica, con un autoanálisis. Antes, durante y después de su cumpleaños, a sus sesenta y cuatro, cuando se cuestiona quién es. Recuerda a su madre, fallecida desde ya hacía nueve años atrás, justamente aquella conversación que tuvo con ella en mayo del 2002. Aquella donde sintió que ella era feliz. Y, luego, la caída en picado, pues su queridísima madre falleció en su cama al cabo de dos días. Entonces, Auster se convirtió en un «bloque de madera», porque no sentía nada. Solo horror. Se enganchó al dolor.

    En resumen, Paul Auster ha entrado en el invierno de su vida, tal y como dice él, porque Diari d’hivern es un libro lleno de reflexiones sobre el hecho de existir, de sensaciones y sentimientos, de descripciones introspectivas de uno mismo. Es un libro lleno de literalidad y de metáforas que va escopeteando sin querer donde va acertando en el punto de mira, es decir, dando golpes suaves en el corazón.

  • ¿Cómo escribir el esqueleto de una novela?

    Para empezar, un esqueleto, en el ámbito de la escritura, es la estructura que tiene una novela, es decir, la forma interna de cómo está construida la historia.

    El objetivo del esqueleto, o también denominado como escaleta en el terreno cinematográfico, consiste en tener una organización previa lógica y coherente sobre lo que se escribirá a posteriori. Sirve, principalmente, para planificar la forma de la novela. Pero, ¿Cómo se hace un esqueleto o una escaleta? O, mejor dicho, ¿Cómo la creo yo?

    Pues, en mi caso, para el acto previo a escribir, utilizo una libreta. Una vez con la libreta ya abierta, un bolígrafo y mi idea ya desarrollada, sigo desencajando las piezas -de esa breve idea-, incluso las recorto, las elimino o las prolongo unos días más, para después hacerlas bailar en el papel. Pero antes viene el proceso de planificar, quiero decir, de preparar los capítulos.

    Mi estrategia es la siguiente:

    • Escribo el número del capítulo al inicio de la hoja del lateral izquierdo de la libreta.
    • Al lado de donde he escrito Cap. I defino brevemente de qué irá el capítulo. También anoto alguna idea de forma breve, incluso pongo el personaje que quiero que presida el capítulo.
    • Divido en tres partes la estructura narrativa: en la primera parte, abro el capítulo, lo que es la introducción; en la segunda parte, que es la continuación, desarrollo el capítulo, y en la tercera parte, intento cerrar el hilo del capítulo o lo dejo abierto dependiendo de mi estado anímico y de mis preferencias respecto a la trama de la novela.

    Lo realmente divertido de planificar la novela es que dentro del orden habita un caos inmenso. Es interesante y curioso. A parte, entre las frases y las palabras, se va creando, sin querer, el arte. Al menos para mí.

    Mi consejo es que te dejes llevar por la idea surgida y que, luego, la vayas moldeando sin que pierda la esencia principal. Para ello es necesario perderse muchas veces y dar en el clavo justo en el momento más esclarecedor que, probablemente, sea cuando estés más ofuscado.

    El otro consejo que te puedo ofrecer es que no te limites, que te dejes llevar tanto en tu forma de crear como con tus herramientas (libreta, bolígrafos, espacio y forma de escritura, etc.) Y que experimentes. Me refiero a que si siempre escribes a mano y en un mismo lugar como, por ejemplo, en tu despacho, cambies un poco de aires y de métodos. Sal a pasear y ve a donde te lleve tu corazón que de ahí pueden surgir procesos hermosos. En vez de escribir a mano, escribe en el móvil o desde el portátil. O al revés. Yo, por ejemplo, muchas veces voy a una de mis cafeterías preferidas donde escribo y me dejo fluir. Pero hay momentos que voy a la biblioteca o si hace buen tiempo me quedo en un parque. Todo depende del estado emocional de cada uno. Inténtalo, ganarás más que perderás.

    En definitiva, a veces la escritura nos sorprende a nosotros mismos de lo que puede surgir de ahí, así que como último consejo: vive, siente, desordena tus emociones, escribe, transmite y vuelve a vivir. En bucle.

  • ¿Cuántos colores hay en un enamoramiento?

    Hola ojazos,
    me estoy enamorando
    otra vez en gerundio
    y de la vida,
    de ti.
    Soy feliz,
    me ves sonriendo como una perdiz.
    El dolor se va,
    Hey, ¿Cuántos colores hay en un enamoramiento?
    Amor inalcanzable,
    es imposible
    lo nuestro,
    lo que corre por encima de una cuerda que no afloja,
    que se estira cada vez más.
    Quiéreme y, por encima de todo,
    bien.