Es irónica la vida ¿No? Al fin y al cabo, vivir en un lugar que nunca fue hogar aún así llamándolo «casa» es contradictorio. Dejar de ser persona a causa de ellos. Ir y venir. Morir y morir: una forma de suicidarse en el mundo. Tendré los años que tenga, pero tengo más heridas sin cicatrizar que vidas. Duele. Me hunde. Jamás seré lo que vosotros queráis que sea.
Soy texto, palabra y verbo.
Soy mi propio arte: me construyo y me destruyo al ritmo del viento.
La superficialidad me habla. Es algo así: llama a mi ventana y dejo que se marche lentamente mientras la observo percatándome de la mierda que se viene. Sí, con ojos críticos y un haz fugaz de tristeza, que divide mi cielo en dos: lo real de lo surrelista.
Aún así, me rompen. Ya no se trata de cómo me veo ni de cuánto me quiero.
Simplemente,
sé paz por mí.
No me interesa esto: la estupidez humana.
Y cojéando me voy.
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Cojeo de corazón
Vaya tristeza
Amor, lo siento y esta vez no hay excusas ni pretextos. Simplemente que ya no duermo, que mis ojos están tristes y que me siento océano. Que aunque sea lo más hermoso del mundo, es un caos. Soy un puto caos. Mi corazón salta de extremo a extremo. Es una montaña rusa. La paz ha desaparecido. Vaya tristeza. Se agranda, y el nudo en mi garganta también.
Sonriéndome
Créeme que voy con ojeras y que después de tres cervezas soy más humana que princesa. No me interesa. Quiero sólo cuatro segundos, y pasar cuentas para descífrarme. Para descubrirme con intentos y muchas alas que aún así derrapando, puedo despegar. Me faltan tres textos, vivir en gerundio y sonreírme en presente, siempre.
Instante etéreo
Me apetece escribir,
desangrarme entre letras.
A balazos y a ratos,
me muero por besarte en los labios.
Derrapando en un tiempo inerte,
tirándolo todo a la suerte
dejándome llevar,
y si eso, ya.
Un mañana que nunca llega,
un presente que no se vive
y un dolor interminable
resurgen día a día
al mirarme al espejo
y reflejarme sin querer
en una brevedad
siendo el instante etéreo.Horizonte salado
Necesito mar, mucho mar.
Y sal y lamerme los labios y estamparlos en los tuyos. Con mi vestido amarillo, desnuda de dudas y miedos, sentarme a tu lado en la orilla. Mirar el horizonte, y luego observarte. Sonreír. Vivir a base de risas en el corazón que late enamorado de la vida, de ti, de mí. De todo. Lo más hermoso es eso: ser en gerundio y amar.
Qué paisaje,
ahí.
Un cuadro pintado a verbos, a tiempos, a latidos. Sin pintura, solo con los sentimientos encuadrándolos en un momento inédito y lleno de nosotros.El cielo
Ansiamos un cielo,
otro distinto.
Más eterno
y menos breve,
para introducirnos en él,
acariciarlo con el corazón
y dejar de ser noche.
Comenzar a vivir
en gerundio
y a cámara lenta.
Retroceder y rememorar
aquellos momentos
instantáneos,
escopeteados a balazos.


