Etiqueta: blog literario

  • Toc, toc, ¿Hay alguien ahí?

    El eco de mis pensamientos suena en la oscuridad de la noche. Atardeceres negros, pero llenos de estrellas. Son ellas, llenas de luz en su mirada, y en el corazón. Dos instintos, un café y la sonrisa ladeada. Dejarme estallar. Bombardearte a preguntas inéditas, las que jamás irán más allá del umbral de mi boca. Un mar de dudas abunda en mis ojos. Tempestad y dolor. Los colores están deshaciéndose con el agua que reside en mis pestañas que se marchan en un velero y me dejan en la deriva, ahogándome en mi propia herida. Si hablo de cicatrices me recreo en estas. Me destruyen. Me gusta torturarme a corazonadas que rebosan la nada. Aún así, toc toc, ¿Hay alguien ahí? Porque creo ser feliz.

  • Queriéndome

    Bonito día se quedó, será que es martes. Y un amanecer del otro viernes. ¿Vienes? ¿Nos echamos el café por encima? Que estoy cansada de tanta vida. Quiero quemarme y salir a surfear entre las nubes. Los inicios de semana van cuesta arriba, y suman días. Justamente hoy soy libre. Me estoy comiendo el final feliz porque lo construyo de suspiro en suspiro y tiro porque agarro el dado y me lo como a bocados. Soy alas, viento y la bruma espesa del cielo de ayer. La lluvia ya sube en vez de bajar. Y joder, qué bien se siente tocar de pies al suelo, sin arrasarlo y con instintos de saber que estoy pintando mi libreta, aquella negra, desgastada y con la goma floja (que afloja), llenándola de semillas. Siento que crecerán, que florecerán. Tiempo atrás morí y otro golpe suicida ya no habrá. Seré mi propia flor, algún día. Lo sé. Después de tantas lágrimas con llamadas de emergencia ahogadas en silencios y mucha sequía, llegué. Me encontré, me derrumbé y, ahora, estoy tirándome pétalos hacia mi ser. Se le dice: queriéndome.

  • ¿Tu vida es como la imaginabas hace un año?

    Sinceramente, no. Está bien y mal a la vez, quiero decir, es mucho mejor de lo que esperaba y, al mismo tiempo, no es del todo como la imaginaba.

    ¿Por qué?

    Voy a hacer un análisis introspectivo.

    El primer recuerdo que me vienen a la mente solo pensar en enero es un curso on-line al que me subscribí. Es el hecho de la frase que me dije, autoconvenciéndome de que me apetecía hacer el curso, pero como tenía por delante un año entero, lo fui dejando hasta del día de hoy. Bueno, sigue a medias. Y con ello, todo lo que me propongo nunca lo termino.

    El curso va de cómo escribir una novela paso a paso. Aunque, desde mi perspectiva, debería explicarme, la vida, cómo vivir. Más concretamente, cómo hacer aquello o lo otro.

    Luego ya no tengo más imágenes esclarecedoras. Simplemente tengo sensaciones. Ha sido un año intenso. Muy brusco. He recorrido recovecos de mi ser que anteriormente no hubiese reconocido. He detectado algunos desagües, deteriorados por el tiempo donde la causa fui yo. Vivir y morir a partes iguales. Desvivirme, sufrir por todo lo alto y regresar al suelo para quererme, para cuidarme.

    Sí, ha sido hermosamente doloroso. Reencontrarme, digo. El año entero ya es otra cosa, un viento distinto, quizás.

    Tengo que reconocer que he leído escasas páginas de entre los libros que me quedan aún por saborear. Aún así, me he relamido las heridas. Demasiado, creo. Hasta tal punto que las he dejado en blanco y he sido incapaz de encontrar el porqué o, mejor dicho, el para qué. Por ese camino sí, sí que me leí. Lo sigo haciendo, pero lentamente porque no quiero asustarme, o despeinarme.

    Sentir consistirá siempre en enredarse con las palabras para después soltarlas del revés, incluso tragártelas y quedarse en un silencio inmensamente profundo. Y quedarse ahí por unos escasos meses. Estamos hablando de más de cuatro. Son numerosos días que duelen, que te marchitan y hacen que florezcas, pero ya, si eso, cuando sientas que estás, que todo es presente. Ni pasado ni futuro. Presente.

    Aquí estoy. Escribiendo barbaridades, y de emociones extrañas también. Fluí a contracorriente. ¿Cómo lo hice? Pues que me dejé engatusar por una ola que se empeñaba en arrastrarme hacia la orilla mientras insistía en regresar a un pasado. Me correspondió, pero en una verdad deshecha.

    Otro rollo, otro modo. Cada día que amanezco, florezco. Y aprendo. Muchísimo. El acto de analizarme me gusta. Solo fíjate en lo que ha salido de mis dedos. Ahora siento paz y una chispa de felicidad.

    Tengo hambre. De llenarme de ganas y de vaciarme de disgustos. Los escaparates están por estar y tú, ser humano, estás para escribirte de aquellas idas y venidas en un bucle imparable.

    Estás para ser una herida, plantar una sonrisa en la brisa de tus pestañas y correr kilómetros sin querer(te). Vas a morirte y a amarte en un vaivén constante. Despreocúpate, quiero decir, ocúpate en ser un torbellino de sucesos sentidos. Esto es lo que te hace real. Todo lo demás, sobra.

  • Me siento bien

    He visto cielos y qué profundos son. Se rompen en el precipicio de la nada, regresando para vivir, o morir más. No sé. Sigo, pero no sé. Pierdo el tiempo, ya no invierto. Aún así, bebo el agua salada que emana de mi piel. Me siento bien.

  • Mi lugar existencial

    He dejado de escribir(me), quizás, a causa de sentir demasiado. Tal vez por desvivirme constantemente. La probabilidad de saber el motivo ha desaparecido. ¿Estaré en un bloqueo vital? Sí. Hace dos noches atrás, después de conversar conmigo misma, mirando en el espejo mi reflejo, una luz se iluminó en medio de la oscuridad. Me saqué de la duda, del bucle sin salida. Toda la vida me refugié entre libros y palabras que salían -y siguen saliendo- escopeteados de mi ser.
    Me disculpo. De mí para mí. Me pido perdón por todo el daño que me causé. ¿Comprendes que si me hubiese querido un poquito todo hubiese sido distinto?
    La vida es realidad y vaya si jode. Te hace estallar. Explotar sangre. Morir y morir. El vacío que experimenté y que, paulatinamente, se va llenando de silencios agujereados. Han sido todo lo que callé por miedo a escupir(me) verdades tan sinceras.
    Empiezo a quererme. Una gotita de amor está cayendo hacia dentro.

  • ¿O creemos que estamos queriéndonos?

    Abro los ojos, estoy pisando dos cafeterías al día. ¿Qué me sucede? Pues que estoy muriéndome en vida. A ras del suelo van mis alas, ya rotas y desgastadas. Aún así, me miro en el espejo y, por fe, lo único que veo es una sombra que traspasa mis luces y se carcome mis ganas. Ayer tuvimos sexo. Fuimos carnívoros. ¿Nos estamos queriendo? ¿O creemos que estamos queriéndonos?

  • Un simple cruce de miradas

    A veces necesitamos un simple cruce de miradas, un «lo estás haciendo bien», que nunca llega. Nos arrastramos por el suelo, vamos cayendo caricia a caricia por un precipicio infinito de dudas. Las cicatrices ya no duelen. Somos inmunes, eso creemos. Creamos sentimientos -sangrientos- que surgen de la nada y, esta, se convierte en todo. Cuando eso pasa, la vida ya ha pasado.
    Se ha volatilizado.

  • Hablando

    Hablo mucho de este tiempo verbal,
    inédito para mí.
    Y de lo poco que soy presente
    -distante-
    dejo de serlo.
    Qué brutalidad:
    el extremo de cada emoción.
    Cerrar de un portazo
    el corazón
    en un momento de dolor.

  • El insecto

    ¿Te has mirado alguna vez?
    La miseria que desprende tu vida, y tú.
    De humana tienes lo mismo que yo de soberbia.
    Estoy sentada, y me siento mal. No es por ti, es por mí. El hecho de que me duela. Tengo que, simplemente, aceptar e ignorar. Pero ese sentimiento que se incrusta como un insecto pica. Y rasco y sigue picando. Qué asco.