Se puede romper la regla del amor porque tú has roto la mía.
Y que alegría.
Categoría: Escritos
Compararse para estrellarse
¿Sabes qué me pasa? Que veo mi alrededor, lo observo, lo escucho y lo comprendo. Y entonces se me atraganta el miedo en la garganta porque me está advirtiendo todo lo que puede pasar. Y no quiero pensarlo pero a veces me pongo melancólica, y lloro. Y el llanto me va carcomiendo las entrañas. Y las dudas amanecen en mi mente.
Precipicio
Arroparme sola y que me dejen caer. Estamparme contra una pared y sentir la soledad entre la multitud y, aun estando tus amigos, sentirte que no perteneces en aquel lugar. Desear, con toda tu alma, que quieres que esté allí, pero no está. Y te derrumbas desanimándote. Aun así eres lo suficientemente fuerte para aguantar todo el dolor. Resistir y sufrir. Que aunque no lo parezca aquello que más te mata te lo guardas y explotas al llegar a casa. Y que tu hermana te pregunte qué le pasan tus ojos… Pues que están llorosos. Que ya no soportan más y han explotado. Y te preguntas cuándo encajarás, cuándo te encontrarás, cuándo vivirás realmente. Cuándo serás absolutamente tu misma. Cuándo dejarás de arrastrarte por los demás y dejarás de que te absorben. Cuándo comenzarás a vivir realmente. ¿Cuándo?
Floreciendónos
Florecimos en invierno.
Así fue,
un beso encanelado en un lugar marchitado. Las estrellas nos miraban des del cielo. Que envidia nos tenían. Que celos sentían.
Y nosotros, amantes del peligro, nos tiramos, juntos, por el precipicio del amor. Sin dolor, sin frenos.
Somos arte
Sentirte,
tocarte
y acariciarte.
Morirme por tus besos
y tener un acto de fe al ver tu mirada.
Porque cada instante en ti,
es vivir.
De formas distintas,
de perspectivas,
de miradas.
De flores sin marchitar,
de no caer
de reivindicar nuestro placer
en un acto sexual.
Porque somos aire,
océano
y tierra.
Somos, amor, arte.
Mi vida contigo
Soñaría con estar tocando el cielo con la cabeza mientras mis dedos de los pies rozan la hierba verde y tú alcanzas una flor para regalármela. Soñaría con olfatearla y sentir el tacto de tu mirada observándome. Sintiéndome serena, completa y, sobretodo, hechizada. Porque soñaría con tenerte a mi lado el resto de mis días.
Marzo
Aquella noche en el coche te dije: «Que cuando digo que te quiero, te estoy diciendo que te quiero para amarte». Luego me besaste dulcemente y pasionalmente y caí rendida allí mismo. Porque nos quedamos mirándonos y, entre la oscuridad, se me cristalizaron los ojos mientras pensaba «Eres poesía, eres arte». Observaba tus ojos, brillantes, anhelantes y reveladores, los que contemplaban, deseosos, mi rostro. «¿En qué piensas?» Te pregunté. «En muchas cosas.» Me respondiste sin dejar de acariciarme con tu mirada. Tenía miedo porque te estaba sintiendo muy adentro mío, en el alma. Me estaba enamorando cada vez más de ti, por cada segundo que pasaba. Y aquello se podía convertir de repente en dolor.