El trabajo de mis sueños es poder vivir de la escritura. Mi deseo sempiterno es seguir escribiendo y leyendo sin detenerme hasta mi muerte real, porque, de morir, he muerto unas cuantas veces. También he latido sosteniéndome a un vacío hueco y he bailado de su brazo, hundiéndome y saliendo a la superfície de sus jodidos altibajos, de sus quehaceres cotidianos, llenos de roturas, de cicatrices y de heridas que van sangrando de vez en cuando. Entre las nubes y las ramas, que son raíces, a ras del suelo. Y dime, ¿Qué sería de aquel ser humano que todavía vive por vivir, por amor al arte de andar? Créeme, todos nos hemos suicidado en vida más de dos veces. Y, aún así, mi sueño sigue brillando entre un océano colérico, oscuro y lleno de suciedad. Le dicen pulcritud o, quizás, es aquel latido tan sutil que, hasta que la mente no hace un «click», un cambio de chip, se queda ahí, entre la boca del cielo y del infierno, derramando lágrimas sacas. Pero yo he venido aquí a narrar el trabajo de mis sueños y la realidad está superando la telenovela montada en mi cabeza loca, llena de barbaridades, de desilusiones paranoicas. Porque la ficción es que mi corazón sigue latiendo a mil por hora cada vez que una idea cabalga en mí para luego convertirse en letra, en palabra y en verbo. Para, en definitiva, ser acción, ser un estallido y la singularidad personificada. Denominándose, así, el término, como el arte de la creación. Ven, quédate y ama mi caos.
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¿Huimos?
¿Qué escribo? Me desvivo. Un dolor, otra forma de olfatear la muerte. Desde el infierno y arrastrándome. Aquí, ahora. Quiéreme bien, deséame. La ilusión, dos hechizos -eternos- y la ceniza fugándose. Para incendiarse, antes tuvo que marchitarse. Hablaré, después, de mi ser. Me apetece poco. Quiero un hogar lleno de besos, ¿sabes? Los quehaceres del día a día son los típicos de un amor sano. Bueno, deberían serlo. Porque tantos abrazos vacíos, que se sirven solos, son como cafés fríos. ¿Huimos?
Otro texto, ¿El último?
Se me cayó la venda. Joder si tenías razón, se me ha roto el corazón. Lo sé y lo siento. Siempre fuiste tú, real. No sé, me duele pensar que esto se termine. Me duele más no quererme bien. He sido frágil tanto tiempo. ¿Sabes qué? Me merezco, me necesito. Quiero quererme. Roturas, heridas cada vez más profundas. Las tristezas se me comieron entera y soy la depresión personificada. ¿Algún día toda esta miseria acabará?
Tenías razón: me enamoré de una ilusión, de un ideal subido en tal pedestal… que ahora que ya te bajé, veo la realidad. Y siento que el amor es desamor. Entonces, irradia el dolor.
Quería que me quisieras a mi manera, pero esta premisa jamás será posible. Será siempre ficción.Si pudieras «desinventar» algo, ¿Qué sería?
Desinventaría el dolor que va incrustado al desamor. Desconectaría la forma en que se ama del revés, a los corazones tóxicos. Y, luego, inventaría un amor sano, sin heridas ni cicatrices aún por curarse. Sí, porque es doloroso.
El desamor es como una patada en el trasero una y otra y otra vez. O como ir cayendo al vacío para después convertirse en este mismo.
Quizás o, mejor dicho, probablemente otra persona hubiese elegido desinventar otra cosa. Yo voy por el lado de los sentimientos, de aquellos que, no sé cómo, huyo. Intento salirme de esas emociones tan quisquillosas… Intento ser paloma que vuela para acabar arrasando el cielo en mi contra. Para terminar arrastrando mis alas, rotas y desgastadas, por el suelo del infierno.
¿Así funciona el desamor? Así va, por encima de todo, y viniendo. Regresando, siempre.
¡Choca esos cinco, dolor! Estás de lujo conmigo, estás en tu mejor momento. Celebrando, doliéndote y brindando tus quehaceres cuotidianos a todos los seres muertos y que siguen viviendo. Bienvenido, te abro los brazos. Abrázame y duéleme de la forma más triste y rota que sabes.
Caída la venda, roto el corazón
¿Cuándo comenzaste a desenamorarte de mí? ¿En qué momento? ¿En qué día empecé a bajarte del pedestal? Escalón a escalón hasta la desilusión. Ahora eres real. Quiero cegarme por amor, que continúes siendo un personaje ficticio porque darse de bruces contra la realidad me está doliendo más de lo normal. ¿Cuándo he dejado de enamorarme de ti? Te veo, tú. Siempre fuiste tu mismo, en todo tu ser. Elijo, ¿El qué? ¿Seguir queriéndote así? ¿Y si me amo? Me estoy rompiendo. Dicen que es porque floreceré. ¿Cuándo?
¿Qué has aprendido del amor?
He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.
¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?
Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:
¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?
¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?
¿Y de dónde surge?
Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.
No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?
Dialogando con el café
Simplemente quería un café y charlar, yo qué sé, de la fe. Reírnos un rato (largo), que quede constancia de nuestras sonrisas. Bueno, aquí estoy: tomándome la fe sola y dialogando con el café, ya frío. Ya roto y vacío. Quiéreme, digo, creemos juntos. Estamos más separados que nunca. Duelen, mis alas están quebradas. Mi mirada habla sin querer. La esperanza se deshace.
Debería aprender de la vida, de mi misma. Debería. Solo es enero, uno eterno. Destruirme para volver a florecer…, ¿O es que siempre me marchito?
Los pétalos van cayendo,
van muriendo.¿Eres creativo/a?
Sí, porque invento historias, buceando entre las nubes grisáceas de mi corazón, cuyo va bombardeando hechizos rotos. Porque vivo más en mi mundo imaginario que en el mundo terrenal. Ya no toco de pies al suelo, vuelo, vuelo. O nado entre las olas coléricas de mi mente. Y me gusta serlo. Adoro mi caos. Es algo que lo llevo en la sangre. ¿Contagiaré el arte? ¿Contagiaré mi arte? ¿Acaso inspiro? Me deleito entre las letras, levito gracias a la literatura ya sea de otros, o mía. Es cierto que últimamente he dejado de escribir(me). Quizás es que estoy en otra fase lunar. Ya no sé si las flores se marchitan o provocan mi deterioro. Solo siento y voy haciendo.
¿Y tú eres creativo/a?
Si puedes inventar, crear, creer y florecer y a la vez marchitarte. Si puedes cantar, bailar, escribir y volar. Ser pájaro enjaulado y, luego, en tu propio arte, sumergirte en una oscuridad profunda e intensa, entonces sí. Lo eres.
Hoy es uno de estos días sin el arte enganchado en mi paleta de tonalidades negras. Mi corazón. Es cierto que escribo, que dejo moverme sobre la nada. Hoy estoy fluyendo porque estoy agotada. Mis días cada vez son más pesados y debo hacer tantas tareas… Pendientes y precipicios. Una agenda con mil anotaciones para, luego, acabar deshaciéndome en la cama. Durmiendo, soñando. Al fin y al cabo, lo que más necesito actualmente son ensoñaciones para sostener mis recuerdos y mi ser. Mi sed, mis ansias, mis ganas de vivir la vida.
Valórame más
Ni Romeos ni Julietas.
Quiéreme bien.
Quiéreme de forma sana,
por favor.
Pero es que si se lo pido al cielo,
¿Qué sentido tiene?
Ninguno.
Es triste,
pero está siendo mi realidad.
Duelen,
las corazonadas,
las emociones,
que se rompen como las olas,
quiero decir,
en contra del viento,
y de tu voluntad.