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  • Al vaivén del desamor

    ¿La verdad? Siento que me he desenamorado de ti, siento que se han caído todas las ilusiones. Me siento culpable. He intentado volver a construir, reparar, meter los «te quiero» en el corazón, y solo caben en aquel rincón, metidos, todos, dentro de un cajón. Y ya no puedo más. A causa de ello me estoy rompiendo a pedazos cada vez más diminutos. Soy la tristeza personificada. Voy bailando con ella al son del desamor.

    Y, me cuestiono, ¿Qué es el amor? ¿Para qué querernos? ¿Por qué nos amamos? Siento que ya no siento. La nada, tabula rasa. Un vacío, y otro y otro y otro y se van juntando y a pesar de tantos lloro internamente. La sequía, cada noche, se manifiesta. Créeme, me voy a crear, pero a va ser sin ti porque he dejado de quererte.

  • He muerto

    Voy mareada por mi existencia vital, pues mis alas, saciadas, y todos los pétalos, rotos, y vacíos, se han ido. Tanta sed y, al final, ¿Para qué? Para perderse en un bucle continuo y a rebosar de sequía. Desubícate, esta es la respuesta a todas tus cuestiones que van saltando en tu cerebro. Después, quédate agárrate, aférrate y abrázate con un tipo de cariño inédito, pero sincero.

    Porque de café a café voy perdiendo la fe. Un, dos, tres, reírte del revés. Precipicio ven a mí, ¿O me transformé en este y aquel y el de más allá? Supongo, por colocar alguna palabra absurda, que el pasado tan lejano aún late: se sigue escribiendo. El bolígrafo va dudando entre las certezas y las verdades. Las mentiras escupen realidades a mares. Bueno, enamórate, o enamórame. Bésame los destellos tan rotos, las ojeras ya aburridas de un cansancio inagotable, indesctructible, y sobretodo las alas de mi reflejo. Es que, es que…, de pretexto a paratexto en un bucle y tiro porque me alejo de las sombras. Aunque no lo parezca, me asemejo al reflejo del que todavía le falta latir. Otro partir, irse del poema enfermo, o convertirse en la lírica que está ya fuera del combate. Clavarse la bandera en el pecho, plantar la tristeza en una propia rareza.

    Quédate.

  • Hay días

    Hay días que una se siente rota y cansada. 

    Hay días que una quiere ser arropada.

    Hay días que simplemente queremos que se nos escuche. 

    Hay días grises,

    hay días ennegrecidos.

    Y hay días aún por pintar,

    aférrate a esos,

    como un primer aliento para empezar,

    otra vez,

    queriendo, así, con impulso.

  • Eso que siento es ilusión

    Ahora, estoy en una incógnita, y dentro de un cielo estrellado, y yo, emocionada por algo que aún no sé qué.

  • La sonrisa irónica

    La sonrisa se tira por el precipicio y ahí levita, allá ríe a carcajada limpia, ensanchada de una brevedad inédita, y escandalosa. Solo queda la rosa, escueta y sola y llena de soledad. Repiquetea, tanto, entre sus pétalos ya muertos. Hablando de tan pequeñas heridas no queda otra, no… Los pliegues están demasiado afilados, su abstractez deslumbra mientras van cortándose, arriesgándose.

    ¿Qué es el amor ajeno? ¿En qué consiste? ¿De qué va? De cólera, o colorado, vuelta al inicio. Se han descosido los hilos, desgarrados los dolores. Cómete la tristeza, me suelta el bombazo la alegría. Vaya ironía más rara.

    Cuestionándome, sentándome, y asentando el corazón que ya se esfumó de mi ser me vuelco en mí hasta dejar de latir. Voy sufriendo porque ya no existe otro fin; intento dentro del acto de intentarlo… y termino derrapando, surfeándome entre los huecos de mi queridísima rotura al borde de la dulzura amargamente descosida. Estoy ida: quiéreme, pues ya ni sé.

  • Apreciando mis recovecos

    Una mañana, saldré y me regalaré unas cuantas flores y, entonces, sabré, que me estaré queriendo para amarme. De mientras, solo llueve.

  • Días muertos, o vivos

    Días sin escribirme, recreándome en otro tipo de placer angustiado. Aquel vaivén: ir, venir, ir yéndome; ya me fui. Soy, ahora, una rosa. Ni marchita ni florecida. Solo creciendo mientras se ensancha, así, impersonalmente sin mente, siendo alguna demente. Estoy agotada de describir(me) siempre sobre la misma, y mísera, mentira, que ya ni se la cree la vecina. Al final, sin querer, soy yo o la del espejo, translúcido reflejo. ¿U ópaco? Lo que acaba, culmina y termina siendo algo indescriptible. Después de tantos segundos, regresé para ir perdiéndome, ahuecándome en otro tiro y afloja porque ¿Queda de algún intento más? Estallar del revés. ¿Ves? Hablo de los pedazos, de los cristales vacíos de lucidez. Voy tarde, como siempre. Cuando puedo, y porque quiero, todavía sigo aquí, en el querer -fallido- de alcanzar el tren. ¿O era que debía dejarlo fluir? Quizás así me iría mejor? ¿Porque en vez de derrapar por el infierno estaría desencajándome por los cielos, desubicándome? ¿Acaso serán los recovecos internos? Yo digo que sí.

  • ¿A dónde?

    ¿Y a dónde vas cuando no puedes huir de ti misma?

    A ningún lugar, porque te quedas, ahí, recreándote en tu propia miseria.

  • (Des)dibujándome

    Estuve tantos minutos -míseros- sin prestarme, sin echarme atención que culminé en la creación sin canción. Entonces, recreo, rememoro. Punto y final con final. He sentido que te he querido tanto que me merezco un tipo de amor distinto. Ya no quiero ni tus caricias, ni tus palabras ni tampoco tus mentiras endulzadas de sobredosis aromática, y romántica. Me quisiste tan raramente, una dulzura fría, congelada. Porque creí que estabas llevándome a casa, y se ve, deduzco porque sí, porque he visto en mí, que jamás seremos hogar. El atardecer más caluroso, y hermoso, siempre comenzará aquí, en mi latir. Inicialmente respiro. Salgo a la superficie: ya dejé de ser la brubuja que flota como puede, como surja, y sobrevive porque ya no se sabe derretir en el otro lado de la ceniza en ruinas. Estallé. Ahora estoy fusionada, quiero decir, realidad y verdad dejaron de mirarse en el espejo vacilándose, pues no son reflejos sino destellos, son sinceros chispazos de un brillo racional, y descomunal. Lo denominado como que me convertí, al fin, en algo brutal. Estoy animalizada. A cachos -charcos metalizados- de hipérboles regreso en mi ser y, en vez de caer, camino sabiendo seducirme comprendiendo los pasos que voy haciendo. Y, y, me quiero. Sí, lo estoy sintiendo, ese acto tan hermosamente personificado en la flor de la pupila, de mi vida.