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  • ¿En qué consiste quererse?

    En caerse continuamente sin querer, en tirarse por el precipicio de tu corazón y estallar, o estrellarse, en la penúltima coma del párrafo.

    Quererse, o deshabituarse para regresar con un impulso desde el revés, es eso. Tiempo atrás, por no decir años, estuve estancada, atragantándome siempre en el final que fue otro inicio, porque hay veces, y ya.

    Entonces, un momento en cualquier día esporádico de tu vida, la cabeza, la tuya, hace un click y no una sola vez, sino varias hasta que el click estalla de una forma abstractamente tan fuerte, tan arraigada y al mismo tiempo alejada de ti, que sellas el punto final de tu etapa pasada.

    Estás en otro quehacer, en un nuevo tiempo inédito.

    Y en esto, justamente, consiste quererse: en dejar de quererse. Hemos creído, o nos han hecho creer, que quererse es querer quererse, y no. ¿Cuántos intentos hice por querer quererme y al final culminé desocupándome (de mí)? Necesitas clicks en tu vida, que tu mente haga un tabula rasa, arrase y se reinicie.

    Sé que es complicado, que cuesta arriba, pero cree en ti. Y créetelo mirando hacia atrás para aprender cómo eras y cómo quieres seguir siendo o querrías llegar a ser. Consiste en dejar, mejorar o iniciar.

    Por ejemplo, gracias a la escritura, hubo un texto que decidí leerlo, después de haberlo escrito hacía meses. No fue el hecho de leerlo sino de analizarlo y, por consiguiente, verme a mí en un pasado. Y, oye, se sentía mal, fatal, pero el acto de haberme descrito y poder haberme comprendido en mi yo-poético antiguo hizo un minúsculo click aquí, en mi corazón: estaba empatizando con la Anna del ayer.

    Cuando me miré en el espejo dejé de ver reflejos y empecé a verme a mí y, aunque tenía aún muchos clarobscuros, pude alimentarme de una sensación tan simple que me inicié en la honestidad conmigo.

    Paulatinamente, a ras del reloj, dejé hundirme en mis propios textos: estaba comprendiéndome. Estaba entendiendo a un yo que jamás se puso a leerse entre líneas. Se sintió bien, por eso, a día de hoy, sigo haciéndolo…

    Me raspo las rodillas, me rasgo las costillas, ahondo en mis líneas descosidas y las deshilacho aún más, porque a garabatos y con saltos directos al vacío, regreso todavía siendo otra. Me encanta.

  • A pesar de todo, el amor…

    A pesar de todo, el amor, ¿Qué es? ¿Se comerá a bocanadas de aire? La nada… ¿Se construye con un cúmulo de vacíos inéditos? ¿Se envía a través de aviones de papel? ¿Viaja y desemboca tirándose de cabeza al océano? El mar, de dudas, se lo comerá con sus sombras oscurecidas, de un tono de azul arrugado. Después de la pregunta, aparecen -a borbotones y de forma dispersa e impar- las demás, que son eso: las restantes, las que sobran pero aguantan. Se sostienen en aquel agujero que hace equilibrismo con otros huecos. Se mantienen entre ambas cuerdas. A posteriori van viniendo las verdades, que brotan a escopetazos. Los balazos han dado en los dos clavos exactos. Y no, no se saca uno con el otro, pues se ha clavado tan adentro que muerdo el hierro y me convierto en polvo. Tiempo atrás estallé y vovleré a explotar. Soy una chispa que con colocarse cerca del fuego se incendia la hoguera. Aunque siempre fría por fuera. Los astros, si escribo de ella, la estrella más bella; ha muerto unas siete o trece o veinticinco veces. Dará lo mismo. Y punto final. Casi.

  • A día de hoy soy yo

    Ir yéndose, y vaya formas y qué ganas, sí, de ir yéndome, así, tristemente, mientras el vaivén de la nada y el bucle continuo de quebrantamientos inéditos van naciendo de la deriva hacia la flota marina. Se quedan allá, o aquí. Me derrito, es otra forma de latir, o de surgir entre las flores -marchitas- que van abriéndose paso entre el cielo ennegrecido, ahora, el que se va ocultando al ritmo de las palpitaciones serenas de mi corazón.
    ¿Qué te sucede? O, mejor cuestión, ¿Qué te está pasando? Que la vida ha dejado de petarse los pasos para comenzar a pasearse, que ha dejado de pasarse para pasar, de mí y, terminándome a sorbos muy queridos, he culminado en el auge de mi autoestima.

  • Otra forma de suicidio

    Querido diario, me estoy perdiendo de una forma tan descomunal, tan extraña, que muero una y otra y otra vez. No puedo más. Estoy agotada. Cansada de vivir y de la vida y de todo lo que rodea a esta. Y me quiero suicidar o, escribiéndolo de manera más sutil, quiero desaparecer. ¿Irme? ¿Pero a dónde? ¿Esa sería la solución a todos mis problemas?

    Siempre, la mayoría de gente, que son chusma, porque la sociedad se los ha comido, para luego vomitarlos ya transformados en aquello inútil, superficial, dicen, dicen quiérete. Y yo les respondo con otra asquerosa cuestión: ¿Cómo?

    Explicádmelo de una jodida vez. Estoy hartada, saciada de tanta soledad que solo quiero partirme, o dividirme, el corazón. Provocar su estallido así, de repente, y ya.

    Perdóname, sí, por ser tan directa, tan precisa, tan concisa. Y poco perspicaz. Ya que estamos: gracias. No sé, yo te lo suelto y ya si eso, ¿No?

    Debería hacer… tengo tantas cosas pendientes, entre ellas ir queriéndome que solo sé romperme mientras voy descendiendo por las calles. ¿Me explico? Mientras mis pedazos de mi jodidísimo vacío, cada vez más pequeños, más diminutos, van chocando entre ellos y, luego, luego se mueren más. Se agujerean aún más, si cabe posibilidad alguna.

    Quiero paz y amor y salud. ¿Eso existe? ¿Esas tres sustancias abstractas pueden existir al unísono? Ni puta idea, tampoco tengo ganas, pero estoy hasta el coño. Sí. Así que, bueno, ahí sigo, levitando entre la cuerda que se tensa y, yo, que me aflojo a lágrima viva, y seca, muy seca.

    Si no entiendes por dónde voy, simplemente quédate ahí, conmigo, en el suelo. Siéntate a mi lado mientras me ves caer, y léeme. O, bueno, enciéndete un cigarrillo. No, no lo quiero, fúmatelo tú, porque yo ya me fumé mi jodida vida tiempo atrás y por eso me he convertido en un agujero de donde cuelgan otros vacíos tan huecos. ¿Sabes? Necesito a alguien, o algo, si existiese, que me escuchase, y ya, aún sin comprenderme. Que me mirase a los ojos, ¿Los ves? Llenos de destellos sin esperanza, se van deshaciendo… se marchan, machacados por todo el peso que todavía siento dentro. Ya marchitada, solo queda florecer, ser. Pero, ¿Para qué? Para descender otra vez, y otra y otra y otra. Joder, que la marea me marea. Soy yo la ola colérica, por eso ese vaivén en constante movimiento circular, en un bucle que solo hace que derribar toda la miseria interna. De espejo a reflejo, me dejo la cadencia en otro charco, que se ennegrece. Ahora, me transformo en la nube grisácea, y créeme, es una explosión que detesto.

  • Oye,

    bésame las entrañas que no están húmedas, pero conquístalas con besos enternecidos: quieren amor. Las ojeras, los latidos y cada una de mis sonrisas bailan al son del corazón: se están queriendo para amarse. Me voy a quedar sin latidos de tanto ir armándose. Qué vaivén más sencillo, solo consistía en dejarse ir de forma vertical, que para caer de cabeza al suelo están los sueños rotos. Cómete el miedo, tiene un sabor espeso, está bueno. Al final resultó que eran bocanadas, ¿Sabes de qué? De aire y, léeme, huelen a colores. Ahora soy inmensa: caparazón, razón y el reflejo del espejo somos infinitos. Sencillamente, una (sombra). La escopeta es innecesaria, las balas tampoco las quiero. Con la libreta llena de garabatos, una vida con encanto, las nubes estallando… ¿Para qué quiero siete vidas como la de los gatos? Si ya siento, si ya estoy viviendo intensamente: en una he metido las ocho, incluyendo la muerte. Justo, en el otro momento, el del lado izquierdo ¿O era el derecho? Se me metió adentro una pestaña, spoiler: es la de la suerte. Posdata: me quiero con intención.

  • Por el precipicio

    Hay veces que cuando estoy caminando incluso me cuestiono cómo lo hago, sí, eso de poner un pie delante del otro y aún así no caerme aún así cayéndome.

  • ¡Hey!

    ¿Ya conoces mis libros autopublicados? Si te interesa, ¡sigue leyendo!

    Mañana Aurora estará gratuito… ¿Te unes a la locura?

    Y a continuación mis otros dos libros: el poemario ¿Te puedo escribir algo? y Descendent, una novela paranormal.

    Pd. Gracias por leerme, ¿Te animas a que yo te lea? Déjame en comentarios tus obras literarias, ¿Te unes al caos?

  • Floreciéndonos

    Me apetece escribir, pero no tengo el cómo y, para el colmo no lo logro alcanzar. Vaya desazón. Voy desganada. Sin actitud ni virtud, En contra de mi misma tiro, y la cuerda se afloja. Estoy colgando de un limbo. Me morí el otro día. Vaya cosas, ¿No? Es, supongo, irse para luego estrellarse y que estas salten para que terminen ahogándose en el triste mar de dudas. Se transformaron, evolucionando, cayéndose, yéndose, quejándose; un largo etcétera. ¿Nos vamos? Sí, yo qué sé, a dejarnos latir, a que nuestros seres vibren, y brillen lo suficiente para quedarse aquí a quererse. Voy ajetreada, como siempre, pero ya estoy agotada. Aun así, hay alguna novedad que se estanca en mi garganta. Hasta que no se tosa -me dio por la impersonalidad-, quiero decir, cuando aparezca el momento pues ya se ahorcará. Hablo del sueño, aquel lunático, muy empobrecido. Está quieto, deformado e inerte. Lo de intacto, ya si eso luego lo definimos. Oye, quiéreme. Me estoy desangrando por un agujerito. Quedo a la espera de tu voluntad por ir queriéndote sin desgarrarte a pedazos. De culetazos, y balazos, y así consecutivamente. Arréglame la artillería que pesa mucho, a toneladas. Porque se me fueron más allá del cielo, en el infierno, cada una de las lágrimas. ¿Viste mis ojeras? Mis ojos se deshicieron hace tiempo. Espera, que me vuelco en el pie derecho y recorro la carretera aunque esté rota o desigual. ¿Te apuntas? Te agrego a la lista de arrancarse los pétalos marchitos, que sino nos floreceremos.