Categoría: Escritos

  • ¿Cómo tratar la muerte?

    Han pasado unos días después de aquella mañana tan emotiva. Estuvimos haciendo manualidades. Entonces, se me acercó uno de los niños preguntándome si podíamos salir fuera de la biblioteca. Quería contarme una cosa. Susurrando, sopló el peso de las palabras. Arrastrándonos hacia una unión entre los dos: él y yo. Se me divide el corazón en dos. Acurruca su cuerpo entre mis brazos. Había otro niño aún más pequeño. Le digo que le abrace. «¿Cómo afrontamos la muerte?», Me cuestiono al segundo siguiente de besarle en la cabeza, como si fuese mi hijo. ¿Cómo le digo a ese niño de ocho años que así de cruel es la vida? Que un día estás, y al siguiente, ya no. Que todo lo imposible se cumple, pero que los seres humanos, no tenemos ese poder de curar o revivir. Así que le dije: recuerda a tu abuelo con alegría, celebra la vida. Porque él quiere que tú seas feliz. Y sí, tendrás momentos alegres y otros más tristes.

  • Queriéndome

    Bonito día se quedó, será que es martes. Y un amanecer del otro viernes. ¿Vienes? ¿Nos echamos el café por encima? Que estoy cansada de tanta vida. Quiero quemarme y salir a surfear entre las nubes. Los inicios de semana van cuesta arriba, y suman días. Justamente hoy soy libre. Me estoy comiendo el final feliz porque lo construyo de suspiro en suspiro y tiro porque agarro el dado y me lo como a bocados. Soy alas, viento y la bruma espesa del cielo de ayer. La lluvia ya sube en vez de bajar. Y joder, qué bien se siente tocar de pies al suelo, sin arrasarlo y con instintos de saber que estoy pintando mi libreta, aquella negra, desgastada y con la goma floja (que afloja), llenándola de semillas. Siento que crecerán, que florecerán. Tiempo atrás morí y otro golpe suicida ya no habrá. Seré mi propia flor, algún día. Lo sé. Después de tantas lágrimas con llamadas de emergencia ahogadas en silencios y mucha sequía, llegué. Me encontré, me derrumbé y, ahora, estoy tirándome pétalos hacia mi ser. Se le dice: queriéndome.

  • Me siento bien

    He visto cielos y qué profundos son. Se rompen en el precipicio de la nada, regresando para vivir, o morir más. No sé. Sigo, pero no sé. Pierdo el tiempo, ya no invierto. Aún así, bebo el agua salada que emana de mi piel. Me siento bien.

  • ¿O creemos que estamos queriéndonos?

    Abro los ojos, estoy pisando dos cafeterías al día. ¿Qué me sucede? Pues que estoy muriéndome en vida. A ras del suelo van mis alas, ya rotas y desgastadas. Aún así, me miro en el espejo y, por fe, lo único que veo es una sombra que traspasa mis luces y se carcome mis ganas. Ayer tuvimos sexo. Fuimos carnívoros. ¿Nos estamos queriendo? ¿O creemos que estamos queriéndonos?

  • Libro gratuito

    Buenas tardes, actualmente el libro «¿Hola?» está gratuito en Amazon.

    Gracias por leerme, ¡Nos leemos!

  • Un simple cruce de miradas

    A veces necesitamos un simple cruce de miradas, un «lo estás haciendo bien», que nunca llega. Nos arrastramos por el suelo, vamos cayendo caricia a caricia por un precipicio infinito de dudas. Las cicatrices ya no duelen. Somos inmunes, eso creemos. Creamos sentimientos -sangrientos- que surgen de la nada y, esta, se convierte en todo. Cuando eso pasa, la vida ya ha pasado.
    Se ha volatilizado.

  • Salir de mi ser

    Quiero salirme, no solo de mí, de mi ser, sino del bucle. Ahora está pausado, pero cuando siento y, luego pienso, muero (otra vez) sin querer(me). Y créeme que se hace cuesta abajo. Que estoy tocando con el rostro al suelo. Anhelo levantarme y caminar con algo que me palpite dentro. Me estoy autodestruyendo porque, se ve que soy adicta a recrearme en mis recuerdos más tristes. Cada quien con su propia mierda. Pues si emocionalmente me ves mal, cágate cuando te sonría. ¿Las ves? Está rota, y vacía.

    Estaré en una resaca sentimental del desamor, tanto ajeno como propio, que flipas, me observas y te marchitas. Si te marchas, planta la semilla por mí y riégame que, yo, ya no estoy para revivir. Vente cada dos días, así la espera se hace menos eterna y la esperanza aumenta.

  • Lo nuestro

    Que jodido, no el texto sino lo nuestro.

    Porque nuestro amor se sostiene con dos pinzas -tu corazón y el mío- en una cuerda floja que afloja y aprieta y desgarra los cuadros melancólicos del pasado, que ya ni cicatrizan, que ni se pintan. Están descoloridos.

    «Pero yo te quiero».

    «¿Eso qué tiene que ver?»

    ¿Que ver el qué? ¿Con qué? ¿Y para qué?

    Pues que se trata de que te estoy queriendo para amarte.

    Ahora están sonando las alarmas, los semáforos de la ciudad se ponen en rojo. ¿Será aquella señal de la esquina que me dice «Nena, frena»?

    Quiérete un poco, date amor. Valora tu tiempo, aprecia el cariño que has dejado de brindarte. Busca tu propio color. Tu arte, tu alma.

    Cuando me miro en el espejo, provoco ese mismo acto, y no me observo. Y lloro internamente y siento tanto que finjo.

    Sí, así te lo solté. De balazo en balazo y disparas porque te ha tocado ser arma.

    Soy la herida.

    Una vida falsa,

    una sonrisa intacta,

    pero hipócrita que se llena de mentiras,

    de desilusiones

    y de mucha muerte.

    Los muertos ya no son cenizas después de esto. El amor siempre será un hechizo sin polvos mágicos. Y, yo, bueno, soy de carne y hueso, aunque con líos y corazonadas que buscan, esperanzadas, otro espacio vital. Un hogar donde, al fin, puedan refugiarse.

  • Huyendo

    Me estoy escapando,
    de mí.
    Los colores descoloridos,
    el océano lleno de nubes flotando al son de la música.
    Las olas ya no bailan,
    la espuma ha dejado de flotar.
    Pequeña, pero también infinita y efímera.
    Duelen las palmas de mis manos,
    y las paredes.
    Corazonadas que están ahí y no se marchan.
    Son instintos o miles de vacíos juntos
    que se apellidan de ti,
    de ti,
    -de ti-.