Categoría: Escritos

  • Caída la venda, roto el corazón

    ¿Cuándo comenzaste a desenamorarte de mí? ¿En qué momento? ¿En qué día empecé a bajarte del pedestal? Escalón a escalón hasta la desilusión. Ahora eres real. Quiero cegarme por amor, que continúes siendo un personaje ficticio porque darse de bruces contra la realidad me está doliendo más de lo normal. ¿Cuándo he dejado de enamorarme de ti? Te veo, tú. Siempre fuiste tu mismo, en todo tu ser. Elijo, ¿El qué? ¿Seguir queriéndote así? ¿Y si me amo? Me estoy rompiendo. Dicen que es porque floreceré. ¿Cuándo?

  • Dialogando con el café

    Simplemente quería un café y charlar, yo qué sé, de la fe. Reírnos un rato (largo), que quede constancia de nuestras sonrisas. Bueno, aquí estoy: tomándome la fe sola y dialogando con el café, ya frío. Ya roto y vacío. Quiéreme, digo, creemos juntos. Estamos más separados que nunca. Duelen, mis alas están quebradas. Mi mirada habla sin querer. La esperanza se deshace.
    Debería aprender de la vida, de mi misma. Debería. Solo es enero, uno eterno. Destruirme para volver a florecer…, ¿O es que siempre me marchito?
    Los pétalos van cayendo,
    van muriendo.

  • Valórame más

    Ni Romeos ni Julietas.
    Quiéreme bien.
    Quiéreme de forma sana,
    por favor.
    Pero es que si se lo pido al cielo,
    ¿Qué sentido tiene?
    Ninguno.
    Es triste,
    pero está siendo mi realidad.
    Duelen,
    las corazonadas,
    las emociones,
    que se rompen como las olas,
    quiero decir,
    en contra del viento,
    y de tu voluntad.

  • Un proceso hermoso

    Sigo aprendiendo de mi misma.
    Está siendo un proceso muy bonito y, aunque doloroso, infinito de momentos llenos de algo que aprender. Y no sé tú, pero para mí la evolución de uno mismo no acaba y empieza al finalizar un año e iniciarlo sino que los pétalos van naciendo y muriendo en una vida hasta que nuestro cuerpo se enfría. Así está siendo. En un cerrar de ojos todo se esfuma incluso la espuma. De mientras, disfruta.

  • Vivir muriendo, o al revés

    Me apetece escribir(me), deletrear mi piel con el sabor de un chocolate caliente. Sentirme y al fin, desvivirme. Necesito irme, no de mí, sino de vosotros. De cada uno, y de ti. Quiero marcharme a otro lugar. Lo de marchitarme va por cuenta propia. Ahora mismo el ambiente está lleno de superficialidad. Carece de paz. Estoy fuera de onda ya. Literalmente, sentada en el váter del baño. Mi peor y mejor año. Voy de daño en daño y me tiro porque ha tocado el gordo:
    Que jamás volveré
    (a ser la misma).
    Quizás es que hay un color distinto, pero es un pretexto. Excusa tras excusa, escondiéndome detrás de una sonrisa pequeña, e hipócrita.
    Es 26, Anna.
    Deja de llorar y afronta la realidad.
    Y es que nadie te echará de menos, sino que tu misma. Llanto interno. Las palomas han volado y, aunque sufriendo, mueren viviendo.
    O al revés.

  • Incendios

    Me estoy dando cuenta de que todo mi vacío existencial comenzó en mi adolescencia y, ¿Cómo retrocedo o de qué manera puedo cambiar mi dolor por amor? Quiero decirle adiós a mi oscuridad, a mis deseos rotos y a todas las cicatrices abiertas. Puedo nombrarlas una a una y de mejor a peor.
    Una ceniza que se enciende,
    la chispa,
    la luna brilla en el cielo azul,
    pero está sola
    y vacía.
    Pero está sola y vacía,
    aunque llena de vida.
    ¿Será el primer pétalo caído la causa del cuadro descolorido?
    Porque apareció la compañera de por vida: mi queridísima soledad. Me quité el pecho entero cuando se introdujo en mí, cuando mis alas pesaban y las sombras se apoderaban de mis sentidos.
    Fui oscuridad,
    hoja seca en plena primavera
    y ola colérica llena de disturbios en medio de las calles de la ciudad ya anochecida.
    Dejé de sangrar,
    mis venas se congelaron hace años.
    Mis labios ya no pronunciaban sonrisas y,
    aún así,
    con la magia que hay entre mis ojos, cristalizados,
    amanecen las estrellas, bellas y,
    ellas, tan desdichadas,
    tan agarradas en almas muertas
    (ensombrecidas por morirse y revivir y regresar a las tumbas,
    vacías de ruido),
    que rieron hasta explotar y transformarse en rosas descompuestas.
    Créeme,
    todo se inició, así, sin fecha definida,
    todo se incendió en una vida incompleta.
    Sigo aquí,
    sigo aquí,
    aunque vuelvo a morir por mí.

  • Me voy queriendo

    Que lo entienda quien quiera porque estoy cansada de sentir tanto para expresar la nada. Es como hablar con paredes que aún siendo curiosas, por mala suerte, están vacías por dentro. Créeme cuando te digo que los sucesos se me vienen encima. Montañas de palabras se aglomeran en mi corazón. Quiere, Quiere salir, estallar, volar. Lo está haciendo latido a latido. Me siento y descanso. El arte bueno escasea. Los días se van. Se marchan, como yo de mi misma. Estoy floreciendo. Soy otra fuera de mi ser y qué bonito y bien se experimenta. Y qué mal se verbaliza, pero que sencillo es plasmarlo en palabras.
    De mientras me quiero.

  • ¿Cuántos colores hay en un enamoramiento?

    Hola ojazos,
    me estoy enamorando
    otra vez en gerundio
    y de la vida,
    de ti.
    Soy feliz,
    me ves sonriendo como una perdiz.
    El dolor se va,
    Hey, ¿Cuántos colores hay en un enamoramiento?
    Amor inalcanzable,
    es imposible
    lo nuestro,
    lo que corre por encima de una cuerda que no afloja,
    que se estira cada vez más.
    Quiéreme y, por encima de todo,
    bien.

  • Toc, toc, ¿Hay alguien ahí?

    El eco de mis pensamientos suena en la oscuridad de la noche. Atardeceres negros, pero llenos de estrellas. Son ellas, llenas de luz en su mirada, y en el corazón. Dos instintos, un café y la sonrisa ladeada. Dejarme estallar. Bombardearte a preguntas inéditas, las que jamás irán más allá del umbral de mi boca. Un mar de dudas abunda en mis ojos. Tempestad y dolor. Los colores están deshaciéndose con el agua que reside en mis pestañas que se marchan en un velero y me dejan en la deriva, ahogándome en mi propia herida. Si hablo de cicatrices me recreo en estas. Me destruyen. Me gusta torturarme a corazonadas que rebosan la nada. Aún así, toc toc, ¿Hay alguien ahí? Porque creo ser feliz.