Categoría: Escritos

  • Mar de sangre

    Quiero hablar contigo, contarte, llorar entre tus abrazos y quedarme ahí. Levitar entre llanto y lagrimales, las flores se caen. Me marchito, me marchito, papá ya he muerto. Me desmaié esta tarde, ahí, en mi cama, abrazando mi cora’ lloro otra y otra y otra y otra y otra vez. En bucle voy volando mientras arraso el suelo. Tengo a mi niña, que debo alimentarla de amor, pero es dolor. Amansar la tregua, quiero guerra y ser más y sentirme menos. Me quemo, me estoy quemando solo al ver la mirada con la que carbonicé, tiempo atrás, mi ser, mi alma. Córtame la fe, la esperanza, la ilusión que viene y se queda. Y se queda y me observa. Es distinto a otro día e igual a la mañana siguiente. Porque los amaneceres abundan, ¿Pero cuántos atardeceres quedan en este vaivén de cicatrices? Son heridas rotas, obvio, pero, triste, quieren seguir sangrando. Quieren… seguir, ahí, muriéndose en el mar del dolor.

  • Me gusta ser brillibrilli

    Me estoy acostumbrando a ti y me da bastante miedo, un vértigo irreconocible. Porque estaba rota, ahora me vuelvo loca. Y siento y pienso y quiero y piso, ¿El qué? Pues los pétalos muertos, caídos al suelo. Derramo, por el lagrimal derecho una emoción. Se sale de la norma, del montón. Caen, de las goteras de mi corazón, chispazos de felicidad. Es el brillibrilli de mi ser. Camino, joder, vaya forma de mover mis caderas. Muerdo el polvo, soy el fuego que aviva la llama. Levito, miro el cuadro de tonalidades hermosamente rotas. Me quiero, estoy queriéndome. Dejo atrás, en el pasado, las cenizas de lo que fui. Observo el reflejo en el ventanal entreabierto. Me detengo, saboreo el viento, el tiempo. Es otro paisaje distinto; la primavera florece al revés, de dentro hacia fuera y en un bucle contínuo sin querer. Por amor al arte, al mundo, al cielo soleado. Soy otro amanecer donde habita la luna, me mezclo con las estrellas descoloridas, desenchufadas de la vida. Conectándome en el punto de mira, siendo yo misma.

  • La vida te está yendo bien

    Hay personas que no te dejan construirte porque te destruyen. Así que cuídate y quiérete más de lo que crees.

  • Me quiero

    Partirme las alas, el corazón. Después, volver a alzar el vuelo sin arrasar el suelo. Vaya sueño, hermosamente roto. Será un jodido deseo, un quiero, un estoy yendo (hacia ti).

  • ¿Lo peor? Que fui yo

    Veo las nubes grises y empatizo con ellas al vaivén de mi corazón que va lanzando destellos de color. Un cuadro hermosamente roto, y triste. Muy triste. Pero la vida sigue y yo también avanzo aunque sea del revés. Un, dos, tres, muévete otra vez. O muérete de una corazonada al ver su alma a través de su mirada tan, tan, tan bonita. Roturas al borde de la costura, descosida. Créeme, los hilos bailan, cantan a coro mezclando un saxofón quebrado con aquel agridulce sabor que te queda cuando te petan. Así, sin más, sin ton ni son ni ron. Te petan. Y estallas. ¿Lo peor? Que allí, la culpable de esta miseria fuiste tu misma. O sea, yo.

  • Disecadas, las lágrimas

    El café por los suelos,
    los sueños llenos de infiernos
    y los vacíos,
    de huecos oscuros,
    absurdos.
    Se manchan,
    se derrumban.
    Las paredes han caído,
    mis flores se marchitan,
    se marchitan.
    Dime, dime nene,
    cántame la canción de ayer que sonó,
    que sintió,
    no sé quien
    sino nosotros,
    siendo otros -desconocidos conociéndose-
    y sin ellos.
    Yo solo sé que mi corazón vibró,
    tembló por vez primera,
    otra vez.
    Otro ser,
    muchas cucharadas de azúcar.
    Claro, que no, que no quiero morir y aún así sobrevivo a los monstruos de mi ser,
    de ti.
    Mírate, observa mis delirios,
    las lágrimas ya salieron tiempo atrás.

  • ¿Disfrutando?

    Beberme el café de un sorbo largo, ir yendo tarde. Estamparme con las heridas una y otra y otra vez. Salir viva, pero llena de cicatrices. Dime, querida, ¿Cómo te va la vida? ¿Te lo pasas bien? Pasan los días porque tiro y me toca sobrevivir, otra vez.

  • Cuadros grisáceos

    Me esfumo entre las nubes grisáceas,
    y le soplo a la luna,
    las estrellas fugaces se han marchitado.
    Tristeza sigue así,
    cortándome las alas
    y dejándome caer a ras del suelo.
    El fuego, que habitaba en mi alma,
    ya se apagó convirtiéndose
    en ceniza, una descolorida.

  • Estoy triste

    Ya he explotado de amor y sigo presente, ausente.
    Y lloro las lágrimas más hermosas,
    de tonalidades naranjas,
    muchas rosas.
    Abundan los amaneceres,
    quiero dos al día
    para empezar de cero y arrancar una buena vida, mi esencia. Mi color, mi dolor.
    Agotamiento mental, cansancio emocional.
    Gritar internamente,
    sentirme o, mejor dicho, ser una demente.