Un rayo de luz,
¿una sombra?
¿una vida?
¿Dónde estoy?
Necesito despegar,
contigo,
hacia tu lunar más distraído,
hacia tu mar de piel,
hacia tus labios,
soy Rapunzel;
tal vez quiero serlo.
No puedo.
Un rayo de luz,
¿una sombra?
¿una vida?
¿Dónde estoy?
Necesito despegar,
contigo,
hacia tu lunar más distraído,
hacia tu mar de piel,
hacia tus labios,
soy Rapunzel;
tal vez quiero serlo.
No puedo.
No voy a gastar mis palabras escribiéndote,
no voy a malgastar mi tiempo contigo.
Voy a empezar de nuevo, de cero.
Voy a alzarme a la cima y volar,
porque ya es hora de respirar paz.
Regálame una flor,
de cada color.
Crea un ramo.
Créate,
luego mírame;
soy arte
y nunca podrás descífrarme.
Tampoco quiero.
Floreciendo estoy,
soy,
soy,
soy.
¿Acaso me lees?
No quisiera yo romper tu cabecita de niño indecente.
Demente de mente.
Círculo vicioso,
lleno de flores marchitas.
Una sandía llena de pepitas,
un plátano negro,
y una manzana enrojecida.
Luego estás tú,
y la vida.
El alma, la mía.
Un rojo oscurecido, escurridizo.
Vuelvo, estoy volviendo, lo estoy haciendo.
Déjame decirte, eres arte, nunca dejarás de serlo.
No dejaré de escribirte, no puedo y, no quiero.
¿Lo peor?
Que te tengo aquí, enganchado en el pecho como pegamento.
Déjame escribirte, déjame hacerlo por el resto de mi vida, mis días ya murieron.
Me mataste.
¿Sabes qué quiero escribir?
Como las flores se marchitan,
como los ríos se secan,
como los árboles se desnudan,
como las nubes se dilatan
y como las gotas se quiebran al chocar contra el piso.
Como se mata uno
y como nace.
Como llega a florecer,
a llorar,
como se desnuda ante la vida,
dejándole cicatrices en las heridas.
Quiero escribir tantas cosas,
que me pierdo y no me encuentro y,
entonces, ya no escribo.
Te necesito en invierno,
te quiero en otoño,
te deseo en primavera
y te amo en verano.
Porque, en invierno,
hojas congeladas y heladas,
como mi alma.
En otoño cruje mi corazón
perdiendo la razón,
creando un caparazón para que…
En primavera te sople un «Era…»,
y ya no ser.
Y aparecer y desaparecer.
Y otra vez, que en verano,
como el pasado,
todo sea en vano y, tú,
no me des la mano.
escribirte en primavera una nueva era,
recorriendo tu espalda, cada lunar,
sellarte los labios,
besarte cada lágrima derramada en pasado y,
soplarte un te quiero en cada atardecer.
Por aquellos amigos,
que son como las margaritas;
las que deshojas por un amor dubitativo.
Pero yo, me refiero a mis favoritas,
a las blancas que se deshilachan
y están descoloridas por el astro solar.
Pues esas son las verdaderas,
las que queman,
las que se quedan,
las que nunca se van,
pues, aunque las deshojes, siempre estarán.
Pero conmigo, siempre se van.