Categoría: Blogueando

  • ¿Por qué ese vacío?

    Siento que debo llenar un hueco cuando, realmente, la vida consiste en romperse las rodillas y dejar que sangra el corazón para después apreciar la oscuridad y, a la vez, la felicidad. Entender, mientras enciendes la llama de tu ser, que florecer también es ir marchitándote, muriéndote. De ahí nace el arte de ser uno mismo. De la esencia viene el dolor. Creo y deseo en lugar de crear y hacer ¿Por qué me sucede esto? Esa cosa extraña tan existencial… A veces siento que me falta amor (propio) y que se me descuelga el corazón. Y, justo ahora, a cinco minutos para salir de casa, con el café recién hecho, voy tarde. Como cada día que pasa. Voy tarde a la vida, al acto, a la palabra y al verbo en gerundio.

    No sé, ¿Tú qué sientes? ¿Piensas? ¿O solo existes?

    Hacía tiempo que no me analizaba haciendo una crítica constructiva, o destructiva. Intento evitar lo oculto, lo amargo.

    Y tú, ser humano, ¿Para qué estás vacío?

    Cuestión interesante, te la responderé algún día. ¿Para qué estamos vacíos? ¿En qué momento se nos ha pasado por el corazón ahuecarrnos maś de lo que ya somos? Tenemos tan poco… Desde la niñez y durante la adolescencia rompemos la relación con nosotros mismos. Aquel lazo que es invisible porque jamaś estuvo y tampoco estará.

    Lo que deberíamos romper es con los esteorotipos. De esas etiquetas, enganchadas en la frente como si nada, naace la diferencia. Y cada vez nos aislamos más, pues es raro ¿No? Eso, quiero decir, el acto de sentir océanos coléricos.

    Déjame decirte, los atardeceres habitan en ti, eres uno de aquellos que brillan. Eres luz. Créemos encontrarnos. ¿Sabes qué? Que estamos, ahí, palpitando, y tan perdidos. Solo consiste en sonreírse cada mañana delante del espejo. Tu reflejo te está hablando. Quiérele, quiérete. Así, ya sea roto, vacío o ahogado en un sielncioso llanto. Ámale, ámate.

    Me fui por las ramas del sentir, cierto. Solo quería responder ¿Para qué estás vacío? Pues respóndete tu mismo.

  • ¿Somos humanos? ¿Qué somos?

    ¿O somos traidores de almas? ¿Quiénes somos realmente?

    Seguramente aquellos seres expertos en ir destruyendo mentes, y corazones. Es nuestro arte innato ir rompiendo, ir deshaciendo, y así sin parar. Para, bueno, seguir desencajando las piezas de otros (también seres humanos, o no) y las de nosotros mismos. Es lo único que sabemos hacer: sentirnos extrañamente cómodos en el desastre, en el caos e ir saltando de estallido en estallido. Odiamos, y mucho.

    ¿Por qué odiamos? ¿Para qué? ¿De dónde nace ese odio tan inmenso?

    Por mala suerte, surge de nuestro ser interno, de aquello que no aceptamos, del acto de desamarnos, del hecho de no querernos.

    A causa de los latidos que jamás palpitaron, que no brillaron, de esa llama ya apagada nace nuestro llanto -silencioso o desgarrador-.

    Y es muy desolador, ¿No? ¿Porque no aprenrdemos a observar, a escuchar, a aceptar y a brillar con otros en vez de contra ellos? Al final, amamos porque aceptamos tal y como son los ajenos y porque nos estamos apreciando, es decir, queremos nuestro arte, nuestro dolor, así, en su espléndida esencia.

    Ojalá dejar de ser pobre de corazón. Carecemos de amor, es verdad, ¿Pero por qué no intentamos accionarnos desde el cariño, desde el aprecio?

    Sacar la depresión que está incrustrada, enganchada, e ir brindando amaneceres. Así el mundo sería un lugar más bonito, aunque sigan habitando desgracias. Así los humanos seríamos más humanos y menos autómatas.

  • ¿Cuál es el trabajo de tus sueños?

    El trabajo de mis sueños es poder vivir de la escritura. Mi deseo sempiterno es seguir escribiendo y leyendo sin detenerme hasta mi muerte real, porque, de morir, he muerto unas cuantas veces. También he latido sosteniéndome a un vacío hueco y he bailado de su brazo, hundiéndome y saliendo a la superfície de sus jodidos altibajos, de sus quehaceres cotidianos, llenos de roturas, de cicatrices y de heridas que van sangrando de vez en cuando. Entre las nubes y las ramas, que son raíces, a ras del suelo. Y dime, ¿Qué sería de aquel ser humano que todavía vive por vivir, por amor al arte de andar? Créeme, todos nos hemos suicidado en vida más de dos veces. Y, aún así, mi sueño sigue brillando entre un océano colérico, oscuro y lleno de suciedad. Le dicen pulcritud o, quizás, es aquel latido tan sutil que, hasta que la mente no hace un «click», un cambio de chip, se queda ahí, entre la boca del cielo y del infierno, derramando lágrimas sacas. Pero yo he venido aquí a narrar el trabajo de mis sueños y la realidad está superando la telenovela montada en mi cabeza loca, llena de barbaridades, de desilusiones paranoicas. Porque la ficción es que mi corazón sigue latiendo a mil por hora cada vez que una idea cabalga en mí para luego convertirse en letra, en palabra y en verbo. Para, en definitiva, ser acción, ser un estallido y la singularidad personificada. Denominándose, así, el término, como el arte de la creación. Ven, quédate y ama mi caos.

  • Si pudieras «desinventar» algo, ¿Qué sería?

    Desinventaría el dolor que va incrustado al desamor. Desconectaría la forma en que se ama del revés, a los corazones tóxicos. Y, luego, inventaría un amor sano, sin heridas ni cicatrices aún por curarse. Sí, porque es doloroso.

    El desamor es como una patada en el trasero una y otra y otra vez. O como ir cayendo al vacío para después convertirse en este mismo.

    Quizás o, mejor dicho, probablemente otra persona hubiese elegido desinventar otra cosa. Yo voy por el lado de los sentimientos, de aquellos que, no sé cómo, huyo. Intento salirme de esas emociones tan quisquillosas… Intento ser paloma que vuela para acabar arrasando el cielo en mi contra. Para terminar arrastrando mis alas, rotas y desgastadas, por el suelo del infierno.

    ¿Así funciona el desamor? Así va, por encima de todo, y viniendo. Regresando, siempre.

    ¡Choca esos cinco, dolor! Estás de lujo conmigo, estás en tu mejor momento. Celebrando, doliéndote y brindando tus quehaceres cuotidianos a todos los seres muertos y que siguen viviendo. Bienvenido, te abro los brazos. Abrázame y duéleme de la forma más triste y rota que sabes.

  • ¿Qué has aprendido del amor?

    He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.

    ¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?

    Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:

    ¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?

    ¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?

    ¿Y de dónde surge?

    Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.

    No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?

  • ¿Eres creativo/a?

    Sí, porque invento historias, buceando entre las nubes grisáceas de mi corazón, cuyo va bombardeando hechizos rotos. Porque vivo más en mi mundo imaginario que en el mundo terrenal. Ya no toco de pies al suelo, vuelo, vuelo. O nado entre las olas coléricas de mi mente. Y me gusta serlo. Adoro mi caos. Es algo que lo llevo en la sangre. ¿Contagiaré el arte? ¿Contagiaré mi arte? ¿Acaso inspiro? Me deleito entre las letras, levito gracias a la literatura ya sea de otros, o mía. Es cierto que últimamente he dejado de escribir(me). Quizás es que estoy en otra fase lunar. Ya no sé si las flores se marchitan o provocan mi deterioro. Solo siento y voy haciendo.

    ¿Y tú eres creativo/a?

    Si puedes inventar, crear, creer y florecer y a la vez marchitarte. Si puedes cantar, bailar, escribir y volar. Ser pájaro enjaulado y, luego, en tu propio arte, sumergirte en una oscuridad profunda e intensa, entonces sí. Lo eres.

    Hoy es uno de estos días sin el arte enganchado en mi paleta de tonalidades negras. Mi corazón. Es cierto que escribo, que dejo moverme sobre la nada. Hoy estoy fluyendo porque estoy agotada. Mis días cada vez son más pesados y debo hacer tantas tareas… Pendientes y precipicios. Una agenda con mil anotaciones para, luego, acabar deshaciéndome en la cama. Durmiendo, soñando. Al fin y al cabo, lo que más necesito actualmente son ensoñaciones para sostener mis recuerdos y mi ser. Mi sed, mis ansias, mis ganas de vivir la vida.

  • ¿Te pasas más tiempo pensando en el futuro o en el pasado? ¿Por qué?

    Colorea tus pensamientos.

    Anna Pérez Carreño

    Pues yo me paso todo el tiempo desvivéndome, jamás estoy presente. Me angustio por el futuro y me preocupo por el pasado. Así que, bueno puedo afirmar rotundamente que por eso he dejado de ser -persona-.

    Supongo que a muchos seres humanos les sucede. Sí, eso de vivir en un constante vaivén que va y viene y va y viene y nunca se queda. Nunca está.

    Debo mejorarlo, lo sé. Manejarlo. Es un hecho. Y, ahora, me cuestiono en cómo hacerlo. Y creo que todo radica en el pensamiento, es decir, en cómo afrontamos mentalmente las circunstancias, la vida. Ahí, justamente, está lo fundamental. Así que voy a afrontar mis inacciones y mis pensamientos para sacar posibles conclusiones.

    ¿Cómo sentir paz mental?

    Pienso que por mucho que leas un libro, escuches música o salgas a pasear, para, principalmente, desconectar, es insuficiente. ¿Por qué? Porque el agobio seguirá hasta arruinarte.

    Como he mencionado antes, la clave, o la llave «mágica», está en el cerebro. Por tanto, es tan simple, o quiuzás no, en afrontar todos los pensamientos surgidos de nuestro ser. Es decir, escucharlos, entenderlos, aceptarlos y transformarlros. Ir moldeando su figura abstracta cada vez más palpable.

    En definitiva, colorea, aunque sea a cámara lenta, tus pensamientos, es decir, las balas que salen, escopeteadas y sin querer, de tu cerebro.

  • Si pudieras diseñar la habitación perfecta para leer y escribir, ¿cómo sería?

    Mi ideal de ‘habitación perfecta’ es que sea mi espacio, un lugar donde pueda evadirme del mundo exterior e introducirme en mi caos.

    Anna Pérez Carreño

    Y para ello necesitaría un escritorio con unas cuantas libretas, bolígrafos y post-its. Una estantería para almacenar libros aunque podría prescindir de ella, pues los iría colocando uno encima de otro en el suelo, por orden de leído.

    Además, me encantaría tener mi propio rincón de lectura. Un sillón al lado de la ventana, una alfombra y la literatura entre mis manos.

    Una habitación perfecta para mí sería aquella que desprendiese un ambiente cálido, con la música sonando de fondo y mucho arte aún por descubrir.

    Me gustaría, en un futuro, sentirme rodeada de libros que provocaran algo en mi ser. Lo que fuere. Cualquier emoción, el palpitar del corazón.

    Así que, bueno, si tengo que elegir, prefiero estar viviendo y sintiendo al mismo tiempo a través de la imaginación.

    Y para ti, ¿Cuál sería tu ideal de habitación perfecta?

  • ¿Cómo desarrollar los personajes de una novela?

    Para empezar, tal y como dice el Diccionario de la Lengua Española, un personaje es «Cada uno de los seres reales o imaginarios que figuran en una obra literaria, teatral o cinematográfica». En este caso, me centraré en una obra de carácter literario.

    Pero, ¿En quién nos podemos inspirar para desarrollar los personajes de nuestra historia?

    Para continuar, existen distintos tipos: aquellos personajes que son los protagonistas y los personajes secundarios. Aunque voy más allá, y supongo que tú también, porque ¿En quién nos podemos inspirar para escribir nuestros protagonistas?

    En mi caso, me inspiro en mi entorno, personas de mi alrededor, ya sean conocidas o desconocidas, reales o ficticias, espontáneas o eternas. Y más específicamente me inspiro en mí. Es decir, en las fases de lo que voy siendo según voy haciendo, emocionalmente hablando.

    Así que si debo darte un consejo, es el siguiente: observa. Y luego plasma aquello que has visto desde la emoción, desde el sentimiento, porque te será más sencillo definir los rasgos característicos del personaje.

    Lo siguiente que te cuestionarás es: ¿Cómo desarrollo el personaje? Sus características físicas, psicológicas, sociales… Solo necesitas papel y bolígrafo e ir anotando lo que se te pase por la cabeza. A continuación te propongo unos pasos para la creación de tu protagonista.

    1. Observar a las personas atentamente, sin ponerte límites. Simplemente observa sus movimientos, su forma de ser. Déjate llevar por el momento emocional en el que estés.
    2. Escribe lo que viste, lo que te surge de dentro, en un papel.
    3. Subraya aquello más destacable para ti.
    4. Convierte el texto en características tangibles. Probablemente hayas plasmado en el papel sentimientos en forma de metáforas. Convierte aquello surrealista en algo real.
    5. Dale forma a tu personaje atribuyéndole rasgos palpables.
    6. Anota las características tanto físicas como psicológicas en un papel.
    7. Acota tu personaje. Precisa.
    8. Finalmente, hazte un guion esquematizando los rasgos que hayas decidido ponerle a tu personaje.
    9. Fluye con tu personaje creado. Es arte.

    En resumen, para desarrollar un personaje de una novela es imprescindible que te dejes llevar, que seas caos. Porque al fin y al cabo, de ahí nace el arte. Simplemente debes aprender a sacarlo del desastre y convertirlo en cosmos.