Autor: perezitablog

  • ¿Cómo empezar a escribir?

    Mi experiencia con la escritura es de amor y odio, un tira y afloja constante. Porque hay épocas en las que escribo sin detenerme y, otras, en las que simplemente no escribo nada. Para empezar a escribir no se necesita nada más que una idea y algo para poder escribir (un ordenador, un móvil o una libreta y un bolígrafo).

    LA CREATIVIDAD

    El proceso creativo consiste en tener una idea, que surge de la inspiración, y luego se trata de plasmarla al papel. La inspiración es muy subjetiva así que cada uno se inspira de lo que le surja en momentos espontáneos.

    En mi caso, me inspiro gracias a la música o cuando paseo y observo a las personas imaginándome sus vidas, por ejemplo. O cuando me invento historias dentro de edificios. Por eso mismo, si somos artistas (escritores, pintores, músicos…) es muy importante llevar siempre con nosotros una libreta o, como mínimo, algo para poder apuntar nuestras ideas y así no olvidarnos. Es importante que no se nos escape nada.

    ANTES DE PONERNOS A ESCRIBIR

    Para plasmar las ideas al papel primero hay que hacer un trabajo de campo: buscar en el interior de uno mismo u observar el exterior.

    ¿Por qué digo esto?

    Porque de ahí surgirá la inspiración y con ella la idea. Es muy complicado abrir una página en blanco y no tener nada que decir. Pero, si tenemos visión y perspectiva -vemos las cosas desde distintos ángulos- será más fácil escribir. Y más nosotros, los seres humanos, que siempre queremos decir algo. Lo que sea.

    Además, si somos sensibles y, si no es el caso, simplemente se trata de hacernos una introspección exhaustiva, podemos sacar de dentro aquello que sentimos: nuestros sentimientos y emociones-. Aunque por naturaleza las personas tendemos a serlo.

    EL PROCESO

    Antes

    Para iniciarnos a escribir, como he dicho anteriormente, hay que observar aquello externo e interno. Y mucho.

    También hay que comer sabiduría, pero disfrutándola.

    ¿A qué me refiero con «comer sabiduría«?

    Pues que hay que leer, ver películas, charlar… Hay que aprender pero disfrutando de lo que se está aprendiendo. Y no hablo de ponerse a estudiar, a hincar codos como burros, sino a empaparse del mundo. Y cuanto más se empapa uno, más tiene que contar, que escribir. ¡Así que, hay que vivir!

    El acto: escribir

    Para comenzar a escribir hay que vomitarlo todo. Sin miedo, sin pausa. Lo que salga es lo que tenemos dentro y eso ya está bien. Luego ya veremos que se hace con aquello escrito, ya sea una frase, un texto… Porque el acto -escribir- se trata de expresarnos, de sacar los miedos, las angustias, los dolores, los recuerdos… En definitiva: sacar los sentimientos de nuestro corazón hacia fuera.

    HERRAMIENTAS

    Aún así, hay herramientas para iniciarnos en este arte caóticamente hermoso. Ejercicios que nos pueden ayudar. A continuación os dejo algunos:

    1. Una palabra: consiste en escoger una palabra de cualquier sitio. Por ejemplo, si en este instante estáis escuchando música (os he linkeado una lista de Spotify para fomentar la creatividad) pues elegid la primera palabra del título de la canción y a partir de ahí, escribid. Si la canción se llama Conexión pues comenzad escribiendo vuestro texto por Conexión.
    2. Los sueños: si sois buenos recordando aquello que habéis soñado, una buena forma de romper el miedo es relatando aquello soñado. Una alternativa es empezar con la primera escena del sueño y luego ya inventarse la continuación de la narración.
    3. Frase al azar: si no se os ocurre cómo empezar un relato, simplemente abrid un libro o buscad una frase de alguna película que os inspire, la copiáis y a partir de ahí seguís vuestro texto.
    4. Un diario personal: escribir nuestro día a día. Para inicarse en este mundo, sólo se trata de escribir sobre nuestras experiencas personales tal y cómo son, es decir, escribirlo literalmente. Se puede hacer con una libreta a mano o des del ordenador: abrís un documento de Word o de Google Drive y comenzáis. Ponéis la fecha en la que estáis y os desahogáis.

    CONCLUSIÓN

    Hay infinidad de ejercicios para comenzar a escribir y me podría pasar un día entero explicándolos. Os he puesto los que en su momento utilicé y me funcionaron. Porque hay que recordar que cada cosa tiene su proceso, su forma de ser y de madurar.

    PD: Nos leemos,

    ¡Gracias por leerme!

  • Luces

    Mis luces se están apagando cada vez más.
    Sí, todos tenemos luces y yo las tengo en el cuerpo, la mente y el alma. Pero se están fundiendo. Parece que ya no quieren brillar, que no tienen fuerzas para deslumbrar.

  • Monstruo

    Soy un monstruo,
    lo tengo dentro
    de mis venas.
    Es lo que me hacen sentir
    ellos,
    mi familia.
    Y duele,
    arranca el corazón.
    Mata.
    Ya no somos de la misma sangre,
    ni de la misma raza,
    ni de las mismas leyes.
    Ni ideologías,
    ni amor,
    ni empatía.
    Tampoco compartimos el dolor,
    ni el rencor.
    Ni los balazos que surgen de cada mente
    -palabras escopetadas ensangrentando las almas-.

  • Leer duele

    Después de tanto tiempo sin leer, lo he vuelto a hacer. He mirado, agarrado y abierto el libro que tenía, y tengo, a medias. Me concentré. Ha sido un momento hermosamente doloroso. Porque he sentido el tacto de las palabras acuchillámdome el corazón. Han sido duras y muy ciertas. Me he reflejado en ellas. Ojalá vivir un instante eterno de felicidad y apartar la muerte. No serla, no experimentarla.

  • Un ojalá lejano

    Y pensar que vendrías. Imaginarme tu andar y observar en mi mente cómo aparecías echándote a mi lado, encima del césped verde. Porque ya es primavera. Momento de florecer, de sentir, de ser. Hubiese querido que estuvieras, que me besaras, que me observaras. Que tu corazón palpitara al mismo tiempo que el mío. Fluir juntos. Qué bonito sería.

  • Dolorosamente bonito

    «¿Por qué yo?, Te cuestioné esta tarde entre lágrimas. Sintiendo que no encajaba en este mundo mientras me dolía la vida y tu mirada se perdía en mí. Buscando la respuesta, suplicando que dejase de sufrir.
    No fue así.»

    Llegué a tu casa, hicimos el amor y luego nos acurrucamos para dormir un rato. Tú dormiste, yo lloré internamente mientras pensaba sin parar. Primero, una pregunta pasó por mi cabeza escopeteándome el corazón. Después seguí pensando en todo. Hasta reflexioné porqué el armario era marrón para dejar de pensar en lo que estaba pensando. El dolor de cabeza aumentó. Estaba inquieta, no podía dormir. Me movía de un lado a otro y tú me abrazabas más fuerte todavía. Pensé en el porqué. ¿Por qué no te dabas cuenta que estaba mal? Roncabas tan tranquilo que cuando despertaste hablaste. Me dijiste que lo soltara. Pero yo no quería. Me sentía tan débil, frágil y rota… Si empezaba a hablar me rompería delante tuyo. No me aptecía. Pasaron veinte minutos y justo después de ir al baño y acurrucarme a tu lado, exploté. Me derrumbé entre lágrimas. Antes de estallar se me escapó una sonrisa tan… Quebrada, que era un llanto personificado. Y otro y otro durante mi discurso lleno de sufrimiento.
    Fue dolorosamente bonito.

  • Quiero florecer

    Pues me gustaría ponerme a leer. Entretenerme entre palabras -corazones- y descifrar frases. Navegar entre párrafos. Ir a un prado solitario, lleno de margaritas con el cielo despejado y un sol radiante, y sentir(me). Sin detenerme y pausando la vida por un instante.
    Ausentarme para revivir. Y volar, flotar en aquel beso tan apasionado de una pareja enamorada. Quiero ser un verbo, o más de uno.
    Leer,
    descifrar,
    navegar,
    sentir,
    vivir
    y,
    ser.
    Borrarme sin marchitarme y crecer. Florecer.