Autor: perezitablog

  • Hablando

    Hablo mucho de este tiempo verbal,
    inédito para mí.
    Y de lo poco que soy presente
    -distante-
    dejo de serlo.
    Qué brutalidad:
    el extremo de cada emoción.
    Cerrar de un portazo
    el corazón
    en un momento de dolor.

  • El insecto

    ¿Te has mirado alguna vez?
    La miseria que desprende tu vida, y tú.
    De humana tienes lo mismo que yo de soberbia.
    Estoy sentada, y me siento mal. No es por ti, es por mí. El hecho de que me duela. Tengo que, simplemente, aceptar e ignorar. Pero ese sentimiento que se incrusta como un insecto pica. Y rasco y sigue picando. Qué asco.

  • Cojeo de corazón

    Es irónica la vida ¿No? Al fin y al cabo, vivir en un lugar que nunca fue hogar aún así llamándolo «casa» es contradictorio. Dejar de ser persona a causa de ellos. Ir y venir. Morir y morir: una forma de suicidarse en el mundo. Tendré los años que tenga, pero tengo más heridas sin cicatrizar que vidas. Duele. Me hunde. Jamás seré lo que vosotros queráis que sea.
    Soy texto, palabra y verbo.
    Soy mi propio arte: me construyo y me destruyo al ritmo del viento.
    La superficialidad me habla. Es algo así: llama a mi ventana y dejo que se marche lentamente mientras la observo percatándome de la mierda que se viene. Sí, con ojos críticos y un haz fugaz de tristeza, que divide mi cielo en dos: lo real de lo surrelista.
    Aún así, me rompen. Ya no se trata de cómo me veo ni de cuánto me quiero.
    Simplemente,
    sé paz por mí.
    No me interesa esto: la estupidez humana.
    Y cojéando me voy.

  • Paréntesis

    Con una cerveza en mano, un moño a medio hacer y en bragas, aquí y ahora, empieza mi nueva vida. Sentada en el balcón observo mi alrededor y no consigo llegar a ninguna reflexión. Después de dejar el libro que nunca termina, el que estoy leyendo actualmente en verano, y un móvil vacío de batería, me percato del simple hecho: necesito o me sobra algo. Estoy hueca, no soy dueña ya de mi misma. Simplemente quiero un cambio, un giro. O nada. Y si escribo esto, estas miserables verdades, es porque me quiero encontrar o, quizás, quiero llegar a encontrar. No me pregunto, sólo necesito escribir. Es necesidad. No como antes que era puro placer a pesar del esfuerzo y el sudor, pero era bonito, hermoso. Ahora es duro, y cuesta -arriba-.

    Tengo la mirada fría y caminando en mi era, siendo veinteañera, me pierdo. Y no es malo, al contrario, es sano. Rompe, tanto, que duele, que escuece. No quiero, eso, sufrir. Pero lo hago porque siento a instantes y en pequeñas cantidades. Me digo a mi misma que es hora de cambiar, de pausar y refrescar. La vida, digo. Es un momento de intensidad, de coger, correr y jugar; con las palabras, con las verdades y las mentiras. Y hacer erradas, serlas. Equivocarte y volar mucho aunque luego me estampe y acabe derrapando.

    Y me gusta lo que sale de mí, de mi ser interno, de mi corazón, de mi infierno.

    Ya no sé si estoy aquí porqué sí o porqué no. El caso es que voy a comenzar.

    – 28 de julio del 2020

  • Vaya tristeza

    Amor, lo siento y esta vez no hay excusas ni pretextos. Simplemente que ya no duermo, que mis ojos están tristes y que me siento océano. Que aunque sea lo más hermoso del mundo, es un caos. Soy un puto caos. Mi corazón salta de extremo a extremo. Es una montaña rusa. La paz ha desaparecido. Vaya tristeza. Se agranda, y el nudo en mi garganta también.

  • Sonriéndome

    Créeme que voy con ojeras y que después de tres cervezas soy más humana que princesa. No me interesa. Quiero sólo cuatro segundos, y pasar cuentas para descífrarme. Para descubrirme con intentos y muchas alas que aún así derrapando, puedo despegar. Me faltan tres textos, vivir en gerundio y sonreírme en presente, siempre.

  • ¿Cómo mejorar la autoestima?

    ¿Qué es la autoestima?

    La autoestima, como dice Google, «es el aprecio o consideración que tiene uno de sí mismo», que en pocas palabras es quererse a uno mismo.

    ¿Cómo mejorarla?

    Primero hay que hacer una introspección exhausta con la siguiente pregunta: ¿Te quieres? Una vez sepas en qué punto de partida estás, podrás mejorar la autoestima. Eso sí, si quieres. Porque si uno ya no quiere, no puede. Esto es lógica de vida.

    Aquí hay que centrarse en uno mismo, hay que ser egoísta. Quiérete tú a ti mismo y ya. No esperes a que te quieran. Quiere quererte.

    El primer paso es que te aceptes tal y como eres. Luego, se trata de que te quieras. Y no es un truco de magia, tampoco un enigma. Todo el amor que te puedes dar está dentro de ti. Una vez empieces a darte amor, darás a los demás y recibirás. Porque todo tú serás una fuente de estima. Y si no es recíproco, no pasará nada porque te estarás amando.

    La autoestima es un camino y no una meta. Esto hay que tenerlo claro. No llegará un día y te querrás por fin. No. Error. Llegará un día que te dirás: hoy me quiero. Puede ser hoy, mañana o pasado. Siempre te estás queriendo, lo que pasa es que no te estás dando cuenta. Tienes que sacarle brillo a este diamante en bruto.

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    Herramientas

    Es cierto que no hay unas herramientas estrictas para quererse. Te daré los consejos que utilizo, que son los más cotidianos que puedes escuchar y que te van a ayudar.

    1. Cuídate, es decir, cuida tu aspecto y con ello te cuidarás. Simple, al levantarte cada mañana lávate la cara, dúchate y mímate. A ti. Siempre a ti. Escoge tu outfit acorde en cómo te sientas el día de hoy. Arriésgate, pero escógelo con amor hacia ti.
    2. Cuida de tus cosas. Una vez te hayas cuidado, atiende tus cosas. Por ejemplo, ordena tu habitación: ventila, haz tu cama, arregla tu escritorio… Porque después de prestarte atención, podrás y necesitarás cuidar de lo tuyo.
    3. Cuidar de los otros. Y con ello me refiero a querer a los demás. Tan simple como atenderlos.

    Estas herramientas pueden parecer muy absurdas, pero desde mi perspectiva el acto de cuidar es esencial en la autoestima. Atiéndete, atiende y atiéndelos a ellos. Seguro que una de las tres cosas no la estás haciendo. Y, oye, que si lo haces ¡chapó por ti!

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    Reflexión final

    Cuidarme, cuidar de mis cosas y cuidar de los otros, es un lema que me aplico constantemente. Si me cuido a mi misma, después puedo cuidar de mis cosas y de los demás. Por el contrario, si me descuido, no seré capaz de cuidar ni de mis cosas ni de todo lo otro. Y es tan sencillo como hacerlo desde dentro, aplicarlo cada día y en la cotidianidad de las cosas.


    PD: Gracias por leerme,

    ¡Nos leemos!

  • Instante etéreo

    Me apetece escribir,
    desangrarme entre letras.
    A balazos y a ratos,
    me muero por besarte en los labios.
    Derrapando en un tiempo inerte,
    tirándolo todo a la suerte
    dejándome llevar,
    y si eso, ya.
    Un mañana que nunca llega,
    un presente que no se vive
    y un dolor interminable
    resurgen día a día
    al mirarme al espejo
    y reflejarme sin querer
    en una brevedad
    siendo el instante etéreo.