Quiero acabarme los libros,
beberme a sorbos el tiempo
y volar en una caída eterna.
Quiero ser más primavera que nunca,
y llover en un día de soledad,
para acompañar a la luna llena.
Quiero vivir en un segundo,
y ser más pájaro que avión.
Volver a renacer en un intento suicida.
Soy alma pausada, llena de poca gana y mucha garra.
Hoy me siento abatida,
como la luna deprimida; desnutrida.
Ir y volver en la vida,
ser ira
y a la vez risa.
Mátame de melancolía,
llena la copa medio vacía
y cierra tus alas a punto de abrirse.
Siéntate, no es hora de despegar.
Es tiempo de descansar.
En la parte trasera del coche,
volando,
siendo
y amando al otro.
Viendo las estrellas,
almas enternecidas.
Anteriormente una cena bonita;
romanticismo por la luna llena.
Y sonrisas,
y caricias,
y palabras,
y miradas.
Y una felicidad extrema.
Se pasan tan rápido los días que no sé qué pensar de la vida.
Unos ya idos,
otros siendo
y nosotros en el intento suicida de ser;
más vida que muerte.
A veces es difícil,
a veces.
Las luces brillaban en la ciudad, empezaba la Navidad y, yo, cabizbaja en aquel aprieto.
Qué negro mi corazón, como el carbón.
Y qué miedo; angustia por todas mis venas.
Reviví en un intento de morir, porque fui. Fui alma suelta ante un viento que soplaba fuerte, arrancándome del suelo, siendo abrumador.
No quiero heridas,
ni cicatrices abiertas.
No quiero dolor,
ni rabia,
tampoco temor.
Quiero amor, mi amor.
Quítemonos las ansias de sufrir,
hundámonos en un mundo de fantasía y felicidad.
Porque el quebrantamiento ya llegó,
pero podemos superarlo.
-Podemos-.
Y sé que soy desastre y mar,
que alcanza hasta matar.
Un agujero abismal demasiado descomunal.
Amor, te escribo este texto para decirte que no me siento cómoda con la vida en estos momentos. Que la he fastidiado y ahora siento una angustia insoportable.
A veces pienso que nuestro amor acabará como una película de esas románticas, donde el dolor prevale por encima de todo.
Porque siento que te irás, y que ya lo sabías con anterioridad, pero aun así se terminará.
Llegará aquel día en que me digas: «Lo siento mi amor, mañana me marcho. Te amo mi querido pesecito». En aquel momento me haré la dura aunque en el fondo, mi alma estará llorando internamente.
Explotaré, con todo dentro, y lo sacaré. Por mis mejillas rodarán lágrimas significantes llenas de frustración.
Y lo siento mi amor, en aquel momento te odiaré amándote a más no poder.
¿Sabes aquello que dicen que el primer amor nunca se olvida?
Nunca te olvidaré, aunque pasen cinco, diez, quince años.
Porque eres y serás mi primer gran amor.
Siento que no será para toda la vida porque hay amores que se marchan y, otros, los segundos, que se quedan para siempre. Y, estos, no son intermitentes. Son, menos intensos y más duraderos.
Qué mala suerte que llegue Diciembre;
Navidad congelada en el tiempo.
Panorámica instantánea,
fotografía en blanco y negro,
polaroid en sepia.
Se han paralizado los segundos,
se han paralizado los corazones que, antes, volaban con una mirada directa al alma provocando flechazos intermitentes y, luego, incansablemente hechizados.
Acabaron siendo heridos,
por alguien,
algo.
Por un momento,
circunstancia
o pensamiento.
Balas que surgen de la nada;
salen como lágrimas cayendo por las pestañas de un rostro demacrado por la vida.
La luna,
las estrellas,
las luces Navideñas.
Un muffin de chocolate
y un espectáculo emocionante;
el de mi corazón.
Va deambulando por las calles
como si fuera viernes por la noche
y domingo por la mañana.
Esconderse en un intento de volar
-ser mariposa-.
Vagabundeando, como siempre,
sorbiendo lentamente el tiempo.
No quiero que me leas,
ni que me entiendas.
Sólo quiero que me mires a los ojos una noche de frío helado y me abraces;
sintiendo que seguirás ahí,
a pie del cañón,
día a sí y, día, también.
«Sí, me medico porque estoy loca; y qué.
Sí, cuando tenía quince dejé de comer; y qué.
Sí, tuve depresión; y qué.
Sí, soy bipolar; y qué.
Sí, siempre tengo hambre; y qué.
Sí, he tenido ataques de ansiedad; y qué.»
No quiero reivindicar nada, sólo normalizar los hechos. Y no me gusta nombrar, ni etiquetar.
¿Qué pasa? ¿Qué miras? ¿Qué piensas?
Son pensamientos comunes por personas corrientes.
Y se titulan como enfermedades mentales.
¿Realmente es ser distinto?
Todos tenemos nuestros problemas, nuestros quebrantamientos y dolores de cabeza.
Somos imperfectos y, además, humanos.
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Arráncame de esa melancolía;
La tristeza invade mis pulmones,
respiro flores marchitas.
La monotonía me alcanza hasta aplastarme.
Hoy, no soy persona.
Ni lo fui ayer, ni lo seré mañana.
Los días pasan arrasando el suelo,
y los segundos son horas.
Llorando internamente,
paseo por las calles
-grises y oscuras-.
Y observo el cielo que me asfixia,
demasiado cerca.
-Demasiado-.
Te he echado de menos,
en nuestro reencuentro
me apetece sentir tu tacto,
que me beses con ternura
y no hacernos la guerra
sino ser, juntos, mucha tregua.
Porque quiero sentirme querida
después de tantos segundos sin vernos.
-Una eternidad que parece no tener fin-.
Sufriendo lo indecible por amor decidí observar mi reflejo en el espejo. A borbotones me caía el alma, oscureciéndose cuando salía al alba. Una tristeza áspera se regocijaba en mi esófago bajando hasta el estómago cada ocasión que pensaba en aquella bala que una vez fue disparada hacia mi interior.
«Ojalá fuese ceniza y no carne».
Desde la ventana del coche observé el cielo y las hojas otoñales que se resistían a caer al suelo mientras pensaba. Imaginé cómo sería tu partida -de dolorosa-. Me preguntaste: «¿Qué pasa?» Pues que estaba triste, la melancolía empezó a apoderarse de mí. Reflexioné muchas cosas, entre todas, qué sería de nosotros. ¿Una aventura que terminaría, no por nosotros, sino por un acontecimiento radical? ¿Tenía que ser así? No pude resistirme en imaginar cómo el avión despegaba contigo allí y conmigo aquí. ¿Por qué me tuve que enamorar de ti? ¿Por qué tuve que enamorarme de un hombre que luego se irá lejos de mí?
Dime rara, pero he salido a la calle en plena lluvia, que me ha mojado las entrañas arrugándomelas más de lo normal.
Dime extraterrestre, pero he dado un paseo en la oscuridad por debajo de las estrellas que no se ven porque vivo en plena ciudad.
Dime, que yo me voy y no soy.
He querido husmear libros, rebuscar hasta encontrar alguno interesante. No me he atrevido a entrar a la tienda.
-Dime rara-.
Siento algo, sí, que se nos pierde la chispa, y la llama. Que el fuego se apaga, que el entusiasmo se escapa. Siento que mis ojos se nublan y que el cielo quiere llorar, pero no puede -como yo-. Y tiemblo del miedo. Estoy asustada. Las tristezas ásperas aparecen a instantes y a montones. La vida no me quiere, ya no. Y el mundo se humedece en cuestión de segundos. Todo es océano, caótico. Brillan los destellos de las olas coléricas, ahora ya enfurecidas. Me gritan, estallan a garabatos.
Conversaciones idas, paseos similares. Y los días; son tan iguales, que ya no distingo a las personas, a los hechos, a las horas ni a los lugares.
Soy rareza llena de pena y me consuelo con los libros, leyendo.
Son las ganas que se pierden por el camino y se ocultan entre arbustos.
-Sólo digo, está siendo duro-.
Quiero,
vivir otra vez.
Reír a la luz del sol,
resplandecer con una lágrima rodando por mi mejilla.
Volar siendo ave que corre encima del mar.
Cantar a todo pulmón,
bailar hasta que se me desgasten los pies.
Quiero un día ver el amanecer por habernos quedado despiertos toda la noche y, luego, caer rendidos en la orilla.
Mojarnos los pies, y los labios.
Quiero llantos, estallados en risas.
Quiero, otra vida.
Vivirla alocadamente.
Quiero ser el arte que desprende la naturaleza,
ser una niña tonta y muy risueña.
Volver a sonreír -quiero-.
Qué triste estaba,
que desolada y deshojada veía la vida.
Semanas atrás,
días sin más.
No escuchar música, no ser ser.
Un simple mortal, sin libertad y neutral.
Amor inédito,
que yo lo vi hermana.
Lo vi con mis ojos,
sin ternura ni alma.
Como te mira,
como me mira;
con deseo y furia.
Con anhelo de uno de esos de la juventud.