Mientras las gotas que caen por mi cuerpo, imagino como tus dedos corren por mi desnudez, ellas son tus dedos. Se me eriza la piel, se me enternece el corazón y se me bloquea la mente. Hazme el amor lentamente.

Mientras las gotas que caen por mi cuerpo, imagino como tus dedos corren por mi desnudez, ellas son tus dedos. Se me eriza la piel, se me enternece el corazón y se me bloquea la mente. Hazme el amor lentamente.

Observa la rosa, obsérvala bien. ¿La ves? Creo que no, estás ciego, querido. Herido por un flechazo hechizado. ¿Sigues siendo mago? Creo, ciertamente, que la magia está en tus ojos y, de toda la que desprendes, haces que las estrellas brillen en el cielo. Creas universos ¿y besos? ¿También das de esos? Quesos agujereados, egos desalmados.

Flores marchitas que se desangran para volver a derramarte, a enterrarte de todo aquel amor que te falta; para llenarte con el vaso medio vacío, con el corazón frío.
Eres mío, y lo seguirás siendo. Aposté mi vida por ti y gané, perdí pero gané.
Quemaré la tierra, el otoño y la primavera para que vuelva a florecer de ceniza nuestro amor. Congelaré los errores para después hacer que se deshagan, lentamente, con el paso de las agujas del reloj.
Una nueva yo, un nuevo tú. Tal vez, volvamos a ser, ¿o es que ya lo estamos siendo? No lo sé. Necesito que quemes el invierno y paralices el verano, un beso en vano. Otro año.
Mira, mira el cielo lleno de negrura espesa, estallando de luciérnagas pequeñas y cristales deshechos, cayendo, rompiendo contra el suelo. Se mueren, se están muriendo. Sangre derramada del alma, donde florece la flor más bella. Y allí está ella, amando la oscuridad, la soledad.
Mírala, mírala bien, que hoy es tu noche de suerte porque mañana, mañana andará descalza por los prados de margaritas soleadas, encantadas. Y las rozará con la punta de sus dedos, suavemente, delicadamente, frágil como su vida. Y su corazón empezará a palpitar porque encontrará su belleza interna, que es subjetiva. Y llorará hasta dejar el mundo inundado, de agua endulzada y amarga. Se mezclará con la salada, y la sangre, condensada, se diluirá en el mismo pantano ennegrecido, quedándose vacío.
Abrirá todas las ventanas y cerrará cada puerta hallada. Querrá ser encontrada, pero estará tan lejana, y cercana, que no la verás. Por eso, quédate y mantente firme, tal vez ya no la recuerdes. Ha muerto. No sobrevivió. Si hubiese sido un segundo menos o, uno más, no todo hubiese sucedido. Porque arrasó, la margarita creció, en su interior. Tanto que revolvió sus entrañas para enamorarlas.
