Autor: perezitablog

  • El texto en blanco, y la novela

    Voy en blanco, soy la «tabula rasa» que arrasa sin nada. Me compongo diciéndome, cayéndome, y de esos pedazos saco la mierda, la miseria inquieta. Creía, luego sentí y, a posteriori, decidí. Derramé alguna lágrima. También comprendí de dónde vengo, aunque ya no sé mi dirección. Consistía en algo de dos, pero voy algo perdida, poco a poco ahueco el pozo, que paulatinamente se deshaucia solitariamente.

    El caso es que (discúlpame el pretexto) sigo aquí, en este bucle entero, que parece que escribo o que me describo. ¿El hecho? Que voy, que me cuelgo y que me desvivo. ¿Era al revés? Yo ni lo sé ni tampoco lo sabré porque con el quehacer de mi monotonía seca y eterna me quedo quieta.

    Soy la mosca muerta, la luna solitaria, la oscuridad ensombreciéndose. Enciéndeme esta, vida, tal vez sea la vencida o la opción desubicada. Se me cruzan las palabras. Serán las letras, las coletillas y las comillas que se destierran, que se encierran como si fuese todavía más palpable, más posible. Así que el resultado de hoy es este. Sigue leyéndome, quizás crees encontrar, aunque te comparte, en un futuro mi nueva novela, puedes dedicarte a leerme, a indagar, a soñar, a volar o a ninguna de las anteriores.

  • La consciencia inquieta

    Hoy me he levantado con el pie izquierdo sin saber si te quiero. Anoche saboreé una mezcla de sabiduría con algo de fantasía y una pizca de melancolía. Se me caen las preguntas, se van deshaciendo, incluso se deshinchan por culminar allá, al borde de la rotura de la costura, de mi alma descosida, y un poco de herida. Me gustaría ser niña, comerme alguna nube de algodón y quedarme azucarada lo que resta de mi vida, que quizás solo es un día o varios segundos o pellizcos de alegría. La que dejé de cantar tiempo atrás. Por años, daños. Será al revés. Me arrepiento de los varios milagros mal logrados, se quedan tan descolgados, así, ensanchados que, al final, me hacen cosquillas. ¿La absurdiad de este amanecer? Que está convirtiéndose en la superficialidad, ¿O ya lo era? Bueno, danza y también baila. Lo superfluo se arraiga en el vaivén vecino y, así, un «contínum» figurado. Un texto que se aferra al sin sentido entrando al transcurso con orgullo y mucho éxito. «Salí por la puerta trasera. ¿O  era la primera?» La sencillez acelera, yo me ubico muerta, y quieta. ¿Y ahora qué piensa mi consciencia? ¿O que no quiere concluir? Agoté la conjunción «o» del susto, de la agonía, se perdió la alegría maldita. ¿En qué momento decide tomar el vuelo? «¿Me habré vuelto loca?», se cuestiona la otra «o». Y sin percatarse, quizás sí lo sepa ya, cae en su bucle.

  • «Romancero gitano», de Federico García Lorca: una obra imprescindible de la poesía española

    ¿Por qué Romancero gitano sigue siendo uno de los poemarios más importantes de la literatura española?

    Pocas obras han logrado representar con tanta fuerza el imaginario andaluz y la cultura gitana como Romancero gitano, publicado por Federico García Lorca en 1928. A través de dieciocho romances, el poeta granadino construye un universo simbólico donde conviven la belleza, la libertad, el deseo, la tragedia y la muerte.

    En esta reseña comparto mi opinión sobre un poemario que, casi un siglo después de su publicación, continúa siendo una de las grandes referencias de la poesía en lengua española.

    Ficha del libro

    • Título: Romancero gitano
    • Autor: Federico García Lorca
    • Publicación: 1928
    • Género: Poesía
    • Editorial: Biblioteca Nacional de España
    • Número de páginas: 110

    📚 Puedes conseguir este libro aquí

    ¿De qué trata? (Sin spoilers)

    Romancero gitano reúne dieciocho poemas escritos en forma de romance donde Federico García Lorca recrea un universo inspirado en la cultura gitana andaluza.

    Lejos de ofrecer una representación realista, el autor utiliza este mundo como un símbolo para reflexionar sobre cuestiones universales como la libertad, el destino, la marginación, el amor y la muerte. Cada poema presenta una historia diferente, aunque todos comparten una intensa carga emocional y un lenguaje lleno de imágenes poéticas.

    El resultado es un libro donde la tradición popular y la innovación literaria se unen para crear una de las obras más representativas de la Generación del 27.

    Mi opinión

    Lo que más me ha fascinado de Romancero gitano es la capacidad de Federico García Lorca para convertir cada poema en una escena llena de simbolismo y musicalidad.

    Aunque en una primera lectura algunos versos pueden parecer difíciles de interpretar, poco a poco se descubre que cada imagen tiene un significado que trasciende lo literal. La luna, los caballos, el agua, la noche o la Guardia Civil no aparecen únicamente como elementos narrativos, sino que representan emociones, conflictos y aspectos de la condición humana.

    También me ha parecido especialmente interesante la forma en que Lorca convierte al pueblo gitano en un símbolo de la libertad y, al mismo tiempo, de la marginación. A través de sus personajes, refleja la lucha contra la represión y el destino, temas que siguen conservando una enorme fuerza emocional.

    Es un poemario que invita a detenerse en cada verso y releerlo varias veces. Su riqueza simbólica hace que cada nueva lectura permita descubrir matices diferentes.

    Los grandes temas del poemario

    La libertad y la marginación

    El pueblo gitano aparece como símbolo de quienes viven al margen de las normas impuestas por la sociedad, enfrentándose continuamente a la represión y a la incomprensión.

    El amor

    El amor se presenta como un sentimiento intenso, apasionado y, en muchas ocasiones, inseparable del dolor y la tragedia.

    La muerte

    La muerte recorre todo el poemario como un destino inevitable y forma parte de muchas de las imágenes más conocidas de la obra.

    El destino

    Los personajes parecen avanzar hacia un final del que no pueden escapar, reforzando la sensación de fatalidad que caracteriza muchos de los romances.

    La naturaleza y el simbolismo

    La luna, el agua, el viento, los caballos o el color verde forman parte de un complejo sistema simbólico que convierte la naturaleza en un reflejo de las emociones humanas.

    Sobre Federico García Lorca

    Federico García Lorca (1898-1936) fue poeta, dramaturgo y uno de los principales representantes de la Generación del 27. Su obra destaca por la combinación de tradición popular, innovación literaria y una extraordinaria riqueza simbólica.

    Entre sus libros más conocidos se encuentran Romancero gitanoPoeta en Nueva York y Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, además de obras teatrales como La casa de Bernarda AlbaBodas de sangre y Yerma.

    ¿Recomendaría este libro?

    Sí, especialmente a quienes quieran descubrir la poesía de Federico García Lorca o acercarse a uno de los grandes clásicos de la literatura española.

    Aunque su lenguaje simbólico puede exigir una lectura pausada, la belleza de sus imágenes y la profundidad de los temas hacen que la experiencia merezca la pena. Es un poemario que continúa ofreciendo nuevas interpretaciones con cada relectura.

    Mi valoración

    Romancero gitano es una obra imprescindible de la poesía española. Federico García Lorca consigue unir tradición, simbolismo y emoción en un conjunto de poemas que siguen conmoviendo y sorprendiendo por su belleza y su profundidad.


    ¿Merece la pena leer Romancero gitano?

    Sin duda.

    Si te interesa la poesía española o quieres conocer una de las obras fundamentales de Federico García Lorca, Romancero gitano es una lectura imprescindible. Sus poemas no solo destacan por su musicalidad y riqueza simbólica, sino también por la manera en que abordan temas universales como la libertad, el amor, el destino y la muerte.

    Es un libro que invita a volver una y otra vez a sus versos, descubriendo nuevos significados en cada lectura.

  • Mucho albedrío

    Estoy agotada de mente y alma, y llueve, ya ni se incendia la llama. «Quédate», me susurraste allá en aquella hamaca que se balanceaba. Te arrastrabas, yo ya iba desgastada. Te lo repetí varias veces en distintas ocasiones, pero ni me escuchaste. Te seguiste acurrucando, me descolgué: mi corazón danzando en el limbo. La canción resbaló en los tres últimos bailes. Dicen que «a la tercera va la vencida» y, oye, llevo más de una copa y cinco bailes. ¿Echamos un brindis? Ambos, digo, por lo que pudo haber sido y que se quedó en mitad del camino. Bueno, sencillamente consistía en recorrerlo entero para que nuestros labios se conocieran. Es lo que tiene ser escritora, que incluso te describo lo imperceptible -aquel sentimiento con apellidos-, tú. ¿El significado? Que todavía estás inscrito en el primer pedazo que se desgarró al verte por primera vez, porque se colgó, de ti. ¿Ahora? Me he transformado, soy otra. Me he comido la loca, la ola y la rotura al borde de la costura. Sí, he ahogado casi todas las penas y tus pecas, me puse la sabiduría por delante, se me escapa de las manos tu alegría. Después de la pausa y también del paréntesis, aparece la peripecia. Me la bebo entera. Las bocanadas de aire resulta que son pellizcos de realidad. La verdad va saturada, y yo enamorada de mi mirada. Ha florecido la Anna, pues la anterior, no es que se haya caído por el precipicio ni huido… es que se ha enorgullecido, ensanchando el pecho derecho y, con ello, sopla una risa ligera, muy sincera. Me muevo eterna al son de mi queridísimo viento.

  • ¿Aún no me lees?

    Hoy me paseo por aquí porque la noticia es que dos de mis libros están gratuitos actualmente.

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    Pd. Gracias por leerme, nos leemos.

  • La nota rara

    Ya me caí, creo, desde hace varias heridas. Luego, me las comí. Aunque son las cuatro de la tarde, ya pasadas, y se van las horas, se marchan. Se diagnostican la tristeza, tan arraigada a la cicatriz. Se murió, o se mató (sola) la perdiz después de intentar estar feliz. La venda, y la vena aorta, ahora, resulta que se ahorca. Bueno, tantas mariposas loquillas, al final, la cuenta se desliza, con el café derrumbándose. Sigo aquí, no sé ni qué escribí. Será, como cada madrugada, la descripción de mi alma arrugada. Quise ensancharme la mirada. Tanta observación para nada, o para, absolutamente, todo. ¿Que me quede? Si ya me derretí, pues me fui. Resulta que la vida afloja y, a la vez, aprieta, ahí, en el corazón de donde se va cerrando a cremallera. Aletea, corre, y vuela, que se te pasa el arroz. Acelera en la carretera, gira a la derecha y aprieta (el gatillo). Voy, grito. Me quedo casi ciega, de voz, y medio sorda de sensación, porque, si te hablo de la emoción, se me baja el subidión. Vaya colocón. Descoloréame esta, por favor. Y gracias, ríete de mis desgracias.

  • Me estoy yendo

    Sé hacia donde me dirijo, pero va y sin querer me desperdicio, caigo, no me elijo. Aunque las florecillas vayan ascendiendo en picado, sigo en la buhardilla, ocultándome, y tragando, hacia fuera, la miseria, muy imprecisa e inconexa. Los codos los tengo rasgados. ¿O eran los ojos? Será el cora‘ que va desgastado. ¿Cuándo dejaré de arrastrarme y amargarme? A día de hoy, ya está siendo el ayer, me quedé de piedra, con la cicatriz abierta. Me pica la oreja izquierda, me escuece la coletilla, la última colilla eres tu misma, o el otro reflejo. Déjame decirte: he perdido el espejo. Fugazmente me voy yendo. Creí marchitarme tantas veces que, al final, solo consistió en quemarse la semilla, sí, en carbonizarla para, a posteriori, ejecutar el crímen con la mirada asesina, perdida. Así culminé en el placer número 33. «Me quise quedar. Me iba a quedar, de hecho, ya me había quedado», sopla mi latido enfermizo. La acción más complicada es el hecho de no accionarse, de querer irse y no poder porque aún, una, sigue en el vaivén del gerundio. ¿En qué momento le cortaré las alas o la lenguaa? ¿Cómo puedo dividir a cuchilladas sus letras? Porque ese presente intermitente parece imposible de detenerle. Supongo que comiéndome la realidad. ¿No se transformará en muchas verdades? Supongo que juntas la forman, la crean, lo son. ¿El qué? Me derretí por quinta vez. El inconveniente recae en que no me conviene y me pertoca quererme más, y mejor, a mí, a mi niña interior. Se me rompió el color. ¿O es que dejé caer el dolor y ahora me ha absorbido por contactar con él desde mis insignificantes pies?

  • La escena servida

    Todo va cambiando: la rutina, los quehaceres y la vida, pero mi sensación sigue siendo la misma; la monotonía sentimental, tan normal, de sentirme igual y, a la vez, neutral. La mismísima alegría se descojona, colocándose la tontería en una esquina. Luego aparezco yo, justo en medio de esa belleza negra, y muy extraña, que se asoma desde la ventana, y se cae. El caso es que el suceso es tan imperceptible, tan predecible, que los pasos -torcidos y cohibidos- se disocian. Consistía en dejarse llevar, ser y florecer. La cosa va del revés, bastante derretida. ¿Para qué leerme tanta filosofía si entre líneas voy ya servida? El último placer que encuentro en esta casi dinámica es la insuficiente perspectiva, pues carezco de autocrítica. A posteriori agradezco ese momento descontento. Descuelgo la fe del tendedero. Ahora voy con los pies de plomo, pero me pesan, me duelen. ¿Me esperan? Parecía sencillo en mi panorama teatral, digo, la escena montada en mi mente. Solo eran tres pasos y un párrafo preparado soltado, en un futuro, a bocajarro a conjunto con un breve diálogo y la escasa afirmación, sí, que te quiero con menos intensidad, una de tipo fluorescente, de forma intermitente, y ese foco que contiene una superflua intensidad.

  • «Las olas», de Virginia Woolf: una profunda reflexión sobre la identidad y el paso del tiempo

    ¿Qué ocurre cuando una novela deja de contar una historia para explorar la conciencia humana?

    Hablar de Virginia Woolf es hablar de una de las escritoras más innovadoras del siglo XX. Con Las olas, publicada en 1931, llevó el monólogo interior y la experimentación narrativa hasta uno de sus puntos más altos, creando una obra que desafía las convenciones de la novela tradicional.

    En esta reseña comparto mi opinión sobre una lectura tan exigente como fascinante, donde la identidad, el tiempo y la muerte se convierten en los verdaderos protagonistas.

    Ficha del libro

    • Título: Las olas
    • Autora: Virginia Woolf
    • Publicación: 1931
    • Género: Novela modernista
    • Editorial: E-Bookarama
    • Número de páginas: 152

    📚 Puedes conseguir este libro aquí

    ¿De qué trata? (Sin spoilers)

    Las olas sigue la vida de seis personajes —Bernard, Susan, Rhoda, Neville, Jinny y Louis— desde la infancia hasta la vejez. A través de una sucesión de monólogos interiores, cada uno expresa sus pensamientos, emociones y preocupaciones mientras afronta las distintas etapas de la existencia.

    Aunque Percival apenas aparece de forma directa, su figura actúa como un punto de unión entre todos ellos y adquiere un papel fundamental en el desarrollo de la novela.

    Más que narrar una historia convencional, Virginia Woolf construye un mosaico de voces que reflexionan sobre la identidad, el amor, la amistad, el paso del tiempo y la inevitable presencia de la muerte.

    Mi opinión

    Lo que más me ha impresionado de Las olas es su capacidad para convertir la conciencia humana en el verdadero escenario de la novela.

    Aquí no encontramos una trama tradicional llena de acontecimientos. Lo importante son las emociones, las dudas y la forma en que cada personaje percibe el mundo y a sí mismo. A medida que avanzan los capítulos, las distintas voces comienzan a dialogar entre ellas hasta transmitir la sensación de que todos forman parte de una misma conciencia fragmentada.

    Virginia Woolf escribe con un estilo profundamente poético. Sus descripciones de la naturaleza, del mar y del paso de la luz acompañan constantemente la evolución de los personajes y simbolizan el transcurso de la vida, desde la infancia hasta la vejez.

    Es una novela que requiere una lectura pausada y atenta. No pretende ofrecer respuestas sencillas, sino invitar al lector a reflexionar sobre quiénes somos, cómo construimos nuestra identidad y qué significado tiene el paso del tiempo.

    Los grandes temas de la novela

    La identidad

    Cada personaje representa una manera distinta de entender la vida, aunque poco a poco sus voces parecen fundirse en una única experiencia humana.

    El paso del tiempo

    La novela acompaña a sus protagonistas desde la infancia hasta la vejez, mostrando cómo cambian las personas, sus relaciones y su forma de comprender el mundo.

    La muerte

    La conciencia de la muerte atraviesa toda la obra y se presenta como una realidad inevitable que da sentido a la existencia.

    La memoria

    Los recuerdos y las experiencias compartidas construyen la identidad de los personajes y les permiten comprender el camino recorrido.

    La naturaleza

    Las imágenes del mar, las olas y los ciclos del día funcionan como metáforas del paso del tiempo y del constante movimiento de la vida.

    Sobre Virginia Woolf

    Virginia Woolf (1882-1941) fue una escritora, ensayista y una de las principales representantes del modernismo inglés.

    Su obra revolucionó la narrativa del siglo XX gracias al uso del monólogo interior y al profundo análisis psicológico de sus personajes. Entre sus novelas más conocidas se encuentran La señora DallowayAl faroOrlando y Las olas, considerada por muchos críticos una de sus obras más experimentales y ambiciosas.

    ¿Recomendaría este libro?

    Sí, aunque especialmente a quienes disfrutan de la literatura introspectiva y de las novelas que experimentan con la forma de narrar.

    No es una lectura sencilla ni rápida. Requiere concentración y paciencia, pero ofrece una experiencia literaria muy diferente a la de una novela convencional. Si buscas una historia con una trama marcada, quizá no sea el libro más adecuado; si, en cambio, disfrutas reflexionando sobre la condición humana, encontrarás una obra extraordinaria.

    Mi valoración

    Las olas es una novela única que transforma la narración en una reflexión continua sobre la identidad, el tiempo y la muerte. Virginia Woolf demuestra una vez más su enorme capacidad para explorar la mente humana con una sensibilidad y una belleza literaria excepcionales.

    ¿Merece la pena leer Las olas?

    Sin duda, si te interesa la literatura modernista y las novelas que invitan a pensar más allá de la historia que cuentan.

    Las olas no busca entretener mediante una sucesión de acontecimientos, sino ofrecer una experiencia de lectura profundamente introspectiva. A través de las voces de sus personajes, Virginia Woolf nos recuerda que la vida está formada por recuerdos, emociones y preguntas que cambian con el paso de los años, mientras el tiempo avanza con la misma constancia que las olas del mar.