Etiqueta: salud emocional

  • Pinceladas grisáceas

    Pinceladas grisáceas

    Estoy, de hecho, voy agotada de este existencialismo tan mortal. Quizás es que necesito llorar, o ahogarme un poco más en mi vacío vital. Estoy, de hecho, voy hastiada de todo, se me clavan mis propias astillas, me repiquetean las costillas, y ya ni tengo cosquillas. O eso parece… Si se agradece, encuentrámelas otra vez, porque voy más tuerta, más loca, más muerta. Vuelvo a estar cansada de esta vida, de mi ser y, me vuelco, sin querer, en aquel ser que un día salió del espejo de mi miserable reflejo. ¿Me quedo? Bueno sí, así quieta, muy indistinta, e inerte, ya ni te cuento, porque si me pongo aquí a describir. Nada, que se me enreda entrelazándose ese sentimiento tan raro, porque se pone a hervir, el pillín.

    Me sabe mal, bastante fatal, que esa tristeza tan brutalmente inmensa se quede atragantada en mi garganta, y que mi don sea esa mala destreza de removerme en ella. Quizás incluso me acabo revolcando, quizás, algún día, me quiera enterita. El hecho aquí es que ya se me ha caído la tirita que me cegaba, que no me dejaba ver el más allá. ¿Vislumbraré los colores o ellos de tanto observarlos me transformarán en una foto en blanco y negro? Probablemente ya me he convertido en un cuadro lleno de grises. Cabe destacar que ya no quiero serlo más.

  • Distorsióname esta

    Distorsióname esta

    Voy a… voy a leer, se dice la niña, o sea, la mujercita ya mayorcita. La que va, y vuela, con la cabeza llena de pájaros. Nada, que ya llega la verbena. ¿Va a petar la celebración? ¿Qué tipo de maldita erudición es esta? Se me acumulan, ahora, todas las pestañas y disculpa, disculpa si en este preciso y marchito instante, he decidido escribir en primera. Sí, colocándome en la posición más mortal, porque el cañón me puede dar. ¿Y yo me quedaré quieta mientras me desangro por aquel balazo bien acertado? ¿Me desviviré, alguna vez, por querer vivir? Empezar de cero por milésima vez… ¿Y para qué? Y la verdad… ¿Encajará con la realidad algún triste día? La casualidad se encuentra en la puerta, la de la esquina. Abrirla o cerrarla (para siempre). Qué dualidad, qué forma de moverse y arrancarse en ese vaivén que se va, se va. Quítame esa, justamente, la amarga, que peca, y qué peca (más fea). Haz que desaparezca la manía, y mi rareza entera. ¿Seré yo la torpe? La que aún así mirando se da el golpe? Vaya golpe, y vaya, tu mirada me desarma. No quiero hablar del tema, que me quedo, sin más, muy atrás. Se me distorsionan las comillas, pues de vez en cuando me como las coletillas. Duelen, escuecen. Las espinas, digo, que se me clavan dentro. Y, uf, qué infierno tan entero, muy completo.