Etiqueta: literatura

  • Caída la venda, roto el corazón

    ¿Cuándo comenzaste a desenamorarte de mí? ¿En qué momento? ¿En qué día empecé a bajarte del pedestal? Escalón a escalón hasta la desilusión. Ahora eres real. Quiero cegarme por amor, que continúes siendo un personaje ficticio porque darse de bruces contra la realidad me está doliendo más de lo normal. ¿Cuándo he dejado de enamorarme de ti? Te veo, tú. Siempre fuiste tu mismo, en todo tu ser. Elijo, ¿El qué? ¿Seguir queriéndote así? ¿Y si me amo? Me estoy rompiendo. Dicen que es porque floreceré. ¿Cuándo?

  • ¿Qué has aprendido del amor?

    He tenido que desaprender tantas veces… Para comprender al fin, quizás, que el amor no es dolor y que el desamor duele.

    ¿Desamor propio? ¿Amor? ¿Para qué queremos? ¿Qué es el amor? Quiero decir, ¿Qué significa el acto de amar?

    Martirizarse a dudas, ir latiendo a paso lento y vida fugaz. Porque el amor es eso, ¿No? Querer tanto y tan rápido para, después, bueno, tener una caída de tres segundos y un derrumbamiento mental. De un portazo, de un latigazo. Y, de golpe, dejar de sentir(se). Pero yo me sigo preguntando:

    ¿Qué carajos es el amor? ¿Duele?

    ¿Se come a bocanadas de aire? ¿O simplemente se siente? ¿Dónde? ¿En el dedo pequeño del pie?

    ¿Y de dónde surge?

    Supongo que de las chispas del corazón que, en vez de dar tregua, dan mucha guerra.

    No he aprendido absolutamente nada. Porque, no sé, el amor lo es todo, supongo en un intervalo de tiempo inédito. ¿Y el viento? ¿Cuántos días nos quedará para seguir amando o sufriendo?

  • Dialogando con el café

    Simplemente quería un café y charlar, yo qué sé, de la fe. Reírnos un rato (largo), que quede constancia de nuestras sonrisas. Bueno, aquí estoy: tomándome la fe sola y dialogando con el café, ya frío. Ya roto y vacío. Quiéreme, digo, creemos juntos. Estamos más separados que nunca. Duelen, mis alas están quebradas. Mi mirada habla sin querer. La esperanza se deshace.
    Debería aprender de la vida, de mi misma. Debería. Solo es enero, uno eterno. Destruirme para volver a florecer…, ¿O es que siempre me marchito?
    Los pétalos van cayendo,
    van muriendo.

  • El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

    En El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, el autor compara metafóricamente y analiza la vida adulta desde el punto de vista de un niño.

    La aventura, o desgracia, comienza porque un adulto se pierde en medio del desierto y se encuentra a un niño llamado ‘El Principito’, quien recorrió distintos mundos denominados como regiones de asteroides. El niño, es decir, ‘El Principito’, le va contando las historias a su compañero adulto, un aventurero solo y perdido por el mundo.

    Los distintos planetas son un total de siete: el del rey absolutista y universal, el del hombre del sombrero, el del bebedor, el del hombre de negocios, el del farol y el farolero, el del señor viejo que escribe libros gigantes y, por último, el de la Tierra. De todos ellos podemos extraer distintas conclusiones y reflexiones gracias a los pensamientos que va expresando el niño.

    El Principito se divide en veintisiete capítulos breves y contiene varias ilustraciones, dibujadas por el autor, con alguna cita interesante que provoca el acto mágico de pensar.

    Así pues, es una obra llena de emociones, metáforas y pensamientos de los cuales el lector acaba empatizando.

    En definitiva, el niño de nuestro interior siempre debería estar vivo, pues si miramos más allá, en el cielo, quizás vemos una estrella, que nos recuerda quién es él y, a la vez, quiénes somos nosotros.

    ¿Estamos vivos? ¿Nuestro corazón palpita?

  • ¿Eres creativo/a?

    Sí, porque invento historias, buceando entre las nubes grisáceas de mi corazón, cuyo va bombardeando hechizos rotos. Porque vivo más en mi mundo imaginario que en el mundo terrenal. Ya no toco de pies al suelo, vuelo, vuelo. O nado entre las olas coléricas de mi mente. Y me gusta serlo. Adoro mi caos. Es algo que lo llevo en la sangre. ¿Contagiaré el arte? ¿Contagiaré mi arte? ¿Acaso inspiro? Me deleito entre las letras, levito gracias a la literatura ya sea de otros, o mía. Es cierto que últimamente he dejado de escribir(me). Quizás es que estoy en otra fase lunar. Ya no sé si las flores se marchitan o provocan mi deterioro. Solo siento y voy haciendo.

    ¿Y tú eres creativo/a?

    Si puedes inventar, crear, creer y florecer y a la vez marchitarte. Si puedes cantar, bailar, escribir y volar. Ser pájaro enjaulado y, luego, en tu propio arte, sumergirte en una oscuridad profunda e intensa, entonces sí. Lo eres.

    Hoy es uno de estos días sin el arte enganchado en mi paleta de tonalidades negras. Mi corazón. Es cierto que escribo, que dejo moverme sobre la nada. Hoy estoy fluyendo porque estoy agotada. Mis días cada vez son más pesados y debo hacer tantas tareas… Pendientes y precipicios. Una agenda con mil anotaciones para, luego, acabar deshaciéndome en la cama. Durmiendo, soñando. Al fin y al cabo, lo que más necesito actualmente son ensoñaciones para sostener mis recuerdos y mi ser. Mi sed, mis ansias, mis ganas de vivir la vida.

  • Valórame más

    Ni Romeos ni Julietas.
    Quiéreme bien.
    Quiéreme de forma sana,
    por favor.
    Pero es que si se lo pido al cielo,
    ¿Qué sentido tiene?
    Ninguno.
    Es triste,
    pero está siendo mi realidad.
    Duelen,
    las corazonadas,
    las emociones,
    que se rompen como las olas,
    quiero decir,
    en contra del viento,
    y de tu voluntad.

  • ¿Te pasas más tiempo pensando en el futuro o en el pasado? ¿Por qué?

    Colorea tus pensamientos.

    Anna Pérez Carreño

    Pues yo me paso todo el tiempo desvivéndome, jamás estoy presente. Me angustio por el futuro y me preocupo por el pasado. Así que, bueno puedo afirmar rotundamente que por eso he dejado de ser -persona-.

    Supongo que a muchos seres humanos les sucede. Sí, eso de vivir en un constante vaivén que va y viene y va y viene y nunca se queda. Nunca está.

    Debo mejorarlo, lo sé. Manejarlo. Es un hecho. Y, ahora, me cuestiono en cómo hacerlo. Y creo que todo radica en el pensamiento, es decir, en cómo afrontamos mentalmente las circunstancias, la vida. Ahí, justamente, está lo fundamental. Así que voy a afrontar mis inacciones y mis pensamientos para sacar posibles conclusiones.

    ¿Cómo sentir paz mental?

    Pienso que por mucho que leas un libro, escuches música o salgas a pasear, para, principalmente, desconectar, es insuficiente. ¿Por qué? Porque el agobio seguirá hasta arruinarte.

    Como he mencionado antes, la clave, o la llave «mágica», está en el cerebro. Por tanto, es tan simple, o quiuzás no, en afrontar todos los pensamientos surgidos de nuestro ser. Es decir, escucharlos, entenderlos, aceptarlos y transformarlros. Ir moldeando su figura abstracta cada vez más palpable.

    En definitiva, colorea, aunque sea a cámara lenta, tus pensamientos, es decir, las balas que salen, escopeteadas y sin querer, de tu cerebro.

  • Un proceso hermoso

    Sigo aprendiendo de mi misma.
    Está siendo un proceso muy bonito y, aunque doloroso, infinito de momentos llenos de algo que aprender. Y no sé tú, pero para mí la evolución de uno mismo no acaba y empieza al finalizar un año e iniciarlo sino que los pétalos van naciendo y muriendo en una vida hasta que nuestro cuerpo se enfría. Así está siendo. En un cerrar de ojos todo se esfuma incluso la espuma. De mientras, disfruta.

  • Si pudieras diseñar la habitación perfecta para leer y escribir, ¿cómo sería?

    Mi ideal de ‘habitación perfecta’ es que sea mi espacio, un lugar donde pueda evadirme del mundo exterior e introducirme en mi caos.

    Anna Pérez Carreño

    Y para ello necesitaría un escritorio con unas cuantas libretas, bolígrafos y post-its. Una estantería para almacenar libros aunque podría prescindir de ella, pues los iría colocando uno encima de otro en el suelo, por orden de leído.

    Además, me encantaría tener mi propio rincón de lectura. Un sillón al lado de la ventana, una alfombra y la literatura entre mis manos.

    Una habitación perfecta para mí sería aquella que desprendiese un ambiente cálido, con la música sonando de fondo y mucho arte aún por descubrir.

    Me gustaría, en un futuro, sentirme rodeada de libros que provocaran algo en mi ser. Lo que fuere. Cualquier emoción, el palpitar del corazón.

    Así que, bueno, si tengo que elegir, prefiero estar viviendo y sintiendo al mismo tiempo a través de la imaginación.

    Y para ti, ¿Cuál sería tu ideal de habitación perfecta?