Entonces, tu vida, alrededor tuyo, va dando giros, vueltas en ella misma. Y te mareas, aleteas y, justo, caes en tu jodido hueco. Se te ha roto algo, el corazón, porque mientras observas a tu hermana, estallas. Empatizando, preocupada no por el qué sino por cómo ella afrontará la situación. Vaya suceso, puto agujero negro.
Porque se divide mentalmente en mil pensamientos que van en círculo, en bucle. Porque se ha partido en dos, ahora es dominada por la depresión, que se personifica en su cuerpo, animalizándola durante unos escasos pero intensos minutos.
Es tu reflejo, ahora sois la misma. Comprendes, y te gustaría tomarte un café enfrente suyo y decirle que tranquila que esto pasará, pero no pasa. La miras, la observas y te echas a su lado. Ahí, en su miseria. Vaya maneras, y qué forma -abstracta-, cómo se enciende, qué malditas las garras del monstruo.
Te vas deshaciendo al vaivén de cómo ella va muriéndose internamente. Sientes, demasiado, entre todas esas mierdas, compasión y cariño y amor. Sabes que, en unos días, o todo descenderá o será un desencadenamiento de acciones marchitas.
Tengo miedo.
Etiqueta: literatura
Una noche rota
Novedades literarias
Me paso por aquí para comunicarte que dos de mis libros están gratuitos,
¿Te unes a mi caos?
Pd. Gracias por leerme, nos leemos.
Aquella estrella
La nube grisácea, late pálida, de donde le van naciendo alas encarceladas, entrelazadas. Se enrollan, o se enredan, entre ellas. Otro tipo de vuelo, de aleteo y de arrasar a ras del cielo. ¿Cómo una puede derrapar sin parar? Es que la muletilla está tan presente. Se palpa, se palpitó y se marchó. Transparentemente me revuelco entre el barro. Ah, ¿Que no te lo dije? Hace ya varios instantes, inéditos e inertes, que caí. Por eso estoy así.
¿Cómo? ¿Por qué preguntas? Se me escapan de las manos, las dudas, escribo. Regreso a la puerta de atrás, por donde empezó la ruina, y la rutina. ¿Sabes qué es fingirse? ¿Y fingir? A mí me van doliendo los dedos de los pies, y el corazón. Sí, de tantos intentos por querer quererme. Si es que (otro pretexto absurdo) culmino del revés. Un, dos, tres y procede -la mujer- a caerse indirectamente.
¿El alma está en el pecho derecho? ¿Se encuentra o más bien se pierde? ¿Cuándo? ¿En qué espacio atemporal? En el de la muerte del otro universo impropio; un pronombre muy suyo. La vida, entonces, va pasando y, paseándose en aquel «no sé». ¿Y tú qué? ¿Qué miras? Espejo roto, que te observo desde aquel reflejo. La sombra, como siempre, oculta en sus ensombrecidos… qué pícara. Le encanta eso de la inexactitud, las curvas rectilíneas, las noches primaverales y, sobre todo, la luna estrellada en su soledad.
Yo soy ella, y qué gustazo.
El texto ya no es raro
Hay instantes que pierdo los días y me pierdo aún más y pierdo la cuenta y la cabeza, y también el tiempo. Me descuento de más. Paseo desorientándome, porque los pies los coloco mal, quiero decir, uno delante del otro y entonces me tropiezo. Son tropiezos, para otros, y ya, pero para mí es un aprendizaje hacia abajo, del revés. O algo así. Me cuestiono, o dejo de preguntarme. Luego vivo. Alcanzo, llego al logro y sigo. Porque todo consiste en eso, en ir y venir e ir y seguir. Continuar tu propio rumbo hacia el pedestal y al subirte en él, que se rompa debajo de tus pies para acabar en tus propios pies, en el mismo suelo donde comenzaste a subir y a subir escalones y a subir y a subir y a seguir subiendo. Estoy aquí, escribiéndome. No sé, no lo sé. No sé si es algo placentero o algo triste o algo bonito. Quizás algo raro, fuera de mi ser interno porque, porque, porque, yo siento que me estoy queriendo.
Irse
Ir yéndose, en un gerundio singular y muy desigual, ¿sabes? Te lo voy preguntando, así, precipitadamente y con las dudas saltando a bocajarro desde el precipicio. Abundan las carencias, escasean las caricias, aunque las ennegrecidas… y, si escribo del amor, su polo opuesto -y cojo- me engancha llevándome de pies a cabeza directa a la secta uniforme: el caos.
Los cables los tengo desenchufados y, además, se enredan entre sí. El que bombardea provoca estallidos, chiquititos, de felicidad, porque la angustia se marchó angustiada. Pero yo sigo aquí, cayéndome aún creyendo que estoy caminando. ¿Realmente? Mi muerte esá, ahí, esperando latente.
Las tardes de café en la playa (cuadro mental irónico) se desubican, desencajan en mi contexto. ¿Será que tanto me quiero ir que no sé? Ni cómo ni cúando… aunque el acto siga presente.
Quiéreme, pero vete ya. A mí, en un yo-verdadero, me está costando irme, de ti. De la ficticia sé a la perfección, probablemente idílica y surrealista, que está ida en una vida distinta. Significa que ya se fue. Significa que dejó de quererte. Significa que se está queriendo con certezas. Pero, sin pretextos, continuo describieno al yo-poético. Sí, el que se encuentra al lado inédito e interno del espejo. Créeme, quería fundirse, unirse, al yo-real. Cada una de las sombras se quedan por el transcurso vital, en el pasado aún por florecer. Intentando procesar aquellas roturas al borde de las costuras de mi corazón, he llegado, como he sabido, a una sola conclusión: que al salir, por fin, del caparazón, en un futuro faltará seguir amándose, (des)armándose de valor.
Otro inicio, un nuevo indicio
Esta semana ha consistido, básicamente, en volver a encontrarme, porque después de ir cayéndome del derecho y del revés, estoy aprendiendo, y es un arte, y un vaivén. Así que me agradezco, sí, a mí. Me escucho, me sostengo. Me estoy queriendo. Ya no se me hace tarde, los días van yéndose y, yo, con ellos, vuelo.
¿Sabes qué? Ven, ven y quédate, aquí, en tus raíces y, luego, déjate estallar en otro latido. ¿Pero qué está sucediendo? Que él está allí, sentado con un cigarrillo y el libro abierto mientras voy disfrutando de su mirada, del ir palpitando con paz y mucha tranquilidad.
A todo esto, ¿A ti cómo te está yendo? Estoy llegando para sorprenderte con mis obras, si es que caben en el concepto de literatura y, ¿Qué será? O, mejor cuestión aún, ¿Qué significa, para ti, estar escribiendo?
Para mí es un ir sintiéndome en un bucle constante, hermosamente roto.
¿Te gustaría leerme? ¡Únete a mis libros!
Al vaivén del desamor
¿La verdad? Siento que me he desenamorado de ti, siento que se han caído todas las ilusiones. Me siento culpable. He intentado volver a construir, reparar, meter los «te quiero» en el corazón, y solo caben en aquel rincón, metidos, todos, dentro de un cajón. Y ya no puedo más. A causa de ello me estoy rompiendo a pedazos cada vez más diminutos. Soy la tristeza personificada. Voy bailando con ella al son del desamor.
Y, me cuestiono, ¿Qué es el amor? ¿Para qué querernos? ¿Por qué nos amamos? Siento que ya no siento. La nada, tabula rasa. Un vacío, y otro y otro y otro y se van juntando y a pesar de tantos lloro internamente. La sequía, cada noche, se manifiesta. Créeme, me voy a crear, pero a va ser sin ti porque he dejado de quererte.