Necesito espacio vital, porque parece que mi corazón va a estallar. Es tan mortal ese desamor que emana de mi ser interior. Me quiero, me quiero desubicar, y voy y me pierdo sin más, como si fuese posible, como si fuese real. Lo surrealista aquí es que la vida, o la muerte, se me carcome las heridas en un in crescendo brutal. ¿Pero no estaban ya cicatrizados los huecos? ¿Qué huecos, Anna? Deja de enumerarlos, y de ir denominándolos. Quizás, quizás así desaparezcan, se esfumen, partiendo por aquella cuerda floja que afloja. Ahora, desde mi piel más sincera, de debajo de mis pestañas nace aquella lágrima interna. ¿Me explico? La que apesta y aprieta. Luego, cierto, surgirán las florecillas. ¿Serán margaritas? Mis costillas asfixian, aunque, bueno, podemos vernos, echarnos unas copas para, después, brindarle a la vida. ¿O era brindarte a ti, mi vida? O, sencillamente, consistía en echarme hacia delante: en quitar el freno y plasmar el verbo sempiterno, el del que te estoy queriendo en estos tiempos, en varios de mis tempos y, probablemente, en más de la mitad de mis cuentos, porque vaya, mi existencia se asemeja a un tipo de alegría eterna. No, no le pongas las comillas. Sí, suéltate, desmelénate. ¿Por qué no? Sácate, de debajo del alma, los dos otros puntos restantes. Añádelos al que, a priori, era un punto final. Sí, agrégale al solitario, que se sienta acompañado, que, bueno, el epílogo ya llegará.
Etiqueta: literatura contemporánea

El amor, que habla de cara
Estoy feliz, algo tan inusual en mí, que noto, y veo, cuando me giro, mi alrededor sonreír y, a mí, vivir. Sí, realmente voy, quiero decir, me siento fluir. La flor marchita que era, pues eso, que se desvanece su negrura espesa. ¿Será para siempre? ¿Será por el resto de mi vida? ¿Ya se está yendo, la que tenía aquí dentro: la pequeña, y tan amada, tristeza? La aprecio tanto, la adoro, que sin querer, la tengo aquí, en mí. Solo me queda dejar de sufrir porque sí, de resurgir desde mi florecido, y tan querido, jardín. Sóplale los sueños, que se queden entre nuestros entrecejos, que los azulejos brillen a lo lejos. Que nos sigamos, así, enamorándonos en la distancia, desde la nuestra elegancia, la que nos caracteriza, y con un corazón, que no esté como adorno, sino que sea un sentido único y mutuo. Nos estamos queriendo sin cobardía porque nos vamos admirando, latiendo, así, a pecho abierto, y qué miedo, y qué miedo que se achica a la vez que van pasando nuestros días, ya menos miserables, más valientes, ambos, quizás, de estar presentes a viva voz, vamos al son de los dos, a todo pulmón, en dirección a toda luz. Y, esta vez, voy tarde, pero con la mirada ensanchada y la sonrisa, de oreja a oreja, en el alma.

Estallando paz
Estamos a martes, quiero decir, somos martes: nos lo pintamos, cocinamos y, luego, pues nos lo comemos. Vamos, todos, ahuecados. ¿O la palabra correcta era ‘adueñados’? ¿Pero de qué o de quién? Tantos textos de los cuales abundan sus fachadas grisáceas y largas… se me van cayendo todas las pestañas. Acurrúcamelas, y estas y las otras, y baja las persianas: que se encierre, y encienda, el sol en nuestras almas. ¿Y ahora por qué escribo sobre comedias y dramas? ¿Qué tipo de miseria abunda en ella? Desdibújame entera, quítame la desesperanza que a veces viene, se queda y avanza, pero, oye, no, no te vayas. El día, bueno, parece muy largo aún así yendo errada, porque en un cerrar y abrir los ojos, pues culmina, sí, en la cumbre de la colina. Acércame esta, y aquella…, convénceme. ¿No? Así, con acciones y besos por toda mi cara mientras se sonroja porque se los has plantado. Entonces…, entenderé varias cosas, sustancias reales: que me admiras, me cuidas y me mimas. Que por eso haces asomar la alegría a la comisura de mis labios. Porque me estás queriendo y como si fuese todo un breve milagro, yo también lo hago, yo también, y sin querer porque te quiero y me quires, lo hago. Porque lo irreal, lo mágico, ha estallado. ¿Eres tú ese brujo tan mago? Serás el que hará la magia, con esa paciencia que te caracteriza, porque, bueno, vamos construyendo, entre el vienes, el voy y el estamos fluyendo. Qué brutal. ¿Verdad? Qué brutal fe, que se sostiene sola, como la luna en aquel cielo de ayer tan azul, porque ya se quiere, porque aún estando y siendo solitaria, en este ahora se encuentra acompañada y vaya, qué perfecta e intensa y magnífica y surrealista burbuja escurridiza: va asustadiza, pero bien enamoradiza, la pillina. Hasta las trancas, sí, de su corazón extraño que parecía ahogado, algo muy arrugado, y sagrado, pero que se ha ensanchado por tener un paz increíblemente inusual dentro, y todo por él.

Una carta
¿A quién? ¿Qué tipo de formato? ¿Y de qué estilo: directo o indirecto? ¿Con sujeto y sin verbo? ¿Le pongo una coma o tres puntos suspensivos? ¿La mayúscula va primero? ¿Cómo denominarlo, el suceso? El hecho es que solo falta quedarse y recrearse, o caerse, otra miserable vez. ¿Te crees que con ir del revés voy a poder? Ni yo lo sé. ¿Pero acaso quiero descifrarlo? Cada vez, quiero decir, con el cambio de estación y con el paso del tiempo, precisamente aquel más inédito, me pierdo y soy incapaz, de verdad lo digo, de sentirme en paz, aunque cuando estoy contigo… otro ángel canta, o sea, tú, porque estás de parte de mis alas que se alzan al vuelo, y todo eso.
Entonces, parpadea mucho, y mis pestañas ya se han deslizado por un rostro en un pasado muy reciente. Así que, bueno, me plasmo sin querer porque me he plantado aquí, en este quehacer tan divino, tan bonito. Lo que digo es que después de verme, observarme, analizarme varias veces e intentar agradecerme… Aún queda algo. ¿No? Sí, la introspección, un instinto mortal.
El acto de ir describiéndome es tener un poder muy grande, aquí, en mi pecho ya casi florecido, porque cuando me encuentro en el posteriori…, desconozco cómo empezar, cómo conjugar y colocar las coletillas. Están en el suelo, las colillas ahogadas en aquel adverbio mal combinado. Lo acaecido en este preciso momento es que ya no quiero ni Vodka ni Ron ni Baylis, sino bailarme para desahogarme, para despegar todas mis miserias y, después, descender hacia mis pies (mientras sin querer recuerdo cómo les hiciste cosquillas la última vez), y culminar riéndome por ser tan torpe y estar tan loca y por no tener la herida tan rota.
Voy tarde a todo siempre, dispara mi subconsciente sin querer. ¿Recuerdas el anochecer de ayer? Necesitaba florecer y por eso mismo se puso a hacer, y en ella, creer. ¿Sabes? El problema es que iba a escribir una carta, pero yo no soy buena en esas cosas, en colocar las palabras exactas, así, una detrás de otra. ¿O era al lado? ¿Quizás de una forma consecutivamente subordinada? ¿Me enciendes? Quiero esta, y la próxima vida. Haz que vibre entera y conviérteme en eterna, porque soy un poco más feliz que hace tres horas atrás. Y si me verás crecer, algún día, probablemente mis ojos brillen solo porque estamos sintiéndonos, ambos, el uno con el otro, siendo un nosotros no muy lejano.
Si esperabas un texto lleno de sensaciones extrañas, perdóname, pues esta es una carta rara, narrada desde el alma, o algo así. ¿Realmente lo es? Cuánto cuestionamiento interno. ¿Eh? Y qué infierno. Voy a confesar, sí, ahora mismo, en este presente, que mi intención inicial, desde ya hará unos cuantos meses, pasados, quise escribir una carta a mi yo de diecisiete años, pero… ¿Para qué? Acabo de descubrir que no sé encajarme en una breve aunque intensa sentencia. Primero suelto a bocajarro y, luego, ya si puedo, defino en cuatro palabras el texto en sí. Y si sale alguna duda, pues déjala que surja y se vaya o se quede y fluya. Ya encontrará la salida, o no. O quizás se ahoga más en su propia herida.
Vaya, qué miseria.

Proceso creativo de “¿Te puedo escribir algo?”
“¿Te puedo escribir algo?”, nació de una etapa de mi vida que, aunque actualmente la tengo ya un poco borrosa, cuando releo algún poema, soy consciente que fue una época muy dolorosa, pues solo hacía que arrastrarme por el suelo. No había forma ni tampoco manera de ascender, de ir hacia arriba. Todo estaba oscuro, era un agujero negro, emocionalmente hablando, claro.
Así que, sencillamente, porque es muy fácil caer, fui descendiendo, y ahuecándome todavía más en mi vacío, como si aquello fuese posible, como si fuese real, y lo fue. Y tanto si lo fue. Entonces, sin querer, me adueñé de mi ser interno, que estaba frágil y roto, que se convirtió en algo hecho añicos. Desconzco, y tampoco quiero indagar, de quién fue la culpa, aunque normalmente es del contexto, del entorno donde uno se va moviendo.
Si describo en breves palabras de qué trata la trama de estos poemas de prosa poética, puedo definir que es una ruptura emocional muy fuerte con una misma y, consecuentemente, con otra persona. Por tanto, el hilo conductor es el inicio de una relación con alguien, de cómo la protagonista va decayendo, y de cómo va desvaneciéndose por completo y, al final, concluye, ella misma, que ya se quiere, aunque realmente, el camino más importante es justamente ese: el acto de quererse, pues es lo que le falta aún recorrer.
En definitiva, son intentos de quererse, pero son chispazos tan breves y espaciados en el tiempo, que a la chiquilla le cuesta apreciar todos sus recovecos de su corazón roto desde hace ya varios daños.

Proceso creativo de “Aurora”
Escribir Aurora fue un proceso intenso y exhaustivo que contuvo un proceso creativo bastante largo lleno de cambios, de irregularidades y descensos. Y ahora que me pongo aquí a describir aquella experiencia, aquel proceso creativo, me quedo hueca de mente, así, en blanco, siendo la tabula rasa, porque se me escapan las palabras. Supongo que arrasan o quizás se difuminan o nunca llegaron a aparecer.
Entonces, se soltaron o cayeron a borbotones. ¿Quizás de golpe? No lo sé. Tampoco recuerdo bien cómo se inició aquel bocajarro de miseria rota, solo sé que de una herida, casi imperceptible, se incendió la llama de un vacío existencial: un fracaso monumental.
¿Qué pasa cuando toda tu vida es una fantasía ilusa? Cuando lo que creías real se convierte en irreal y a la inversa, entonces… ¿Hacia dónde te diriges? ¿Y cómo te mueves? ¿Por impulso del declive? Ir cayéndose mientras, una misma, se va creyendo y creando… ¿Pero el qué? Quizás, era, sin querer, tu proceso emocional, ese in crescendo del “voy viendo”. Ese que estabas esperando, sí, te llegó y de un portazo te reubicó, te plantó aquí dentro, en este presente que parece tan ausente…, pero que es real, que es tu pura y cruda y dura realidad.
Así que si te apetece hundirte en otro hueco extraño y bien amargo, léete Aurora. Quizás te reencuentras en otras formas abstractas, o no. ¿Quién sabe?
Mi poemario «¿Te puedo escribir algo?» ahora está GRATIS
Me apetece compartir algo especial: mi poemario ¿Te puedo escribir algo? está disponible gratuitamente por tiempo limitado.
Es un universo donde recojo fragmentos, cicatrices y desamores. Si te gusta la prosa poética que suelo publicar por aquí, este libro es un pedacito más de mí.
Si lo lees, me harás completamente feliz. Y si te apetece dejar una valoración, una estrellita o un comentario, estarás apoyando muchísimo mi camino como escritora.
Gracias por leerme,
Nos abrazamos, aunque sea desde la distancia.
«Suicidios ejemplares», de Enrique Vila-Matas: diez relatos sobre el vacío, la identidad y la muerte
¿Puede la literatura hablar de la muerte con ironía, belleza y profundidad?
Hablar de la muerte suele asociarse al drama o a la tragedia. Sin embargo, en Suicidios ejemplares, Enrique Vila-Matasdemuestra que también puede convertirse en un espacio para la reflexión, el humor negro y la exploración de la condición humana.
Esta recopilación de diez relatos no habla únicamente del suicidio entendido como un acto literal, sino también de todas aquellas formas en las que una persona puede sentirse desconectada de sí misma, del mundo o de los demás. Cada historia propone una manera distinta de afrontar el vacío existencial y convierte la muerte en una metáfora de la identidad, la creación artística y la soledad.
Ficha del libro
- Título: Suicidios ejemplares
- Autor: Enrique Vila-Matas
- Publicación: 1991
- Género: Relatos, ficción contemporánea
- Editorial: DeBolsillo
- Número de páginas: 176
Sinopsis (sin spoilers)
Suicidios ejemplares reúne diez relatos independientes unidos por un mismo hilo conductor: la muerte entendida desde una perspectiva simbólica y literaria.
Los protagonistas de estas historias atraviesan distintas formas de vacío, fracaso, nostalgia o pérdida de identidad. Algunos buscan desaparecer; otros intentan comprender su lugar en el mundo, mientras que algunos convierten la propia escritura en una manera de enfrentarse a la existencia.
Lejos de ofrecer una visión única del suicidio, Enrique Vila-Matas utiliza cada relato para reflexionar sobre la fragilidad humana y sobre las múltiples formas en las que una persona puede sentirse perdida incluso antes de morir.
Mi opinión
Lo que más me ha gustado de este libro es la capacidad de Enrique Vila-Matas para transformar un tema tan delicado como la muerte en una profunda reflexión sobre la existencia.
Cada relato posee una identidad propia, pero todos comparten ese tono melancólico e irónico tan característico del autor. Más que buscar el impacto, Vila-Matas invita al lector a detenerse y pensar en aquello que significa desaparecer, tanto física como emocionalmente.
Especialmente interesante me ha parecido cómo muchos personajes experimentan una especie de «muerte en vida». No se trata únicamente del suicidio como acto final, sino del sentimiento de vacío, de la pérdida del sentido o de la dificultad para encontrar un lugar en el mundo.
Además, la presencia constante de la literatura convierte esta recopilación en una obra muy atractiva para quienes disfrutan de la metaliteratura y de las historias que reflexionan sobre el propio acto de escribir.
Los grandes temas del libro
El vacío existencial
Todos los relatos giran alrededor de personajes que sienten una profunda desconexión consigo mismos y con el mundo que los rodea.
La identidad
Muchos protagonistas buscan comprender quiénes son o cómo desaparecer sin dejar de existir, explorando distintas formas de pérdida personal.
La metaliteratura
La escritura aparece constantemente como una herramienta para comprender la realidad, pero también como un refugio y una forma de construir la propia identidad.
La ironía frente a la muerte
Aunque el tema principal pueda parecer oscuro, Enrique Vila-Matas introduce un humor sutil y una ironía constante que convierten cada relato en una experiencia sorprendente.
Sobre Enrique Vila-Matas
Enrique Vila-Matas es uno de los autores más originales de la literatura española contemporánea. Sus novelas y relatos destacan por mezclar ficción, ensayo y referencias literarias, creando obras profundamente reflexivas donde la literatura suele convertirse en uno de los personajes principales.
En libros como Suicidios ejemplares o El viaje vertical, explora cuestiones como la identidad, la memoria, la soledad y el sentido de la existencia.
¿Recomendaría este libro?
Sí, especialmente a quienes disfrutan de los relatos breves, la literatura contemporánea y las obras que invitan a reflexionar.
No es un libro pensado para leer deprisa. Cada relato propone una idea distinta y merece ser leído con calma, dejando que sus imágenes y preguntas permanezcan un tiempo en la memoria del lector.
Mi valoración
Suicidios ejemplares demuestra que la literatura puede abordar incluso los temas más difíciles desde la belleza, la ironía y la reflexión. Enrique Vila-Matas construye diez relatos que invitan a pensar mucho más allá de su desenlace.
¿Merece la pena leer Suicidios ejemplares?
Si disfrutas de la literatura introspectiva, los relatos con múltiples niveles de interpretación y las obras que juegan con la frontera entre la realidad y la ficción, Suicidios ejemplares es una lectura muy recomendable.
Más que hablar de la muerte, Enrique Vila-Matas reflexiona sobre la identidad, la soledad y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo. Cada relato ofrece una mirada distinta sobre la condición humana y convierte esta recopilación en una obra tan inquietante como profundamente literaria.






