Soy dos vacíos en constante motivimiento, entrelazando bucles.
Etiqueta: escritura creativa
El texto ya no es raro
Hay instantes que pierdo los días y me pierdo aún más y pierdo la cuenta y la cabeza, y también el tiempo. Me descuento de más. Paseo desorientándome, porque los pies los coloco mal, quiero decir, uno delante del otro y entonces me tropiezo. Son tropiezos, para otros, y ya, pero para mí es un aprendizaje hacia abajo, del revés. O algo así. Me cuestiono, o dejo de preguntarme. Luego vivo. Alcanzo, llego al logro y sigo. Porque todo consiste en eso, en ir y venir e ir y seguir. Continuar tu propio rumbo hacia el pedestal y al subirte en él, que se rompa debajo de tus pies para acabar en tus propios pies, en el mismo suelo donde comenzaste a subir y a subir escalones y a subir y a subir y a seguir subiendo. Estoy aquí, escribiéndome. No sé, no lo sé. No sé si es algo placentero o algo triste o algo bonito. Quizás algo raro, fuera de mi ser interno porque, porque, porque, yo siento que me estoy queriendo.
Irse
Ir yéndose, en un gerundio singular y muy desigual, ¿sabes? Te lo voy preguntando, así, precipitadamente y con las dudas saltando a bocajarro desde el precipicio. Abundan las carencias, escasean las caricias, aunque las ennegrecidas… y, si escribo del amor, su polo opuesto -y cojo- me engancha llevándome de pies a cabeza directa a la secta uniforme: el caos.
Los cables los tengo desenchufados y, además, se enredan entre sí. El que bombardea provoca estallidos, chiquititos, de felicidad, porque la angustia se marchó angustiada. Pero yo sigo aquí, cayéndome aún creyendo que estoy caminando. ¿Realmente? Mi muerte esá, ahí, esperando latente.
Las tardes de café en la playa (cuadro mental irónico) se desubican, desencajan en mi contexto. ¿Será que tanto me quiero ir que no sé? Ni cómo ni cúando… aunque el acto siga presente.
Quiéreme, pero vete ya. A mí, en un yo-verdadero, me está costando irme, de ti. De la ficticia sé a la perfección, probablemente idílica y surrealista, que está ida en una vida distinta. Significa que ya se fue. Significa que dejó de quererte. Significa que se está queriendo con certezas. Pero, sin pretextos, continuo describieno al yo-poético. Sí, el que se encuentra al lado inédito e interno del espejo. Créeme, quería fundirse, unirse, al yo-real. Cada una de las sombras se quedan por el transcurso vital, en el pasado aún por florecer. Intentando procesar aquellas roturas al borde de las costuras de mi corazón, he llegado, como he sabido, a una sola conclusión: que al salir, por fin, del caparazón, en un futuro faltará seguir amándose, (des)armándose de valor.
Otro inicio, un nuevo indicio
Esta semana ha consistido, básicamente, en volver a encontrarme, porque después de ir cayéndome del derecho y del revés, estoy aprendiendo, y es un arte, y un vaivén. Así que me agradezco, sí, a mí. Me escucho, me sostengo. Me estoy queriendo. Ya no se me hace tarde, los días van yéndose y, yo, con ellos, vuelo.
¿Sabes qué? Ven, ven y quédate, aquí, en tus raíces y, luego, déjate estallar en otro latido. ¿Pero qué está sucediendo? Que él está allí, sentado con un cigarrillo y el libro abierto mientras voy disfrutando de su mirada, del ir palpitando con paz y mucha tranquilidad.
A todo esto, ¿A ti cómo te está yendo? Estoy llegando para sorprenderte con mis obras, si es que caben en el concepto de literatura y, ¿Qué será? O, mejor cuestión aún, ¿Qué significa, para ti, estar escribiendo?
Para mí es un ir sintiéndome en un bucle constante, hermosamente roto.
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Al vaivén del desamor
¿La verdad? Siento que me he desenamorado de ti, siento que se han caído todas las ilusiones. Me siento culpable. He intentado volver a construir, reparar, meter los «te quiero» en el corazón, y solo caben en aquel rincón, metidos, todos, dentro de un cajón. Y ya no puedo más. A causa de ello me estoy rompiendo a pedazos cada vez más diminutos. Soy la tristeza personificada. Voy bailando con ella al son del desamor.
Y, me cuestiono, ¿Qué es el amor? ¿Para qué querernos? ¿Por qué nos amamos? Siento que ya no siento. La nada, tabula rasa. Un vacío, y otro y otro y otro y se van juntando y a pesar de tantos lloro internamente. La sequía, cada noche, se manifiesta. Créeme, me voy a crear, pero a va ser sin ti porque he dejado de quererte.
He muerto
Voy mareada por mi existencia vital, pues mis alas, saciadas, y todos los pétalos, rotos, y vacíos, se han ido. Tanta sed y, al final, ¿Para qué? Para perderse en un bucle continuo y a rebosar de sequía. Desubícate, esta es la respuesta a todas tus cuestiones que van saltando en tu cerebro. Después, quédate agárrate, aférrate y abrázate con un tipo de cariño inédito, pero sincero.
Porque de café a café voy perdiendo la fe. Un, dos, tres, reírte del revés. Precipicio ven a mí, ¿O me transformé en este y aquel y el de más allá? Supongo, por colocar alguna palabra absurda, que el pasado tan lejano aún late: se sigue escribiendo. El bolígrafo va dudando entre las certezas y las verdades. Las mentiras escupen realidades a mares. Bueno, enamórate, o enamórame. Bésame los destellos tan rotos, las ojeras ya aburridas de un cansancio inagotable, indesctructible, y sobretodo las alas de mi reflejo. Es que, es que…, de pretexto a paratexto en un bucle y tiro porque me alejo de las sombras. Aunque no lo parezca, me asemejo al reflejo del que todavía le falta latir. Otro partir, irse del poema enfermo, o convertirse en la lírica que está ya fuera del combate. Clavarse la bandera en el pecho, plantar la tristeza en una propia rareza.
Quédate.
Hay días
Hay días que una se siente rota y cansada.
Hay días que una quiere ser arropada.
Hay días que simplemente queremos que se nos escuche.
Hay días grises,
hay días ennegrecidos.
Y hay días aún por pintar,
aférrate a esos,
como un primer aliento para empezar,
otra vez,
queriendo, así, con impulso.
Eso que siento es ilusión
Ahora, estoy en una incógnita, y dentro de un cielo estrellado, y yo, emocionada por algo que aún no sé qué.