Etiqueta: dolor

  • Corazón

    Mi corazón agridulce,
    que rompe olas
    y a la vez late calmado.
    Que quiere correr y a la vez volar.
    Saltar y arrancar las malas hierbas.
    Que las rosas florezcan,
    hasta el fin de los días.

  • Me vacila

    El cursor, ahí, parpadeando. Insistiendo a que escriba algo, pero, ¿El qué?
    Es una tortura;
    a veces me obligo a ello,
    a veces me apetece y no surge nada.
    No fluye el teclado entre mis dedos.
    Es un momento de no sentir, de ‘tabula rasa’.
    Es un instante muerto, neutro.

    Y quiero escribir con tantas ansias, que me ahogo en la página en blanco.
    Sí, es el segundo capítulo.
    Es el final de otro principio o el principio de otro final.
    Simplemente, que no hay necesidad o tanta libertad.

  • Escribir

    No sabéis, o quizás sí, lo que es la frustración. El acto de querer escribir, tener fe, serla, y no poder. Querer y no poder. Frustra. Acaba contigo, la pacienca y la esperanza. Y escuece tanto la herida que duele. Y supongo, será por eso que un escritor no puede darle guerra al tema y acaba dándole tregua. Tanta, que se ahoga en ella.
    El momento. Ese. En que enciende el ordenador y, pum, la hoja en blanco más de cuarenta y cinco minutos. Seguidos. Sin pestañear. Mirándola. Se burla de ti, te restriega por la cara lo que tanto tiempo has estado haciendo y que, actualmente, simplemente, no puedes. Canturrea, baila, ríe.
    Agobia y es doloroso para él.
    Y llora, el escritor, acaba en llanto. Uno ahogado en un grito. No puede perder los papeles y, aún así, los acaba perdiendo.
    Es triste, desolador. Rompedor.
    De todo;
    De cada letra,
    punto y coma.
    De cada palabra y frase.
    Rompe hasta el cerebro del célebre.

  • No era yo

    Estuve muchos años dormida siendo un zombie a quien la vida le lleva. Y así día tras día. Muerta aunque viva.
    Ahora simplemente quiero paz y un poco de amor. Y ser feliz, a instantes y a carcajadas. A risas. Me quiero y estoy bien tal y como soy.

  • El acto de escribir

    No sé de qué me sirve encender el ordenador y abrir una hoja en blanco. Porque no me salen las palabras, ni las ideas. Y mi mente está bloqueada. Hay dolor, angustia y miedo; a no poder. A dejar de ser -yo misma-. No verme de otra forma, no rascar esas capas mías, que son de más, que sobran. Porque sí, hay que bucear en las profundidades, escarbar, ir más allá de la superficie. Hasta que duela, hasta llegar a una crisis existencial, o más de una. Y moverse en bucle, en un círculo vicioso.
    No puedo.
    Simplemente, soy feliz. Estoy en paz, conmigo, con los demás. En cierto modo está bien estar bien, pero por otro lado, ¿Cuándo volveré?
    A ser yo, la que se hundía, la que no se veía y luego salía a volar entre letras. A serlas.
    A escribirlas y ser un caos desastroso pero lleno -de sentimiento puro-.

  • Océano roto

    Siento el mar palpitar en mis entrañas, lo escucho muy adentro de mi corazón. Como me remueve creando caos y desorden. Descomponiéndome, desorientándome. Agarro las olas con la punta del alma y se me quedan enganchadas en la mirada.
    Tristeza,
    serenidad,
    dolor
    y mucho amor.
    Pasa por distintas estaciones, que van, vienen y se marchan para siempre.
    Intactas y eternas se quedan -se quedan- aquí, conmigo y sin ti. Porque estoy llena de soledad y las lágrimas se amontonan en mis pestañas. No quiero llorar y lo hago internamente.
    Qué frustrante.
    Me duele, joder,
    -duele demasiado-.
    Ahora olfateo ese olor; a sal, a océano. A vida -pura-. Me gusta, me pierdo en esto. En lo que tengo, en lo que soy.

  • Y, click

    Un jodido ‘click’, y todo cambia. El mundo se revoluciona, los corazones laten deprisa y el libro, ese, retumba de dolor. Sus pulsaciones, su sentir eterno y efímero cada vez que lo vuelvo a abrir, a leer. Esas páginas llenas de palabras con intención, que escuecen.

  • Sacaré

    Vomitaré cada herida,
    cada cicatriz sin cicatrizar.
    Vomitaré hasta mi corazón
    y así seré feliz.

  • Mal humor

    No sé cómo expresarlo con palabras. A veces tengo rabia metida en mi cuerpo y se consume de golpe. Y es tan ardiente que hago arder a las personas. Y jodo, y me jode. Es jodido. Saco todas las llamas al exterior y soy más demonio que ángel. Y acabo echando a perder mi persona y a los demás y, los otros, sacan la ira en contra de otros.
    Está bien estar mal.
    No debería preocuparme.
    Porque son momentos que acabarán. Son instantes cortos. Y me duele hacer daño, me duelo a mí misma.
    Pero soy humana, tengo distintos humores. A veces buenos y a veces malos.
    Que si río,
    que si lloro,
    que si grito,
    que si respiro,
    que si mato
    o que si quiero.
    Hay tantos; ni gris ni negro.
    A todo pulmón, a todo color asfixiado, sin tinta.