Hoy te voy a dar le lección de tu vida:
la hostia que te darás será mortal, pero sobrevivirás.
Sí, porque no todo está perdido,
porque es cierto que aún no has ganado.
Siente, flor de mi vida;
lo necesitas.
Y es hermoso observar la vida pasar, pero lo es aún más vivirla, sentirla, amarla.
Y gritar hasta quedarte sin voz,
y follar un día entero,
y dormir acurrucada en su brazo,
y bailar en la calle
o volar en cualquier parque.
Que el globo terráqueo va girando y no para.
Tú tampoco,
-tú tampoco-.
Etiqueta: amor
Sobrevivirás
Hay que querer más
Hay que arriesgarse;
decir más te quieros y amar sin límites.
Quizás mañana ya no estén,
no estés.
Y no hablo de la muerte.
Hablo del adiós,
de estar en otro mundo.
De no dejarse ir y arrepentirse de todo.
De morirse en el intento,
de cuestionarse el típico «y si…»
Pues, ¿Y si lo haces ya?
Que no hay tiempo,
que es todo ahora o nunca.
No te permitas que el tiempo pase y tú sigas sin intentarlo.
Hazlo.Curiosidades
Es curioso como los que triunfan, los que están arriba, están abajo también.
Anímicamente depresivos,
locos
o raros.
Poetas de la vida,
quienes han experimentado.
Los de calle, los que saben amar el arte de cualquier forma.Otros dibujos
Veo que esto me ha hecho daño, y me duele. Estos dos meses sin vernos han sido el atardecer más vacío.
De tu vida,
de la mía.
Algo se ha roto;
no sé si el hilo rojo,
no sé si nuestros corazones tristes,
no sé si aquello que más nos unía.
Nuestros labios,
nuestros cuerpos.
Porque nosotros sin ser, somos
y, siendo, dejamos de serlo.
Como estar sin estar.
Estoy decepcionada;
lo esperado,
la expectativa,
se ha roto en cristales pequeños.
Ya no somos los mismos de antes;
y es que a pedazos,
a esbozos
y a peldaños cada vez más gruesos,
nos desdibujaron para pintarnos siendo otros.Ser, en pasado
No quiero tanto sexo,
carne con carne,
¿Me explico?
Quiero amor,
dulzura
y pasión.
Quiero ilusión
y no tanta decepción.
En estos tiempos
necesito un poco de ternura.
Estoy cansada;
de escondernos para que tus manos recorran mi cuerpo,
de fugarnos para estrellarme con el aterrizaje.
-Arraso el suelo-.
Y me gusta,
pero estos no son los tiempos.
Porque las canciones exactas en el momento oportuno han desaparecido.
Me siento extraña de ti.
Éramos, no sé si tú sigues siéndolo
pero yo, cariño, estoy desapareciendo.
Estoy empezando a conocerte y a desconectar (me).
A desaparecer cuando estamos, y a ser separados.Abrazo
En estos tiempos necesito un abrazo profundo, de esos enternecidos y llenos de dulzura que inundan el corazón de amor.
(Des)amor
Todo o nada.
Ya no lo sé.
Ella, andaba por las calles de Barcelona, centrándose en la música que salía de su ipod y en sus pensamientos tan desordenados. Tenía un objetivo en mente: no llegar a ningún lugar. Andar sin ningún rumbo. Se sentó en un banco y se puso a observar el paisaje, más concretamente, las hojas otoñales, como sus ojos, reflejados por el sol, deslumbrados de llantos intermitentes, indefinidos, imprimidos, interminables.
Al cabo de un rato, alguien se sentó a su lado. No era un anciano, tampoco un niño sino él. Su amado, en pasado, pues ya no lo amaba, ni lo quería. Y es que aquel sentimiento que parecía no terminar, terminó. Se heló y se deshizo.
-Hola -entabló conversación él.
Ella, sutilmente, giró su cabeza hacia la izquierda y le respondió con otro «Hola».
– Necesito saber de tu pasado.
-Ya no importa.
– ¿Por qué?
– Porque, en algún momento, no sé cual, me dejaste de importar, te dejé de importar.
– Lo sé, sé que sientes que no me importas, pero es todo lo contrario.
– No me lo has demostrado y, si lo has hecho, no lo he percibido, ni lo he notado. Tus actos no han dicho tus palabras, tus palabras no han dicho tus actos. En resumen, que no has hecho lo que estás diciendo.
Y se levantó, con los ojos cristalizados, como ya era habitual en ella. Porque las flores se marchitaron, porque su pasado le dolía demasiado. Porque nadie la comprendía. Porque nadie la había cuidado. Ni el mínimo detalle, ni la mínima intención. Nada de nada.
Las hojas otoñales iban cayendo de los árboles, poco a poco, deslizándose, perezosamente, por las corrientes del aire. Y, ella, iba, poco a poco, derrumbándose hasta quedarse sin aliento, hasta dejar de quererse, hasta dejar que su corazón bombardeara, hasta llegar al odio máximo hacia el mundo.
Frustrada, aquella era la palabra. Frustrada. Le gustaría que alguien, alguien en aquel mundo, sintiera amor eterno hacia ella. Pero aquel verdadero, el que se siente, el que no miente. El que tiene fundamentos. El que no tiene sollozos, el que tienen sonrisas y, alegrías.
Las lágrimas resbalaron por sus mejillas al compás de sus pasos andar, por encima del cemento, por debajo del infierno, por el medio del cielo. Alguien, tocó su hombro derecho y, ella, se giró mientras sus hombros subían y bajaban rápidamente.
– Muñequita, no llores. ¿Qué te han hecho? ¿Y quién? Debería ser un desalmado.
No lo dijo, pero lo pensó: «Yo, yo soy la desalmada».
Sus llantos se intensificaron. Y ella no se daba cuenta de que, quien la abrazaba, era a quien había amado.
Tampoco sabía que ella misma se había destruido. Que era las consecuencias de sus actos y que las causas iban más allá de sus errores. Y que, sus errores, eran más grandes que sus consecuencias, porque de sus causas descendían las consecuencias que, anteriormente, amanecían los actos para equivocarse. Para desalmarse.
– 25 de Octubre de 2017
el colmo
En la calle hacía frío y en el interior de la casa demasiado calor. ¿Cuál era el punto intermedio? Eras, y eres, el colmo de mis más anhelados colmos. Te llenas el vaso de inseguridades pero me arrastras por todas las seguridades, haciéndome creer que puedo con y contra el mundo. ¿Qué es de mí? ¿Y de ti? Arrastrame más, te quiero no para quererte sino para amarte. ¿Cómo lo has hecho? ¿O he sido yo la que se ha ilusionado demasiado? Déjame, ya caeré, ya me tropezaré.
