Te estoy queriendo, así, en un gerundio sempiterno. Es que eres perfecto, y este cielo tan impreciso, nublado, casi anaranjado, poco enturbiado y a rebosar de mariposas son las sensaciones -inéditas- que voy sintiendo por ti. El olor al suelo mojado después de una lluvia torrencial, me quiero quedar en ese latir, y contigo, para siempre, aunque sean dos días contados, y sigan descontándose los segundos. Estamos a escasos momentos de un invierno que, ojalá, sea tierno. Entonces, surfeo entre tus pupilas que me miran, que me miran; qué vergüenza. ¿No ves que me sonrojas todas las costillas? Están loquillas, por ti.
Etiqueta: amarse
La desilusión
A parte de que ¿Te puedo escribir algo? aún está gratuito, me paso por aquí para pasearme un rato indefinido y largo, y divagar. Además, con el impulso hacia atrás, y unos cuantos intentos de no sé qué, cerrar algunos ciclos, o dividirlos sin quererlos. El caso es que después de tantos sucesos abstractos, no hay, eso, el hecho. Entonces, me pierdo y regreso y así continuamente. ¿Qué siente una al terminar algo? Quiero decir, el final todavía no lo he puesto, pues ¿Para qué? ¿Con qué finalidad? He culminado en una parte del fin. Ahora solo queda zanjar o borrar o quemar de una vez por todas el punto, el que, en teoría (le sobra la práctica) debería colocar allí, ¿Sabes?
¿Tú cómo cierras los lapsus? ¿De qué manera? Yo, quizás, con carencia de matices, o al revés. En estos días tan raros y oscuros y entristecidos y ennegrecidos y otoñales, casi, me voy queriendo. Son latidos, estallidos que se dedican a hacer eso, a estallar. Así que, bueno, si no sabes por donde empezar, comienza, y ya.
Este viernes, como los restantes, estoy un poco borrosa y odiosa y, reflexionando sobre lo descrito en un tiempo verbal pasado, me he percatado de que no sé cortar el hilo, ni finalizar el párrafo ni romper el vicio de que te quiero de pellizco en pellizco con mi corazón quebrado. ¿En algún momento se sanará? ¿Se armará de valor para deletrearte encima de tus labios lo mucho que te amo? Porque van pasando los días o las semanas y los meses y la cuenta atrás va sumándose daños descontándose, y ausentándose.
Pensé que había finiquitado, pero me vuelco en lo inexistente, en lo inevitable: la ilusión. Voy estando bien, pero llueve hacia dentro, tan lento.Cien sonetos de amor, Pablo Neruda
Cien sonetos de amor de Pablo Neruda, su seudónimo, porque su nombre legal es Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Bassoalto (1904 – 1973), fue un poeta y político chileno. Entre sus obras, cabe destacar los cien poemas que escribió para su «bienamada»: Matilde Urrutia.
El poemario se divide en cuatro fases: mañana, mediodía, tarde y noche. Para empezar, en la primera etapa, el escritor describe a su querida comparándola con la naturaleza, incluso personificándola, mientras va recordando, en pasado, lo que fueron ambos. Así pues, interpretamos que el yo-poético sufre por un amor inexistente, pues ya no está, ya sucedió, porque todo a su alrededor, y en su interior, se vuelve gris como un «traje de invierno». Por tanto, solo le queda rememorar anhelando a su amada en quien encontró su «territorio de besos y volcanes.» Incluso después de la muerte, ella seguirá siendo eterna, pues sin saber el cómo, ni el cuándo ni tampoco el dónde, simplemente siente que la ama, y ya.
En la segunda etapa, él narra cómo el amor de ambos es algo inmenso que se quedará por el recuerdo sin un fin. Además, continúa personificando a Matilde con elementos de la naturaleza y utilizando conceptos y términos de forma exagerada, es decir, hiperbólicament. Y, en cuanto ella se marcha, todo se vuelve frío y oscuro como el invierno, pues su amor es tan grandioso que él le pide, y desea, que el amor que ella da lo siga dando para que el poeta lo continúe recibiendo. Incluso utiliza la contraposición entre el sol y la alegría versus la oscuridad y el silencio y nos va explicando que, con el tiempo, las desgracias se pasarán, irán sanando y se marcharán. Según Neruda, lo único que debería dividir a los hombres es «sino el sol o la noche, la luna o las espigas.» Cabe recalcar cómo la describe, pues ella es «total y breve» ya que «de todas eres una», narra el poeta. En definitiva, nos dice que «así contigo voy recorriendo y amando un ancho Mississipi de estuario femenino», es decir, que así va apreciando y queriendo su desembocadura del río, entiéndase como su sexualidad. Y, por ende, tal como escribe «Dos amantes dichosos (…)» son aquellos en que dos personas que se aman con júbilo, con felicidad, ya que nunca podrá fallecer ni desvanecerse su forma de querer entreambos.
En la tercera etapa, nos narra que aún así amándose con intensidad, los dolores no van a irse, ya que siempre estarán presentes y latentes, aunque el poeta decide brindarle a su amada un amor bonito, sano y leal para que ella vaya floreciendo. Desde la sombra y la oscuridad, todavía así resurge de allí y la sigue amando en lo más profundo e inmenso de su ser. Con todas sus consecuencias, es un acto muy bonito el hecho de querer a la otra persona y de que esa forma de querer sea correspondida, pero cuando ese ser amado ya no está, el desamor, que es lo que llega a posteriori, es triste y provoca un sufrir constante.
Ya en la cuarta etapa, el yo-poético describe el acto sexual de forma hermosamente poética y su amada será recordada para siempre, pues él la evoca en sus sueños, transmitiendo cómo la ama y con qué intención e intensidad. Finalmente, la soledad en qué se ha quedado el escritor es muy palpable, aunque hasta un momento determinado quede algo de esperanza, esta se va marchitando. Y, cuando él muera, seguirá amando a su amada y quisiera estar despierto para cuidar de ella y estar presente aún estando muerto.
Concluyendo, en estos cien poemas, Pablo Neruda define su amor por ella como algo infinito y eterno porque «sólo cambia de tierras y de labios» ese tipo de amor y, cuando ella muera, él morirá con Matilde Urrutia, y la seguirá amando después de la muerte, así que él morirá con ella otra vez, metafóricamente, pues su forma de amar es inquebrantable y, por eso, su amada «aparecerá en otra estrella determinadamente transitoria convertida en amapola.» En resumen, el autor quiere sellar para siempre «la eternidad de un beso victorioso», que es un acto imposible en la realidad y excesivamente irreal, pero bellísimo.
Quiero quedarme
Me apetece tantísimo describirme otra vez, como aquel día durante el amanecer o el atardecer. El caso es que iba en bragas y con un moño a medio hacer, o por deshacerse. Ahora estoy recostada sobre mi pecho izquierdo, que late y late y no se calla, y quiere gritarse a él mismo que se silencie, si puede o quiere.
Ahora estoy aquí sentada con una vida aún por esclarecerse, o derrumbarse. Estoy saciada de tantas conjunciones. Es que son como errores ajenos, opuestos al incendio que quiero declarar, que quiero armar. Al final me agarro en aquel hilo invisible y derrapo y me estampo. Sello el dolor con otro lápiz de color.
Ahora me hundo en este sillón y la hora pide a garabatos ensuciados de segundos y sin pausa que me quede, que levite en un tiempo inmortal. Y sigo, pero el puntero de no sé qué me está arrancando de esta comodidad sin dueño, pues se adueña de mi ser para obligarme a levantarme e irme.
Ahora quiero dejar de caerme, pero después de tantas carencias, y creaciones editadas miles de veces), solo queda caerse y enorgullecerse de ello. Incluso ensalzarse en mis vidas (tengo varias facetas) y reírme a carcajada limpia, con alma y un instinto animal por querer quererme.¿En qué consiste quererse?
En caerse continuamente sin querer, en tirarse por el precipicio de tu corazón y estallar, o estrellarse, en la penúltima coma del párrafo.
Quererse, o deshabituarse para regresar con un impulso desde el revés, es eso. Tiempo atrás, por no decir años, estuve estancada, atragantándome siempre en el final que fue otro inicio, porque hay veces, y ya.
Entonces, un momento en cualquier día esporádico de tu vida, la cabeza, la tuya, hace un click y no una sola vez, sino varias hasta que el click estalla de una forma abstractamente tan fuerte, tan arraigada y al mismo tiempo alejada de ti, que sellas el punto final de tu etapa pasada.
Estás en otro quehacer, en un nuevo tiempo inédito.
Y en esto, justamente, consiste quererse: en dejar de quererse. Hemos creído, o nos han hecho creer, que quererse es querer quererse, y no. ¿Cuántos intentos hice por querer quererme y al final culminé desocupándome (de mí)? Necesitas clicks en tu vida, que tu mente haga un tabula rasa, arrase y se reinicie.
Sé que es complicado, que cuesta arriba, pero cree en ti. Y créetelo mirando hacia atrás para aprender cómo eras y cómo quieres seguir siendo o querrías llegar a ser. Consiste en dejar, mejorar o iniciar.
Por ejemplo, gracias a la escritura, hubo un texto que decidí leerlo, después de haberlo escrito hacía meses. No fue el hecho de leerlo sino de analizarlo y, por consiguiente, verme a mí en un pasado. Y, oye, se sentía mal, fatal, pero el acto de haberme descrito y poder haberme comprendido en mi yo-poético antiguo hizo un minúsculo click aquí, en mi corazón: estaba empatizando con la Anna del ayer.
Cuando me miré en el espejo dejé de ver reflejos y empecé a verme a mí y, aunque tenía aún muchos clarobscuros, pude alimentarme de una sensación tan simple que me inicié en la honestidad conmigo.
Paulatinamente, a ras del reloj, dejé hundirme en mis propios textos: estaba comprendiéndome. Estaba entendiendo a un yo que jamás se puso a leerse entre líneas. Se sintió bien, por eso, a día de hoy, sigo haciéndolo…
Me raspo las rodillas, me rasgo las costillas, ahondo en mis líneas descosidas y las deshilacho aún más, porque a garabatos y con saltos directos al vacío, regreso todavía siendo otra. Me encanta.
Apreciando mis recovecos
Una mañana, saldré y me regalaré unas cuantas flores y, entonces, sabré, que me estaré queriendo para amarme. De mientras, solo llueve.
Amándome
Me di un tiempo
dándome cuenta de que sí,
de que se puede,
de que se debe
y se quiere.
Porque no hay nada más bonito
que amarse sin amarrarse
y fluir hasta Marte.Querer(me) siempre
Me gustaría escribir(me) por y para mí,
sentirme y no dejar de reír.
Me gustaría cantarme, bailarme y fluir -conmigo-.
Sí, porque ya es hora de ser egoísta,
de dejar atrás a aquellas personas,
cosas,
momentos
y estaciones que son depresiones sin sentido,
que son emociones y, aún así, siguen queriéndose.París
Quiero, París, verte con otra mirada,
observarte,
deletrearte
con la lengua y a placeres.
Los momentos, espontáneos,
son los mejores.
Y las risas a tu lado también.
Porque no hay mejor que ser humana,
caótica
y sonreírle al viaje que me espera;
un futuro lleno de rosas florecidas,
compartidas
y aún por vivir,
será algo
-aquello-
mágico.Días de sol
Días de sol
y esa lagrimilla que cae.
Un poco de corashe roto,
sombra y luz
y en blanco y en negro.
-Vintage-.Personas
Hay personas que de poco sacan algo convirtiéndolo en mucho.
Quiero a esas personas en mi vida.Bésate
Vérsate a ti mismo;
que sé que suena de locos
pero amarse y armarse van unidos,
de letras,
de poesía.
Y cántate,
y ríete
y llórate.
Baílate un vals;
sonará absurdo,
tonto
o incluso un sinsentido.
Es más bonito de lo que crees;
reconforta
y, sana.