Es mi guerra

Me parto la cara,
las entrañas
y hasta el alma.
Que muere,
y gana.
Y se arma de valor
ante la vida.
Es la guerra,
la mía.
Créeme,
se pierde.

Corazón roto

No sé, a veces tengo dudas;
si me quieres o no.
Porque nuestros recuerdos me remontan al pasado,
a aquel concierto que tocó mi alma.
No sé la tuya,
pero a mi me vibró
-me latió-
el ritmo cardíaco a mil por hora.
Y en la calle no, no lloré de milagro.
Aunque en casa…
en la madrugada
acabé explotando,
llorando.
Dolor, amor.
Fue una herida que se ha quedado abierta y no cicatriza.
Y duele,
porque,
no se cierra.
-No se cierra-.

Bésate

Vérsate a ti mismo;
que sé que suena de locos
pero amarse y armarse van unidos,
de letras,
de poesía.
Y cántate,
y ríete
y llórate.
Baílate un vals;
sonará absurdo,
tonto
o incluso un sinsentido.
Es más bonito de lo que crees;
reconforta
y, sana.

Abrázame y quiéreme mucho

Antes de que te vayas, abrázame.
Luego quiéreme mucho.
Y no te olvides de susurrarte día a día mi recuerdo.
Que siento que nos dolerá nuestra despedida.

Niña

Niña, no te preocupes. Eres pequeña, aún tienes que crecer. También eres frágil y fuerte.
Recuérdate que vales, no la pena, no el oro. Que vales por ser tú. Y sólo por eso ya deberías ir aprendiendo que no todo lo que brilla es real, que tiene más de una cara. Que si no observas el mundo con perspectiva te vas a matar, a hundir. Dejarás de fluir. Y sonreír. Sí. En muchos momentos. Pero no por ello serás menos, simplemente serás. A secas. Que está bien que te digan “quiérete”. ¿Pero de qué sirve si el que te lo dice no te quiere, no te respeta y no te admira?

El acto de escribir

No sé de qué me sirve encender el ordenador y abrir una hoja en blanco. Porque no me salen las palabras, ni las ideas. Y mi mente está bloqueada. Hay dolor, angustia y miedo; a no poder. A dejar de ser -yo misma-. No verme de otra forma, no rascar esas capas mías, que son de más, que sobran. Porque sí, hay que bucear en las profundidades, escarbar, ir más allá de la superficie. Hasta que duela, hasta llegar a una crisis existencial, o más de una. Y moverse en bucle, en un círculo vicioso.
No puedo.
Simplemente, soy feliz. Estoy en paz, conmigo, con los demás. En cierto modo está bien estar bien, pero por otro lado, ¿Cuándo volveré?
A ser yo, la que se hundía, la que no se veía y luego salía a volar entre letras. A serlas.
A escribirlas y ser un caos desastroso pero lleno -de sentimiento puro-.

Me he enamorado

Me he enamorado de ti, de tus flores que nacen de tu alma, de tu rostro, de tu mirada. De tus ojos negros que desprenden luz. De tu sinceridad y de tu buena vibra. Me he enamorado, y es tan hermoso. Un nosotros en el mar observando el atardecer. Y como caen las lágrimas del cielo, y como cae la luz en el ocaso. Y como te quiero yo, y como me gustas tú; y estar tumbados en la parte trasera del coche. Y qué locura; la desnudez. La tuya. De tu corazón. Las sábanas blancas y un poco de pasión. Un revolcón y dos y tres. Y a pesar de todo estar y ser. Seguir, sentir, vivir.

Rosa

¿Cómo se escribe sobre la soledad? Sobre el sentimiento de ver el mar ensombrecerse y oscurecerse, arrancar y echarse hacia atrás, por miedo al rechazo. A ser distinto y, a la vez, bonito. Porque está tan solo y tan poco acompañado que me derrito ante él. Y aquel pensamiento de “me siento bien” cuando estás allá presenciándolo.
Y llega la noche, la luna llena sale a hacer su ceremonia y, luego, brilla. Reluce tanto cuando ella llora, digo, la chica. Y tan pequeña que se divide en pedazos y acaba convirtiéndose en cristales rotos.